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^ Mi
distinguido colega y amigo:
Le
ruego me perdone la gran tardanza con que respondo a su carta de 25 de enero,
remitiéndome su nuevo artículo Disputatio
de nomine. No pude leer debidamente éste al recibirlo. Luego, otras
ocupaciones me hicieron olvidarlo. En fin, hasta hoy.
Bien
leído, puede reducirse, a pesar de su longitud, a estos puntos.
^ I.
La reiteración de la tesis de la imposibilidad, del «sinsentido» de la filosofía
de la filosofía, en esta forma. Hay que distinguir entre psiché
y logos, historía y eidos. No distinguirlos es
un psicologismo o un historicismo refutados. «No hay duda» de que la filosofía
stricto sensu es el logos o el eidos, no fenómeno
temporal de ninguna especie, «idea de la filosofía que no ha refutado el
profesor Gaos». La psiché
es filosofar subjetivo; la historía, Historia de la Filosofía.
La psiché reflexiona de hecho sobre sí misma, psiché de
la psiché. No tiene sentido hablar de una reflexión del logos
sobre sí mismo, logos del logos, ni de historia de la
historia. Como filosofía [106] = logos,
y no tiene sentido logos del logos, tampoco lo tiene la
filosofía de la filosofía. Hay el tema de la definición de la filosofía,
que la filosofía llama tradicionalmente así, que ahora se propone llamar
filosofía de la filosofía: quaestio de nomine.
^ II.
La crítica de tres puntos particulares de mi pretendida filosofía de la
filosofía. Por orden de su importancia dentro de ésta:
^ 1. La
filosofía, «confesión personal», eidos, que puede ser objeto
de fenomenología. Se concede el eidos «confesión personal» y
la posibilidad de que sea objeto de fenomenología. Se niega que haya probado
que el eidos «confesión personal» sea el de la filosofía.
^ 2.
^A)
Una tesis general. La filosofía, soberbia, aun en los casos de humildad
«declarada». Se niega que haya probado la soberbia en estos casos.
^B) Un
caso particular: la concepción del sujeto «trascendental» es la concepción
de un sujeto de soberbia. Se replica: la concepción del sujeto «trascendental»
no puede ser la concepción de un sujeto de soberbia.
^3. Usted
(primer artículo): si la definición de la filosofía fuese filosofía de
la [107]
filosofía, la definición de la aritmética sería aritmética de la aritmética.
Yo (primera carta): la definición de la aritmética no es aritmética de
la aritmética sino lógica, filosofía de la aritmética. Usted (segundo
artículo): decir que la definición de la aritmética es lógica de la aritmética,
es decir que la lógica crea el objeto de la aritmética y esta ciencia,
«gravísimo error ya refutado».
^ Estos
puntos, pues, me sugieren las siguientes observaciones:
^ I.
Las cuestiones de nombre suelen ser más que meras cuestiones de nombre.
Suelen ser cuestiones por las cosas mismas. En dar a éstas un nombre u
otro suelen expresarse concepciones y aun mentarse cosas distintas. Es
lo que me parece que muestran en nuestro caso las observaciones que siguen.
Aun admitiendo
la concepción de la filosofía de V., la ecuación rigurosa y exclusiva:
filosofía = logos o eidos, insisto en que
hay lugar para una filosofía de la filosofía con sentido. Prescindo de
la cuestión de la imposibilidad, que V. viene a afirmar, o de la posibilidad,
que yo sostendría, de un logos del logos Hay un pasaje en su artículo
en que V. define la filosofía con arreglo a su concepción de [108]
ella: filosofía es determinación de valores. Ahora bien, definición, por
un lado, determinación de valores, por otro, son operaciones ontológica
y lógicamente distintas. Si la filosofía es determinación de valores,
esta definición de la filosofía no es determinación de valores -no es
filosofía: la definición de la filosofía no sería filosofía. Para que
lo sea, como parece que lo es y debe ser considerada, hay que ampliar
la dada definición de la filosofía con un segundo miembro, además de la
determinación de valores, capaz de comprender la definición de la filosofía
y que para mí sería la filosofía de la filosofía. Pero
la verdad es que el sentido de estas observaciones es hacer sospechar,
cuando menos, la insuficiencia, de hecho, de la concepción de la filosofía
como determinación de valores; hacer dudar, siquiera, de la justeza y
fundamento de la exclusividad de la ecuación: filosofía = logos
o eidos. Ella deja fuera de la filosofía en sentido estricto
el filosofar subjetivo. ¿Es suficiente para despachar el problema de lo
que éste no tiene de filosofía, pero sí que tiene de filosofía, decir
«filosofía» y «filosofar», «sentido estricto» y «subjetivo»? Esta observación
conduce a lo que sigue.
