José Gaos y Francisco Larroyo Dos ideas de la filosofía. Pro y contra la filosofía de la filosofía

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IV Disputatio de nomine

(segundo artículo de Francisco Larroyo)

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IV. Disputatio de nomine

Segundo artículo de Francisco Larroyo

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^     {progreso en filosofía}No sin razón se declara con harta frecuencia que todo progreso en la filosofía, como en cualquier otra ciencia, reside, ante todo, en la determinación de insospechados problemas, en el descubrimiento de nuevas provincias de investigación. Lo eterno de los más grandes sistemas filosóficos es obra, más que de las soluciones concretas que aportaron, de su estilo de interrogar, de su maestría en el planteamiento de las cuestiones en torno a la esencia y valor del universo.

     De ahí el notorio interés que tuvo para mi poner teóricamente en crisis, justipreciar, metódicamente, el intento del profesor Gaos acerca de la posibilidad de una filosofía de la filosofía, el propósito -sea dicho así brevemente- de destacar un campo de investigación, en cierto modo, no recalcado por los grandes clásicos de la filosofía. Mi interrogante era: ¿Existe un territorio de estudio privativo no manipulado por ninguna disciplina filosófica ya constituida que merezca el nombre de filosofía de la filosofía? Al lado de los clásicos problemas de la esencia de la filosofía, de la verdad y del error, de lo bello [84] y lo feo, de lo bueno y lo malo, de la santo y lo profano, etc., ¿tiene derecho a la existencia: una filosofía de la filosofía? El profesor Gaos reitera, en la primera parte de su réplica, la posibilidad de semejante disciplina autónoma: pero más tarde como el lector podrá percibirlo en la minuciosa respuesta que doy a su carta, defiende más bien un nombre relativamente nuevo, para objetos de conocimiento clásicamente viejos; en rigor, pues, se abate en una disputatio de nomine.

I. Ni Lask, ni Gaos

^     A la verdad (10), nunca fue mi empeño discriminar (11) los antecedentes filosóficos del profesor Gaos. La referencia a Lask no tuvo otra misión que poner de manifiesto que el dramático afán de superar en alguna forma la ciencia fundamental par excellence, la filosofía, había sido emprendido por otros pensadores, aunque siempre sin perspectivas de éxito lisonjero. La lógica de la filosofía de Lask sigue siendo tan improcedente para mí, [85] como cualquiera filosofía de la filosofía. No otra cosa con manifiesta claridad afirmaba ya en el primer artículo con estas palabras: «Decir filosofía, pues, significa decir, saber inderivable y originario. ¿Qué conocimiento, v. g. podría superar en principalidad al problema de la verdad? Ninguno, ya que para poder enjuiciar la validez de semejante conocimiento sería necesario, ante todo, determinar su verdad o falsedad (problema inalienable de la lógica como ciencia inicial de la filosofía). El intento de penetrar en un campo de investigaciones más elevado que el de la filosofía, conduce, por lo tanto, a un círculo vicioso.»

II. La filosofía de la filosofía como parte de la filosofía

^     La filosofía de la filosofía, declara el profesor Gaos, no es una disciplina superpuesta a la propia filosofía; es, por decirlo así un capítulo de esta última. «En toda filosofía -indica- hay dos partes: reflexiones sobre los valores (lo bueno, lo bello, lo santo, etc.), y reflexiones sobre estas reflexiones. Estas dos partes, la segunda también, existen en toda filosofía, de hecho.» Sólo la circunstancia [86] de no haber interpretado de esta guisa la supuesta filosofía de la filosofía, me ha llevado a la contradictio in adiecto y al regresus in infinitum.

     Consideremos con gran cuidado este aserto, para exhibir con superlativa claridad su «sin sentido». Para tal propósito subrayemos una vez más, que el objeto fundamental de la filosofía radica en la determinación de lo que sean los valores de la cultura y sus leyes esenciales.

