Martín I rey de Aragón, nacido en 1356, es el segundo hijo de Pedro
IV el Ceremonioso y de Leonor de Portugal.
El Humano -llamado así por su carácter bondadoso y, también,
por la protección que prestó a las Humanidades-, fue durante el
reinado de su hermano Juan I el Cazador, lugarteniente general
de Aragón, cargo que ostentó hasta que heredase la corona de Aragón
después de que el rey falleciera prematuramente sin dejar descendencia
masculina. La muerte de Juan I sorprendió a Martín en Sicilia, de
donde era gobernador. Hasta el año siguiente no regresó a Aragón,
actuando como regente su esposa María de Luna, condesa de Luna,
con la que se había casado en 1372. De esta unión nacieron cuatro
hijos, pero sólo uno, Martín el Joven -rey de Sicilia por
su matrimonio con María de Sicilia-, llegó a edad adulta. Este matrimonio
constituía un intento de reincorporar Sicilia a los dominios aragoneses
La regente hubo de repeler la invasión a cargo de Mateo Castellbo,
conde de Foix, casado con Juana, la única hija de Juan I y de su
esposa Violante de Bar. Intentaba tomar Cataluña y así, pretender
la corona de Aragón con el afán de defender los derechos sucesorios
de su mujer. Pero sus propósitos fracasaron al ser derrotado por
el ejército del conde Jaime de Urgell en Barbastro en 1396.
Un año más tarde, en 1397, Martín I regresó hacia Barcelona, pero
antes se detuvo en Avignon para entrevistarse con Benedicto XIII,
el papa Luna, pariente de su mujer, para tratar con él el problema
con el Cisma y prestarle su apoyo. En 1399 juraba en Zaragoza los
fueros de Aragón.
Al contrario
que su hermano que se apoyó en la nobleza, Martín I lo hizo en el
pueblo y en la burguesía. Esta actitud de Juan I había facilitado
la formación de sólidos partidos o bandos nobiliarios y los duros
enfrentamientos entre ellos, como fue el caso de los surgidos entre
los Luna y los Gurrea en Aragón o los Centellas y los Soler en Valencia.
Para hacer frente a esta situación, el monarca tuvo que convocar
Cortes y negociar con las distintas estirpes nobiliarias.
La política del reinado de Martín I fue muy activa, pues se tuvo
que atender muchos frentes. En el Mediterráneo nunca descuidó los
asuntos de Sicilia y Cerdeña. Organizó, aunque con escasos resultados,
dos expediciones contra los corsarios de Tremecén en 1398 y Bona
en 1399. Y en el interior, incorporó a la corona el condado de Ampurias
en 1401.
A finales de 1406 moría en Villarreal la reina María de Luna, principal
sostenedora de la política de su esposo, lo que aumentó el descontrol
del reino.
La sublevación en Cerdeña, apoyada por Génova y Francia, fue sofocada
por su hijo Martín el Joven, que venció a las fuerzas rebeldes
en la batalla de San Luri en junio de 1409. Pero unos meses más
tardes una nueva desgracia caería sobre el reino, el Joven fallecía
a consecuencia de las fiebres contraídas durante la campaña. La
muerte de éste convirtió a su padre en rey de Sicilia.
Sin heredero, Martín I, aceptando el ruego de sus consejeros, contraría
segundas nupcias con Margarita de Prades para solucionar el problema
de la sucesión. Pero este nuevo matrimonio no dio el ansiado fruto.
Mientras, el rey presionaba para que los estamentos reconocieran
a Fadrique, hijo ilegítimo de el Joven, como rey. Sus esfuerzos
resultaron infructuosos. En estas circunstancias, la salud del monarca
se fue debilitando y el 31 de mayo de 1410 moría Martín I el
Humano dejando a los miembros de sus reinos la responsabilidad
de elegir sucesor.
El trono quedó sin herederos directos y deseado por muchos pretendientes
iniciándose así un período denominado Interregno o el Compromiso
de Caspe.
Ante esta situación, las
Cortes, reunidas en Alcañiz decidieron intentar nombrar un nuevo
rey. Así se congregaron en Caspe nueve compromisarios para decidir
quien sería el futuro rey de Aragón. El elegido fue Fernando I el
de Antequera, de la casa de los Trastámara.
La decisión de elegir
a Fernando de Antequera fue más por evitar una guerra con Castilla
que por otra cosa y aumentó el malestar dentro de la Corona.
De este modo la rama menor
de la casa de Trastámara quedó instalada también en la Corona
de Aragón. El establecimiento de una misma dinastía en Castilla
y Aragón fue un poderoso factor en el camino de la unificación española.