José Gaos y Francisco Larroyo Dos ideas de la filosofía. Pro y contra la filosofía de la filosofía

Sección:

VI La lógica prekantiana del doctor Gaos

(carta de Francisco Larroyo a José Gaos)

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VI. La lógica prekantiana del doctor Gaos

Carta de Francisco Larroyo a José Gaos

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^     La discusión hasta aquí prolongada en torno a la posibilidad de una filosofía de la filosofía -asunto capital de nuestro diálogo filosófico-, ha filtrado, por así decirlo, diversos argumentos más o menos interesantes. Después de ventilar con gran detalle si la llamada filosofía de la filosofía albergaba o no, dentro de su seno, ya el problema de la psicología del filósofo, ya el de las relaciones de la filosofía con los otros territorios de la cultura, etc. -problemas para mí designados desde antiguo con suma propiedad-, parece refugiarse el doctor Gaos en el sentido que pueda tener la cuestión, por antonomasia inicial, de la esencia de la filosofía, esto es, su definición.

     En lo que sigue, empero, quiero hacer ver que ha elegido el tema de la filosofía más inapropiado para defender con perspectivas de éxito está su nueva disciplina. Aún (13) más: su argumento medular, en esta vez, conduce a una confusión de conceptos sólo explicable dentro de aquella {lógica especulativa prekantiana}lógica especulativa (prekantiana) que, para elaborarse, no buscaba sus principios [116] en la estructura propia de las ciencias constituidas, sino que legislaba a espaldas de la investigación particular con su consiguiente fracaso teorético.

I. La definición de toda ciencia, problema

^     Es claro que toda ciencia inicia su exposición con la tarea ineludible de fijar las fronteras de su estudio, de señalar la materia, objeto de su investigación. Lo propio acontece con la filosofía misma. Ahora bien, si éste es el primero de sus temas, parece convincente que no suponga -lógicamente hablando- los últimos resultados de la elucidación filosófica. La exactitud de la definición de la filosofía como ciencia nomotética de los valores, por ejemplo, no depende del concepto final que se obtenga acerca de la belleza, la bondad, en suma, de la esencia y leyes de los valores. Y es que la definición de la filosofía, como la de cualquiera ciencia, no es otra cosa sino la determinación del problema por resolver en el trabajo, siempre, inconcluso de la investigación. Podría decirse: la definición de una ciencia es, con relación a los resultados de ésta, una aporía o cuestión científica. Por lo tanto, al declarar que [117] la filosofía es la ciencia de los valores, no se hace sino fijar el sentido que orientará la investigación filosófica, la tarea o problema de su trabajo.

     ¿Cómo, pues, podría ser la tarea definitoria de la filosofía ya una filosofía de la filosofía? Para esto no debería ser la primera, sino la última de las cuestiones, como siempre lo hemos dicho; sólo de este modo podría hablarse de un logos del logos que el doctor Gaos defiende con ejemplar tenacidad. En otras palabras: problema y solución son términos relativos que constituyen una unidad indivisa en el trabajo de las ciencias. {axiología}Al definir la filosofía a título de teoría de los valores (axiología), pues, no se excluye la definición misma del marco de la filosofía. Sólo una lógica tradicional de tipo constructivo que no pone en contacto aporía y juicio (14), puede brindarle argumentos al doctor Gaos, no importa el tono de modernidad con que hace vibrar sus interesantes palabras.

     Convengo con él por lo tanto, en que se implican en esta discusión dos ideas diferentes de filosofía. También pienso con [118] Fichte que de «qué clase de filosofía se tiene depende de qué clase de hombre se sea»; pero no como expresión de un relativismo a que suena la identificación de filosofía y confesión personal, sino como la capacidad del hombre de elevarse ¡oh Fichte! a la Idea del Yo Absoluto. En esto sigue siendo verdadero el en tosofon mounon, de Heráclito mi admirado Dr. Gaos.

     {materialismo dialéctico}Respecto a que el historicismo sea la verdadera filosofía, no puedo asentirlo, aunque no comparta la filosofía de moda. La reviviscencia (15) inmanente de lo histórico («la realidad de lo pasado en lo presente» del doctor Gaos) tiene todos los caracteres de fenómeno o hecho. {realidad trascendental y resauradores de la metafísica}«Realidad trascendental» es un contradictio in adyecto del tipo, por ejemplo, de la que involucra el término «materialismo dialéctico», si por real entendemos lo espacio-temporal o sólo la temporal, y por trascendental la condición a priori de todo hecho posible, esto es, algo supratemporal (ideal). Quizá sobre el particular se replique que el sentido de estos vocablos deba variar para ajustarse a la filosofía neo-romántica de nuestro tiempo; pero, ¿por qué razón los enésimos restauradores de la metafísica, los epígonos (16) del siglo XX, no acuñan otros vocablos, evitando, de esta guisa, su intento [119] fallido de detener, no sólo el progreso de la filosofía, sino también la confusión de la terminología filosófica?

