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Yllana
 
CRÍTICA Y BIBLIOGRAFÍA
Crítica: Hipo
Falocracia de plexiglás
Carlos Gil

     Pollas, penes, cipotes, un lenguaje desmesurado, chocante, junto a la trama y las situaciones que fuerzan hasta los límites el buen gusto. Todo parece desmesurado en este montaje, pero resulta que es su propuesta, llevar al público a ese lugar donde las cosas se nombran sin inhibiciones y que se acepta como convención comunicativa. Y es que la historia es tan disparatada como fecunda: un policía vocacional que solamente llega a detective y que acaba investigando una conspiración de un tal doctor Sadex, cuyo objetivo es homosexualizar el planeta hasta el fin de los siglos. Es decir, que parte de una idea absolutamente vertiginosa, que roza todo lo políticamente correcto, que puede llegar a agredir, pero que, conforme avanza el espectáculo, se van descubriendo las claves, se van consolidando las tramas y los lenguajes escénicos se van interconexionando, se descubre que se trata de un divertido trabajo de un humor nada ramplón, que intenta y en muchas ocasiones lo logra, romper con los tópicos, o jugar con ellos para darles una vuelta de tuerca y hacer que todo se convierta en un gran disparate, en una ceremonia de humor grueso, pero con muchas sutilezas, y que al final el canto falócrata se quede en una caricatura, casi en una denuncia, por lo que, como en la tradición de los buenos ejercicios cómicos, todo lo que aparentemente parece incuestionable acaba siendo lo contrario, y aquí asistimos a una falocracia de plexiglás, en unos personajes realmente desquiciados, obsesionados que conspiran desde una cueva en la búsqueda del universo de pollas voladoras descomunales.

     Si el asunto, la historia, su plasmación es delicada, rasposa, lo que hace que todo se vaya convirtiendo en lo que realmente se pretende son unos diálogos que funcionan, una historia que se cuenta con muchos elementos, que se homenajea a grandes cómicos del mundo del cinematógrafo, que se cuida la progresión narrativa y, sobretodo, que los actores son los propios autores, y eso hace que estén creando unos personajes que están trabajados desde el propio escenario, que los diálogos sean oportunos, en ocasiones muy chispeantes, pero que lleguen con excelente fluidez y que se vayan dando vueltas a las situaciones hasta llevarlas al absurdo, con lo que la transmisión del escenario a la platea es vertiginosa y provoca risas y carcajadas porque hay efectos realmente sorprendentes, y porque se mantiene durante todo el espectáculo un tono medio de conexión capacidad de asombro muy eficaz.

     Hay una unidad estética en todos los componentes escénicos, que se ajustan dramatúrgicamente a la propuesta, al igual que la iluminación y el espacio sonoro, con lo que nos encontramos con un trabajo rotundo, sin concesiones, que procura diversión no exenta de motivos de reflexión.



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