José Gaos y Francisco Larroyo Dos ideas de la filosofía. Pro y contra la filosofía de la filosofía

Sección:

I Filosofía de la filosofía

(resumen de las conferencias de José Gaos)

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I. Filosofía de la filosofía

Resumen de las Conferencias de José Gaos

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     ^ El programa que desarrolló el cursillo fue el siguiente:

     I. La vocación filosófica como afán de saber principal.

     II. La vida filosófica como vida en la abstracción: su sentido histórico.

     III. De la abstracción en la contemplación de las ideas como saber de salvación a la abstracción en la reflexión de la conciencia como saber de perdición.

     IV. La decepción doctrinal de la vocación filosófica por la contrariedad histórica de la filosofía. La decepción vital de la vocación filosófica en el proceso de madurez de la vida.

     V. Prosopopeya del filósofo-fenomenología de la soberbia.

     VI. Verdad y personalidad: filosofía y la vida en su concreción.

     A la primera conferencia precedió, como lema de todas, la lectura de las siguientes palabras de Calicles en el Gorgias de Platón, pp. 484 y ss.:

     ^ «La filosofía es ciertamente encantadora, Sócrates, cuando alguien se da a ella mesuradamente en la juventud; pero si se cultiva más allá de lo debido, es la perdición [14] de los hombres. Por muy bien dotado naturalmente que esté un hombre, si continúa filosofando mucho después de la juventud, es forzoso que se vuelva ignorante de todas aquellas cosas que es menester sepa el hombre que haya de llegar a ser un hombre cabal y considerado: se vuelve ignorante de las leyes del Estado; de las palabras de que hace falta servirse al hablar a los demás en los asuntos públicos y privados; de los placeres y de las pasiones propias de los hombres; en suma, se vuelve ignorante absolutamente de todas las cosas humanas... Acercarse a la filosofía en la medida en que contribuye a la educación, está bien; no le está mal, a quien es un muchacho, filosofar. Pero desde que un hombre ya mayor sigue filosofando, la cosa se vuelve ridícula, Sócrates... En un muchacho joven me place el espectáculo de la filosofía; me parece adecuado; estimo que tal joven es un hombre digno; que el que no filosofa no es un hombre digno, ni jamás llegará a hacerse capaz de ninguna acción bella ni grande. Pero la verdad es que, cuando veo a un hombre mayor seguir filosofando sin cesar, me parece que a este hombre, Sócrates, le está haciendo falta ya- una buena tanda de palos.»

   ^  I. A lo largo de su historia, la filosofía {filosofía: temas} ha tenido por temas la naturaleza, Dios, el [15] hombre, la historia, la ciencia- ella misma, la filosofía. Como se dice filosofía de la naturaleza (2), de la religión, de la historia, para designar aquellas filosofías o partes de la filosofía cuyos temas son respectivamente la naturaleza, la religión, la historia, para denominar la filosofía o la parte de ella que se ocupa con la filosofía misma no hay término más propio que el de filosofía de la filosofía: origen términofilosofía de la filosofía, de oriundez diltheyana. El tema de las conferencias no fue directamente la filosofía de la filosofía a lo largo de la historia de la filosofía, sino la filosofía de la filosofía en la actualidad. Pero en cuanto que la filosofía actual lleva en su seno la pasada, aquel tema no podía dejar de serlo de las conferencias indirecta y parcialmente. filosofía de la filosofía: el profesional de la filosofía en la actualidadEn la actualidad, el vocado de la filosofía, a quien su vocación por ésta lleva a hacerse profesional de ella, esto es, a erigirla en principio de su vida, de su ser, de él mismo, decepcionado de la filosofía, esto es, de su principio, de su vida, de su ser, de sí mismo, se obstina en la filosofía, esto es, en su principio, vida y ser, en sí mismo, en la doble forma de una reflexión sobre sí, sobre su ser, su vida y el principio de una y de otro, y de una exposición -historia, cuento y confesión- de esta reflexión, siguiendo las cuatro etapas [16] de la vocación, profesión, decepción y obstinación.

     vocación: concepto corrienteLa vocación fue primero analizada según el concepto corriente, que la presenta como una relación subjetivo-objetiva de inclinación o gusto, atractivo o llamamiento, en suma, de motivación de la dedicación a una actividad y vida, de la información de una vida por una actividad. El análisis de los motivos subjetivos y objetivos, efectivos y aparentes, principales y secundarios, iniciales, ulteriores y permanentes, latentes y patentes, mostró en ella una relación dinámica, un proceso, de descubrimiento o revelación y de decepción o satisfacción, de intención y realización, central en el proceso todo de la formación de la personalidad en el medio de la cultura en que y con que el individuo se encuentra, y cuyo curso normal va de la potencia de los motivos objetivos a la patentización de los subjetivos. Con arreglo a esta norma, la vocación filosófica aparece en su iniciación motivada patentemente por el objeto: la filosofía en su realidad cultural histórica, constituida para el moderno en dos estratos {filosofía: historia}, antiguo, griego, y cristiano-moderno, y {filosofía: definición tradicional}definida tradicionalmente como un afán de saber caracterizado como definitivo o absoluto, total sin particularidad, necesario y posible. La necesidad [17] de este saber fue examinada como necesidad para el afán de saber puro ilimitado, para la vida y para la muerte, y mostró en él un saber de urgencia y de salvación que no puede menos de concebirse inicialmente corno un saber sustancial. La trayectoria de la necesidad del saber al saber sustancial fue recorrida, en parte, en los términos siguientes:

     {saber definitivo: como necesario para la vida}«Una efectiva experiencia de la vida cotidiana, en cuyo alcance y límites no puedo, (3) pero tampoco es necesario entrar, nos enseña que el saber es necesario para sinnúmeras cosas de la vida. Necesitamos saber para llevar a cabo mil y mil cosas de la vida. Pero necesitamos también, y más aún, saber para poder llevar a cabo la sola y una vida misma. Una convicción tan arraigada cuanto general, como consecuencia y muestra que es de nuestro formarnos en una cultura informada por ella, es, de hecho, la de que un saber de la índole y los caracteres del definitivo es necesario para la vida en su totalidad.