     {valores vs. actividad subjetiva / logos vs. psiché}Es evidente también que, en tan elevada tarea, los filósofos consagran de continuo sus más caras energías espirituales, realizan una suerte de fenómenos psíquicos encaminados a la obtención de esta esencia y sentido de los valores. Llamemos, sirviéndonos de vocablos griegos, logos a los valores y sus principios universales, a este contenido -supraempírico de la meditación filosófica; y psiché, a la actividad subjetiva, relativamente cambiante, de las vivencias mentales de los filósofos. {filosofía stricto sensu}No hay duda que la filosofía stricto sensu es, como cualquier otra ciencia, aquel conjunto de verdades transubjetivas (concepto y leyes de los valores) que los filósofos, en el decurso de los tiempos han descubierto; algo, por lo demás, radicalmente diverso del proceso mental que en cada caso los pensadores [87] llevan a cabo en la obtención de esas leyes universales. {filosofía stricto sensu vs. filosofar subjetivo}En el pensar filosófico, pues, cabe distinguir dos vertientes o dimensiones tout à fait diferentes: el contenido de la reflexión (la filosofía stricto sensu) y la actividad psíquica, cambiante del que filosofa (el filosofar subjetivo).

     {reflexión de la reflexión: vertiente psíquica}Veamos ahora en qué medida estas dimensiones pueden ser objeto de una reiterada reflexión. Tomemos, desde luego, la vertiente psíquica. En ella sí tiene sentido hablar de una reflexión de la reflexión como proyectándose hacia el infinito. Puedo recordar -revivir- estados de conciencia que ayer, en este lugar, experimentaba, y mañana, la serie de vivencias mentales que hoy surcan mi psique y así sucesiva e ilimitadamente. El recordar del recordar es, ciertamente, un hecho psíquico que no involucra contrasentido alguno.

     {reflexión de la reflexión: vertiente del contenido}En la otra vertiente, en la del contenido de la reflexión filosófica, en cambio, no es posible esta suerte de reflexión de la reflexión. Enseña la teoría de la ciencia que todo conocimiento, incluso el filosófico, supone un punto de vista para constituirse (obtenerse). Sobre un hecho de la cultura, por ejemplo, es susceptible alcanzarse un «saber» histórico, psíquico, filosófico, etc., según sea el punto de vista [88] desde el cual se le considere. Ante una misma escultura de Rodin, se puede, ora formular un juicio histórico, ora analizar las vivencias subjetivas del que se recrea en la obra maestra y, eo ipso, permanecer en la reflexión psicológica; ora, en fin, elevarse a la interpretación filosófica y constatar, pongo por caso, la esencia de lo bello. Ahora bien, el resultado de cada una de estas consideraciones no puede ser objeto de consideración de la misma consideración. La noción de belleza obtenida en la interpretación estético-filosófica de aquella creación del genio francés, sería radicalmente absurdo someterla a la misma consideración estética en tanto se preguntase, nuevamente, por la esencia de lo bello. Otra cosa es inquirir, sobre la noción ganada, otro conocimiento, tal vez, el de las relaciones de la belleza con los demás valores; pero aquí, huelga decirlo, ya se juzga desde otro punto de vista; ya no se trata, en la acepción rigurosa, de una reflexión de la reflexión. {historia de la historia y filosofía de la filosofía}Esta exactitud conceptual, empero, es enturbiada, a veces, por la equivocación de las palabras. Cuando con holgada naturalidad se habla, v. g., de una historia de la historia, nunca se tiene en la mente la idea de [89] la descripción histórica del mismo suceso cultural; se alude con claro designio a la historia de la ciencia histórica (di verso y posible objeto de consideración). La historia de la historia del mismo hecho histórico, quiérase que no, es un concepto absurdo. Y esto mismo vale de la supuesta filosofía de la filosofía, mutatis mutandis. Supóngase que se descubre este conocimiento: «la filosofía es la ciencia de los valores, que comprenden esa esencia, como quiere Dilthey, desde el lugar que ocupa en el mundo espiritual. Pregunto: ¿Tendría sentido lanzar otra vez más la misma consideración en torno a la definición descubierta? Evidentemente que no. Se puede, naturalmente, partiendo de la caracterización lograda, desenvolver progresivamente los otros problemas de la filosofía, quizá el de las partes de la filosofía, el de las relaciones de la filosofía con las demás ciencias y con la cultura entera, etc.; pero a esto, con visible justificación, no le han llamado filosofía de la filosofía, ni Platón, ni Aristóteles, ni Descartes, ni Kant, ni Hegel, ni Comte, para repetir tan sólo los nombres de los grandes héroes del pensamiento filosófico a que el profesor Gaos alude. [90]

