Meados de risa salieron mucho de los espectadores que asistieron el pasado fin de semana al teatro
Guiniguada. Y no lo digo por los «orines» con los que se regó al público en uno de los sketches desde
el escenario, sino por las reacciones de los asistentes a las funciones del último montaje de la compañía
Yllana.
Por las carcajadas y las contorsiones en las butacas no es de extrañar que más de uno de los
afortunados testigos de estas nuevas genialidades del cuarteto de cómicos madrileños se fuera aunque
sea unas gotas en sus prendas íntimas. Yllana vino a mostrar su última bestialidad de título 666 (número
de la bestia del Apocalipsis) tras sus anteriores éxitos en la Isla con su espectáculo Glub glub.
Por la asistencia de público a las tres funciones programadas en el Guiniguada, queda de sobra
demostrada la admiración de la que se han hecho valedores los actores Fidel Fernández, Raúl Cano,
Joe O'Curneen y Antonio de la Fuente entre los grancanarios.
Su humor fresco, sus gestos y movimientos caricaturescos y su puesta en escena esmerada, han sido
recibidas en sus anteriores visitas con calurosas ovaciones. En esta ocasión, esos mismos elementos
han sido los responsables de su nuevo éxito, avalado por los interminables aplausos que pusieron punto
y final a las tres representaciones que tuvieron lugar en el Guiniguada durante el sábado y el domingo
pasados.
En la línea de grupos como Tricicle o Vol·Ras, en la que el gesto lo dice todo, Yllana ha conseguido
hacerse con un puesto de honor sin que haya que tener que recurrir a comparar su trabajo con el de
esas u otras formaciones.
En 666 los actores se adentran en las profundidades del delicado humor negro para hacernos reír
de situaciones tan dramáticas como la espera de los presos en el corredor de la muerte o los sueños
de exterminio de terroristas sin escrúpulos.
Al estilo de los cineastas Quentin Tarantino Y Robert Rodríguez, Yllana obtiene un éxito similar con
la representación de escenas donde la aparente crueldad se entremezcla con una sutil ironía sobre la
sociedad actual, y donde esos, en primera instancia odiosos personajes, se revisten de ciertos rasgos
de ingenuidad que los hace entrañables y hasta tiernos.
Quizás lo que nos vienen a contar los de Yllana no sea apto para públicos menores, ni siquiera para
aquellas mentes cortas que no sepan advertir la ironía con la que abordan esa parte de nuestra cruda
realidad. Aquellos que sí se hayan presentado con la suficiente conciencia para distinguir la noble
actitud de los cómicos, seguro que reconocerán en ellos a unos excelentes profesionales.
Es de destacar su carácter sorpresivo (sobre todo en sus incursiones en el patio de butacas) y la
cuidada técnica de los cuatro actores, así como los brillantes recursos del sonido y la iluminación,
fundamentales para el resultado final.