     {vida: carácter definitivo}La vida es ella misma definitiva. Con el suyo, pone fin a todo lo demás de ella, de esta vida. El fin de la vida incluye toda la vida anterior a él; excluye toda ulterioridad a su fin de nada de ella, de esta vida -como hacía lo definitivo en general.

     {muerte: lo que confiere carácter definitivo a la vida}Pero este fin es la muerte. La muerte [18] es lo único definitivo de la vida, y por ende lo que le confiere propiamente a la vida misma su carácter de: algo definitivo. Todo lo demás de la vida, todo lo que no es la muerte, todo lo anterior a la muerte e incluso en ella, en el límite, es en este respecto provisional. La vida sólo es definitiva en su totalidad y la totalidad se la da la muerte.

     {saber definitivo: como saber para la muerte}Un saber para la vida en su totalidad, o en cuanto definitiva, ha de ser, pues, un saber definitivo y total. Pero en cuanto que lo definitivo de la vida y en la vida, es propia y originariamente la muerte, el saber definitivo, para la vida en su totalidad, es más propiamente un saber para la muerte.

     {saber definitivo: como saber de urgencia}Mas la muerte puede ser el momento inmediato a aquel que vivimos -a cada momento. La vida es continua inminencia de su fin. Por eso es urgencia de vivirla. Cada momento de ella es un instante, una instancia -que nos insta (Zubiri) a vivirla con urgencia. El saber necesario para la vida, esto es, para la muerte, esto es, para el momento inmediatamente siguiente a aquel que vivimos, ha de ser un saber capaz de decir su última palabra en este momento, lo más cercano posible al presente. Ha de ser un saber de urgencia, un saber tan urgente como la vida misma para la [19] cual es. La inserción del saber definitivo en la vida requiere de él esta nota de urgencia. La estructura mínima de la vida, su carácter de urgencia, se comunica al saber que es para ella.

     Estas convicciones tienen su sede y raíz en algo más profundo y decisivo todavía que ellas mismas: en una manera de sentir y considerar la vida que es específica, distintiva, de la cultura antes aludida.

     {saber definitivo: como saber de salvación}En cuanto saber de urgencia para la vida y la muerte, el saber definitivo es sentido como saber de salvación o salvador. Mas para que este {concepto de salvación: relación con el concepto de perdición}concepto de salvación tenga sentido, dondequiera que sea, es menester que lo tenga previamente, en el mismo sitio, el concepto de perdición. Y así es en cuanto al saber definitivo como saber para la vida y la muerte. La vida es sentida como perdición de que tenemos que salvarnos, por lo menos en el último momento, en el momento de la muerte, esto es, en el momento próximo, urgentemente -por medio del saber definitivo.

     {perdición: dos sentidos del término}Perdición tiene dos sentidos. Uno inmediato, el de desorientación. Otro primario: el de fluctuación, inestabilidad (4), movilidad, inquietud.

     {perdido: como desorientado}El perdido es, por lo pronto, el desorientado. La vida ha de ser sentida como desorientación, si algo en ella, el saber, se [20] siente como orientador y salvador. La vida se siente efectivamente como desorientación, en cuanto se retrae de las orientaciones que le son dadas por la cultura en que se encuentra hacia su nudez y pureza individual. Así en la filosofía, como veremos. Así en la raíz de la experiencia religiosa, en el pecado, o situación de pérdida de las orientaciones contenidas en la religión.

     {perdido: como fluctuante}Ahora bien, el perdido, el desorientado, el que acaso empieza por no saber hacia donde moverse -urgido por la vida, instado por ella, empieza a moverse hacia un lado y hacia otro, vacilante- fluctúa. Aunque el perdido, en cuanto desorientado, se encuentre en esta situación sobre tierra firme, por ejemplo, dentro de un bosque, ejemplo clásico (cartesiano), sus movimientos, de ida y venida, identifican su situación a la del fluctuante -que es propiamente la del que fluctúa en un elemento, él mismo fluctuante. En efecto, el que fluctúa en sentido propio, está perdido, no puede orientarse, porque se encuentra a merced del elemento fluctuante, esto es, que se mueve u orienta de suyo, con indiferencia -por lo menos- respecto a los puntos que serían cardinales, salvadores para el perdido. Esta indiferencia y esta autonomía de los movimientos [21] del elemento fluctuante son el definitivo constituyente del peligro o riesgo que toda perdición implica. La desorientación y pérdida en un elemento firme, dentro del bosque, es también efecto de una indiferencia de sus términos o caminos, consecuencia de una falta de todo punto cardinal o equivalente a esta falta, la cual lleva al perdido acá y allá, como si el bosque mismo se moviese o fuera un elemento propiamente fluctuante. El hombre no está nunca irremisiblemente perdido mientras está sobre un elemento firme, lo que implica la posibilidad de moverse y orientarse por sí, no la forzosidad de ser movido y des-orientado por el elemento.

