José Gaos Antología filosófica: la filosofía griega

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Notas sobre Aristóteles

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Notas sobre Aristóteles

Ética. Libro II

     303. El contenido de los CAPÍTULOS 4 a 9 DEL LIBRO II DE LA ÉTICA de Aristóteles, la doctrina de que la virtud o la perfección de la naturaleza humana consiste en una posición intermedia entre una pluralidad de partes de contrarios extremos, sigue un orden fácilmente divisable y es en general asequible a una primera inteligencia sin mayores dificultades, ni necesidad de mayores explicaciones.

     304. Ante todo se trata de definir la virtud. Se definen las esencias de los géneros y especies intermedios entre los géneros supremos (notas al capítulo 2 del libro L de la Metafísica) y las especies ínfimas y se definen por medio del género próximo y la diferencia específica -enseñan los manuales de Lógica. El concepto griego de virtud es el concepto de un género superior que se extiende a todos los seres activos, caballo de guerra u ojos (capítulo 5, aparte segundo, p. 204), y del cual es una especie la virtud del hombre (ib.) o virtud moral (mismo capítulo, aparte cuarto, p. 205; capítulo 9, aparte primero, p. 215), que se subdivide en una serie de especies inferiores, las virtudes. Éstas tienen contrarios: los vicios. A Aristóteles no le interesa aquí propiamente sino la especie superior. Por eso [349] se limita a entender la virtud en general como lo que hace perfectas la naturaleza activa y la actividad natural de los seres, como la perfección misma de estas naturaleza y actividad en los seres correspondientes (capítulo 5, aparte segundo, p. 204), y a definir en forma únicamente la virtud humana o moral, lo que haga perfectas la actividad del hombre ajustada a su naturaleza y esta naturaleza misma, aquello en que consista la perfección de ambas.

     305. Primero se busca el género próximo. Inmediatamente, se ofrece un género, «hechos del alma» (capítulo 4, comienzo, p. 202). Pero no es el próximo. El próximo será uno de los tres en que se subdivide el ofrecido: pasiones, potencias, hábitos. Se prueba que no son los dos primeros y se concluye que es el tercero. La prueba se lleva a cabo mostrando que las cosas que convienen a las virtudes y a sus contrarios, los vicios, no convienen a las pasiones ni a las potencias;

     ya en común: ser por ellas juzgados buenos o malos, alabados o censurados;

     ya a las pasiones exclusivamente: implicar predeterminación, no ser movidos por ellas;

     ya a las potencias exclusivamente: no ser por naturaleza.

     306. Repárese en la congruencia entre la definición del hábito -«aquellas» cosas «por las cuales, al padecer las pasiones, hacemos bien o mal» (capítulo 4, aparte primero, p. 202)- y la diferencia principal entre virtudes y vicios y pasiones y potencias: el ser o no por ellas juzgados buenos o malos. Hay que poner en relación con los hábitos, por los que hacemos bien o mal, el encontrarse de cierta manera de las virtudes y de los vicios (mismo capítulo, aparte segundo, final, p. 203): en buena o mala disposición y en buena o mala postura. La predeterminación reaparecerá pronto. En cuanto al que se haga bien al airarse medianamente y no se censure al airado simplemente (mismo capítulo y aparte, p. 202), hay que contar con toda la doctrina, tan griega y poco cristiana todavía (cf. sobre este punto particularmente el capítulo 7 y las notas).

     307. En seguida, se pasa a buscar la diferencia específica. Requiere previamente la doctrina del término medio en general (capítulo [350] 5, aparte tercero). En todo lo continuo y divisible hay dos extremos, un más o un exceso y un menos o un defecto, y un término medio que, si se atiende primero a la cosa en sí y luego a la relación de la cosa así considerada con nosotros, es un igual equidistante de los extremos y uno y lo mismo para todos nosotros, pero que si se considera la relación propia de la cosa con nosotros, es lo que ni sobra ni falta y no es uno y lo mismo para todos: 10 y 2 minas de alimentos son un más y un menos entre los cuales 6 es, en cuanto minas de alimentos, el igual equidistante (10 - 6 = 6 - 2) y uno y el mismo para todos nosotros, mientras que, en cuanto minas de alimentos para nosotros, es poco para Milón, el famoso atleta de Crotona, y mucho para el principiante de educación física.

