La poesía de Dionisia García es de timbre elegíaco, con su habitual carga de rememoraciones y de pérdidas, aunque sin precipitarse por la pendiente del patetismo fácil, del que la salva su propensión moral al equilibrio, y una mirada en busca de esencialidades. Todo ello se expresa con un tenue fraseo melódico y un lenguaje en segundo plano, al servicio de un lirismo en que los avatares del yo aparecen fugazmente, apenas silueteados sobre el cañamazo del poema.