     {perdición irremisible}Por lo mismo, lo fluctuante es lo superficial. Se fluctúa sobre las ondas. Lo fluctuante, en efecto, no es lo proceloso. Procelo es la alta mar y el mar de fondo, juntamente. Procelosidad, la fluctuación del fondo, si se quiere -la perdición irremisible (5). Pero si la vida es sentida como desorientación, [22] y por ende como fluctuación, no es sentida como perdición irremisible. Si la vida fuese sentida como procelosidad, o fluctuación incluso de su fondo, como perdición irremisible, no sería posible que se le apareciese en su seno nada con el carácter de salvador. {perdición remisible}La vida es sentida como perdición remisible, como fluctuación, que afecta a lo relativamente superficial solo, que no conmueve un fondo, firme, en el que echar pie y salvarse.

     {salvación: como orientación en lo estable}La salvación se presenta, correlativamente, como la orientación en lo estable, como la estabilización, como inmovilidad y quietud, como descanso. El salvado, si lo está verdadera, definitivamente, ya no tiene más que hacer sino tumbarse y reposar. La salvación requiere e implica, pues, algo estable, consistente o constante, permanente, seguro y como lo fluctuante es lo superficial, lo seguro es el fondo, lo que sostiene o sustiene, lo substante.

     {saber definitivo y salvador: como afán de sustancialidad}Y en efecto, el saber de salvación se presenta como el descubrimiento de algo substante a que agarrarse, a que subirse, en que echarse. Se presenta como el descubrimiento de las substancias. La perdición irremisible sería la falta de fondo o sub-stancia a que acogerse. Afán de saber [23] definitivo y salvador es afán de saber sustancial, es afan de sustancialidad, sustancialismo. La perdición irremisible es la absoluta insustancialidad

     {posibilidad del saber filosófico como saber de los principios}La posibilidad del saber filosófico fue reducida a la concepción de él como saber de los principios, mostrando en éstos lo total sin lo particular, lo primero y lo último o lo definitivo; lo superior y lo absoluto y lo inferior o lo substante, sustancial o salvador; lo extremoso, lo trascendente, lo aparte o abstracto, en el doble sentido de lo difícil o abstruso y lo distintivo y dignitativo: lo principal y lo principesco. En suma: afán de saber principal -de principalidad por el saber, la filosofía. (La congruencia de naturaleza, interna, entre los dos estratos históricamente superpuestos y unificados -el problema de la «filosofía» «cristiana»- no pudo ser abordado.)

  ^   II. {la profesión filosófica}La tendencia de toda vocación a informar la vida entera origina la dedicación, la consagración profesional, la profesión. Al examen de la vocación filosófica debía seguir, pues, el de la profesión filosófica, hecho concéntricamente desde su aspecto externo hasta su intimidad última. Presentándose ante todo la profesión filosófica como vida en la abstracción, era menester mostrar, por debajo de la {abstracción intelectual vs. abstracción vital}abstracción [24] intelectual, mero tema de la psicología de la inteligencia, y siguiendo al lenguaje vulgar, que conoce el tipo humano del abstraído, que no es el distraído ni el aburrido, toda una abstracción vital, fundamento y condición de posibilidad de la intelectual. La necesidad de la abstraccion intelectual no sería satisfecha, ni superada su dificultad, dimanante de la presencia obsedente de la vida, las tentaciones, si no existiesen las técnicas de la abstracción vital, desde el aspecto y porte, del extravagante, del aparte, el que se aparta del camino recto o derecho con un aire siniestro, pasando por los habitáculos que son recintos de abstracción (bibliotecas, laboratorios; la naturaleza como refugio contra la sociabilidad), hasta los medios y métodos sensibles de la mística y de la filosofía. {abstracción y vida}Pero la abstracción no sería posible si la vida no fuese concreción explosiva, situación determinada por una circundancia o circunstancia, convivencia en correlaciones: el tema de la abstracción conduce al tema de la estructura misma de la vida. {abstracción filosófica}La abstracción filosófica, no sólo en su meollo intelectual, sino en toda su amplitud vital, fue a continuación documentada con los testimonios históricos y descrita en su forma y contenido contemporáneos. Abstracción es de algo [25] en algo: la filosófica contemporánea, de la vida concreta contemporánea, en el horizonte de libros, la biblioteca y las operaciones llevadas a cabo en ella. El análisis y la exposición de la vida concreta contemporánea y de la vida en el horizonte de libros o la biblioteca hechos en la segunda conferencia fueron resumidos al comienzo de la tercera en estos términos:

   ^  {vida concreta contemporánea: primado de la técnica}«La vida concreta contemporánea caracterizada más aparentemente que por nada por el dominio o primado de la técnica física, manifiesto en la invasión de artefactos, de aparatos, por todas partes. Técnica que es fundamentalmente una técnica de lo mensurable o del movimiento en el tiempo y en el espacio, de la traslación o las comunicaciones; que ha evolucionado en el sentido de la velocidad creciente y producido la multiplicación de las situaciones vitales y de las ocupaciones o quehaceres, pero correlativamente, por no haber alargado la técnica biológica los módulos cronológicos naturales, su acortamiento -reduciendo las dimensiones de todo, acercándolo todo, llegándose a todas partes, descubriéndolo todo. Que ha producido funcionalmente también porque la profundidad es en la vida una función de la latitud temporal, de la sobra de tiempo, no de la falta en que hoy le echamos, [26] su superficialidad -vaciando, eviscerando, desentrañando progresivamente, no sólo a la vida, sino a la naturaleza y al mundo entero, de toda hondura, de toda intimidad, de pasiones y de placeres profundos, de todo misterio, de todo prestigio, desprestigiándolos, pues. Lo que significa un rasgo de animalidad y retroceso hacia ella, pues el animal se diferencia justamente del hombre en carecer de la reflexión creadora de la vida interior y de la intimidad que caracteriza al hombre, cuando éste no la abre y entrega. {vida concreta contemporánea: publicidad}Superficialidad y desprestigio que se manifiestan particularmente en el otro gran carácter aparente de nuestra vida: la publicidad en todos los sentidos de esta palabra. Publicidad en el sentido restringido en que la empleamos para designar el anunciarse, el figurar en las crónicas de sociedad, el provocar reportajes o interviús o prestarse a ellos, el retratarse en todas las ocasiones, y demás formas de exhibicionismo o salida a la plaza y exposición a la vergüenza públicas. Publicidad en el sentido del primado adquirido por la vida pública y política sobre la privada e íntima, hasta expulsar a éstas de sí mismas y hacernos vivir en continua, no convivencia de personas conocidas, escogidas y dilectas, sino vecindad, codeo y tuteo públicos [27] con gentes anónimas. {insustancialidad}Vida, en cuanto vertiginosa y trepidante por un lado, superficial y puramente pública por otro, en definitiva fluctuante, perdida, insustancial, falta de toda principalidad y distinción. {Proletarización de la burguesía y la aristocracia}Proletarización de la burguesía y la aristocracia, en inexorable sanción histórica al incumplimiento de la misión de aristocratizar o mejorar a la plebe. {descentramiento}Vida extremosa y extremista, por el lado opuesto al de la filosofía, y en cuanto ex-trema, excéntrica o vida de personas sacadas de su centro o des-centradas. La vida en el horizonte de libros o la biblioteca, bajo el imperio de la {bibliocracia y vida intelectual}bibliocracia a que ha llegado la evolución histórica del libro salido de la palabra, y la evolución de esta misma y del hombre, que la tiene por atributo distintivo. Leer -estudiar -pensar -escribir, pero en un recurrir, no de los libros a la vida, sino de la vida a los libros, y de unos libros a otros, a libros sobre otros libros, a libros no leídos, sino consultados, mediante índices y bibliografías. En un recurrir, no de los libros a la mente, sino de los libros a la escritura, en forma de notas y papeletas, con una pérdida creciente de la lectura íntegra y cursoria y del sentido orgánico y vital de las obras en favor de una mecanización y tecnificación y correlativa despersonalizacion y desecación [28] crecientes de la lectura, del trabajo intelectual todo, hasta del descubrimiento, invención y creación mismas. Con una erección de formas sólo justificadas en ciertas partes, en criterio universal de la naturaleza y validez del pensamiento y de la palabra. Y con el resultado de una vida intelectual en el fraude y la simulación de lectura y saber, pero en una efectiva incomprensión creciente. En todo lo cual se encarnan la pereza mental, la tendencia de la vida a la inercia y a la abyección, a la dominación, no esforzada, pero efectiva de las cosas, por el vivirlas, que les da sentido, sino ilusoria, supersticiosa y medrosa, paradójicamente primitiva, por la magia de sus dobles, en consonancia con los caracteres de tecnicidad, superficialidad, publicidad, insustancialidad y falta de distinción de la vida contemporánea en general.»

     {historicismo y trabajo intelectual}El contenido íntimo y último de esta vida en la actualidad fue puesto en el historicismo, en el trabajo intelectual con base de saber histórico y con sentido histórico, y explicado por la historicidad humana. La función e importancia de la Historia de la Filosofía en el aprendizaje y ejercicio de la profesión filosófica en la actualidad constituyeron el tránsito a la siguiente conferencia. [29]

  ^   III. Destinada a hacer vivir momentáneamente a la asistencia el revivir la historia de la filosofía que constituye el meollo de la profesión filosófica en nuestros días y a fijar el sentido de esta experiencia histórica. La conferencia tomó como filosofía contemporánea singularmente adecuada a sus fines la {fenomenología: doble constitución}fenomenología, con su doble constitución de contemplación de ideas y reflexión en la conciencia. {fenomenología: ilustración del tránsito de la edad atigua a la cristiana y moderna}Primero las ideas fueron presentadas como los principios substantes y salvadores. La vida filosófica, sobre la base de la abstracción ascética, como abstracción ideativa y participación salvadora en la beatitud divina: vida contemplativa y vida beata. A continuación se explicó el tránsito histórico de la filosofía antigua a la cristiana y moderna, contenido en forma estática en la dualidad estructural de la fenomenología, como fenómeno de la «fluctuación de las ideas» y descubrimiento de un nuevo principio substante y salvador en la conciencia. Pero la duda metódica y la reducción fenomenológica pura, como intentos de abstracción de todo lo fluctuante, errar o error, conducen a una abstracción que es enajenación vital del mundo, de los demás y de Dios, que se evidencia y experimenta imposible empresa extremista de enajenación mental [30] de sí mismo, de perdición irremisible e in-humanidad.