     {regresus in infinitum vs. progresus in infinitum}Por otra parte, la circunstancia de que la filosofía (históricamente dada) no se haya enfrascado en una reflexión, no haya caído en un regresus in infinitum, no quiere decir que su porvenir no albergue dentro de sí una tarea infinita a modo del de la ciencia en general. De hecho ya Platón había colocado en el centro de su filosofía el esencial concepto de la «limitación de lo ilimitado» (ápeiron orizein), como sagazmente lo ha ponderado la Escuela Filosófica de Marburgo, muy a pesar de que el profesor Gaos haya recordado en público la muerte de esta escuela neokantiana. Y es que una cosa es el error lógico del regresus in infinitum, a saber, el retorno ilimitado y sin sentido hacia la búsqueda de un firme punto de partida; y otra, muy diferente, el progresus in infinitum encaminado a la consecución de siempre nuevas y más profundas verdades. Es Rickert, otro neokantiano quien, puntualmente, glosando un pensamiento de H. Cohen, ha acuñado la interesante expresión de «sistema abierto» en la filosofía.

     {sobre la lógica}Decir que el primer capítulo de todas las ciencias particulares (el relativo al problema de la definición de la aritmética, de la física, etc.), es tema de la lógica, [91] es un navísimo error ya refutado mucho antes de que el propio doctor Gaos advirtiera las últimas boqueadas del idealismo crítico como alguna vez con gran sinceridad declaraba. La lógica no tiene que crear la ciencia, su tarea no es la de señalarle ni los problemas generales, ni los temas especiales a la investigación particular. A esta especie de lógica especulativa ya nadie puede tomarla en serio. La lógica, como todas las ramas de la filosofía, reflexiona sobre un hecho de la cultura (factum culturae). Es la ciencia ya constituida su privativo territorio cultural; y sólo sobre él donde puede elevarse a través del método trascendental a sus verdades fundamentales. De otro modo, como hay que repetirlo siempre, «respiraría la filosofía en un espacio vacío».

     {acusación de psicologismo}Lo propio ocurre con el tema de la esencia (definición) de la filosofía. Este problema es, y seguirá siendo, el primer capítulo de la filosofía como ciencia. La designación que el profesor Gaos le otorga de filosofía de la filosofía, proviene de la confusión entre filosofar subjetivo y filosofía objetiva. La reflexión mental (psíquica) sobre la esencia de la filosofía, no es ella misma filosofía, pues no [92] puede serlo un hecho subjetivo. La filosofía como unidad de principios supraempíricos no es fenómeno temporal de especie. No hacer este distingo equivale a caer en un psicologismo, en reducir el logos a la psiché.

III. Un historicismo filosófico

^     Es Hegel quien ha enseñado a los profesionales de la filosofía a ponderar más que nadie la importancia del pasado filosófico. Los grandes sistemas de todos los tiempos no son reliquias que el filósofo deba exhumar para rendirles, de vez en vez, el tributo de aniversario. Hay algo en ellos eterno, algo tan vivo que, por decirlo así, es carne y hueso de la filosofía de siempre. Ningún pensamiento genial periclita: la idea matriz de los sistemas de Platón, de Aristóteles, de Descartes, de Kant, de Hegel, son a modo de dimensiones perennes de la filosofía, esto es, principios o supuestos de la tarea infinita de la investigación filosófica.

