Ejecuciones en la silla eléctrica, en la guillotina, por ahorcamiento y en la cámara de gas, violaciones,
sodomizaciones carcelarias, asesinatos en masa, sangre y fluidos corporales diversos, procacidades
diabólicas… De este tremendo material se alimenta 666 el último espectáculo de Yllana, grupo que
consigue extraer un imparable caudal de risas de tal catálogo de horrores en un descacharrante
ejercicio de humor negro, canalla y políticamente incorrectísimo.
Cuatro reclusos aguardan siniestro turno en el corredor de la muerte. Son los protagonistas de la
función, estructurada según el estilo habitual del grupo, en sucesivos cuadros cada uno de los cuales
da vueltas a un mismo tema. Una planificación abierta a todo tipo de libertades y que admiten desde
escenas oníricas a ajusticiamientos en directo y participación del público. En este sentido, la
complicidad del espectador es fundamental, y hay quien solo ver a los actores en escena, aunque nada
hagan, ya sueltan la carcajada. No quiere significar que el humor de Yllana no sea fruto de un
elaboradísimo proceso, todo lo contrario. La sucesión de gags se apoya además de unos formidables
actores de inagotable expresividad corporal y gestual.
Un estilo característico que bebe tanto del desquiciado humorismo de Jerry Lewis como del
catastrofismo gamberro de los dibujos animados con sus onomatopeyas y su salvaje desenfado. Todo
ello hace que 666, pese a lo terrible del material que se nutre, sea un espectáculo imaginativo, fresco
y frenéticamente divertido.