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El autor
Cronología

J. Mª Martínez Cachero

    1892    
     En febrero sale el volumen Doña Berta, Cuervo, Superchería, «tres deliciosos cuentos o novelas cortas, [libro que] no tenemos para qué recomendarle porque los libros de nuestro compañero se venden como pan bendito, sin recomendaciones ni bombos de amigos. Cuesta 3 pesetas», (sección anónima «Chismes y Cuentos», Madrid Cómico, nº 471). Media peseta más era el precio de Ensayos y Revistas, que se puso a la venta en el mes de mayo.

     La polémica con Emilio Bobadilla («Fray Candil»), en tiempos amigo suyo, mantenida por ambas partes con extremada dureza de tono y expresión en las páginas de Madrid Cómico, llevó finalmente a un duelo, celebrado, aprovechando la estancia de Clarín en Madrid, el día 20 de marzo; estando en él, «tuvo el Sr. Alas la desgracia de caerse, causándose una herida ligerísima en un labio»; en su necrología de Clarín recuerda «Fray Candil» que «nos pusimos de oro y azul, acabando por batirnos en duelo. [...] Aquella fue la primera vez que yo vi a Clarín. No le conocía personalmente. Lo que yo padecí, nadie lo sabe. ¡Tener que matarme con un hombre a quien yo quería y admiraba!»

     Su nombradía, para bien y para mal, era el motivo de que le fuesen pedidos por algunos colegas prólogos para sus libros, petición que Alas atendió en bastantes casos; uno de ellos fue el de Guasa viva, libro de Juan Pérez Zúñiga, prólogo en cuyos versos 3-4 se cuenta que «llevo escritos cinco/desde el mes de abril», (estamos en junio).

     En junio fue su primera visita a Covadonga: «¡Impresión solemne, de las que hacen época! ¡Gran emoción!»

     El día 27 de julio publica el diario madrileño El Liberal el cuento ¡Adiós, Cordera! llamado a convertirse en uno de los suyos más famosos.

     El día 3 de diciembre fallece en Oviedo el periodista Tomás Tuero, amigo desde la infancia y, siempre, fiel y entrañable; por eso su desaparición le llena de pena y le lleva a decir que «a mí casi me inicia en la vejez y en sus pensamientos serios y tristes».

    1893    
     Publicación del libro El Señor y los demás son cuentos. Anunciada la elección por los integrantes del claustro universitario ovetense de un senador que lo representara, Alas se convirtió en un eficaz electorero a favor de su amigo Marcelino Menéndez Pelayo, pese a las diferencias ideológicas existentes entre ellos; sin oposición fue elegido (mes de marzo) don Marcelino.

    1894    
     Publicación de Palique, libro que ofrece una muestra de su actividad periodística más conocida y seguida entonces.

     En el mes de enero forma parte del tribunal que juzga en Oviedo unas oposiciones a notarías.

     En el mes de marzo atiende a Galdós durante la visita de este a Oviedo, que coincidió con el estreno de La loca de la casa y La de San Quintín. Hubo un banquete, con asistencia de autoridades, políticos y periodistas, y algún discurso homenaje al ilustre escritor, lo cual produjo los consabidos dimes y diretes: «Aquí [escribía Alas a don Benito] siguen los periódicos neos discutiéndole a Vd. y a los carlistas que fueron a la comida, y de camino me insultan a mí».

     Los días 14, 15 y 16 de septiembre el hispanista italiano Arturo Farinelli está en Oviedo y visita a Leopoldo Alas, a quien recordaría años más tarde: «ágil, agudo, de rapidísima intuición y profundamente versado en la cultura de su tiempo».

     La Navidad la pasa con los suyos, «malito, con un poco de calentura».

    1895    
     El día 20 de marzo se estrenó en el teatro Español, de Madrid (sesión homenaje a la actriz María Guerrero), Teresa, ensayo dramático en un acto y en prosa, obra en la que Leopoldo Alas tenía puestas muchas ilusiones, venidas a tierra como consecuencia de la mala acogida que le dispensaron público y crítica, lo cual le produjo considerable indignación, manifestada en las polémicas que sostuvo con los detractores. Había dejado a sus tres hijos enfermos de gripe y al regreso a Oviedo los encuentra casi curados.

     Verano escasamente fecundo porque la salud no le ayuda: «Yo no he hecho nada, ni lo haré, si no me sopla la musa, para lo cual será necesario que el estómago calle. Tengo que pensar tanto en los intestinos, que no hay poesía posible».