     {acusación de historicismo}Pero de aquí no puede seguirse, como el doctor Gaos defiende, que la filosofía sea historia, si por esto último entendemos [93] una sucesión temporal de acaecimientos. Podría decirse que la filosofía se nutre en la historia, pero no es historia. En efecto, ni por su disposición metódica, ni por sus resultados, la filosofía se identifica con su historia, del mismo modo como la matemática, la física, la química, etc., no son, ni con mucho, una y la misma cosa con sus historias respectivas. Así, al paso que la historia de la filosofía cumple su cometido, en tanto reseña fielmente el origen y la evolución del pensar filosófico, compete a la filosofía, como ciencia de esencias -de leyes-, formular verdades independientes -a priori de toda vigencia temporal-. El desideratum de la historia de la filosofía como ciencia descriptiva de hechos singulares, radica en encontrar la unidad interna y progresiva del devenir filosófico, es como toda investigación histórica de la cultura, ciencia ideográfica (12). En cambio, la filosofía es la ciencia nomotética por antonomasia. En otras palabras: sobre el factum de la cultura, es posible practicar, entre otras cosas, dos formas de conceptuación: la eidético-filosófica y la histórico-facticia. Subsumir la primera en beneficio de la segunda, es sobrevalorar la consideración genético-descriptiva-histórica-, [94] con detrimento de la filosofía, es recaer en un historicismo filosófico; la historía se traga al eidos.

     Por lo tanto, el intento del profesor Gaos de apuntalar la posibilidad de la filosofía de la filosofía identificando ciencia fundamental e historia, nos parece, a todas luces, un esfuerzo fallido.

IV. La soberbia de la humildad

^     Averiguar, psicológicamente, si el hombre que filosofa cae en el sentimiento de la soberbia, no puede hacerse en última instancia, sino por el método de introspección (auto-observación). Así se justifica que haya traído a cuento, en mi primer artículo, el testimonio de grandes figuras de la historia de la filosofía que desmentían este aserto singular. Pero el profesor Gaos interpreta las confesiones de Tomás y Descartes, de Kant y Bacon, etcétera, como la máscara de la soberbia del soberbio «débil». Para él, semejante actitud, tal vez, es refinamiento de la soberbia de la humildad. Y concluye: «la cuestión no es aducir apariencias, sino penetrar, tras ellas, la realidad más o menos consciente para los sujetos mismos»; [95] en esto, niega, sin probar, la confesión personal de aquellos extraordinarios pensadores. Es por lo que pensamos que, mientras no aduzca la fundamentación psicológica pertinente, daremos todo crédito a los testimonios de tan grandes filósofos.

     La ejemplificación que, a renglón seguido, prescrita sobre el particular en torno al problema de Dios, permanece en la misma actitud indemostrada. Respecto al legislador de Kant y del neokantismo como supuesto paradigma de soberbia, hay que formular un claro distingo. El sujeto legislador no es el filósofo, es la conciencia cultural cuya ley trata de captar el investigador. Es para decirlo con el propio Kant, el factum de reflexión. La conciencia filosófica no hace sino descubrir esta esencial legalidad de la cultura que la hace posible. Por lo demás, el sujeto legislador, incluso en el problema moral, suele elevarse a la más pura virtud de la justicia donde reconoce y admira la misma dignidad de todo sujeto racional ante la ley moral, y considerarse infinitamente pequeño frente a la realización exhaustiva de la cultura (Dios); todo lo cual no es, ni con mucho, el sentimiento de la soberbia, sino su contrapolo. [96] Sólo el concepto de la «soberbia de la humildad» podría tergiversar este claro sentido.

