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Yllana
 
CRÍTICA Y BIBLIOGRAFÍA
Crítica: Hipo
Con perdón
Carlos González

     Cuando una compañía decide hacer un espectáculo como éste, que gira en torno al humor y a los penes, hay dos posibilidades: la primera, que se caiga en lo cutre, lo aburrido, lo evidente y lo grosero; y la segunda, que se haga un montaje inteligente, sarcástico, entretenido, picante y atrevido. Gracias al buen trabajo de Sexpeare, el respetable que acudió a Hegoalde, y fue mucho, disfrutó de esta segunda modalidad.

     Y es que el público entró desde el primer momento un espectáculo singular y surrealista, con un corte que recordaba aquel gran musical que vimos en Vitoria llamado The Rocky Horror Show.

     Es decir, penes por todos los lados (hasta había un coche con tal forma), dos homosexuales sadomasoquistas con intenciones de conquistar el mundo, un héroe bajito con poca o nula autoestima, y… penes, muchos penes. Sólo queda decir que el nombre del sitio donde se desarrolla casi toda la acción también hace referencia a esa parte tan singular. Y entre miembro y miembro, tres actores que bordaron sus distintos papeles.

     El trabajo de Santiago Molero, David Tenreiro y Rulo Pardo fue excelente, desternillante y eficaz. Entre los tres, consiguieron crear una atmósfera en la que el público presente pudo disfrutar y reírse sin problemas.

     Claro que cuando el respetable también está por la labor de entender un espectáculo como éste, todos (actores y público) salimos ganando. Y es que hay que estar psicológicamente preparado para ver a dos probetas de laboratorio llamarse a la cara «puta» e «insumiso» y encima reírse sin parar, sin hacerse ningún tipo de pregunta mínimamente lógica.

     A lo estrambótico del montaje ayudó una escenografía cutre pero significativa, un vestuario muy ponible (donde destacó una especie de pijama con maxi-pene de plástico incluido) y unos elementos de atrezzo salidos de los sex-shops más cutres de Madrid.

     En definitiva, si es cierto eso de que cada carcajada son años de vida ganados, entonces que el público que fue a Hegoalde no se preocupe porque llega a cumplir los cien sin problemas.

     Lo que pasó en realidad: telón y ovación. Lo que debiera haber pasado: telón y ovación.



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