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Tertulias de Historia

Haciendo memoria. El exilio de 1939
Jueves, 5 de diciembre de 2002, a las 18.00 h (hora peninsular)

Presentación

El tema del exilio de 1939 está de moda. Exposiciones, ediciones y reediciones de libros, documentales, películas, homenajes institucionales y, en general, todo tipo de actos conmemorativos se suman a un reconocimiento público que, por lo tardío, no deja de ser necesario; es un estricto acto de justicia y agradecimiento a las mujeres y los hombres que han vivido un obligado alejamiento de su tierra a causa de una guerra civil que dio el triunfo a los golpistas y condenó a la huida (cuando no a la cárcel, los campos de concentración o la muerte) a quienes habían defendido la forma de gobierno instituida democráticamente: la República.

Les invitamos a participar en esta tertulia, donde, seguramente, no podrán encontrarse respuestas a todas estas preguntas ni a las muchas más que se vayan planteando en ella. La polémica y el debate, eso sí, están garantizados.

El propósito de este encuentro es reflexionar sobre las formas de recuperación de la memoria del exilio de 1939 -sobre todo en España-, pero también desde el enfoque que tienen en los países que les acogieron y desde la percepción que actualmente tiene la juventud sobre el exilio.

Invitados

  • Sebastiaan Faber (Oberlin College, EEUU).
  • Juan Rodríguez (Universitat Autònoma de Barcelona).
  • César Carreras (Universitat Oberta de Catalunya).
  • Teresa Férriz (Universitat Autònoma de Barcelona). Directora del Portal Biblioteca del Exilio. Trabaja en el REDER (Red de Estudios de Difusión del Exilio) y en GEXEL (Grupo de Estudios del Exilio Literario)

Moderadores

  • Juan Navidad (Área de Marketing y Promoción).
  • Antonio Carrasco (Área de Historia).
  • Yolanda Santamaría (Coordinadora del Portal Biblioteca del Exilio).

Otros participantes

En el momento de máxima afluencia participamos 29 contertulios procedentes de cuatro países diferentes (Argentina, España, Estados Unidos e Italia). Junto a los moderadores e invitados, también asistieron: Alcázar, Ana González, Arzak, Camilo, Eugenio, Ezequiel, José María Naharros, Juana, Juani Bernabeu, Lend, Leo y Ague, María, Max, Meritxell, Mertxe, Miguel Espinosa, Opoton, PedroSG, Pilar Pérez, Relativa mente, Samsonite, Virgilio Candela.

Planteamiento inicial de la tertulia

  • Detrás de la aparente pantalla de los reconocimientos, ¿nos estaremos olvidando de escuchar lo que nos dicen los exiliados y las exiliadas, más allá de lo que nos cuentan?
  • ¿Estamos en condiciones de prescindir del vasto y riquísimo conocimiento adquirido durante todas estas largas décadas de vida individual y colectiva fuera de la Península, en contacto con riquísimas culturas?
  • ¿Creéis que su legado nos puede aportar nuevas herramientas y estrategias para encarar individual y colectivamente nuestro presente y ayudarnos a ser, y no solo a estar?
  • ¿Está clara la línea que divide el exilio de la emigración?
  • ¿Cuáles fueron los países donde más intelectuales se exiliaron?, ¿a qué actividad se dedicaron durante el exilio?
  • ¿Cómo recibió la sociedad española a los intelectuales exiliados cuando regresaron?
  • La influencia de la política, la influencia de los intereses políticos, ¿está entorpeciendo una correcta reinterpretación del exilio?
  • ¿Qué percepción del exilio tienen los más jóvenes?
  • ¿Qué papel juega en la percepción del exilio la recepción que se está dando al tema del exilio republicano en los medios de comunicación?

Tertulia

Antonio Carrasco: Vamos a empezar con la tertulia. El título del encuentro de hoy es Haciendo memoria. El exilio de 1939. Para desarrollarlo contamos con una nutrida representación. Presento a los invitados. Está con nosotros Teresa Férriz (Universitat Autónoma de Barcelona, directora del Portal Biblioteca del Exilio. Trabaja en el REDER (Red de Estudios de Difusión del Exilio) y en GEXEL (Grupo de Estudios del Exilio Literario). Buenas tardes, Teresa; y gracias por estar con nosotros.

Teresa Férriz Roure: Hola, y sobre todo gracias a todos los invitados que nos acompañan hoy.

Antonio Carrasco: También participa en el evento Sebastiaan Faber (Oberlin College, EE. UU.). Saludos.

Sebastiaan Faber: Hola, desde un EE. UU. nevado.

Antonio Carrasco: Nos acompaña, asimismo, Juan Rodríguez (Universitat Autónoma de Barcelona). Saludos.

Juan Rodríguez: Hola, buenas tardes y gracias por la invitación.

Yolanda Santamaría: Hola, Sebastiaan. Todo un honor.

Antonio Carrasco: Y César Carreras (Universitat Oberta de Catalunya). Buenas tardes.

César Carreras: Hola a todos. Es un placer participar en esta tertulia.

Antonio Carrasco: A continuación, invito a los demás contertulios a presentarse de una manera rápida y ágil: edad, ciudad (país), profesión. Yo soy Antonio Carrasco, 32 años, Alicante (España), historiador.

Relativa mente: Yo tengo 41 años y soy filólogo. Escribo desde Málaga (España).

Pilar Pérez: Hola, buenas tardes a todos. Escribo desde Alicante. Soy historiadora y me gustaría que esta tertulia fuera amena y aprendiésemos todos. Creo entender que hay expertos en el tema, ¿me equivoco?

Juan Navidad: El tema es apasionante. Hoy estaré sólo un rato, porque estoy malito, pero me leeré la transcripción después. Es lo bueno de estas tertulias. Bueno, tomo también el testigo de Antonio: 32 añitos, desde Alicante (España), dinamizador cultural, poeta, etc.

Juana: María Teresa Bovi, desde Argentina, 38 años, Profesora de Historia y terminando la tesis de Licenciatura.

Leo y Ague: Hola, soy Leo de Valencia, de 31 y estudiante de Educación Social. Y yo soy Ague, 27 años, administrativo y también de Valencia.

José María Naharro: José María Naharro, profesor de la Universidad de Maryland y Alcalá y estudioso del Exilio.

Juani Bernabeu: Hola a todos. 30 años y desde Alicante (Spain).

Meritxell: Hola a todos. Escribo desde Barcelona, tengo 33 años y soy profesora de Filosofía.

