José Gaos y Francisco Larroyo Dos ideas de la filosofía. Pro y contra la filosofía de la filosofía

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II La filosofía de la filosofía

(primer artículo de Francisco Larroyo)

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II. La filosofía de la filosofía

Primer artículo de Francisco Larroyo

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 ^    Hace ya algunos decenios, el penetrante filósofo alemán Emilio Lask (1875-1915), acometió la magna tarea de escribir un libro sobre la {lógica de la filosofía}lógica de la filosofía. Con su perspicacia habitual abogaba por un conocimiento más elevado y fundamental que aquel que suministra la {lógica ordinaria}lógica ordinaria que, como es bien sabido, constituye una parte, la inicial, de la propia filosofía (junto a la lógica y a modo de las partes integrantes de la filosofía, se señalan, de continuo, la ética, la estética, la metafísica, etc.). Trataba, en suma, de trasponer los límites de la investigación filosófica, de crear una nueva ciencia encaminada a fundamentar las leyes y principios cognoscitivos, de suyo básicos, de la filosofía misma. Pronto el ensayo se convirtió en hecho europeo entre los círculos de profesionales; aquende y allende los Pirineos se habló y escribió con notorio interés de este asunto.

     El profesor Dr. Gaos renueva ahora, en sus interesantes conferencias, aquel singular problema. Pero su propósito es, desde luego, más comprensivo. No aspira a [52] elaborar tan sólo una lógica de la filosofía; con un extremismo intelectual que lo domina, pretende dar noticia de lo que es la filosofía de la filosofía. Ante semejante problema que ha despertado interés por estas cosas, conviene recordar viejas verdades. ¿Qué sentido tiene hablar de una filosofía de la filosofía?

I. La filosofía: su principalidad

 ^    La {el saber filosófico}filosofía, desde siempre, ha valido como un saber fundamental y último; su objeto de estudio se ha hecho radicar en aquel conjunto unitario de principios inderivables de cualesquiera otros conocimientos humanos. Dentro de esta órbita básica por excelencia, ha indagado, desde siempre, lo que es la verdad, la belleza, la bondad, Dios, el universo (6). {filosofía: saber originario}Decir [53] derivable y originario. ¿Qué conocimiento, v. g., podría superar en principalidad al problema de la verdad? Ninguno, ya que para poder enjuiciar la validez de aquel conocimiento sería necesario, ante todo, determinar su verdad o falsedad (problema inalienable de la lógica como ciencia inicial de la filosofía). {filosofía de la filosofía: círculo vicioso}El intento de penetrar a un campo de investigaciones más elevado que el de la filosofía, por lo tanto, conduce, sin remedio, a un círculo vicioso. Pero tal vez se diga con el profesor Gaos que «la filosofía viene hablando desde hace unos veinticinco siglos un poco de todas las cosas, entre ellas, de sí misma. Así, se llama filosofía de la naturaleza, filosofía de la historia, filosofía de la religión o de la cultura, a la filosofía que habla de la naturaleza, de la historia, de la religión o de la cultura. Y si de este modo se denominan semejantes investigaciones, ¿cómo llamar, entonces, a la filosofía que habla de sí misma, si no esto, filosofía de la filosofía?» Desde tal punto de vista, la filosofía de la filosofía, según el mismo profesor Gaos, tendría, ante todo, que precisar lo que es la filosofía (su esencia). Él, v. g., ha llegado a la afirmación, para nosotros radicalmente inaceptable, de que la filosofía es, entre [54] otras cosas, «una confesión personal». Pero, ¿es justificado, lógicamente, tal uso de los vocablos? {física de la física y filosofía de la filosofía}¿Elabora, por ventura, una física de la física el especialista que inicia sus investigaciones delimitando el campo privativo de su ciencia, es decir, definiendo el objeto de estudio de su disciplina? ¿No es más modesto pero más lógico, indicar que con ese problema se plantea la primera cuestión de su reflexión científica? Pues no es admisible que haga física de la física quien apenas pregunta por aquello que es pura y simplemente la física.