Su artículo
tiene el mérito decisivo de [109]
permitir puntualizar con definitivo rigor y claridad lo que nos separa.
No es un nombre, es toda la filosofía que cada uno de los dos profesa.
Para mí, en lugar de psiché y logos, historía
y eidos: logos y eidos en ánthropos = historía.
No distinguir psiché y logos,
historía y eidos, es tener conocimiento del camino recorrido por
la filosofía desde 1896, en que Husserl
hizo la crítica del psicologismo a base de un concepto positivista (el
medio se impone) de la psique como «hechos» psíquicos, del hombre como
especie y realidad «empíricas» -la tesis ya de la mía doctoral, La
crítica del psicologismo en Husserl, de 1928-, hasta nuestros
días, en que se ha llegado a pensar que «humanismo» e «historicismo» no
son «psicologismo» ni «empirismo», que el hombre no es un «hecho», ni
nada «empírico», aunque sea una realidad, una realidad «trascendental»,
no una idealidad, «trascendental», a la cual realidad puede y
debe reducirse esta idealidad sin «psicologismo» ni «empirismo» alguno.
Consecuentemente, la filosofía stricto
sensu y solo sensu, no es su logos o eidos
de V. (en rigor, sí, es el de V., pero el equívoco es demasiado claro
para resultar peligroso), sino una actividad humana y en cuanto tal temporal
e historia. [110]
Historia de la historia tiene sentido como aquella realidad de lo pasado
en lo presente constituye en cuanto tales a lo uno y a lo otro y realiza
el progresus in infinitum de la realidad justamente por medio
de un regresus in infinitum en la conciencia: es la continuidad
misma, real y consciente, de la historia. Ninguna Historia es posible
sin ideas fundamentales, pero la de la filosofía no sin toda una filosofía,
que hace de ella, de la Historia de la Filosofía, no una mera disciplina
histórica, sino una verdadera disciplina filosófica, filosofía. He admitido
la idea de la filosofía como logos o eídos, claramente
tan sólo a efectos del diálogo, no porque la comparta. No la he refutado,
porque no se me ocurrió la idea de rehacer la historia de la filosofía
de los últimos decenios. Lo que nos separa es, pues, toda una filosofía
y fundamentalmente una concepción del logos o eidos,
por una parte, del hombre, por otra. Y como yo pienso, consecuentemente,
con Fichte, «qué clase de filosofía
se tiene, depende de qué clase de hombre se es», querido Larroyo,
haud
de nomine, sed de homine disputatio.
^ II.
Si quiere usted decir que no he aducido nada en prueba de la afirmación:
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filosofía = confesión personal, tengo que dolerme de haberme
expresado tan mal en las conferencias, pues yo creía haber aducido algo,
así con el conjunto de ellas, como particular y expresamente en la última.
Si lo que quiere decir es que lo aducido no fue bastante, estoy conforme.
Mas espero que usted me conceda que seis conferencias para el gran público
no pueden suplir un tratado de filosofía.
^ II.
2. A) Si quiere usted decir que no he aducido nada en prueba de
la afirmación: filosofía = soberbia, no puedo sino repetir
lo inmediatamente anterior. La interpretación de la archikotate
sophía aristotélica, por una parte, y la fenomenología de la soberbia,
por otra, me parecen suficientemente expresivas para que no puedan despacharse
sino con una refutación, como usted gusta de decir, more scholastico,
tan detallada por lo menos como ellas mismas. Si lo que quiere decir
es simplemente que no he dado una interpretación análoga de otros filósofos,
es un hecho. Mas permítame informarle de que es un hecho limitado a
estas conferencias y cartas, ni a mis trabajos privados, ni a todas
mis actividades docentes y de conferenciante.
^ II.
2. B) La concepción del sujeto «trascendental» [112]
no puede ser la concepción de un sujeto de soberbia, en el
sentido objetivo del genitivo: el sujeto «trascendental»
no puede ser un sujeto soberbio. La concepción del sujeto «trascendental»
es la concepción de un sujeto de soberbia, en el sentido
subjetivo del genitivo: el sujeto «trascendental» es concebido
por un sujeto soberbio. Sobre la prueba de esta afirmación
me remito a lo dicho al fin del párrafo aparte anterior.
^ 3.
Decir que la definición de la aritmética es lógica
de la aritmética, no me parece que sea decir que la lógica crea el objeto
de la aritmética y esta ciencia, sino sencillamente que la lógica trata
de definir ontológicamente el objeto definido ónticamente por la aritmética
y de estudiar lógicamente la ciencia aritmética constituida
fácticamente.
Siempre cordialmente
suyo,
José
Gaos
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