Miguel Espinosa: Miguel Espinosa, 58, reserva activa, desde Murcia. Solo soy un modesto amante de nuestra historia más reciente.

Yolanda Santamaría: Yolanda Santamaría, 27 años, soy filóloga y coordino el Portal Biblioteca del Exilio en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Estoy encantada con este proyecto.

Ezequiel: Hola, buenas tardes a todos; encantado estar con vosotros.

Ana González: Hola. Soy Ana González, tengo 27 años, soy licenciada en Ciencias Políticas y Periodismo y ahora mismo doy clase en la Universidad de Génova (Italia), donde hay un grupo que investiga sobre el Exilio.

Virgilio Candela: Hola. Soy Virgilio Candela, becario de investigación, 29 años. Estoy realizando mi tesis doctoral sobre el exilio argentino en la España de la transición. Os escribo desde Buenos Aires.

Relativa mente: Hola, Antonio.

Antonio Carrasco: Saludos, Relativa mente. Bueno, creo que ya estamos todos... Antes de comenzar la tertulia, vamos a presentar la Biblioteca del Exilio. Yolanda...

Yolanda Santamaría: La Biblioteca del Exilio surgió con la intención de crear un portal temático en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes dedicado al Exilio republicano español de 1939.

Teresa Férriz Roure: Creo que, independientemente de que vayamos hablando de unos temas y otros (al fin y al cabo es una tertulia), podríamos tratar los siguientes puntos:

1. ¿Qué os parecen los actos que se están organizando actualmente (exposiciones, documentales, películas...)?

2. ¿Qué opinión os merece la recepción que se está dando al tema del Exilio republicano en los medios de comunicación?

3. ¿Cuál os parece que es la percepción del Exilio entre los más jóvenes?

4. ¿Qué lectura proponéis para una reinterpretación del Exilio republicano en clave de presente y de futuro?

Sebastiaan Faber: Para empezar a contestar la pregunta de Teresa, un aspecto que a mí me interesa es el que toca Juan Rodríguez en su artículo: el del control (o quizás mejor la contención) del legado (político y cultural) del Exilio a través de estos supuestos homenajes/recuperaciones/reediciones.

Juan Rodríguez: Creo que, efectivamente, la pregunta de Teresa sobre los actos que se están organizando se refería a las conmemoraciones de los centenarios e, imagino, especialmente a la exposición sobre el Exilio que se ha podido ver en Madrid estos meses y que ha tenido una gran aceptación del público.

Teresa Férriz Roure: Bueno, creo que ya hay dos buenas opiniones de Sebastiaan y Juan.

Leo y Ague: Hola, Teresa. Quería preguntarte, si sois lo que habéis montado el Congreso sobre los campos de concentración durante y después de la guerra, ¿cómo fue el Congreso?

Antonio Carrasco: Adelante con el tema de los actos de homenaje. Tratemos de mantener el orden que expone Teresa.

Miguel Espinosa: Los actos, tardíos; la deuda contraída con los exiliados llega demasiado tarde.

Candela: OK.

César Carreras: En mi modesta opinión, creo que resulta interesante que haya pasado tanto tiempo para hablar sobre el Exilio sin ningún tipo de censura, y de repente, una vez roto el silencio, parece que todo el mundo, de una u otra manera, esté expresando sus sentimientos contenidos con cierta naturalidad.

Miguel Espinosa: La recepción ha sido bastante buena, gracias en gran parte a la Fundación Pablo Iglesias y a su presidente, [Alfonso] Guerra.

Sebastiaan Faber: El problema de los homenajes, me parece, es que tienden a ser hagiográficos y que, por tanto, no permiten una aproximación seria, crítica. Un homenaje puede también ser una forma de neutralización o apropiación.

Juan Navidad: ¿Qué opináis de la idea que se pretende extender entre la gente joven de que hablar del pasado significa removerlo? ¿No se trata de un planteamiento sibilino de manipulación de la Historia a través del olvido?

Relativa mente: Ah, ¿no se ha hablado del Exilio hasta ahora? Pues yo oigo hablar de él desde la transición, e incluso antes.

Leo y Ague: Pero, ¿no puede ser que mucha de la división que se dio durante la Guerra, se dé en estos momentos al dar una visión parcial, siendo muy interesante que se trate y se trabaje, pero sesgada e incompleta?

Relativa mente: Me parece que la única manera de «homenajear» a los escritores e intelectuales que padecieron el exilio es leerlos. Los festejos, recitales y demás faramalla suelen ser manejos politiqueros.

José María Naharro: ¿Alguien me puede indicar algún homenaje sobre cualquier tema que sea ecuánime y plural? Siento no haber leído los artículos de Juan Rodríguez y Sebastiaan Faber. Por ello, excusadme si repito algo de lo que ya se ha tratado.

Miguel Espinosa: El Exilio empezó el 30 de julio de 1936 con el manifiesto de algunos intelectuales a favor de la República; algunos como Marañón, Pérez de Ayala y Ortega y Gasset se desdijeron.

Relativa mente: Sí, eso es cierto: hay un exilio en el 36 (o a partir del 36). Pero parece que aquí el tema (según se ha reiterado) es el exilio del 39.

Ana González: Estoy de acuerdo en que debe hacerse desde el 36.

Teresa Férriz Roure: Quizás hoy no nos interesa tanto discutir como especialistas si el 36 o el 39, sino ver su impacto en nuestra realidad. ¿No te parece, Miguel?

Antonio Carrasco: Enlazando con el segundo tema que planteaba Teresa, ¿creéis que el Exilio es un tema de moda en los medios de comunicación? Parece que en los últimos tiempos está teniendo una gran acogida (homenajes, noticias...).

Miguel Espinosa: Efectivamente, Antonio: el tema del Exilio está en el candelero.

Juan Rodríguez: Yo, francamente, no veo demasiada repercusión del tema del Exilio en los medios de comunicación (o, por lo menos, no en la mayoría y más mayoritarios).

Sebastiaan Faber: A mí me llama la atención que, al escribir sobre exiliados vueltos en la prensa, su exilio apenas se menciona, se considera un detalle biográfico.

Leo y Ague: Yo creo que hay que ir a buscar los temas y rebuscar, porque siempre están en una disimulada segunda fila.

Teresa Férriz Roure: Juan, ¿no crees que se están haciendo eco de las historias de la gente corriente?

Juan Rodríguez: No sé a qué te refieres, Teresa; para mí todos somos gente corriente.

