Cuatro músicos que hacen mimo, acrobacias, malabares y actúan. O cuatro actores que tocan
instrumentos, cantan y hacen de la música popular, el rock y el pop una fuente de inspiración para
descubrirnos las posibilidades de corromper la memoria musical a base de talento, ironía y actitud
puramente quirúrgica . Cuatro alucinados músicos, entes escénicos que solamente pretenden divertirnos
y hacernos mover del asiento. Y lo logran. Consiguen que nos riamos de nuestras canciones más
queridas, que no quede un monumento musical en pie, que de un bolero se pueda hacer una canción
fuerte o que el rock duro pueda convertirse en un valsecito. Todo depende del punto de vista, de poner
la mirada en lo sublime o en lo patético y hacerlo bien. Es decir, hacer de cada canción, de cada
número una explosión de virtuosismo, de concreción, de tiempo escénico, de gestualidad y de ritmo.
Yllana es un grupo, una productora, una manera de entender el teatro de hoy en día. Tienen ideas
y saben establecer la estructura a partir de las ideas y las desarrollan pensando siempre en una
comunicación interna, en la fluidez de las energías internas, y pensando en un tipo de espectador que
espera la sorpresa, la lucidez, el gag gestual, o en este caso el musical, porque estos cuatro señores, tocan
guitarras y batería, algunos con más o menos calidad, pero suenan rotundos y entre canción y canción,
y durante las canciones, interviene el payaso, el ser desistido que desde la ingenuidad o la torpeza va
haciendo de cada estrofa un mundo, de cada estribillo, una declaración de inhospitalidad en el mundo,
pero que entre unos y otros logran conjuntarse, ordenar su caos, enseñarnos a disfrutar de unas
músicas que en ocasiones las tuvimos sacralizadas y que en sus manos, caras y cuerpos, son un
elemento fundamental para la risa. Estamos ante el rock de la risa, del talento, del ritmo.
No dejan respiro, está todo medido, en volumen, en tiempo, en intensidades, en temática
subyacente y en acciones explícitas. Un trabajo para disfrutar grandes y mayores, con música en
directo y con la teatralidad más depurada para hacer un espectáculo total, divertido que logra la
comunión absoluta. Y sales bailando y con una sonrisa de oreja a oreja, ¿qué más se puede pedir?