     {regresión infinita}Ahora bien; como la filosofía de la filosofía no puede entenderse sino como una reflexión filosófica sobre la filosofía, este problema inicial (el de averiguar lo que es la filosofía), no tendría ningún sentido, lo que no ocurre en la disertación del profesor Gaos, quien pretende sacar en limpio el concepto riguroso de filosofía. Por otra parte, el que admite una segunda reflexión filosófica sobre la filosofía no tiene argumentos para negar que exista una tercera reflexión también filosófica sobre el ya elevado conocimiento de la filosofía de la filosofía, esto es, una filosofía de la filosofía de la filosofía, y así hasta el infinito; [55] lo que es, naturalmente, un puro absurdo (7).

II. Historia de la filosofía: su universalidad

^     Partiendo de la realidad efectiva de la filosofía de la filosofía, añade el profesor Gaos: «la filosofía de la filosofía es tan antigua como la filosofía misma, porque es consubstancial a la filosofía el preconizar de sí misma, el hablar de sí misma; sin embargo, en estas conferencias no voy a exponer la filosofía de la filosofía que ha acompañado a la filosofía desde sus mismos orígenes, sino voy a atenerme exclusivamente a la filosofía de la filosofía en la actualidad, a lo que dice y no puede menos que decir de sí misma en estos momentos».

     {filosofía de la filosofía=historia de la filosofía}La versión de las precedentes palabras parece indicar con transparencia cómo y en qué medida es posible hablar de la filosofía [56] de la filosofía. Desde luego, sólo en un sentido histórico. Cierto; el profesor Gaos no pretende una exposición de conjunto de la filosofía de la filosofía; no quiere hablar de ella desde sus orígenes; se contrae su intento a la filosofía de la filosofía tal como aparece en los investigadores de la actualidad.

     {historia de la filosofía: concepto clásico}Para penetrar propósito tan singular, no sería impertinente traer a cuento el clásico concepto de la historia de la filosofía; recordar, por lo menos, su objeto universal de estudio. De fijo, nadie objetará que esta disciplina (la historia de la filosofía) se propone el viejo problema (desde Hegel con cientificidad) de describir el origen y desarrollo de la filosofía a través de todos los tiempos. Habla, pues, con justo derecho, de lo que la filosofía ha sido en cada uno de sus ilustres representantes; incluso de lo que semejantes investigadores hayan pensado alguna vez acerca de sus propias doctrinas. Hegel, por ejemplo, veía en su genial sistema la síntesis armoniosa, por decirlo así, de todo el devenir filosófico. Pero esta narración de la vida filosófica que puede extenderse hasta los pensadores de nuestros días (toda idea concebida pertenece ya al pasado), es, y sigue siendo, historia de la filosofía. [57] De ahí que una descripción de lo que hayan opinado que sea la filosofía los propios héroes del pensamiento filosófico, constituye el primer capítulo de la historia de la filosofía, cuando, por ejemplo, se escribe esta rama del saber a modo de una historia de los problemas filosóficos, como acontece en la ya clásica obra de W. Windelband (8). ¿A esta historia del problema del concepto de la filosofía (el de la descripción de las diversas ideas que han sustentado los filósofos acerca de la filosofía) preferiría el profesor Gaos llamarle la filosofía de la filosofía? Parece injustificado a todas luces que semejante tema esencial de la filosofía se designe con tal rubro.

III. La psicología del hombre que filosofa: sus supuestos

^     La dramática disertación del profesor Gaos, empero, se dirigió más que a la noción [58] de la filosofía que defienden los investigadores de la actualidad, a algo un mucho diferente. Analizó con cierto lujo de detalles aquellos fenómenos personales y subjetivos que embargan al filósofo en cuanto se entrega a su vocación, esto es, en tanto filosofa. De modo original, entre otras cosas, advierte que el filósofo verdadero cae siempre en el sentimiento de la soberbia, pero no en una soberbia relativa y pasajera, si que en una soberbia satánica, diabólica, en una soberbia que toma a Dios como objeto de superación. {contraejemplos a la soberbia del filósofo}No sería difícil objetar este aserto psicológico del profesor Gaos con rica documentación histórica. Recordamos, al azar, la extraña ciencia de Sócrates del saber que no se sabe, el eros del ágape de Platón, la vida contemplativa de Tomás de Aquino, el voto de peregrinar a Loreto de Descartes por su hallazgo genial y el de nobis ipsis silemus de Bacon, que todavía Kant lo estimó digno de que figurase a la cabeza de su Crítica de la razón pura.