Teresa Férriz Roure: Me refiero a la historia de las personas anónimas frente a los grandes nombres de escritores, políticos... Unos somos más anónimos que otros.

Juan Rodríguez: El espíritu de mi texto era voluntariamente polémico y pretendía alertar acerca del inusitado interés que están despertando determinados aspectos del Exilio en instancias oficiales y determinados sectores políticos. En mi opinión, la «moda» del Exilio a que alude Sebastiaan en su texto responde a dos intereses coincidentes. Por un lado, el interés de las instancias gobernadas por el Partido Popular es fundamentalmente lanzar una cortina de humo: el reconocimiento y financiación de determinadas conmemoraciones ofrece una apariencia de reconciliación y normalidad democrática que no corrobora la práctica política (y el ejemplo de Cernuda me parece sangrante); por otra parte, el PSOE y su exitosa y tendenciosa exposición (cuyo éxito demuestra, efectivamente, que la sociedad española echa de menos un mayor conocimiento de su Historia) está apoyando un rearme moral (paralelo a la conmemoración del décimo aniversario del 82) de cara a las próximas citas electorales y pretenden que olvidemos con ello lo que dejaron de hacer cuando gobernaron.

Juan Navidad: Juan Rodríguez: coincido en que en España, cuando los políticos entran a «hacer» Historia, es para estropear las iniciativas que plantean los investigadores rigurosos. ¿Cuál es el papel que tienen o debieron tener las universidades en evitar esas manipulaciones electoralistas de los partidos políticos?

Relativa mente: El «impacto» en la realidad es mínimo, Teresa. Y en los jóvenes (si por jóvenes entendemos los que están cursando sus estudios), nulo, o poco menos. Lo cierto es que en los institutos españoles, desde la implantación de la LOGSE, los conocimientos históricos de los alumnos son deslavazados, desordenados y prendidos con alfileres. Mezclan en confuso batiburrillo a Franco con Witiza, y lo del exilio les suena, si les suena, a música celestial.

Juan Navidad: Con la LOGSE sucede como con la enseñanza que recibimos anteriormente quienes pasamos por la escuela o el instituto en España de 1975 a 1990: que, sencillamente, la Historia terminaba en 1936, que era cuando se acababa el curso. Sucedía lo mismo en Literatura y en Historia del Arte. Así, los profesores/as no tenían que ahondar en la herida de la Guerra Civil, etc.

Relativa mente: No exactamente, Juan. La historia se enseñaba «al modo imperial», pero adquiría uno una base «cronológica» para, con poco esfuerzo, hacerse una composición de lugar «a la contra». Ya sabes que la enseñanza en tiempos del franquismo tuvo la virtud de ser vivero copioso de antifranquistas.

Juan Navidad: Sí, Relativa mente; el franquismo produjo antifranquismo, pero la educación tras la transición ha producido grandes ignoradores y olvidadores/as. Mi padre confundía a los musulmanes de la Alhambra con los que trajo Franco en la Guerra Civil; hoy los jóvenes confunden a Gandhi con Eisenhower.

Relativa mente: Hoy los jóvenes no saben quién fue Ghandi y mucho menos Eisenhower.

Leo y Ague: Yo creo que mucho impacto se debe un poco a ir recuperando figuras como los maquis, el papel de las mujeres, la asociación para la recuperación de la memoria histórica, etc.

Pilar Pérez: De la actuación del juez Garzón a nivel internacional, persiguiendo torturadores de las dictaduras argentina y chilena. Cierto es que Garzón trabaja también en la desaparición de los españoles bajo la dictadura argentina.

Miguel Espinosa: Del papel de la mujeres en la Guerra Civil ya hubo un tema monográfico en la Biblioteca Miguel de Cervantes.

Antonio Carrasco: La mujer durante la Guerra Civil Española fue el título de la tertulia del pasado 5 de noviembre. Podéis consultar la transcripción.

César Carreras: Estoy de acuerdo con Leo en que parece interesante que los últimos homenajes son a persona más anónimas del Exilio que a las grandes personalidades.

Pilar Pérez: ¿Qué pansáis acerca de la recuperación de la memoria histórica? ¿Creéis que hoy en día interesa políticamente hablar de ese tema por la gente del PP?

Juana: ¿Cuáles fueron los países donde más intelectuales se exiliaron?, ¿a qué actividad se dedicaron durante el Exilio?, ¿y cómo los recibió la sociedad española a su regreso, si es que muchos regresaron o no?

Leo y Ague: Creo que países como México, con su presidente Lázaro Cárdenas, acogió a todos los españoles que pudo, sin olvidar Argentina y el resto de países.

Opoton: ¿Alguien piensa que el exilio literario español a América ayudó a estrechar las relaciones entre los intelectuales españoles y los americanos, que no hacía mucho habían librado la batalla del tutelaje intelectual hispano, pasando la escarlatina de las ideas francesas, como dijo alguno? ¿O todo esto es una loca idea mía? Aunque, claro, los que siempre vieron a las repúblicas americanas como «pobres hijuelas» de la metrópoli, obviamente, pertenecían al bando de los que no necesitaron exiliarse.

Leo y Ague: Pero, dejando impunes, en vías de la no ruptura o de una transición democrática modélica, a los de nuestro propio país.

Sebastiaan Faber: Claro que el exilio sirvió para estrechar los lazos entre españoles y americanos; pero, al ignorar al exilio después del 78, también se perdió la oportunidad de aprovechar ese acercamiento entre «ex» españoles y americanos. Por otra parte, la política hispanoamericana, después de la transición, en gran medida continúa sobre las bases de la hispanidad franquista (tutela hacia las «hijas» hispanoamericanas, etc.).

Relativa mente: ¿Se ha «ignorado» el Exilio después del 78? No lo creo así, Sebastiaan.

Camilo: No se ha ignorado, pero mucha gente prefirió soterrarlo.

Miguel Espinosa: Entiendo que los grandes intelectuales de la República nunca pudieron silenciarse; hace falta conocer otra parte del Exilio que no tuvo tanto protagonismo, y estos en verdad sí han sido olvidados. En nuestras conciencias está recobrarlos para la Historia.

Relativa mente: ¿Te refieres a exiliados «políticos», a refugiados de a pie, Espinosa?

Pilar Pérez: ¿Hay financiación para sufragar proyectos de investigación sobre el Exilio republicano?¿Cómo han acogido los países americanos a los exiliados españoles?

