Los de Yllana son solo cuatro (Fidel Fernández, Raúl Cano, Joe O'Curneen, Antonio de la Fuente);
parecen una legión. Se doblan, se triplican... Hacen de presos (terribles sin piedad), fatalmente alojados
en el corredor de la muerte..., pero también de carceleros, de demonios y de todo aquello que sus
enfermizas mentes proyectan durante el sueño (Eros y Thanatos) . Imagina sus ejecuciones, en todas
las formas posibles (silla eléctrica, cámara de gas, horca, fusilamiento... las crueles formas que los
humanos han inventado para eliminar a otros hombres). Humor negro, macabro, escatológico, un pelín
canalla: lo justo para irritar a las mentes bien pensantes y para complacer a las menos conformistas.
Cuatro actores, cuatro mimos, cuatro creadores dotados de ingenio y gracia y de un buen dominio de
la técnica. Y, tras ellos, un director inteligente, David Ottone, que sabe medir los tiempos y que logra
que el espectáculo fluya sin altibajos.
Un montaje que provoca carcajadas o, sencillamente, que provoca; que inquieta y hace pensar,
como todo buen grotesco (y 666 lo es). Estupendo. Eso sí, habrá que ver cómo funciona en un
espectáculo tan indefinido e irregular (me refiero a la programación) como el Rialto (cuán echa uno de
menos en estas ocasiones una sala como la desaparecida Valencia Cinema). De división muy
recomendable para los turiadictos.