   ^ La   IV conferencia se inició, pues, con estas interrogaciones: «¿Cuál es la situación del que habiendo profesado la filosofía, ha hecho la experiencia histórica de ella como un círculo de excentricidad y perdición? ¿Qué sentido puede encontrársele a la filosofía, después de haber hecho esta experiencia y encontrándonos en la situación que es consecuencia de ella?» Pero al llegar la filosofía misma a estas interrogaciones se ha convertido en ellas, consiste en ellas. Una {fenomenología: expresiones interrogativas}fenomenología de las expresiones interrogativas y las expresiones correlativas, las contestaciones, como sendas expresiones de situaciones vitales de sujetos, de las que los objetos de la interrogación y contestación no son más que ingredientes, conduce a considerar la filosofía como cuestión singular y a analizar la cuestión en general y la cuestión de la filosofía. {cuestión de la filosofía: doble decepción}La filosofía se presenta, a diferencia de todas las demás, ociosas en comparación con ella, como la cuestión afanosa única en que el objeto de la cuestión es el sujeto mismo, a consecuencia de una doble decepción. {decepción doctrinal}Decepción doctrinal, por la contrariedad que en las entrañas mismas de la filosofía arroja como resultado [31] su historia: la filosofía, en cuanto afán de saber principal, postulación de unidad, se realiza como pluralidad histórica de principios y filosofías. {decepción vital}Y decepción vital, por la incongruencia creciente entre los caracteres de la filosofía como vida en la abstracción y el carácter crecientemente concreto de la vida hasta su madurez: una teoría de las edades de la vida y de las ocupaciones congruentes con cada una fue la realización de la sugerencia contenida en las palabras de Calicles puestas por lema al cursillo.

     Las cuatro primeras conferencias fueron resumidas así al comienzo de la

  ^   V. {personalidad y cultura}«La personalidad humana se forma en el medio de una cultura. Esta formación empieza por consistir en una asimilación de los contenidos de tal cultura y en una asimilación a sus formas.

     {personalidad y cultura: en el filósofo}El desarrollo de la personalidad del filósofo, o más en general, del profesional de la filosofía, no constituye excepción. La vocación filosófica implica el encuentro con la filosofía en cuanto contenido de la cultura, y la vida filosófica queda informada por los caracteres con que este ob-jeto se hace patente ante los demás motivos constituyentes de la vocación, los motivos subjetivos, que también actúan [32] desde un principio, pero por lo pronto latentes o desconocidos para el sujeto.

     {filosofía como contenido de cultura: afán de saber pricipal}Ahora bien, en cuanto contenido de la cultura, la filosofía se presenta como afán de saber principal o de los principios, y predica de sí misma la unidad, como atributo esencial del saber dimanante de la verdad de éste, o de su conformidad con la realidad, ella misma unificada por los principios. Y como éstos, en cuanto principios de las cosas, son lo aparte de las cosas, o lo abstracto por excelencia, la profesión filosófica toma la forma de una vida en la abstracción o abstracción vital, en el seno de la cual, y únicamente en él, es practicable toda abstracción intelectual. Esta abstracción vital es abstracción de la vida contemporánea, caracterizada en definitiva por el extremismo de la publicidad, superficialidad o falta de substancialidad y principalidad, en la abstracción no menos extremosa del afán y el saber de lo principal y lo substante, lo más profundo o lo radicalmente íntimo.

     {filosofía como contenido de cultura: filosofía como historia de la filosofía}Mas por otra parte, en cuanto contenido de la cultura asimismo, la filosofía se presenta como se presentan todos los contenidos de la cultura al hombre contemporáneo, como contenidos históricos, o de los que tiene una conciencia y un [33] saber esencialmente históricos. La forma específica en que la vida en la abstracción se conjuga con esta historicidad del hombre contemporáneo es la abstracción en la biblioteca, en el horizonte de libros, leídos con un sentido histórico, o como producto y expresión de sus momentos históricos respectivos, antes que como encamación y cifra de valores y verdades intemporales y absolutas. La filosofía se presenta, pues, también como realidad histórica, como historia de la filosofía. El encuentro con la filosofía en el momento inicial de la vocación filosófica se desarrolla a lo largo de la profesión filosófica como ciencia y experiencia históricas de la filosofía. {filosofía: pluralidad histórica, círculo de perdición y falsedad}Pero todo esto quiere decir que la filosofía es vivida como pluralidad histórica de filosofías, que recorren y cierran un círculo desde la abstracción en la contemplación de las ideas, o los términos supremos de lo trascendente, hasta la abstracción en la reflexión de la conciencia, o los términos extremos de lo íntimo. Círculo de perdición, en riguroso contraste con el carácter de salvador que ungía al saber principal e instaba el afán de él, y en flagrante disconformidad con la unidad y verdad que este presunto saber predica de sí, esto es, en flagrante falsedad. [34]

     {filosofía-vida: congruencia-juventud vs. incongruencia.madurez}A la vez, la congruencia entre los caracteres propios de la filosofía y los peculiares a la edad del inicio de la vocación, de la edad juvenil, la edad de la relativamente preponderante introversión o versión hacia los contenidos ideales e imaginativos de la vida, hacia los principios de las cosas, con abstracción de la realidad de éstas y de la vida en su concreción, y con particular desconocimiento de sí misma y del fondo subjetivo de la persona, esta congruencia se torna progresiva incongruencia de la filosofía con la vida, en el proceso de madurez, de integración o de con-creción de ésta, que le da como gran revelación y atributo específico de la edad madura el sentido de la realidad en su totalidad y la capacidad de aceptarla en los aspectos negativos intrínsecos a toda realidad, incluso en los que afectan a la realidad de la propia persona.