Antonio Carrasco: Bueno: recapitulemos, que se nos cruzan los temas. Estábamos hablando de la repercusión del tema del Exilio en los medios de comunicación. También podemos tratar el interesante tema de la acogida de los exiliados en los países de destino.

Sebastiaan Faber: Antonio, me parecen dos temas relacionados.

Miguel Espinosa: Latinoamérica fue el paño de lágrimas de los exiliados, especialmente México por la predisposición del general Cárdenas.

Opoton: En Argentina hay que distinguir entre la acogida de los intelectuales, calurosa, y la de las autoridades, que, por ejemplo, tuvo bloqueado durante largas semanas varios barcos de exiliados en el puerto de Buenos Aires.

Sebastiaan Faber: También en los países de acogida ha habido manipulaciones y apropiaciones (por ejemplo en México).

Juana: Candela, ¿qué podés aportar sobre el exilio en Argentina, ya que es el tema en el cual estás investigando?

Teresa Férriz Roure: Sebastiaan, ¿podrías ahondar en cómo se ve hoy al Exilio en México, por ejemplo?

Sebastiaan Faber: Bueno, Teresa, quizá tú misma tienes una idea mejor que yo sobre la visión actual del Exilio en México. Yo me refería al hecho de que, por muchos años, el papel de México durante la GCE, y, después, con el Exilio, le sirvió al PRI para «demostrar» sus credenciales progresistas, a pesar de que, en todos los demás aspectos, ya constituía un régimen conservador, autoritario.

Teresa Férriz Roure: Candela, ¿podrías darnos tu opinión de cómo se ve a los refugiados del 39 y a sus hijos en Argentina hoy?

Juan Navidad: Otra pregunta: ¿hubo categorías o clases de exilio: los privilegiados en Rusia o los vascos en el sur de Francia con un trato preferente frente a quienes fueron a campos de exterminio en Alemania...?

Leo y Ague: Ahondando en la pregunta de Juan, ¿quiénes tenían contactos en Francia y no fueron a esos campos de concentración inmundos en las playas del sur de Francia?

José María Naharro: De acuerdo, Juan y Sebastiaan. Nada de esto me sorprende. Se veía venir. En otro lugar he dicho que estamos en el exiliobusiness y en una época de striptease mediático y de ilusión de triunfo. Al Exilio se le puede dar una pátina de populismo triunfante. Si la recuperación de la memoria intrahistórica es fundamental para ensanchar nuestro punto de vista, los medios de recuperación de esas historias anónimas parecen estar ceñidas a operaciones de «usurpación» de voz y de copyright. (Por ejemplo: la novela de Dulce Chacón, de cuyo título me cuesta acordarme y cuyo texto me cuesta leer)

Relativa mente: Algunos son algo menos corrientes, Juan. Pregúntale a Francisco Ayala, que rehúye homenajes y manipulaciones, desde su ancianidad lúcida.

Teresa Férriz Roure: Muy interesante el caso de Francisco Ayala, al que aludes, Relativa mente.

Sebastiaan Faber: Ayala ha querido desvincularse del «Exilio» como tal, ¿no es así?

Miguel Espinosa: Es el único de los exiliados que se atrevió a volver a España. Max Aub lo hizo cuando el dictador estaba agonizante y escribió un espléndido libro, La gallina ciega.

Relativa mente: Miguel: Max Aub no fue el único que volvió antes de la muerte del dictador, amigo.

Miguel Espinosa: Ya lo sé; pero había perdido su fuerza de dictador.

Sebastiaan Faber: Vale la pena contrastar la «vuelta» de Aub en el 69 con la de Ayala mucho antes y comparar, en función de ello, la recepción que han tenido los dos en la España democrática.

José María Naharro: Respecto de Ayala, os envío al primer capitulo de Entre el exilio. Creo que el rechazo de Ayala del exilio fue precisamente muy interesado: era la única forma de recanonizarse en una tradición ajena a dicho exilio.

Juan Rodríguez: Pero quien decide que algunos sean menos corrientes que otros son los que aceptan pagar cachés como el de Francisco Ayala. Me parece muy bien que se destaque la historia de la gente corriente para evidenciar que la historia de gente tan poco corriente como Francisco Ayala es, en el fondo, tan semejante a otras, excepto que haya gente dispuesta a pagar.

Sebastiaan Faber: De acuerdo con José María Naharro sobre Ayala, con lo que se ha podido perfilar en un exiliado «políticamente correcto».

José María Naharro: Sí. La vuelta de Aub es precisamente la otra cara de la moneda. Leed la reseña de Ayala a La gallina ciega, de Aub, en Ínsula: no tiene desperdicio; es el Fernández Almagro de Las vueltas.

Juan Navidad: En ese sentido, ¿está clara la línea que divide el exilio de la emigración? Aunque no voy a entrar en el tema, en estos momentos creo que se está manipulando a la gente con el famoso «exilio» vasco actual. Hay muchas personas que nos hemos ido de la Comunidad Autónoma Vasca y no somos exiliados.

Teresa Férriz Roure: ¡Uf! Juan, esto sí es otro tema...

Relativa mente: Y hay otros que sí, sr. Navidad. También en tiempos de Franco había gente que se marchaba al extranjero a trabajar sin más.

Teresa Férriz Roure: Que somos críticos, no hay ninguna duda. Entonces, ¿cuáles son vuestras propuestas? ¿Qué hacer, si es que cabe hacer algo, desde la Universidad, desde los medios de comunicación, desde la escuela...?

Miguel Espinosa: Teresa: divulgación, que el silencio no se produzca.

Antonio Carrasco: Retomamos un tema que ya avanzó Teresa: el conocimiento del Exilio por la juventud. ¿Creéis que es un tema ajeno a los jóvenes? ¿Es un problema educativo o es también fruto de la relativa estabilidad política de España?

Juan Rodríguez: Lo importante, a mi modo de ver, es la lección histórica que podemos extraer no solo del Exilio, sino de la experiencia de la República y de la Guerra (a veces me parece bochornoso tener que seguir recordando que aquel exilio fue político y afectó a los más avanzados de nuestra Historia). Para ello, tanto valen las experiencias de la «gente corriente» como la recreación literaria que puedan hacer de ellas los «menos corrientes» (y hay que recordar que el exilio provocó que mucha «gente corriente» tomara la pluma para explicar su historia). Y en eso nuestra democracia tiene todavía un déficit y una asignatura pendiente.

