Ideal, Granada, 8 de noviembre de 1999
Entrevista. Rafael Azcona, guionista de cine: «Si me tocara La Primitiva ya no
empezaba otro guión».
En el mundo del cine el nombre de Rafael Azcona se pronuncia con cariño hacia su persona
y con admiración hacia su obra. Decenas de guiones han salido de su pluma primero y de su
ordenador en la actualidad, porque ha trabajado y sigue colaborando con los mejores directores
de cine que hemos tenido en España y también con los grandes de otros países. Ahora se
divulgan tres de sus primeras narraciones en un libro que lleva por título Estrafalario, de la
editorial Alfaguara.
Rafael Azcona (Logroño, 1926) quiso ser poeta y también novelista, pero al ser descubiertos
sus relatos por el director de cine Marco Ferreri entró en un terreno en el que definitivamente se
quedó para siempre. Para éste escribió el guión de El pisito y El cochecito, pero después vinieron
los encargos de otros textos que darían pie a espléndidas películas, como Plácido, El verdugo,
La escopeta nacional o La vaquilla con Luis García Berlanga; El jardín de las delicias y La
prima Angélica, con Carlos Saura; La corte de faraón y Pasodoble, con José Luis García
Sánchez; El año de las luces y Belle époque, con Fernando Trueba...
-¿Cómo le han convencido para que publicara este libro?
-Sin falsas modestias te diré que me habían hablado de reeditar estos textos, pero siempre
había dicho que no. Ha sido el editor Juan Cruz, que es un individuo insistente, el que me lo ha
dicho tantas veces que al final lo ha conseguido.
-Se dice que en las primeras obras de un escritor están todos los temas que después irá
tocando.¿Le ha ocurrido a usted?
-No sé, pero es posible que sí. Estos libros ni siquiera los había releído desde entonces y
quizás sin darme cuenta aquí estaban algunas de las cuestiones que después aparecen en algunas
películas posteriores. Pero no en todas, porque en el cine no soy yo quien propone los temas,
porque vienen de otros o los comparto con los directores.
Temas recurrentes
-Se ha dicho que tiene actitudes y temas que se repiten: el humor, la acidez, lo poco que
somos y lo mucho que presumimos, un tratamiento peculiar del sexo...
-Es mucho decir que yo voy en esa línea, pero en el fondo me siento halagado por todo ello.
Efectivamente, se ha dicho muchas veces que hay acidez, amargura... no sé, yo no acabo de verlo.
En lo que yo cuento no hay intención de caer en el sarcasmo. Es verdad, en cambio, que me da
risa el hombre cuando se pone estupendo. Somos una gran cosa, sin duda, pero no es para tanto.
-Sus novelas no estaban mal. ¿Por qué dejó de escribirlas?
-Porque cuando entré en el mundo del cine quizás no tenía una gran confianza en las
posibilidades que me ofrecía ese campo y allí descubrí que era más fácil escribir guiones que
novelas. Mientras en la novela los adjetivos los pone el espectador, en el cine es el director el
encargado. Así que escribo guiones porque me resultan más cómodos que las novelas.
-Pues en su actitud parece que hay algo de gandulería.
-Yo mismo lo digo. Pero, como no tengo medios de fortuna, no tengo más remedio que
trabajar. A mí me loca la Primitiva y, hombre, el guión que tuviera empezado lo terminaría, pero
desde luego no empezaría otro. El trabajo tiene buena prensa, pero no hay nada que justifique el
trabajar, es una condena. Claro que siempre haces menos daño trabajando que especulando.
-Y ahora que se encuentra tan asentado en el cine y cuando percibe interés por aquellas
novelas iniciales, ¿no se anima a escribir otras?
-No tengo tiempo, porque estoy siempre trabajando. En los últimos cincuenta años pocas
veces he tenido temporadas largas sin un guión entre manos: no ha habido grandes parones en
mi carrera, como suele suceder a veces. Además, he salido en ocasiones a trabajar en otros sitios
y eso me ayudó a no estar parado nunca.
«Los guiones son ilegibles»
-¿No se anima a publicar sus guiones más importantes?
-No, porque son ilegibles, dado que no deben ser literarios. Además, el guión cuando se hace
la película desaparece y se pierde. Cuando los críticos hablan de la bondad o de la perversidad
de un guión, yo me digo, pero cómo es posible que lo sepan, si no han tenido ocasión de leerlo.
Del guión que has escrito sólo asoma una parte a través de la película.
-¿Su ego no se vería reforzado si se publicaran estos textos?
-No, porque yo no he pretendido dirigir nada. Yo contemplo una película en la que he
intervenido como si no tuviera nada que ver conmigo. Si me gusta, digo qué bien, y si no,
lamento las ochocientas pesetas de la entrada.
-¿Con los años escribe mejor o nunca superará aquello que preparó para Olea o Berlanga?
-Creo que lo hago mejor que antes; tengo más oficio y sé más cosas, por lo tanto puedo
trabajar con una mayor conciencia profesional. Si no me quedo bobo, lo haré cada vez mejor.
-¿Por qué todos hablan bien de usted?
-No sé si eso es verdad, pero es que tampoco hay razones para que hablen mal. Si uno en
cuarenta años no ha molestado a nadie, porque no he dado ocasión para ello, te aceptan todos con
una cierta benevolencia.
JUAN CANTAVELLA COLPISA. Madrid