     308. Previa tal doctrina, el hábito de la virtud humana o moral es definido por la diferencia específica pertinente desde el final del aparte tercero del capítulo 5, p. 205, hasta el aparte primero del capítulo 6, p. 207 (cf. el aparte primero del capítulo, p. 215). Recogiendo las expresiones de todos los pasajes en que se menciona la diferencia específica o se alude a ella, resultan ser éstas: «todo conocedor rehuye el exceso y el defecto, buscando y prefiriendo el término medio... para nosotros»; «todo conocimiento de las cosas lleva a cabo... lo que se hace, mirando al término medio y dirigiendo lo que se hace hacia él»; «los buenos artífices... obran mirando al término medio»; «pudiendo acertar con el término medio»; «se refiere a las pasiones y a las acciones»; «en punto al cuándo hace falta, en qué, para qué, por qué y cómo hace falta»; «va derecho», «algo que acierta con el término medio»; «se yerra de muchas maneras... mientras que se va derecho de una sola»; hábito «de predeterminación, consistente en una posición intermedia para nosotros, determinada por la razón y por lo que determinaría en cada caso el hombre prudente»; «en las pasiones y las acciones»; «encuentra y prefiere el término medio». Estas expresiones dan como elementos componentes de la diferencia específica del hábito de la virtud humana o moral las siguientes: [351]

     309. un conocimiento o razón, caracterizada más precisamente como prudencia casuística, predeterminante

     310. de buscar el término medio para nosotros, mirar a él, preferirlo a los extremos, dirigir lo que se hace hacia él, ir derecho a él pudiendo acertar y acertando efectivamente con él o encontrándolo,

     311. en lo que se lleva a cabo o se hace, en el comportamiento o la conducta en punto al cuándo, en qué, para qué, por qué y cómo o las circunstancias de las pasiones y acciones o en lo que «padecemos» y en lo que «hacemos».

     312. El elemento decisivo es el segundo y más precisamente el acertar con el término medio o encontrarlo, que es la «posición intermedia» -entre el exceso y el defecto-, el concepto que se destaca repetidamente en la definición de la virtud.

     Tres notas complementarias.

     313. La virtud humana es equiparada a la naturaleza y estimada superior al arte, que no se refiere a las acciones, sino a la producción de cosas (notas al capítulo 1 del libro A de la Metafísica), pero la perfección de las obras del cual consiste también en un término medio -para esta concepción griega del arte (capítulo 5, aparte cuarto, página 205).

     314. La esencia de la virtud moral, de la que el concepto es lo que se define, es posición intermedia. El valor de la virtud es extremo. La posición intermedia en las pasiones y acciones es el mayor bien en este orden de cosas. (Capítulo 6, aparte primero, final. Sobre la «razón llamada esencial», cf. notas a los capítulos 3 del libro A y 2 del L, de la Metafísica).

     315. P. 206. «Otros entre estos mismos -los pitagóricos- dicen que los principios son diez, que ponen en dos líneas:



finito                    infinito
........................................................
bien                    mal.
 
                          Aristóteles, Metafísica, libro A, capítulo 5, p. 986 a 22-26. [352]


     316. Definida la virtud humana o moral, se puntualiza (capítulo 6, aparte segundo, p. 207) que acerca del elemento tercero de la diferencia específica del hábito de la virtud hay que hacer una restricción: las pasiones y acciones que entran en él no son todas, porque «no toda acción ni toda pasión admite la posición intermedia». Es evidente que esta restricción debiera reflejarse en una restricción o matiz en el elemento anterior y en el concepto de «posición intermedia».

