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Yllana
 
CRÍTICA Y BIBLIOGRAFÍA
Crítica: Rock&Clown
Payasos para adultos
Enrique Centeno

     Son cuatro payasos. Ninguno de ellos es Augusto o clown y son ambas cosas a la vez: tontos y listos, envidiosos o agresivos, humanos y tiernos, infelices y desdichados pero también vanidosos y provocadores. Forman una junta en las que las relaciones se entrecruzan, desde el optimismo de carcajada, el exhibicionismo o poética de perdedores. Todo tiene cabida en este curioso espectáculo.

     El feo título (Rock&Clown) es suficientemente explícito, porque todos ellos tocan instrumentos, también como el payaso tradicional, y lo hacen parodiando y memorando viejos ritmos, porque pasan de puntillas para utilizar letras, puesto que, según la tradición circence, no emiten palabras, las cuales sustituyen por las imprescindibles onomatopeyas o una rica gestualidad.

     Aquí lo importante es buscar la carcajada: desde el apolíneo al de la peluca postiza, del virtuoso y sorprendente percusionista al acróbata y malabarista que se burla de sí mismo. Poseen como los buenos payasos, buena formación en sus respectivas habilidades, y trabajan con una conjunción magnífica.

     El espectáculo lo dirige Yllana que es la compañía titular del Alfil, y que no es la primera vez que produce sin sus propios componentes -los de 666 espectáculo muy celebrado-, y posee ese inequívoco estilo que la sala de la calle del pez está imprimiendo a su programación para atraer sobre todo a un público joven.

     A las cualidades ya apuntadas, hay que añadir esa dirección muy conocedora de los lenguajes de la subversión y la transgresión cómica, así como efectos escénicos sorprendentes. Algunos verdaderamente magníficos -como la transformación en enanos de los actores o la manipulación de «espontáneos» del público a los que manejan con un ingenio singular-, no siempre nuevos en Yllana y otros recurrentes y un poco forzados -parece imprescindible en ellos el juego con los falos que ya cansa- pero el conjunto del espectáculo mantiene una muy alta calidad y consigue plenamente su propósito. Un teatro casi lleno, en día laborable, no de estreno, cuando lo vimos, debió salir con dolor de estómago de tanto reír. Supongo que también los propios payasos, a los que se les nota que lo pasan bien con su trabajo.



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