II. Una reincidencia psicologista muy siglo XX

^     {método trascendental}1. No niego que el doctor Gaos haya aducido lo suficiente acerca de que la filosofía sea confesión personal; apenas afirmo que tal pensamiento no es compatible con la idea de filosofía a título de ciencia eidética de los valores culturales; lo que es bien diferente, según la versión ya dada de método trascendental.

     {método fenomenológico de última hora y reincidencia en el psicologismo}2. Por otra parte, insistir, echando mano de un método fenomenológico de última hora (no el husserliano), en que la filosofía también contiene, a modo de nota esencial, la soberbia («soberbia-filosofía», Gaos) es, quiérase que no, un psicologismo. La argumentación es clara y clásica. ¿No es acaso la soberbia un fenómeno psíquico, como tal, objeto de estudio de la psicología? ¿Y echar mano de semejante principio psicológico para manipular problemas filosóficos, no es un puro psicologismo? Sin embargo a nadie hasta nuestros días se le había ocurrido definir [120] la filosofía, entre otras cosas, en este tono diabólico.

III. Una original, pero falsa doctrina de la definición

^     Mas todo este linaje de errores tiene su raíz, bien considerada la argumentación, en la falsa idea de definición que sustenta el doctor Gaos. «Decir -escribe- que la definición de la aritmética es lógica de la aritmética, no me parece decir que la lógica crea el objeto de la aritmética y esta ciencia, sino sencillamente que la lógica trata de definir ontológicamente el objeto definido ónticamente por la aritmética y de estudiar lógicamente la ciencia aritmética constituida fácticamente.»

     {definición óntica vs definición ontológica}Para el doctor Gaos, pues, existen dos definiciones de la aritmética (mutatis mutandis, como de cualquiera ciencia): la definición óntica y la definición ontológica. La definición: la aritmética es la parte de la matemática que trata de las cantidades determinadas y sus relaciones», ¿es una definición óntica u ontológica? ¿En qué se distingue la primera de la segunda? Y si existen estos dos tipos de definiciones tradicionales, ¿qué debe entenderse [121] por definición en general? ¿No le recuerda al doctor Gaos, de modernidad indiscutida, semejante distingo el célebre argumento clásico del «tercer» hombre? Sobre todo, ¿habrá, por ventura, definición alguna (verdadera) que no sea lógica, es decir, que no esté penetrada del principio y ley del logos? ¿Definen acaso, alógicamente, los investigadores de la matemática?

     No, doctor Gaos, toda definición es ontológica por necesidad, pues «la ciencia es ciencia en la medida en que procede lógicamente». Es sencillamente inconcebible una disciplina científica, no solo antilógica, sino meramente alógica. La validez de cada nuevo conocimiento se valúa, ante todo, por su ausencia de contradicción, esto es, según una ley lógica fundamental. No sería hipérbole declarar que siempre el gran investigador en las ciencias particulares es quien posee un tacto lógico superior. Otra cosa es que él mismo sea consciente de éste su proceder; lo que no entorpece el progreso de la ciencia, sino su fomento, gracias a la división de trabajo que implica.

     {sobre lógica}La circunstancia de que la lógica reflexione sobre las ciencias particulares, de que sea, en este sentido la autoconciencia [122] del saber, no implica, en su fundamentación, ningún círculo, como podría creerse. La lógica no inventa las variadas maneras del ser del logos; las descubre en el trabajo siempre inconcluso de la investigación particular. Pero una cosa es el logos mismo, que no es privativo de ciencia particular alguna, sino común a todas ellas, y otra, muy distinta, los resultados concretos de estas ciencias particulares, expresados en forma de definiciones, axiomas, principios, etc. La lógica no parte para constituirse de estos resultados a modo de premisas, sino que penetra en ellos hasta destacar su dimensión lógica y de esta manera formula sus leyes autónomas. No define ninguna ciencia en particular, da los caracteres de la definición en general. No le interesan los resultados de las ciencias especiales como proposiciones de esta o aquella disciplina, sino tanto en cuanto portadores del logos. En otras palabras, a través de los resultados de la investigación particular, arriba a la vertiente lógica del pensar, que es, puntualmente, el núcleo de todo saber demostrado (17).

Notas

 

13. "Aun" en el original (N. del E.)

14. Como lo expongo en mi libro La lógica de la Ciencia, pp. 128 ss.

15. "revivicencia" en el original (N. del E.)

16. "epigonos" en el original (N. del E.)

17. Francisco Larroyo, La lógica de la ciencia, p. 121. (N. del A.)

 


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