     {madurez del profesional de la filosofía: cuestionamiento del propio ser}El profesional de la filosofía arriba así, justo en el momento central de la madurez de la vida, en el momento que debiera ser de plenitud de ella, a una situación vital en que aquello que ha informado su vida, que constituye su propio ser, se le hace cuestión. Su propio ser se le hace [35] cuestión. El saber que de la filosofía, esto es, de sí mismo, efectivamente posee, se le revela como siendo más efectivamente aún ignorancia de lo que la filosofía, de lo que él mismo sea. El profesional de la filosofía se encuentra con que se ha tornado para sí mismo desconocido, sorprendente, siniestro, casi monstruoso. La estimación y el aprecio de la filosofía y de sí propio, expresos en el carácter dignitativo del saber principal, vienen a resultar injustificados. La desestimación y el menosprecio de la filosofía y de sí propio no pueden menos de reemplazarlos. {madurez del profesional de la filosofía: depepción doctrinal y vital}El curso de la vida incoada a la voz de la filosofía se le resume en un proceso de decepción, de doble decepción, doctrinal y vital, del afán como el cual se presentaran un día su vocación y las consiguientes profesión y vida toda. {persistencia en la decepción: abyeción}Pero esta cuestión del propio ser es la cuestión afanosa por excelencia. El ser-la vida-urge-insta. Hay que persistir en el ser -o dejar de ser. Por su parte, la decepción del propio ser es situación insostenible. Persistir en el ser de la decepción es la abyección. Mas en el simple hecho de que la situación de decepción del propio ser se exprese en forma de cuestión, en el hecho mismo de hacerse cuestión del propio ser, se supera ya la [36] resignación inerte y el abatimiento abyecto, hay ya un conato de persistencia en el ser con una nueva valoración positiva de él, hay ya la idea y la postulación de un nuevo saber de él.