V. La filosofía como confesión personal

^     {evolución de la fenomenología}Comparto con el profesor Gaos el pensamiento de que la fenomenología ha evolucionado desde Husserl hasta Heidegger pasando por el perspectivismo de Ortega. ¡Cómo no! Aún más: después de Husserl, fuera de algunos de sus discípulos, los filósofos más leídos (Scheler, Heidegger, etc.), tan diferentes versiones le han dado al método fenomenológico, que sólo el nombre puede servirles de común denominador. Ya el mismo Husserl advertía esta incomprensión de su sistema en el invierno de 1932. El ensayo de querer hacer resurgir la metafísica como ciencia en y por el método fenomenológico, es un esfuerzo que el profesor de Friburgo, expresamente, había declarado sin sentido. La fenomenología para él es una ciencia de esencias en y por los fenómenos dados.

     {romanticismo filosófico}También comparto con el profesor Gaos que la confesión personal sea una esencia [97] captable fenomenológicamente; pero de que la fenomenología pueda descubrir la esencia de confesión personal, no se sigue de ningún modo que la filosofía se caracterice con semejante esencia. Mientras el profesor Gaos no aduzca la prueba de que la filosofía no es una ciencia eidética (universal) que investiga la esencia y leyes de los valores, no tiene el derecho de definir la ciencia fundamental en este plano de romanticismo filosófico.

Resumen

^     {respuesta al "cuestionario"}La anterior elucidación ha reiterado el punto de vista inicial de la imposibilidad de la filosofía de la filosofía como disciplina transcendente o inmanente a los problemas clásicos de la investigación filosófica. En lo que sigue, se pondrá de manifiesto el último esfuerzo del profesor Gaos, encaminado a poner a salvo, por lo menos, el nombre de filosofía de la filosofía, y, a nuestra manera de ver, su evidente impropiedad.

     GAOS: «1º ¿Los filósofos han reflexionado o no sobre la filosofía? Si lo han hecho, esta reflexión sobre la filosofía ¿es o no, a su vez, filosofía? [98]

     Si dice usted que lo es, decir que han reflexionado sobre la filosofía, ¿es o no decir que es filosofía sobre la filosofía?

     Si dice usted que es filosofía a secas, ¿cómo llamaría usted a esta reflexión filosófica sobre lo que no es la filosofía?»

     RESPUESTA: Para ser claros en grado superlativo en esta contestación, supongamos que se tiene esta idea de la filosofía que no ha refutado el profesor Gaos: «la ciencia pura de los valores». Es evidente que sobre tal idea pueden formularse nuevos juicios (conocimientos); puede reflexionarse desde diversos puntos de vista, con justificación. Es exacto, por ejemplo, declarar que la filosofía estudia una diversidad de valores y que, por ende, consta de diversas disciplinas; que ella (la filosofía) se distingue de la retórica, del arte, de la religión, de la ciencia particular, por determinadas notas esenciales, etc. Pues bien, los resultados de estas reflexiones filosóficas tienen, dentro de la filosofía (a modo de sus capítulos) designaciones precisas y rigurosas; son los nombres, respectivamente, del problema de la clasificación de la filosofía, del de las relaciones de la filosofía con los demás territorios de la cultura, etc. ¿El doctor Gaos prefiere, en vez de esta nomenclatura de [99] precisión manifiesta, el rubro de filosofía de la filosofía, por demás equívoco? Quaestio de nomine.

     GAOS: «2º La definición de la filosofía, ¿es o no filosofía?

     Si es filosofía, esto es, si es parte de la filosofía, ¿cómo la llamaría usted para distinguirla, en el seno de la filosofía, que también ella es, de las otras partes, de la filosofía de la naturaleza, de la historia, etcétera?»

     RESPUESTA: {contenido ideal puro}El profesor Gaos reconoce, naturalmente, que existe el problema de la definición de la filosofía; pero supone que en la solución de semejante tema hay algo, aparte de la esencia captada o descubierta de la filosofía, que merece el nombre de filosofía de la filosofía. ¡Fantasma! La reflexión sobre la esencia de la filosofía tiene por contenido ideal puro las notas que definen la filosofía (su esencia). Las otras vertientes del fenómeno real del filosofar: el fenómeno psíquico, la expresión del pensamiento, etc., no son filosofía stricto sensu. Pero el profesor Gaos no quiere llamarle escuetamente el problema de la esencia o definición de la filosofía como entre otros, Dilthey lo designa, sino filosofía de la filosofía, al lado de los [100] problemas de la filosofía de la naturaleza, de la historia, etc. Quaestio de nomine.

