Inmisericordemente, el Festival se estaba apagando. Además en el peor momento: una vez pasado
su ecuador. Y todo por culpa de la presunción, la antigualla de la modernez y la seguridad del negocio.
Oh, dioses, qué soñarrera me entraba de sólo pensar que tenía que volver al teatro… Sin embargo, algo
me decía que estos de Sexpeare me iban a sacar de la narcosis y el desaliento. Los había visto en el
Pasarena hace un par de años. Y no en vano los madrileños de Producciones Yllana, que llevan
tiempos con el marchamo de la calidad en todos sus hilarantes productos, han apadrinado su trabajo,
se han comprometido con sus ideas, los han puesto en el mercado… No como los catalanes de
Tricicle, no, reproduciendo sin riesgo y milimétricamente sus exitosas fórmulas de antaño con jóvenes
actores de hoy, como clonándose, por perpetuar la hucha, la fama…, sino arriesgando de verdad, aun
a sabiendas de que la corazonada puede valer la pena.
Y de pena, nada. Un curioso trío de actores paranoicos compuesto por el toledano Santiago
Molero, David Tenreiro, que se coció aquí en Logroño con Fernando Gil Torner y el grupo Teatre
Pobre del CEI, y un alicantino que se hace llamar Rulo Pardo, son los divertidos orates que nos
alegraron alma, Festival y vida durante dos noches seguidas con todo vendido en el salón de Columnas,
con su espectáculo de patafísicas variedades.
Y es que la cosa, el disparatado montaje, no tiene desperdicio para la risa. En clave de película
americana de marcianos serie B de los años cincuenta, un malvado doctor bujarrón apodado Sadex,
escapado de un cómic de Flash Gordon (o de Batman y Robin) y ayudado por un esclavo-amante
sado-maso y descerebrado de nombre Rabón, detentan un sex-shop especializado en pollas, pollitas
y pollones. Desde allí y su secreto laboratorio, quieren hacerse con el poder del mundo mundial. Su
terrible descubrimiento: una pastilla que convierta a todos los humanos en esclavizados hermafroditas…
Para probar su pilule contratan a un dependiente corto de talla, Moho, que resulta tener alma de
Humphrey Pedrín metomentodo… ¿Conseguirán llevar a cabo su malévolo plan o convertirán al metete
en un Gotzila enano, en un ranúnculo?…
La funcional escenografía es sorpresiva y de tebeo, con movimientos y efectos especiales de
película de S. F. Su aprovechamiento, su idea, un gozoso encuentro teatral. La locura del argumento,
productos de unos mozos que lo arriesgan todo. Las escenas íntimas, de alcoba, matrimoniales, de los
dos malevos maricuelos provocan cómicos desconciertos en la grey juvenil y gozosos escandalillos en
las señoras mayores. Hay escenas de antología, como un viaje en pollamóvil, por el hiperespacio o un
recorrido por el interior del cuerpo de Moho, donde los pérfidos sarasas se convierten en argentinos…
En fin, un humorístico y genial dislate donde brillan ramalazos de ingenio a ritmo trepidante. Pantominas
bien resueltas, marionetas hensonianas, bufas osadías, vestuario más que sugerente, una estupenda,
efectista y cinematográfica banda sonora al servicio de unos actores que gozan como locas con su
curro: David, algo nervioso al principio pues se debía a «su»público, y ya cociéndose como actor allá
en Madrid; Rulo Pardo, un descubrimiento encantador… Y Santiago Molero, un todoterreno. Ah, y
los de Yllana, que saben donde ponen el huevo.
Yo disfruté con el género: me quitaron el hipo y el sueño. El público se lo pasó bomba. Al Festival
le ha venido bien. Y a un amigo que tuvo muy mal día, se lo arreglaron. No sería mala idea que
volvieran.