     {filosofía de la filosofía: de la decepción a la obstinación}El que hizo profesión de la filosofía, el que ha llegado a una situación de decepción respecto de la filosofía o de sí propio, el que ha venido a ser cuestión para sí mismo, se inclina sobre la filosofía, que constituye su propio, íntimo y abismático fondo, y se interroga: ¿qué es la filosofía? La madurez de la vida a que ha arribado le capacita para resistir el espectáculo: los auténticos motivos en la vocación filosófica: los motivos subjetivos, el carácter, la personalidad del que siente inclinación o gusto por el saber principal, afán de él; del que se siente atraído o llamado por él hasta el punto de dedicarse o consagrarse a él, con abstracción de todo lo incongruente con él en la vida; de profesarle como forma extrerna de vida. El carácter, la personalidad del sujeto de la filosofía, del filósofo, se le hace patente en una filosofía de la filosofía o del saber principal, que interpreta las modalidades de éste como saber de salvación y saber de perdición, que supera el saber de decepción implícito en la cuestión de la filosofía [37] con un saber de obstinación en la filosofía postulado en la misma cuestión, y que es propiamente la prosopopeya del filósofo. {fenomenología de la soberbia}Esta prosopopeya, en los cuatro sentidos de la palabra -1) descripción de la personalidad del filósofo como 2) desenmascaramiento de su 3) afectación, 4) personificando en él lo propio de entes sobrehumanos- requería una fenomenología de la soberbia, que fue desarrollada en los siguientes puntos y sendos capítulos. {fenomenología de la soberbia: fenómenos afines}1) Determinación por respecto a los fenómenos afines: humildad; orgullo, inmodestia y modestia; vanidad, presunción, petulancia, pedantería; altanería, arrogancia; fatuidad; ambición, egoísmo. {fenomenología de la soberbia: etimología}2) Etimología: superbia, de super-eia, raíz indo-europea, ser sobre o estar encima, superioridad en sentido material y social concretos, antes que el abstracto actual; pre-ferencia. {fenomenología de la soberbia: el sujeto de soberbia}3) El quién, el sujeto de la soberbia (iniciación). Entes no humanos de quienes se predica la soberbia, inanimados (la montaña), vegetales (la encina), animales (el león, el pavo real). Cosas humanas (un soberbio monumento, una prosa soberbia). Entes humanos. {fenomenología de la soberbia: fenómeno varonil}Desde el punto de vista del sexo: la mujer como no constituyendo en general sujeto propio de la soberbia, sino de orgullo o [38] vanidad. Desde el punto de vista de la edad: la soberbia desde la niñez y juventud como inclinación a algo que tendrá su plenitud sólo en la edad adulta. La soberbia, fenómeno esencial y propiamente varonil, viril. Desde el punto de vista de los tipos profesionales: la soberbia política, de los soberbios o los grandes de la tierra, los hombres de poder, y la soberbia intelectual, de los intelectuales u hombres del poder de la inteligencia. {fenomenología de la soberbia: habitus}4) El habitus de los soberbios: la cabeza y la altanería; la mirada; la actitud; la palabra, el gesto y el ademán y la prosopopeya, gravedad, pompa, solemnidad-pedantería en el lenguaje; el tocado-copetes, vestido, calzado-coturnos; el sitio-sitial-distancia física, moral y social, apartamiento, abstracción y soledad, distinción, principalidad y arrogancia, soberbia y compañía, amistad y amor. {fenomenología de la soberbia: concepto}5) El concepto: la relación de superioridad y sus términos superior e inferior: el en qué superior e inferior. La relación espacial como figurada y la de valor social como propia: la relación espacial de superioridad, relación antropocéntrica y antropomórfica. Antinomia implícita en el fenómeno social contra-sentido de la relación de superioridad social de la soberbia: necesidad [39] de socios para negarles la sociedad. {fenomenología de la soberbia: en qué y como}6) El en qué y el cómo: la soberbia, ni superioridad efectiva, ni afán de superioridad, ni ambición o apetito, sino conciencia de posesión de superioridad. En algo intrínseco a los sujetos, lo más intrínseco, algo individual; diferencia con el orgullo. En algo superlativo, en lo más; diferencia con la vanidad. Convergencia de lo más intrínseco e individual con lo superlativo en la inteligencia y la palabra, según valoración tradicional fundada en la naturaleza distintiva del hombre. El poder como atributo de la personalidad misma. El cómo: el extremismo de la soberbia o la superioridad, incluso si fuese un mal: la insistencia en el mal u obstinación, piedra de toque de la soberbia. {fenomenología de la soberbia: explicación del carácter viril}7) Explicación del carácter viril de la soberbia por el no intelectual de la mujer y la falta de poder en el niño y el joven. {fenomenología de la soberbia: el sobre qué o quién}8) El sobre qué o quién: sobre lo que o quién más en el orden del en qué, de la inteligencia y el poder: entes humanos o inteligentes y poderosos presuntamente congéneres o de rango superior: un presuntamente igual al que superar, un presuntamente superior al que igualarse y superar. La mujer y el niño y el joven, ni siquiera objetos de soberbia, sino sólo de orgullo o vanidad. Dios [40] como el que más. El ápice de la soberbia: el enfrentamiento o confrontamiento con Dios, la identificación con Dios o deificación, la superioridad y dominación sobre Dios. {fenomenología de la soberbia: el soberbio arquetípico: el filósofo y el blasfemo}9) El quién (continuación): el soberbio arquetípico, el hombre que se mete con Dios: el filósofo y el blasfemo. La identificación con Dios en el saber de salvación. La superioridad y dominación sobre Dios en la citación de Dios ante el tribunal de la razón para que pruebe y justifique, si puede, su existencia y naturaleza de Dios. La soberbia como gravitación y salvación en sí. Soberbia, sustancialidad y filosofía. {fenomenología de la soberbia: el quién: entes no humanos}10) El quién (conclusión). Entes no humanos no de experiencia. El demonio según sus nombres comunes y propios. Lo diablesco, endiablado y diabólico; lo endemoniado y lo demoníaco; lo luciferino y lo satánico: lo dinámico, la fuerza y la impulsión; la grandeza y el poder; la inteligencia deslumbrante y capciosa; la obstinación en la maldad. {fenomenología de la soberbia: armonía preestablecida entre filosofía y soberbia}11) Filosofía y soberbia. «Armonía preestablecida entre la filosofía y la soberbia. En ambas se dan las mismas notas capitales. Intelectualidad: la filosofía es cosa de saber; la soberbia, conciencia de superioridad intelectual. Sustancialidad salvadora: la filosofía busca lo sustancial [41] salvador y piensa encontrarlo en la soberbia sustancialidad y salvación en sí. Abstracción: la filosofía es abstracción intelectual y vital; la soberbia, distanciadora, aisladora Principalidad superior y dominante, que es, en suma, la definición, idéntica, de una y otra. En fin, extremosidad trascendente de lo humano y metafísica, que se patentiza en el carácter definitivo y absoluto del saber de los principios y de éstos mismos, y en los elementos divinos y demoníacos del fenómeno de la soberbia en su modalidad apical.» {fenomenología de la soberbia: los hombres del poder y la dominación}12) Los hombres de poder y dominación. El filósofo entre el teórico y los hombres de la superioridad, el poder, la dominación, la casta del pedagogo, el político y el técnico. El teórico no es el hombre del mirar desinteresado y puramente curioso de ver y saber, que es el histórico. La teoría como pensamiento de los principios dominadores y la historía como presenciar, indagar en existencia deambulante, coloquial y efusiva, rememorar y conmemorar: el filósofo y el viajero. Dos formas fundamentales de dominación y dos tipos extremos de caracteres dominantes en relación con las edades de la vida: el hombre de la dominación en la convivencia concreta y pública, por la acción directa de la presencia, [42] la palabra oral pública, el ejemplo y la iniciativa, la responsabilidad o el responder o admitir la interpelación del presente; y el hombre de la dominación en la abstracción intermediaria y protectora, por medio de la inteligencia de los principios y la palabra oral privada o escrita, irresponsable o que teme la interpelación del presente.