     En septiembre, un artículo de Clarín en Madrid Cómico a propósito de la catástrofe del crucero Barcáiztegui molesta grandemente a los marinos españoles, una comisión de los cuales se desplazaría a Oviedo para pedir explicaciones al escritor -«una retractación completa del articulo [...], o una reparación por medio de las armas»-; la cuestión concluyó con la firma de un acta por los representantes de ambas partes.

    1896    
     Entre febrero y abril sostiene Leopoldo Alas una especie de polémica, desprovista de la acritud de otras muchas, acerca de la lengua catalana y del catalanismo político con Enrique Prat de la Riba; la postura de Clarín está presidida por una clara exaltación del español, la lengua de todos sus compatriotas.

     El día 29 de mayo el librero ovetense Juan Martínez, de cuya tienda era visitante asiduo Alas, comunica a los hijos de Hidalgo (Madrid) que envió al escritor «las pesetas 122,25 que Vds. me ordenaban le entregase», (tal vez producto de la venta de ejemplares de Teresa).

     A finales de junio asiste como invitado a la fiesta sacramental de la parroquia de Serín, jornada de alegría y de cansancio, juntamente, pues (como le participaba a Galdós) «vengo de una romería, de comer con curas y tengo ardor de estómago, gracias a los potajes del país».

     El día 18 de septiembre, cuando la familia se reúne para celebrar la fiesta de San Genaro, moría de repente doña Leocadia Ureña, la madre, con la que tan unido estuvo siempre Leopoldo Alas, que respondía así al pésame de su amigo Juan Ochoa: «Tengo miedo del padecer lento y muy duradero que vendrá después de este aturdimiento del principio. Yo estaba aniñado respecto del cariño de mi madre».

     Publica el libro Cuentos morales.

    1897    
     El día 11 de febrero intervino en un mitin que recordaba en Oviedo la república española de 1873.

     Condenado a muerte el anarquista Angiolillo, asesino de Cánovas, Leopoldo Alas publica un artículo en Madrid Cómico donde pedía piedad con el sentenciado, motivo por el cual la Fiscalía del Tribunal Supremo ordena del procesamiento del escritor quien, citado por el juez de Oviedo, escribe a Sinesio Delgado, director del semanario, encargándole que le represente pues no dispone de tiempo para comparecer en Madrid como reo.

     Invitado por el Ateneo madrileño para explicar unas lecciones en la Escuela de Estudios Superiores sobre Teorías religiosas de la filosofía novísima -«materia que es muy de mi gusto y sobre la que he leído mucho, y pensado y sentido muchísimo»-, Alas pasó en Madrid casi mes y medio (noviembre y diciembre); el éxito fue considerable: asistencia de público, noticias en la prensa -como las reseñas debidas al joven José Martínez Ruiz, recién llegado a Madrid, quien repararía en que «Clarín insertaba un inciso en el período; luego, en ese inciso incrustaba otro; su habla era torcida, enmarañada; pero expresiva, incisiva. [...]»-, nuevas amistades. Es entonces cuando ocurrió el incidente con Francisco Navarro Ledesma, quien llegó a abofetear a Clarín.

    1898    
     En el claustro de profesores de la Universidad de Oviedo, reunido el día 11 de octubre, Leopoldo Alas propone la creación de la Extensión Universitaria, habida cuenta de la necesidad de que el saber universitario y la actividad intelectual de los hombres que son sus poseedores se proyecten fuera del recinto estricto de la docta institución en una docencia más amplia; Alas tomó parte en sus actividades como conferenciante sobre diversos temas durante los cursos 1898-99, 1899-1900 y 1900-1901.

     Sabemos por el testimonio del actor Vicente García Valero que en el mes de agosto (fiestas de Begoña), Clarín estaba en Gijón, a donde «había acudido para presenciar las corridas de toros que daba Rafael Guerra, Guerrita».

    1899    
     El día 26 de abril muere en Oviedo el escritor Juan Ochoa, uno de los más queridos amigos de Clarín, quien le recordará (en el artículo necrológico que le dedica) como «confidente de mis intimidades en las melancólicas mañanas que pasábamos juntos hablando de Dios, del amor y de la muerte, en este delicioso pedazo de paraíso que se llama el Campo de San Francisco».