     GAOS: «3º La historia de la filosofía ¿es o no filosofía?

     Si dice usted que lo es, decir que la historia de la filosofía es filosofía, ¿es o no decir que es filosofía de la filosofía?»

     RESPUESTA: La filosofía, como toda ciencia, tiene su historia, de la que se distingue, como quedó demostrado renglones atrás, por su método y fin cognoscitivo. El doctor Gaos, empero, dentro de un historicismo, la considera como parte de la filosofía, y no se limita a ello, sino que, al consumar esta incorporación, le da el nombre de filosofía. Quaestio de nomine.

     GAOS: «4º ¿La psicología es o no filosofía?

     Si lo es, la psicología del filósofo, ¿es o no filosofía?

     Si dice usted que lo es, decir que la psicología del filósofo es filosofía, ¿es o no decir que es filosofía del filósofo?

     Si dice usted que es filosofía a secas, ¿cómo la llamaría usted para distinguirla de la filosofía de lo que no es el filósofo?»

     {psicología del hombre que filosofa vs. psicología de la filosofía}RESPUESTA: Una cosa es la psicología del hombre que filosofa, esto es, la descripción y explicación de sus fenómenos reales y subjetivos (temporales), y otra, [101] asaz diversa, la psicología de la filosofía (concepto absurdo de tomo y lomo). En efecto, no puede haber psicología de la filosofía, puesto que esta última es, en sentido riguroso, una unidad de principios supraempíricos; y las esencias no tienen psiché y, eo ipso, tampoco psicología. Por lo tanto, admitiendo que la psicología sea una parte, de la filosofía (no la fundamental, sino la más derivada), no sería lícito hablar de que ella (la psicología) fuese filosofía de la filosofía. Sólo existe una psicología del hombre que filosofa. El doctor Gaos, no obstante, quiere otorgarle el título de filosofía de la filosofía. Quaestio de nomine

     GAOS: «5º La fenomenología de la filosofía y del filósofo, es o no filosofía?

     Si dice usted que lo es, decir que la fenomenología de la filosofía del filósofo es filosofía, ¿es o no decir que es filosofía de la filosofía y del filósofo?

     Si dice usted que es filosofía a secas, ¿cómo la llamaría usted para distinguirla de la filosofía -fenomenología- de lo que no es filosofía ni el filósofo?»

     {filosofía fenomenológcia vs. fenomenología de la filosofía}RESPUESTA: Me atengo a la terminología de Husserl. La fenomenología es un campo de investigaciones neutrales. Cuando se aplica a la filosofía, la llama [102] Husserl filosofía fenomenológica. ¿Recuerda el profesor Gaos el nombre del libro «Ideas para una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica»? ¿No le parece al profesor Gaos la designación del fundador del método, específica y exacta? ¿Por qué llamarle también, pues, filosofía de la filosofía? Quaestio de nomine.



     En síntesis, el nombre de filosofía de la filosofía en la pluma del doctor Gaos no alude a ningún problema específico de la filosofía. Cada una de sus conclusiones delata que su intento se proyecta hacia la búsqueda de un nuevo rubro para clásicos problemas, para nosotros designados ya de siglos con gran propiedad.

     De cualquier modo, hay que aplaudir ese afán de inconformidad del rector de la Universidad Central de Madrid, como síntoma de un elevado espíritu filosófico.

Notas

 

10. La numeración de las partes de este artículo corresponde a la de la carta del profesor Gaos. (N. del A.)

11. "descriminar" en el original (N. del E.)

12. "idiográfica" en el original (N. del E.)

 


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