común de los Fieles; sin que sea justo sacar de estos pasos de respeto argumentos para declararles una guerra espiritual y temporal, quando no se acomoden a todas las pretensiones de la Curia.
7 Sin embargo, el Sr. Infante esperaba las resultas de un temperamento, que hallaron los Cardenales, a quienes cometió Su Santidad el dictamen sobre la materia; pero contra la expectación de aquellos Purpurados, y de todos quantos habían penetrado la negociación, lograron los Enemigos de la Paz sorprender el ánimo del Papa, y que su Ministro se explicase con poco decoro de los altos Príncipes con quienes se trataba. Si esto es romper la negociación de repente el Soberano de Parma, como se supone en el Breve, lo dirán los ánimos imparciales.
8 El segundo supuesto estriba en querer persuadir, que los Edictos ofenden la inmunidad eclesiástica; y se toma esto por pretexto para el Monitorio, con nulidad e incompetencia en el asunto; haciendo la persecución del Príncipe de Parma con unas expresiones a la verdad nada decentes aun entre