     317. De la restricción se da una razón general (mismo capítulo, aparte tercero, p. 207 a 208). Si (54) no en toda acción y pasión hay o cabe la posición intermedia, es porque algunas, las que «son malas ellas mismas» (aparte anterior), son de suyo un extremo. Ahora bien, en general del extremo no hay posición intermedia, no hay virtud. Si hubiese posición intermedia del extremo, tendría que haber extremos del extremo, exceso y defecto del exceso y exceso y defecto del defecto...

     318. Esta razón general da ocasión para advertir que tampoco hay exceso ni defecto de la posición intermedia, extremo(s) de la posición intermedia, es decir, que en la virtud misma, en la perfección, a su vez, no caben grados: ella es una posición intermedia en el comportamiento o conducta en acciones y pasiones, pero esta posición es perfección, «en cierto modo extremo», grado máximo. Cf. nota anterior sobre la esencia y el valor de la virtud.

     319. A continuación se procede a aplicar la definición de la especie virtud humana o moral a las especies inferiores, las virtudes. (Capítulo 7, ps. 209 y sgs. Sobre la referencia de las acciones a las cosas particulares, cf. las notas al capítulo 1 del libro A de la Metafísica). La enumeración que se hace puede ordenarse en el cuadro de «valores» morales del «ethos» griego -o de categorías de la concepción griega de la naturaleza humana, que encontramos en la página 353.

     320. Declara Aristóteles que en su lengua no había expresiones para determinadas virtudes y vicios o para los sujetos de determinadas virtudes o vicios. (Cf Introducción p. 28). Las distintas lenguas no tienen términos, o términos equivalentes, [353] [354] para los mismos objetos, porque los objetos mismos no son para ellas los mismos (ib., p. 28 y sg.): en la traducción de los aristotélicos del cuadro anterior he procurado adaptarme a su significado para el griego, más que emplear los términos españoles para los objetos idénticos a los griegos o más coincidentes con ellos. En el cuadro he puesto: entre comillas, los términos de los cuales Aristóteles dice o sugiere que son invención suya; entre paréntesis redondos, los que yo he sacado de los términos para los sujetos de las virtudes y vicios en aquellos casos en que Aristóteles no dice ni da a entender que no existan para las virtudes y vicios mismos; entre paréntesis cuadrados, el sentido en que debe entenderse un término; en cursiva, la letra final de otro, para expresar así la sugestión del aparte último de la p. 212.

     321. La aplicación de la definición de la especie a las inferiores hace dar con algunas complicaciones que confirman que «en lo que se dice acerca de las acciones, las ideas generales son más comunes, pero los detalles particulares son más verdaderos» (aparte primero del capítulo, p. 209), que las ideas no apresan el detalle -infinito- de la realidad: los dobles excesos, como en el amor a la vida y en las relaprocidad de excesos y defectos (cf. p. 209, aparte último); la oscilación y relatividad de la posición intermedia hacia los extremos (p. 210, aparte segundo, final); las emociones que se alaban y juzgan excesivas o defectuosas (p. 211, aparte último).

     322. De todas estas complicaciones la más importante es la penúltima, como que afecta al principal concepto mismo de posición intermedia. A ella se dedica el siguiente capítulo 8.

     La relatividad de la posición intermedia hacia los extremos es doble.

     323. Una, general. La posición intermedia, vista desde cada uno de los extremos, se aproxima al otro. Es una relatividad puramente de óptica subjetiva, por decirlo así, causada en casos por la falta de nombre -confirmación de lo apuntado acerca de los términos y objetos en las distintas lenguas. Es la relatividad con que se dio en el capítulo anterior y que se generaliza en éste (aparte segundo).