     {psicología del filósofo: actitud subjetiva}Esta suerte de reflexiones en torno a la actitud subjetiva del hombre que filosofa, podría intitularse la psicología del filósofo, ya que se ocupa de describir y explicar la psique del sujeto que se entrega a [59] las faenas de la filosofía. Y, a la verdad, en gran medida semejantes elucidaciones fueron el leit motiv de las conferencias del profesor Gaos. Ya en la primera de ellas se percibía el sentido de la lucubración. «Lo que dice la filosofía de la filosofía de la actualidad, en anticipado resumen es esto: el vocado a la filosofía, el que sintió un día juvenil la vocación filosófica, profesó en su orden, esto es, convirtió a la filosofía en lo principal de su vida, en su vida misma, en su propio ser, en él mismo, llega, ha llegado en los tiempos modernos, en los días actuales, a un momento de esta su vida en que siente la decepción de su persona, de su vida, de su ser mismo, de sí mismo. En este drama, ¿Qué hace el decepcionado de la filosofía? Ponerse a reflexionar sobre su decepción, esto es, obstinarse en la filosofía, no abandonarla sino obstinarse por esta nueva realidad. En esta revelación sobre ella y en la exposición de esta revelación, por qué se obstina y por qué lo cuenta, lo veremos en las conferencias siguientes».

     {filosofía como confesión: cita de Gaos}«Mis conferencias -que se intitulan la filosofía de la filosofía- pues, van a ser la historia, el cuento y también la confesión de esta vocación, de esta profesión, de esta decepción, de esta obstinación en [60] el orden cronológico que es el natural de las cosas. Van a ser confesiones por razones que veremos en la última conferencia, porque antes no podemos verlas. Hablar de filosofía es siempre hablar de sí mismo. Ahora bien, hablar de sí mismo en público es poco menos que imposible sin recurrir a determinados antifaces; ya la confesión privada; la administración del sacramento de la Penitencia hubiera resultado más difícil de lo que resultaba si no se recurriese en ella a ciertas técnicas o medios que pueden ser llamados de despersonalización; por ejemplo, el hacer el examen de conciencia y acto seguido a la confesión misma con arreglo a ciertos cuestionarios en los que quien se confiesa no es Fulano de Tal, sino un pecador. Claro es que la confesión puede tomar otro rumbo cuando después de la estricta confesión de los pecados se desarrolla en dirección espiritual que ejerce un director espiritual personalmente elegido por una hija o un hijo de confesión. ¡Qué decir, entonces, de la confesión pública, que es imposible sin recurrir a ciertos artificios de exposición, como puede ser la ironía o el «humor», el hablar en términos generales, el mito, cuento o fábula y hasta la mentira! ¡Quién se atrevería a desnudarse [61] en público sin siquiera tomar una postura o una luz favorable, como no sea la especie zoológica de los nudistas! Por eso voy a hablar en términos generales, pero permítanme ustedes hacerles la advertencia de que no os dejéis engañar bajo los términos generales; yo voy a hablar fundamentalmente de mí mismo. Mas, no sólo de mí mismo, solo o fundamentalmente de mí mismo, porque hablar de sí mismo es siempre hablar un poco de los demás; aún los más singulares de los hombres coinciden en mucho con sus congéneres y yo no soy un hombre singular, soy un hombre de tantos; mi coincidencia, pues, con los demás, es enormemente ancha; por lo tanto, cuando hable de mí mismo hablaré también un poco de los demás. En qué puede consistir esta coincidencia, también lo veremos en la última conferencia, pero ello es así: por eso esto no va a ser sólo confesión, sino va también a ser cuento o historia de lo sucedido por ejemplo, a mi generación, de lo sucedido un poco al hombre contemporáneo y en cuanto mi generación y el hombre contemporáneo son partes del hombre en general, voy a hacer historia de algo que le ha sucedido al hombre en [62] general, por lo tanto, de algo que les ha ocurrido a ustedes, acaso sin saberlo».