Relativa mente: Bueno, ¿y qué me decís del papel del Partido Comunista como aglutinante y referencia de una nada desdeñable parte del Exilio? ¿Y de la defensa por parte de muchos exiliados de regímenes liberticidas que, a su vez, producían numerosos exiliados jamás valorados por la izquierda europea? Es decir: los que abominaban del régimen de Franco, pero abrazaban la tiranía soviética y machacaban a los disidentes del Este, a los que negaban el pan y la sal. (No hablo de todos los exiliados españoles, pero sí de muchos, el excelso poeta Alberti entre ellos). Porque la condición de exiliado no garantiza la integridad moral de nadie, tristemente.

Juan Rodríguez: Tampoco la condición de no exiliado.

Relativa mente: Exacto, Juan.

Miguel Espinosa: Relativa mente: hablas de un tiempo donde la mayoría de los intelectuales era simpatizante de la URSS. Tengo referencia de que incluso García Lorca perteneció a la Asociación de Amigos de la URSS.

Relativa mente: Hablo de todos los años que fueron desde la Revolución soviética hasta la caída del Muro de Berlín, Miguel. En términos de exilio español, desde el 36 en adelante.

Sebastiaan Faber: Hay que recordar que hay muchos exilios políticos (el comunista, el liberal, el socialista) y los supuestamente «apolíticos» -lo que también significa que, hoy, las «recuperaciones» se pueden construir según los intereses del que las realiza.

Juan Navidad: ¿El hecho de que en España no se le dé la nacionalidad española a los descendientes que son nietos de los exiliados es quizás una manera no solo de que no puedan venir a España a vivir, sino también de que no nos recuerden día a día con su presencia el sufrimiento del exilio? Parto del hecho de que muchos de los exiliados que se fueron o sus hijos puede que no quieran volver o venir, pero sus nietos, más jóvenes, podrían tener interés...

José María Naharro: De acuerdo con Juan. En esas memorias anónimas encuentro lo que la desfamiliarización estética o la deformación profesional nos ocultan a veces. Creo que los momentos más extraordinarios de toda mi vida los he tenido en las conversaciones con estos seres tantas veces anónimos y un gran interrogante para mí es cómo retomar este discurso.

Sebastiaan Faber: Una recuperación verdadera, completa, del exilio también permitiría ese tipo de critica, cosa que los homenajes no suele permitir. No se trata de santificar, convertir en piezas de museo, sino de asumir íntegramente, con defectos y todo.

Antonio Carrasco: Siguiendo las líneas que marcó al principio del encuentro Teresa: ¿creéis que es necesario en la actualidad acometer una reinterpretación del exilio republicano?

Teresa Férriz Roure: Ligando con la visión de los jóvenes y la cuestión de la difusión del tema, se ha organizado una exposición virtual sobre fotografías de los niños de la Guerra. Me gustaría que César Carreras, uno de sus impulsores, la presentara brevemente.

César Carreras: Bueno, Teresa: la exposición se titula Memorias de la infancia: los niños de la guerra y se puede encontrar en http://oliba.uoc.es/nens. Está tanto en español como en catalán, y pretende recuperar esa memoria de «gente corriente», en este caso a través de los ojos de los niños que se fueron evacuados.

Relativa mente: Yo creo que, en principio, hablar de «el exilio» está bien para delimitar el fenómeno. Pero los exiliados son múltiples y variados, y no admiten reducción ni por modo de vida tras salir de España, ni por «compromiso», ni por «añoranza», ni por casi nada.

Juan Rodríguez: Excepto por su compromiso republicano.

Relativa mente: ¿Se trata de «añorar» la República o de homenajear «humanamente» a personas que sufrieron las consecuencias de la Guerra? La República tal vez tenga aspectos añorables, pero me parece que la España actual es superior en casi todo (salvo en el nivel intelectual de gran parte de los dirigentes y en el vigor cultural de las élites de entonces).

Miguel Espinosa: La URSS fue en aquel tiempo el faro de las clases desfavorecidas; después, la realidad demostró que ese paraíso fue flor de un día, y yo fui de los que lloraron su desaparición.

Relativa mente: Lo de «flor de un día» fue una dictadura feroz que duró 80 años, señor Espinosa.

Juana: Cristian Buchrucher, Susana Dawbarn, Jorge Saborio y Carolina Ferraris, en El mundo contemporáneo: Historia y Problemas, dirigido por Julio Aróstegui y otros, da una cifra aproximada de 430 mil exiliados. Sí que es una cifra alta y no creo que hayan alcanzado a más de un 20% los exiliados intelectuales. ¿Y de los otros exiliados?, ¿los medios de comunicación en España también los recuerdan? Es simplemente una pregunta, ya que no sé qué tipos de homenajes o difusión de los mass media se está llevando a cabo en España.

Juan Rodríguez: Se trata de conocer nuestra Historia y rescatarla de la manipulación y el olvido.

Juan Navidad: ¿Se fueron los/as mejores?

Juan Rodríguez: Yo no hablaría en términos de «mejores» o «peores». He hablado de «los más avanzados» (política y estéticamente), y eso me parece que es tan indiscutible que alguien tan poco sospechoso de «rojo» como Torrente Ballester lo reconoció hace muchos años.

Miguel Espinosa: Se fueron los mejores, Juan: casi toda la Generación del 27 y algo del 98.

Relativa mente: Se fueron muchos de los buenos, pero también se quedaron bastantes muy valiosos.

Juan Rodríguez: Todos fueron valiosos, según para qué.

Relativa mente: Y del 27 se quedaron Dámaso y Gerardo Diego; regresó Jorge Guillén, y Vicente Aleixandre también estaba (aunque en casa)...

Sebastiaan Faber: Parte de la mitificación del Exilio (por los propios exiliados) fue la idea de que se fueron «todos los mejores».

Miguel Espinosa: ¿Como cuál? Foxá, Ridruejo, de la Serna, Rosales, Manuel Machado, Lain, Entralgo, Tovar, Sánchez...

Ana González: Estoy de acuerdo en que se quedaron algunos de los «mejores».

Relativa mente: Baroja siguió en España; cabreado con todos, por cierto.

Juan Rodríguez: E ignorado por todos.

Relativa mente: ¿Baroja, ignorado? Se le sigue leyendo. Es el autor más leído del 98 hoy día.

Juan Navidad: Una pregunta matemática exótica: ¿la España de hoy es consecuencia de lo que quedó del imperialismo hispano franquista+una transición cerrada en falso+una cultura del título sin contenidos+una Europa que nos viste y nos quita la boina+un poco de inglés, y somos «lo de siempre»?