     324. Otra, particular a algunos casos (tres últimos apartes). Consistente en que algunos extremos, unas veces el exceso, otras el defecto, [355] parecen más cercanos a la posición intermedia que sus contrarios, y correlativamente éstos más lejanos, y como consecuencia los opuestos la posición intermedia y estos extremos. Es una relatividad de apariencia también, pero fundada en la objetiva naturaleza de las cosas: ya de las virtudes y vicios mismos, sin relación con nuestras tendencias naturales; ya de la relación de las virtudes y vicios con nuestras tendencias naturales, en cuanto esta relación y nuestras tendencias naturales mismas, objetivas o siendo lo que y como son, cualesquiera que pudiesen ser sus apariencias para nuestra visión de ellas. En esta última relación, «las cosas a las que tendemos más por naturaleza» son las que «parecen más opuestas al término medio»: como un contrario de las tendencias naturales se presenta, pues, la virtud, la perfección de la naturaleza humana -surge la «doblez» privativa, definitoria, de esta naturaleza (Introducción, p. 46 y sgs. Cf. el lector a quien el tema interese las ps. 45 y sgs. y 189, del volumen de Larroyo y mío citado en la p. 6, n. 20). En todo caso, la relación va a servir de base a la regla práctica que es parte del contenido del siguiente y último capítulo 9.

     325. «Tendemos más por naturaleza a unas cosas». Se añade ahora que con diferencias individuales: «unos... más... a unas cosas que otros». Las cosas a que cada cual tienda más se reconocerán «en el placer y el pesar que nos produzcan». De donde la regla: «mirar a aquellas cosas a que cada uno de nosotros somos más inclinados» para «esforzarse por dirigirse hacia lo opuesto de estas cosas» «como hacen los que enderezan palos torcidos», «alejarse de lo más opuesto» a la posición intermedia (cf. notas anteriores), «en todo... guardarse de lo placentero y del placer» y en definitiva «tomar los menores de los males». Particularmente, con el ejemplo de los palos torcidos se corrobora la contrariedad de la virtud a las tendencias naturales (nota anterior), y con la expresa advertencia de guardarse del placer se insinúa la consecuente asumpción por la norma ética de su peculiar alcance ascético.

     326. Seguir la regla es difícil. No ya por la dificultad que pueda haber en llevar la contra a las tendencias naturales, sino por una [356] dificultad de otra índole, general a otros casos con éste particular. Es el juicio acerca de ellas está fundado en la percepción sensible como cosas particulares que son -ya se vio cómo las ideas no apresan el detalle infinito de la realidad (notas anteriores) y por su parte la percepción. Es difícil en general tomar el término medio en cada caso, es decir, en las cosas particulares. Hay que poner esta dificultad general en relación con la infinitud y finitud que referidas a los pitagóricos aparecieron en la p. 206. Las cosas de la virtud son particulares, las circunstancias de las pasiones y acciones (elementos de la diferencia específica). Difícil, pues, el «ser bueno» y la superación de su dificultad no será «cosa del saber» en el sentido de la razón y del conocimiento estrictos, que se refieren a lo general, sino de ese tino certero que es la prudencia calificada de casuística (ib.). En todo caso, la dificultad de la virtud hace su rareza, belleza y loabilidad -con lo que se acaba por justificar las cosas con que se empezó diferenciando las virtudes de las pasiones y potencias.

     327. «La segunda navegación» es una expresión griega popular de interpretación dudosa. Puede significar un segundo viaje o la segunda bordada y las demás de la misma dirección en el navegar de bolina. En la p. 215 querría decir, en la primera acepción, aprovechar la experiencia de un primer dar en el vicio, siguiendo las tendencias naturales, para no continuar errando; en la segunda, el virar mismo del lado contrario al del primer yerro.

     328. Sobre los ancianos y Helena, p. 216, Ilíada, canto III, versos 156-160.

     P. 206, último aparte: verso de un poeta desconocido. P. 215, el consejo de Calipso es atribuido a ésta por error; es de Circe, en la Odisea, XII, 108 y sg.

Notas

54.   [«S» en el original (N. del E.)]

 

 


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