     {reflexión transcendental vs. descripción psicológica}La historia o cuento de las vivencias personales del profesor Gaos, por semejantes o diferentes que se les considere con las de su generación, no deja de ser un análisis empírico de su conciencia a muchas leguas de distancia del método filosófico de la reflexión trascendental. Ahora bien, no creemos que por el camino de la descripción psicológica pueda revelarse el concepto de la filosofía ni que tal descripción merezca el nombre de filosofía de la filosofía. Más bien compartimos la opinión de que para elaborar la psicología del hombre que filosofa, como la del artista o la del creyente, es preciso, de antemano, poseer los conceptos de filosofía, arte o religión. ¿Con qué criterio podríamos asegurar que el hombre que filosofa experimenta estos o aquellos sentimientos, si no se supiese de antemano qué es la filosofía para poder justamente referirnos al hombre en cuestión? Tal vez podría declararse, con equívoco, que el filósofo es arrastrado por estas o aquellas vivencias subjetivas, cuando en realidad se alude a una persona en actitud diversa, quizás la del retórico o la del político. Y es que existe, como se ha enseñado desde [63] Kant (1724-1804), además de la vivencia subjetiva, el objeto del conocimiento al que, en cada caso, la conciencia se dirige o refiere. Desde este punto de vista, por ejemplo, llegamos a consideraciones diametralmente opuestas a las del profesor Gaos. {filosofía de los valores y humildad del filósofo}Así, partiendo de que la filosofía es una reflexión teorética sobre los valores de la cultura, nos inclinamos a creer que el hombre que filosofa no es, ni con mucho, un soberbio, sino quien amorosamente se humilla en actitud cognoscitiva frente a las leyes supraempíricas de lo santo y lo bueno, de lo bello y lo verdadero.

     {psicología y conceptos fundamentales}No; la descripción psicológica no es vía metódica idónea para descubrir conceptos fundamentales. La psicología no es la primera, sino la última de las ciencias que tienen que ver con los territorios de la cultura humana; lo que no implica subestimación alguna de tan importante disciplina. Antes que psicología de la ciencia, de la moralidad, del arte, de la religión, es preciso que hable la lógica, la ética, la estética y la filosofía de la religión. La psicología en general, y la del hombre que filosofa en particular, suponen los resultados de la filosofía misma.

     {análisis fenomenológico: reflexión transcendental en Husserl: filosofía como ciencia rigurosa: coincidencia neokantianos vs. confesión personal}A pesar de todo, tal vez se replique [64] que el análisis llevado a cabo por el profesor Gaos no es psicológico, sino fenomenológico; pero no se comprende cómo la fenomenología filosófica en Husserl a modo de una «reflexión trascendental» lo lleva a la firme idea de los neokantianos de que la filosofía tiene que «elevarse al rango de ciencia rigurosa», mientras que el propio doctor Gaos adviene al pensamiento, por nosotros inadmisible, de que la filosofía es, además de su esencia satánica, «una confesión personal».

IV. Conclusiones

^     1. Puesto que la filosofía es, por definición, un saber fundamental e insuperable, la expresión «filosofía de la filosofía» lleva en su entraña una contradictio in adjecto. «La filosofía es la autoconciencia del espíritu absoluto» (Hegel).

     2. La descripción de las ideas filosóficas de todos los pensadores (incluso de los del presente) es un problema inalienable de la historia de la filosofía. La historia [65] de la filosofía, como historia de los problemas filosóficos, debe narrar, en primer lugar, las opiniones que los filósofos han tenido acerca de la filosofía misma (el tema del «nombre y concepto de la filosofía» en W. Windelband).

     3. La psicología no es una vía metódica apta para descubrir verdades fundamentales de la filosofía; sólo a través de la reflexión trascendental (fenomenológica) puede elevarse la verdadera filosofía al rango de ciencia rigurosa (Husserl) (9).

Notas

 

6. Los filósofos de las postrimerías del siglo XIX designaron con gran propiedad a este conjunto de principios con el nombre de valores. La filosofía, pues, es la ciencia de los valores. (N. del A.)

7. Compárese la doctrina de las ilusiones trascendentales, de Kant. (N. del A.

8. WINDELBAND: Tratado de la historia de la filosofía. (N. del A.)

9. Compárese, sobre todo, de este autor, Meditaciones Cartesianas. (Hay traducción francesa.) (N. del A.)

 


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