Relativa mente: ¿Por qué dices que la Transición se cerró en falso, Juan? Me parece muy discutible eso.

Miguel Espinosa: Porque así fue. Solo la dejación de los partidos de izquierdas permitió aquella modélica transición; al fin, tenemos un rey que puso Franco y que juró y desjuró los principios fundamentales del Movimiento.

Sebastiaan Faber: La fórmula de Juan me parece bastante exacta (pero hay que tomar en cuenta que no soy español ni vivo en España).

Juan Navidad: Relativa mente: esta Tertulia Virtual tiene la virtud o defecto de que siempre acabamos hablando de la Transición. Os lo pregunto a todos/as: ¿se cerró en falso?

Juan Rodríguez: Yo creo que aún no se ha cerrado.

Sebastiaan Faber: Y si se ha cerrado, hay que reabrirla...

Juan Navidad: El problema es que estamos vendiendo a Latinoamérica un modelo que no fue infalible en absoluto.

Relativa mente: Pues no, Juan; no se cerró en falso. Se cerró de la mejor manera que podía cerrarse. Salvo para los que querían reventar la paz, claro. No se quedaron contentos los antidemócratas de derecha ni de izquierda.

Miguel Espinosa: ¿Qué puso la derecha? Los únicos que apoyaron la larga noche franquista.

Juan Rodríguez: Se cerró como impusieron los vencedores del 39.

Relativa mente: Coño, Juan: ¿y el PCE (que firmó la Constitución) fue vencedor del 39?

Juan Rodríguez: Yo no tengo nada que ver con el PCE.

Relativa mente: Ya, Juan Rodríguez; pero es que, como dices que la Transición la hicieron los vencedores...

Miguel Espinosa: Relativa mente: creo que no pones atención a la pantalla. La dejación de la izquierda posibilitó la Transición, incluso el PSOE y el PC, republicanos por tradición, aceptaron una monarquía impuesta.

Relativa mente: ¿Te parece mal nuestro modelo de transición? Propón algo mejor, Juan; o te tendré que tachar de diletante.

Juan Navidad: Eso de que fue la mejor de las transiciones posibles no es cierto. La Constitución no es la mejor de las posibles (con rey gratis) y la separación de poderes tampoco. Pero, una vez más, no es el tema del día.

Relativa mente: No es el tema, Juan Navidad; pero tú lo has sacado...

Miguel Espinosa: Efectivamente, Juan; si a los españoles se nos robó una república, lo lógico hubiera sido someterla a referéndum.

Teresa Férriz Roure: Las conversaciones paralelas del principio parece que se van centrando en el tema de nuestro presente. Después de una hora, me gustaría oír algunas conclusiones sobre las formas de hacer memoria del Exilio para, después, poder continuar la conversación por donde mejor os plazca.

José María Naharro: Juan, ¿es posible no manipular la Historia? Por muy buenas intenciones que se puedan tener, por ejemplo este foro, y supongo que el medio nos condiciona (brevedad, rapidez de respuesta, variedad de temas), pero los árboles de cada uno nos impiden, a veces, ver el bosque de los otros. Es decir, que, aunque partamos de ciertas premisas inalterables (golpe de estado contra las instituciones republicanas, etc....), pienso que es importante ahora, y con ello respondo a Teresa, no solo continuar contando y recontando estas historias, sino advertir los problemas que se plantean cuando las contamos y las recontamos.

Juan Rodríguez: Evidentemente, y respondo a José María Naharro, la Historia siempre se cuenta desde el punto de vista que adopta el historiador. Pero la multiplicación de puntos de vista o de perspectivas es la que nos puede dar un conocimiento mayor de la Historia, y eso es algo que yo echo de menos en las «recuperaciones» del Exilio.

Ezequiel: Yo creo que el Exilio se debate entre varias realidades: la realidad de la España republicana, la realidad de la España franquista, la realidad plural en la que el Exilio se inserta, la realidad de la España actual que intenta recuperar esa historia del Exilio... Creo que todo eso hace que el Exilio sea todavía un tema «cargado» y difícil de encajar, y siempre estamos sometidos a la terrible tentación de juicios anacrónicos.

Juan Navidad: Creo que lo ideal es proponer un sistema u otro (monarquía o República) y, después, Cortes Constituyentes. Lo que pasaba es que a Adolfo Suárez le habían prometido una ínsula...

Relativa mente: Juan: te recuerdo que la Constitución se aprobó en referéndum, y que la izquierda mayoritaria la aprobó.

Miguel Espinosa: Creo haberlo dicho antes.

Relativa mente: Si la aceptaron, es que no es impuesta... Así que déjate de logomaquias.

Juan Rodríguez: ¿Había alternativa?

María: Habría habido alternativa. Que no la hubo.

Juan Navidad: Porque iba con trampa: era o eso o las incógnitas, y nadie quería incógnitas. Como la falacia del referéndum de la OTAN; el mismo procedimiento: «¿acepta la entrada a la OTAN de España en las condiciones negociadas?». Digas sí o no, es sí.

Relativa mente: Pues sí: los falangistas y el búnker pedían un regreso a la «democracia orgánica», y cierta izquierda (muy minoritaria) quería la revolución bolchevique. La mayoría de los españoles prefirió la Constitución.

Miguel Espinosa: Estonces, ¿tú de verdad crees que el pueblo español votó la Constitución con conocimiento de causa? A nosotros nos dieron una democracia; nosotros no la elegimos, porque no teníamos esa cultura.

Relativa mente: Yo creo que sí, que votaron con conocimiento de causa, Miguel. La gente no quería revoluciones ni dictadura. ¿O es que la gente es tonta y el listo eres tú?

Miguel Espinosa: ¿Tú crees que todos los españoles leímos la Constitución?

Relativa mente: La leyó el que la quiso leer. Yo la leí.

Miguel Espinosa: Entonces, sin leerla, ¿cómo la aprobaron masivamente?

Relativa mente: Miguel: los partidos se encargaron de publicitar la Constitución suficientemente. Tanto a favor, como en contra. Por cierto, ETA ya mataba entonces «contra» la Constitución.

Miguel Espinosa: Relativa mente: ETA empezó a matar en 1968, y eso no entra en temario.

Relativa mente: No hablemos de ETA, Miguel, si no quieres. Pero no he hablado de cuándo empezó, sino de que mataba, y mata, CONTRA la Constitución.

María: No empecemos ahora con ETA... Los vascos no votaron la Constitución.

