José Gaos Antología filosófica: la filosofía griega

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Notas sobre Parménides

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Notas sobre Parménides

     48. La Introducción del POEMA DE PARMÉNIDES presenta la filosofía de éste como revelación que le hiciera de joven una diosa a cuya morada le conduce un carro guiado por unas hijas del Sol: alegoría del saber filosófico como una vocación juvenil y una iniciación religiosa, sobre el fondo de la transición, tradicional a la mística, desde la oscuridad hasta la luz; con el carácter dé lo excepcional: «este camino que está, en efecto, fuera del trillado por los hombres» (p, 102, ap. tercero); y con aparición de la justicia, el central concepto de Anaximandro, recogido por Heráclito (n. 31). Figuración alegórica de una efectiva experiencia juvenil y religiosa de la filosofía, acaso.

     Para comprender la revelación de la diosa, o la filosofía de Parménides, quizá lo mejor sea partir de su centro, o núcleo más importante, que puede exponerse en un orden y con unos términos más rigurosos que los poéticos y parcialmente parafrasearse como sigue:

     Por lo pronto, se trata de un silogismo.

     A) Mayor: El mundo es, existe. [241]

     B) Menor:

     49. I) Pero lo que es, no puede no haber sido. Si hubiera no sido, habría tenido que generarse, y generarse de lo que no era, de nada. Mas esta generación es imposible. Desde luego, lo que es nada, no puede ser: «jamás domarás a ser a lo que no es» (7). Pero, además, lo que es nada, lo que no es, es inconcebible e inarticulable. El pensamiento no puede concebir, ni el lenguaje puede expresar sino lo que es: porque por el mero hecho de ser pensado o dicho, de ser objeto del pensamiento o de expresión por medio del lenguaje, es ya esto, objeto tal, algo, es. El pensamiento y el lenguaje no pueden producirse sin referirse a algo que sea. «Necesario es que aquello que es posible decir y pensar, sea» (6). «Una misma cosa es la que puede ser pensada y puede ser» (5). «Lo mismo es aquello que se puede pensar y aquello por lo que existe el pensamiento que se piensa, pues sin aquello, que es, y en punto a lo cual es expresado, no encontrarás el pensar» (8, p. 105, ap. cuarto). Encima, de nada, nada puede generarse distinto, además, «a su lado» (8, ap. segundo). La generación hubiera tenido que producirse antes o después. Mas una generación desde nada ¿cuándo y, sobre todo, por qué antes o después? En fin, «si se generó, no es» (ib.). En suma: lo que es, no puede haber sido engendrado, no es cosa engendrada; no puede haber habido, no hay generación de lo que es.

     Pero lo que es, tampoco será. Si ya es, puesto que ya es, tampoco es posible que sea más adelante, que haya de llegar a ser: si ha de llegar a ser, es que no es.

     Mucho menos puede llegar a dejar de ser, a perecer. Dejar de ser supone haber sido. Mas lo que es, no puede haber sido: si fue, si era, no es. Lo que es, es imperecedero.

     Es conclusión: lo que es, no es cosa engendrada y es imperecedero. Ni no fue, ni siquiera fue, ni será, ni mucho menos no será. Lo que es, no admite pasado ni futuro, sino que sencillamente es, en un simple, puro presente. No va siendo por partes sucesivas, dividido, a lo largo del tiempo, sino que es, todo a un tiempo, todo de una. [242]

     Primer gran atributo, pues, de lo que es: el ser presente simple y puro.

     50. 2) Lo que es, es todo continuo, homogéneo, indivisible. La discontinuidad, heterogeneidad y divisibilidad implicarían que en unas partes fuese más o menos, fuese más «fuerte» o más «débil» (8, p. 106, ap. segundo) que en otras; que entre sus partes hubiese algo que no fuese ello mismo, lo que es, algo, pues, que no fuese. Pero no «hay manera de que lo que es pueda ser aquí más y allí menos que lo que es» (8. c.). El es no admite gradaciones, distinciones tales: «es todo igual» (8, p. 105, ap. segundo), es, pura y simplemente. Y menos admitiría estar dividido por intersticios de algo que no fuese. Lo que no es, es tan imposible, inconcebible e inarticulable como ya se vio (n. 49), y no siendo, no puede hacer nada, ni dividir ni nada. Lo que divide, es algo, es -y no dividiría a lo que es. «Nada distinto ni es, ni será, al lado de lo que es» (8, p. 105, ap. cuarto). En definitiva, «no hay nada que pudiera hacerle dejar de extenderse por igual», «desde el medio igualmente fuerte por todas partes»; «aquello desde lo que por todas partes es igual -el medio-, impera del mismo modo entre los límites» (8, p. 106, ap. segundo). Y no habiendo nada que lo divida, «lo que es toca a lo que es» y «todo está lleno de lo que es» (8, p. 105, ap. segundo).

     Segundo gran atributo de lo que es: la continuidad homogénea, indivisible, y como consecuencia la unidad.

