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Yllana
 
CRÍTICA Y BIBLIOGRAFÍA
Crítica: 666
666: Bestias a todo trapo
Enrique Centeno

     Espectáculo creado e interpretado por Yllana.

          Intérpretes: José O'Cornee, Antonio de la Fuente, Fidel Fernández, Raúl Cano.

          Dirección: David Ottone.

          Teatro: Alfil

     Son cuatro presos en una cárcel donde todo es posible. Queremos decir cualquier clase de violencia, de sangre, de sexo y crueldad. Llevan en el dorso de sus uniformes el número 666 y las siglas JR que bien pudieran corresponder al título de Jodidos Rabiosos. Emiten onomatopeyas y representan el instinto primario, y ellos mismos son una especie de primates.

     En su prisión, hacen toda clase de guarrerías, desde mearse en orinales que luego beben o lanzan al público, hasta violaciones sodomitas. A pesar de su condición de primates, también sueñan, y en sus fantasías se imaginan con una pistola abatiendo niños en la salida de un colegio, y, en su carencia de solidaridad, incluso a su congénere Jesús Gil, que osa asomar por allí.

     No hablan, claro; se expresan con onomatopeyas, sonidos guturales y apenas media docena de palabras. Y ríen; ríen mucho sus bestialidades, sus atropellos. Pasan por toda clase de ejecuciones, desde la silla eléctrica al ahorcamiento, desde la guillotina al fusilamiento.

     Es la compañía Yllana, titular del teatro Alfil, que posee una enorme imaginación, una formidable capacidad de comunicación que se hace con el público en el mismo instante en que aparecen. Apenas dan un segundo de tregua para respirar, entre las permanentes carcajadas de los espectadores, a los que les reservan permanentes e insospechadas sorpresas.

     Poseen estos actores dotes corporales ricas, técnicas aparentemente espontáneas pero sin duda muy elaboradas, y consiguen el espectáculo más bestia que se ha visto desde hace mucho en nuestros escenarios.

     Todo el espectáculo está concebido alrededor del machismo primario, que termina con un cuadro muy provocativo en que los sátiros, provistos de gigantescos falos, no llegan a atemorizar al público exclusivamente porque es imposible tener miedo mientras se está uno partiendo de risa. Se sabe, claro está, que también ellos lo hacen: de la delincuencia, de la violencia, de los descerebrados, de la falocracia y de todo aquello que van ideando.

El sábado, cuando vimos el espectáculo, no cabía un alfiler en la sala, que parecía iba a caerse en el estruendo de aplausos, gritos y risas, muchas risas.



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