    ^ Y VI. El proceso de la vocación filosófica, iniciado por la atracción de la filosofía como afán de saber principal, ha conducido, en el consiguiente ejercicio de la profesión filosófica, a la decepción de la filosofía y la obstinación en ella que se expresan en la cuestión ¿qué es la filosofía? La fenomenología de la soberbia ha hecho patente en ésta el motivo subjetivo del afán del saber principal. Así esclarecido sobre el fondo de su ser y de la obstinación en él, el profesional de la filosofía tiene que contestarse a {doble interrogación en que se formula la decepción doctrinal}la doble interrogación en que se formula la decepción doctrinal -¿cómo la filosofía, que postula la unidad de su realidad, se realiza en pluralidad?- y que le hace formularse el esclarecimiento del fondo de su ser -¿cuál es el sentido último de la soberbia y de la filosofía? {pregunta por la pluralidad de las filosofías}La contestación a la interrogación primera requiere una teoría de la verdad [43] y la realidad. Y esta teoría aporta por sí misma la contestación a la segunda interrogación. El postulado de la unidad de la verdad del saber, en cuanto que la verdad es la conformidad del saber con la realidad, es en rigor un simple corolario de un postulado de la unidad de la realidad. Este postulado ha sido efectivamente el postulado tradicional de la filosofía desde sus orígenes en Grecia. Mas el progreso de la propia filosofía la ha traído a descubrir en la realidad más bien una pluralidad. Hay que distinguir entre las realidades abstractas, como las que son objeto respectivamente de la matemática o la física, las cuales tienen en su propia abstracción de la mayor parte del contenido de la realidad, y principalmente de los sujetos constitutivos de ésta, su universalidad, y la realidad en su integridad concreta, inclusiva de la pluralidad de los sujetos, como tiene que ser la realidad objeto de la filosofía. {verdad plural}Y hay que hacer patente lo que late en el fondo del afán de verdad una y de la resistencia a la idea de la verdad plural. Por parte de la masa, el gregarismo y parasitismo humanos, la salvación a costa ajena, o simplemente la comodidad, el confort, como en la técnica, la física, la matemática, en lugar de la salvación [44] por sí, ya que no en sí. «La verdad una es el fenómeno intelectual, la entidad ideal propia de un ente que puede degenerar en grey. Cuando nos afanamos, no por una verdad, sino por la verdad una, nos portamos como cabezas, sí -pero de ganado. Por fortuna, no somos forzosamente rebaño. Tenemos historia, que es en lo que se diferencian las especies gregarias de los animales, de la especie humana histórica.» Por parte del filósofo hay el afán de poder y dominación indirectos, sobre la masa gregaria, por medio de los principios abstractos y la unidad que confieren a la realidad y a la verdad. La verdad abstracta, una, mostrenca, común y pública de suyo, no ha menester de comunicación ni publicación. Problema de publicación lo plantea la sola verdad concreta, plural, personal e íntima: doble problema, de posibilidad y de necesidad de su comunicación. En cuanto al primero, se apuntó la incomunicación de nuestras auténticas intimidades en que nos mantiene a los hombres precisamente la publicidad racional de las verdades universales; la sola posibilidad de una compenetración e identificación afectiva o activa; y el distinto lenguaje que tiene que intervenir en una y otra, [45] hasta donde puede en la segunda. En cuanto a la necesidad de la comunicación de la verdad, se opuso a la voluntad de imposición general y pública, la espontaneidad efusiva y privada. {pregunta por el sentido de la soberbia y de la filosofía} En el complejo de estos problemas de la verdad y la realidad humana se encuentra el lugar donde la filosofía y la soberbia revelan su sentido último. A diferencia de los demás entes, de ser dado, los sujetos constitutivos de la realidad son entes de ser que-hacer-se, lo que implica en ellos una contextura de posibilidad y de doblez, que se manifiesta en la estructura de la vida humana como centro de con-centración y tendencias ex-plosivas a la descentración hacia extremos límites. Dos de estos polares extremos o límites están representados por la superhombría, el afán y la soberbia, por la infrahumanidad, el tedio y la abyección. La descentración y concentración periódicas en la vida individual y en la histórica, como fluctuación finita entre los extremos, revela en la vida humana lo que la filosofía griega no había dejado de ver en lo humano: un metaxy platónico, la mesotes aristotélica. «La filosofía es manifestación extrema del ser del hombre; en su extremosidad, manifestativa de la extremosidad misma de este ente de la constitutiva [46] doblez; ente fluctuante entre la degeneración de su ser en la abyección, renuncia a la superación e intento de escapar a la doblez y degenerar en ente de ser dado, y la superación de su ser en la soberbia, intento de escapar a la limitación o la finitud constitutivas, en paradójica obstinación en el propio ser con sentido de renuncia a él; ente tentante, detentado a la transgresión de su ser, constitutivamente criminal, pecaminoso, heroico, glorioso. En suma: la soberbia, la filosofía, es el choque contra el límite, que lanza de nuevo hacia el centro y la recuperación del equilibrio. El filósofo, lejos de ser el lugar del universo en que Dios se concibe a sí mismo (Aristóteles-Hegel), es el lugar de la Humanidad en que el hombre hace la experiencia de sus límites, de su finitud, y en este sentido se concibe a sí mismo. El filósofo es el hombre que muestra al hombre sus límites, su finitud, y ejerce así una función regulativa de la existencia humana. En cuanto esta función devuelve al hombre al centro más estable de sí mismo, el filósofo es salvador del hombre. Y éste es el punto en que se encuentran una vez más humanidad y filosofía. Entre la abyección de la Humanidad en la publicidad [47] una y gregaria, en la insustancialidad, a que ha llegado la vida contemporánea, y el intento de superación extremoso de la filosofía en la reflexión hasta los límites infranqueables de la conciencia, la conjunción de la restauración de una vida privada rica y profunda y del retroceso de la filosofía hacia esta misma vida bosqueja la forma del futuro.

Notas

 

2. "nanaturaleza" en el original (N. del E.)

3. "no puedo pero" en el original (N. del E.)

4. "instabilidad" en el original (N. del E.)

5. El Diccionario de la Academia española, de acuerdo con los del latín clásico, no registra más que "procela, borrasca, tormenta", y "proceloso, borrascoso, tormentoso, tempestuoso". Pero como define la mar de fondo "agitación de las aguas causada en alta mar por los temporales o vientos tormentosos", he creído posible interpretar la procelosidad del mar en los términos empleados, a falta quizá de otros más propios. (N. del A.)

 


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