     A esta continuidad aluden anticipadamente los fragmentos 2 y 3, que por ella han de ser comprendidos.

     51. 3) Lo que es, es finito. Lo infinito, lo inacabado, es lo que carece de todo. Si lo que es fuese infinito, carecería de todo. Pero lo que es (que es el mundo, el universo) no carece de nada. Luego es finito. «Tiene un límite extremo, está terminado por todas partes» (8, p. 106, ap. segundo).

     Tercer gran atributo de lo que es: la finitud.

     52. 4) La filosofía griega entendía por movimiento, no simplemente el de lugar, sino en general el cambio, del que el movimiento de lugar es una especie, y llegó a distinguir cuatro de estas especies: v. [243] Aristóteles, Metafísica, libro L, capítulo 2 (p. 180). Estas especies despuntan ya en el poema de Parménides: ser y no ser, generarse y perecer; mudar de color; cambiar de lugar (8, p. 106, ap. primero). La imposibilidad del no ser, del generarse y perecer, ha sido ya registrada. Pero lo que es, es inmóvil también desde los puntos de vista de la cualidad y del lugar: «es lo mismo, permanece en lo mismo» «en el mismo sitio» que es... ello mismo: «yace en sí mismo» (8, p. 105, ap. tercero).

     Cuarto y último gran atributo de lo que es: la inmovilidad en todos los sentidos.

     Este atributo es consecuencia, o quizá mejor, función de los anteriores. Es fácil caer en la cuenta y hacerse cargo de la congruencia entre la homogeneidad y la inmutabilidad, no sólo cualitativa, sino cuantitativa; entre la continuidad y finitud de lo que es y la inmovilidad de lugar: lo que es no podría trasladarse, ni a lo que no es, ni a lo que es, y una traslación dentro de o en lo mismo que es, un movimiento sobre sí mismo, sería un trasladarse a lo que es, incluso ella sería una trasgresión de los limites de lo que es; de la congruencia, en fin, entre todo cambio y el tiempo, anulado en el puro presente.

     53. Ahora bien, lo que es, es el mundo: el mundo es.

     C) Conclusión: Por todo lo cual, necesariamente, el mundo es puro presente, continuo, finito, inmóvil y uno y único. El ser del mundo acarrea todos estos atributos. Por ser, tiene que ser así. Y ¿cómo será un mundo que es así, sino «la masa de una esfera bien redonda...?» (8, p. 105, ap. tercero).

     54. Mas ¿y los nacimientos y muertes, los cambios de lugar y de color y toda suerte de cualidades que se perciben a todas horas por todas partes? Convenciones que los mortales han establecido», «nombres»... (8, p. 106, ap. primero).

     55. Tal es lo que se encuentra por el camino de la Verdad y de la Persuasión que es producto de la argumentación anterior, [244] debatida por medio de la razón, no de los ojos, oídos, lengua, experiencia ni hábito; lo que se encuentra por el único camino de que es posible hablar porque es el único por o en el que es posible hablar...; lo que se encuentra es: «el intrépido corazón de la Verdad bien redonda»..., (Introducción, p. 102 (49), ap. tercero).

     Un camino que parta de lo que no es, o que lleve a ello, o que sencillamente pase por ello, es un camino que parte de lo imposible, inconcebible, inarticulable, que lleva a ello o que pasa por ello: es un camino él mismo inarticulable, inconcebible, imposible.

     El fr. 6 se refiere a un camino por el que «yerran» «mortales» «para quienes es cosa admitida que -lo que es- sea y no sea, y lo mismo y no lo mismo, y de todas las cosas hay una vía de ida y vuelta». Se comprende por qué se les llama «bicéfalos» y se reconoce «el camino hacia arriba y hacia abajo», el camino de la carda del cardador, de Heráclito (69 y 50). Con un eco de las palabras mismas de éste, Parménides no le trata mejor que él había tratado a los anteriores poetas y pensadores. El camino de Heráclito, en el cual se encuentra lo que no es, es camino también impracticable, imposible.

     La diosa aparta a Parménides de estos caminos imposibles, le revela el único practicable (primera parte del poema), y además y por último (segunda parte) le instruye acerca de «las opiniones de los mortales», acerca de «cómo necesitaban haber puesto a prueba cómo es lo aparente» (Introducción, p. 102, ap. tercero), para no recorrer un camino del que también aparta al joven.

     56. Los conocedores han advertido que es a Burnet a quien se ha seguido, aparte algún otro punto de menor importancia, en la interpretación, con todas sus consecuencias, del «ser» y su relación con el «pensar»: uno de los puntos más relevantes de la «philologische Genauigkeit» que los alemanes reconocen en el editor de Platón e historiador de la presocrática.

     El término «inexpoliable» (fr. 3, p. 106, ap. segundo) se ha tomado a la traducción francesa de este fragmento inserta por Diés en la introducción a su edición del Parménides de Platón en la colección Budé.

Notas

49. [«109» en el original (N. del E.)]

 


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