José Gaos Antología filosófica: la filosofía griega

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Textos: Herodoto

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Herodoto

     A la muerte de Aylattes, heredó el poder real Creso, su hijo, de treinta y cinco años de edad, que empezó a atacar a los griegos por los efesios... Pasó el tiempo y quedaron sometidos casi todos los pueblos que habitaban más acá del río Halys... Sometidos estos pueblos y agregándolos Creso a los lidios, llegan a Sardes, floreciente por su riqueza, todos los sabios (sofistas) de Grecia que acertaron a vivir en aquel tiempo, cada uno a su hora, y, naturalmente, entre ellos Solón de Atenas, que después de haber dado leyes a los atenienses, que le habían requerido a ello, había dejado su pueblo por diez años y se había puesto a navegar so pretexto de ver cosas (teoría), pero en realidad para no encontrarse forzado a abolir ninguna de las leyes que había establecido. Por sí mismos no podían hacerlo los atenienses, porque estaban obligados por solemnes juramentos a usar durante diez años de las leyes que Solón pudiera darles. Habiendo, pues, salido de su pueblo por estas razones que digo y por ver cosas (teoría), llegó Solón a Egipto, a la corte del rey Amasis, y, naturalmente, también a Sardes, a la corte de Creso. Al llegar, fue hospedado por Creso en el palacio real. Al cabo de dos o tres días, por orden de Creso, sus servidores hicieron recorrer a Solón los tesoros y ver cómo todo era rico y notable. Una vez que todo lo hubo visto (theesámenos, de la misma raíz que teoría) y examinado, como siendo ya ocasión, Creso le dijo estas palabras: «Huésped ateniense, hasta nosotros han llegado [68] muchos dichos acerca de ti, a causa de tu sabiduría (sofía) y de tu andar de un lado para otro, ya que afanándote por saber (filosofando) has recorrido tantas tierras por ver cosas (teoría).

Herodoto, libro I, capítulos 26 a 30.

 


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