Relativa mente: María: eso es falso; en el País Vasco, a pesar de las amenazas de muerte, salió SÍ en el 78.

Antonio Carrasco: Bueno, creo que podríamos volver al tema del Exilio...

Juan Rodríguez: De acuerdo.

Relativa mente: Volvamos.

Antonio Carrasco: Sigamos las indicaciones de Teresa, porque nos estamos desviando del tema central de la tertulia.

Ana González: Bueno, yo me despido, porque en Italia hace tres horas que ha anochecido. Muchas gracias por esta oportunidad, y espero tener la posibilidad de repetirla pronto.

Relativa mente: Buenas noches, Ana González.

Juan Navidad: Esperamos volver a verte, Ana. Ha sido un placer.

Teresa Férriz Roure: Hasta luego, Ana González; y gracias por tu asistencia.

Antonio Carrasco: Hasta pronto, Ana; muchas gracias. Ha sido un placer tenerte con nosotros. Veamos conclusiones sobre las diferentes formas de hacer memoria del Exilio...

Sebastiaan Faber: Para volver al tema, me parece acertado el comentario de José María Naharro: hacer memoria no se puede hacer ingenuamente; contar y recontar siempre implica una manipulación -también si lo hacemos los «expertos»...

Antonio Carrasco: Nos quedan diez minutos de tertulia...

José María Naharro: Respondamos a Teresa.

Sebastiaan Faber: La pregunta es: ¿cómo hacer memoria de buena fe, sin traicionar el legado múltiple del Exilio y sin dejar de reconocer su gran diversidad, incluidos sus defectos (automitificación, alianzas políticas dudosas, arteriosclerosis ideológica...)?

Antonio Carrasco: ¿Creéis que la influencia de la política, de los intereses políticos, está entorpeciendo una correcta reinterpretación del Exilio?

Relativa mente: Sí, Antonio; lo creo.

Sebastiaan Faber: Más que «correcta» reinterpretación, yo hablaría de una reinterpretación «honesta».

Antonio Carrasco: Estoy de acuerdo con tu «corrección», Sebastiaan.

Teresa Férriz Roure: Lo más interesante del debate -además de lo que hemos ido diciendo sobre el Exilio, naturalmente- es que lo que nos interesa es lo que tenemos más cerca, nuestra Transición. Eso significa -quizás- que no se puede entender el presente sin el Exilio.

María: Probablemente, Teresa, tengas razón, pero quizás si aproximamos tanto el Exilio a la Transición sea porque actualmente tenemos (o tengo) la impresión de que oficialmente -políticamente- se está robando la memoria a la sociedad (y casi diría que a los historiadores).

Juan Rodríguez: En relación a la tercera cuestión que planteaba Teresa, la del conocimiento del Exilio por parte de los jóvenes, mi experiencia como docente es que, si bien conocen algunos nombres, muchas veces ni siquiera relacionan esos nombres con el Exilio, y a muchos otros los desconocen por completo.

Juan Navidad: No creo que te falte razón, María. Ahora parece que la Historia se escribe en los medios de comunicación y los documentales de Historia. La Historia contemporánea en ese sentido es fácil de manipular combinando medias verdades de cosas que nos pasan o han pasado y son cercanas.

José María Naharro: Juan: de acuerdo. Hasta cierto punto las exposiciones actuales son saludables, aunque cada uno de nosotros la hubiera hecho de su punto de vista. Obviamente, el problema es que solo se hace una exposición, y quizá esa será la imagen que quede en los muchos que irán a verla. De los entresijos habrá que seguir trabajando por si algún día lee unas líneas el poeta futuro del que hablaba Cernuda.

Relativa mente: Sí, María; la memoria (no solo del último Exilio, sino de la Historia en general) se está robando a las nuevas generaciones con los nefastos planes de estudios y sistemas educativos que han entrado en vigor con la LOGSE.

Antonio Carrasco: Terminaremos en cinco minutos. Es el momento de las conclusiones. ¿Queréis añadir algo más? ¿O señalar los aspectos más importantes del debate?

Miguel Espinosa: Creo que, antes de retirarme, quiero dejar presente que intelectuales de la talla de Madariaga, Albornoz y el tímido Azorín buscaron el plácido exilio de Francia, después cantaron al sátrapa: no todo el Exilio fue edificante. Además, quiero decir a Relativa mente que los vascos no aceptaron la Constitución.

Juan Rodríguez: Yo no creo que Azorín sea un exiliado republicano. Fue un refugiado durante la Guerra y volvió con todos los honores.

Relativa mente: Y dale, Miguel. En el 78 en las tres provincias vascas el SÍ fue mayoritario (a pesar de que ETA «recomendó» no votar).

Teresa Férriz Roure: Por mi parte, querría agradeceros la participación de todos y todas en esta experiencia (especialmente a los invitados de la REDER).

Sebastiaan Faber: Gracias a vosotros; ha sido un placer. Continuemos el diálogo en REDER.

Juan Rodríguez: Gracias a todos y a todas.

Leo y Ague: Creo que salgo un poco decepcionado de esta tertulia, ya que creo que se ha ido a derroteros diferentes del título. Por ejemplo, creo que se han nombrado a más intelectuales que se quedaron dentro de España que los que forzosamente tuvieron que salir del país dejándonos un poco huérfanos.

Relativa mente: Haberlos nombrado vosotros, Leo y Ague...

Leo y Ague: Pero ha sido un placer estar aprendiendo con todos vosotros.

María: ¿Cuándo es la próxima tertulia?

Juan Navidad: María: en estos momentos no hay ninguna tertulia a la vista, pero puedes recibir información si te suscribes a las Noticias de la Tertulia.

María: Gracias.

Miguel Espinosa: Creo, Navidad, que habría que desglosar en futuras tertulias una de las partes del Exilio; su importancia es tan amplia que difícilmente tiene cabida en un programa tan limitado en el tiempo como este.

Juan Navidad: Bueno, Miguel: creo que hemos hablado de todo el Exilio (de manera somera). En futuros encuentros podemos centrarnos en aspectos concretos.

Antonio Carrasco: Muchas gracias a todos los participantes. En especial, a Teresa Férriz. Ha sido todo un placer contar con los invitados de hoy. En mi opinión, ha sido un debate fluido y enriquecedor (pese a las múltiples líneas de conversación).

Relativa mente: Eso es inevitable, Antonio. Estamos demasiados y cada uno es de su padre y de su madre... ¡Y esto es Internet!

Antonio Carrasco: Sí, así es; y creo que así será.