     A 20 de junio le revelaba a Jacinto Octavio Picón el mal estado de su ánimo, pues «trabajo sin fe, sin esperanza... y sin caridad para mi pobre estómago y mi pobre ingenio».

     En un artículo publicado en el periódico madrileño El Español (número de 28 de octubre) declara que «cuando se me pregunta qué soy, respondo: principalmente, periodista».

    1900    
     Recibe en Oviedo la visita de Salvador Canals, periodista que habla tenido tiempo atrás alguna agarrada con Alas pero ahora, «en cuanto le vi en el patio de la Universidad me quité el sombrero. Lo encontré cuando entraba en su clase de Derecho Natural [...]. A la salida era otro hombre. Los nervios seguían vibrando dentro del gabán, pero por entre la barba rubia salía una voz amable que invitaba a las afectuosas confidencias. Me pareció entristecido [...] trabajaba en una nueva edición de La Regenta, con prólogo de Galdós, y hacía uno para las obras completas del malogrado Juan Ochoa».

     El día 5 de agosto habla en el acto de colocación de la primera piedra del teatro Palacio Valdés, de Avilés.

     Con fecha 13 de octubre, desde el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes se oficia al Rector de la Universidad de Oviedo para que «inmediatamente proceda V.I. a hacer comparecer en su presencia al catedrático numerario de la Facultad de Derecho de esa Universidad D. Leopoldo García Alas, para que manifieste si son suyos los artículos que aparecen en la prensa con el pseudónimo de Clarín [...]», a lo que el interesado respondió «que nada tenía que ver con cuanto publicase la prensa que no llevase su firma»; el motivo de tal requisitoria fue un «palique» (publicado en Heraldo de Madrid, 12.X) en el que se atacaba, por desatinada, la reforma de la enseñanza propuesta por el ministro del ramo, García Alix.

    1901    
     Prepara dos libros: El gallo de Sócrates, cuentos, y Siglo pasado, ensayos, que verían la luz póstumamente.

     En abril entregó Galdós su prólogo para una segunda edición de La Regenta, dispuesta ya en la imprenta tiempo atrás; y Alas envía a la editorial barcelonesa Maucci, su traducción de Travail, de Zola, para la que había pedido ayuda a varios de sus amigos de Oviedo (Posada, Sela, Altamira, y el marqués de Valero de Urría).

     El día 27 de febrero intervino en la velada necrológica homenaje a Campoamor, celebrada en el ovetense teatro de su nombre, -«Hizo una oración de gran mérito: recogida, sentidísima, enternecedora en varios pasajes, pintándonos el alma del celebérrimo cantor y escritor: sus tendencias y su fondo nobilísimo; aquel talento clarividente y sincero del poeta, todo esto y mucho más, dicho como sabe decirlo el Sr. Alas [...]. El ex-voto del final y otros párrafos arrancaron lágrimas a muchos», (reseña anónima del acto, El Carbayón, Oviedo, 1 de marzo).

     También en el mes de febrero media, sin éxito, en la huelga de los obreros portuarios de Gijón.

     El día 27 de mayo está Alas en León, donde asiste a la reinauguración de la catedral -se abrió de nuevo al culto, consagrada por el obispo de Osma-, después de largas y costosas obras de restauración.

     A la vuelta de este viaje, cambia de domicilio: «Ahora me mudo a una casa con una gran huerta, muy ancha y alegre. [...]» (en la Fuente del Prado, afueras de Oviedo).

     El jueves 13 de junio (a las siete de la mañana) muere Leopoldo Alas, a causa de una tuberculosis intestinal. «Hace cuatro días salió aún de su casa pálido y demacrado y muchos de sus amigos creíamos, al verle, que con algún tiempo de estancia en el campo, en aquella antigua posesión de Guimarán, lograría reponerse. Anteayer los médicos habían perdido toda esperanza, pero el enfermo aún paseaba por las galerías de su casa y recibía visitas de sus amigos. Al llegar la noche se acostó y cuando se esperaba que su excitación nerviosa se calmase para que pudiera recibir los auxilios espirituales, en que él mismo había pensado si aumentaba la gravedad de su estado, del cual el enfermo no se dio cuenta, un ataque de disnea puso fin a su vida», (de una necrología anónima en El Carbayón, Oviedo, 14.VI).

Datos extraídos de:
F. Caudet et J. Mª Martínez Cachero, Pérez Galdós y Clarín, Madrid, Júcar, 1993, pp.193-208.



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