La compañía Yllana parece decidida a disfrutar y hacer disfrutar en cada espectáculo.
Supieron encontrar el lado cómico de las corridas en ¡Muu!, hundieron a carcajadas un barco en
Glub glub y subvirtieron la tragedia de la pena capital en la tan hilarante como macabra 666. No
contentos con eso, se unieron a los Sexpeare para la corrosiva y truculenta Hipo, que fue la primera
producción creada pero no interpretada por esta compañía madrileña. A la espera de su primera
película, ya en preproducción, han presentado en su tradicional feudo del teatro Alfil el segundo
espectáculo firmado por ellos pero interpretado por actores ajenos al núcleo fundador de la compañía.
Lo curioso es que tanta actividad no parece haber desgastado su ingenio, antes al contrario, sino
que lo ha depurado.
Rock&Clown es, en esencia, un típico espectáculo Yllana, rebajado tan solo en lo escatológico y
donde esta vez la excusa argumental es el concierto de un grupo integrado por dos guitarras, un bajo
y un percusionista. Recordando ligeramente a Stomp, pero con menos aparatosidad, estos
«musicómicos» utilizan también escaleras, sillas y hasta el mismo suelo. Cada canción da pie a una
construcción escénica, a una historia o un gag bufonesco. Lo mismo pueden convertirse en versiones
enanas de los Blues Brothers (al estilo de los trillizos de «Melodías de Broadway») que intentar seducir
a alguna espectadora a los sones de la bossa-nova. Igual ilustran una balada con fallidos juegos de
acrobacia que descubren entre los espectadores a privilegiados talentos musicales. Y es que el público
forma parte del espectáculo, sobre todo los elementos femeninos, pues el de Yllana es un humor
masculino, pero con una suave ironía que convierte en seductores los modismos tradicionales del
machismo ancestral.
Esa exhibición de su afirmación sexual, de su conciencia de hombres nacidos para ligar y disfrutar,
está en Rock&Clown reducida respecto de anteriores espectáculos. Apenas hay penes,
masturbaciones, fornicios, orgasmos, eyaculaciones, prótesis y todos esos detalles que casi se habían
convertido en marca de la casa. Eso puede hacer pensar que Rock&Clown es el trabajo más ligero,
más blanco de Yllana. Es, tal vez, el que les pueda permitir ganar aún más público del que de momento,
y sin apenas promoción, está abarrotando su sala. Es un éxito muy merecido porque tienen la
pretensión de divertir y eso es lo que consiguen.