Teresa Férriz Roure: Las conversaciones paralelas tienen estas limitaciones, pero, como dice José María, lo ideal es poder dar numerosos puntos de vista. Y aquí han quedado patentes unos cuantos.

Ezequiel: Creo que este tema, afortunadamente, puede ser inagotable, y posiblemente fuera bueno acotar algunos campos para no mezclar tantos temas a la vez en una próxima tertulia. Gracias a todos. Buenas tardes.

Juan Navidad: Tienes razón, Ezequiel. Siempre tratamos un tema general, y después vamos profundizando en diversos enfoques. Lo haremos también con el Exilio.

Yolanda Santamaría: El tema del Exilio es muy amplio y es verdad que ha quedado mucho de qué hablar, pero ha sido un placer empezar con esta aproximación. Muchas gracias a todos y un saludo.

Miguel Espinosa: Yolanda: estoy de acuerdo con tu aserto: del Exilio, hoy, en el año 2002, apenas se ha dicho nada. España continúa sin saber su Historia.

José María Naharro: Gracias a todos y hasta otra.

Lend: Buenas tardes.

Antonio Carrasco: Hola, Lend.

Relativa mente: Hola, Lend.

Juan Navidad: No dejéis de acceder al Archivo personal Carlos Esplá, que contiene muchos documentos y publicaciones sobre el Exilio.

Miguel Espinosa: El archivo de Carlos Esplá es magnífico. Son ramas que van a parar al tronco, Juan.

Juan Navidad: Muchas gracias, Miguel. Hay ya dos mil documentos, muchos de ellos inéditos y muy valiosos para el investigador y la investigadora.

Miguel Espinosa: Investigo bastante en ese fondo, Juan. Larrabide pasó para Madrid.

Juan Navidad: Eso creo. Estos días está por allá.

Miguel Espinosa: Sí, me dejó algo de la Fundación Miguel Hernández.

Juan Navidad: Está trabajando, parece que bien, en la Fundación. El sueño de su vida.

Antonio Carrasco: La transcripción de la tertulia de hoy aparecerá publicada en breve en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Podrán acceder a ella desde la página de Tertulias Virtuales, desde la Biblioteca del Exilio y desde la Sección de Historia. Muchas gracias a todos por vuestra participación.

Juana: Hasta la próxima, Antonio.

Yolanda Santamaría: Y esperamos que sigáis consultándonos en nuestra Biblioteca del Exilio. Aceptaremos vuestras sugerencias encantados. Hasta pronto.

Juan Navidad: Muchas gracias a todos/as por participar. Ha sido un placer.

Juana: Chau a todos y a todas. Espero que te mejores, Juan; aunque tan malito no estás, ya que te hablaste todo, ja ja ja.

Juan Navidad: Es cierto, Juana; al final me he tomado la tertulia enterita.

Leo y Ague: Bueno, adéu y hasta la próxima.

Relativa mente: Adiós a todos.

Juan Navidad: ¡Hasta otra! Chao.

Juana: Adiós a todos y todas; y, si no hay otra tertulia en el mes, aprovecho para desearles Feliz Navidad y Año Nuevo. Un beso.

Juan Navidad: Gracias, Juana. Lo mismo te deseo. Me retiro ya. Hasta otra.

Miguel Espinosa: Juana: yo sólo celebro el 14 de abril. Cuando llegue esa fecha, acuérdate.

Antonio Carrasco: Bien. Damos por concluida la tertulia. Muchas gracias a todos y hasta la próxima.

Recursos

A continuación, se incluyen algunos fragmentos de artículos de nuestros invitados a la tertulia virtual que son un buen punto de partida para la polémica y la discusión. Al final incluimos la de la exposición virtual «Recuerdos de nuestra infancia: los niños de la guerra», que se inaugurará en Internet las próximas semanas. La dirección, por si queréis visitar la demo, es: http://oliba.uoc.es/nens (es la versión en catalán; la traducción al castellano estará operativa en unas semanas).

*  *  *

La cuestión fundamental me parece la siguiente: ¿cómo recordar y recuperar el legado del exilio sin traicionarlo humana, política y culturalmente? ¿Qué significa recordar y rendir tributo al exilio, hoy? En vista de las muchas «recuperaciones» recientes, no puedo evitar la sensación -y estoy seguro de que no soy el único- de que se va falsificando, traicionando el pasado para adaptarlo a las necesidades -comerciales y políticas- de hoy.

Pero vale la pena indagar el cómo y por qué de esta sospechada falsificación.

A mi ver -pero puedo equivocarme- una recuperación «fiel» del exilio (o quizá sencillamente una recuperación de buena fe) tiene, en primer lugar, que reconocer al exilio COMO EXILIO, es decir: como algo que, aunque constituye un episodio absolutamente esencial en la historia española, ya no puede ser asimilado completamente a ella. Hay que reconocer, por tanto, al exilio y a los que lo integraron en toda su irreducible «otredad». Para tomar un ejemplo literario, no basta con tomar a figuras como Aub o Sender o Barea y reintegrarlos en las historias de la literatura como nada hubiera pasado: la experiencia del exilio los marcó a ellos y su obra y, en cierta medida, los ha acabado por desespañolizar: en cierta forma ya no «caben» dentro de la historia de la literatura española. Aub pertenece a la literatura española, sí, pero también a la mexicana (e incluso, en cierto sentido, a la francesa y alemana). De la misma manera, no pueden considerarse las producciones culturales del exilio sin tomar en cuenta las circunstancias políticas que las motivaron: como ya decía Paulino Masip en 1939, TODO lo que produce el exiliado político es necesariamente político. En segundo lugar, por tanto, cualquier intento por recuperar o rendir homenaje al exilio tiene que reconocer esta dimensión política como una dimensión fundamental. Esto no significa dejar de reconocer la tremenda diversidad política del exilio -y el hecho de que muchos exiliados, a pesar suyo, preferían verse a sí mismos en gran medida como «apolíticos» (pienso, por ejemplo, en los intelectuales que acabaron en Estados Unidos, como Salinas, Guillén, Castro, etc). Pero me parece obvio que varias de las «recuperaciones» realizadas durante los últimos años han acabado por intentar despolitizar el exilio, presentándolo como un fenómeno puramente «cultural» o «literario». (En este marco, cabe preguntarse si el gobierno actual de España tiene el derecho de recordar el exilio, de rendirle homenaje. El asunto es complejísimo, claro, porque puestos a pensar en esos términos, si el PP no tiene ese derecho, ