Rafael Azcona - Página principal Estudios críticos

Fotogramas (& Vídeo), 1 de diciembre de 1999

Rafael Azcona, un guionista mítico que ya no se esconde.

     Rafael Azcona (Logroño, 1926) presentó Estrafalario, un libro prologado por Josefina Aldecoa y editado por Alfaguara que recopila tres relatos -Los muertos no se tocan, nene; El pisito y El cochecito- escritos en los 50 y 60 por nuestro guionista por excelencia, lo que nos permitió compartir mesa con él, disfrutar de su inagotable anecdotario y echar por tierra, al menos durante unas horas, la leyenda de su proverbial timidez. «No tengo 73 años. Tengo 39, la edad a la que me casé con la madre de mis dos hijos. Desde entonces, no me ha pasado nada importante. No me gusta exhibirme, ni tampoco convertirme en público, no me gusta ser espectador. Voy al cine, pero prefiero leer a ver. La vida es literatura». Sus gustos cinematográficos quedaron claros: «A Woody Allen le darán algún día el Nobel de Literatura... La vida se parece más a las tragedias grotescas que a los melodramas, pero en general hay un respeto reverencial por lo serio que no me va. La risa se toma como algo frívolo y la comedia como un género menor. Bergman me parece un pesado... Es mucho mejor ir a una Misa Mayor».

     Dijo que el meollo de su humor no ha cambiado desde que llegó al Madrid tenebroso de la posguerra: «Yo distorsiono lo trivial». Y se quitó importancia como objetivo de la censura: «He sido bastante cándido como para que la censura se fijara en mí. Se fijaban más en eliminar palabras como 'el culo del vaso' o 'muslo'». Se defendió de su fama de misógino: «Es que no sé nada de las mujeres. Lo que sé de ellas me lo han contado los hombres. Y un hombre feminista me parece tristísimo. Es como aceptar que no pueden defenderse solas». Recordó un consejo de Marco Ferreri, con el que dio el salto al cine: «Lo importante es que leyendo solo los diálogos no se entienda nada, que la explicación esté en la imagen». ¿Los motivos de su ruptura con Berlanga?: «Noté que empezábamos a hablar siempre de lo mismo y le dije que él tenía que buscar guionistas jóvenes y yo directores jóvenes».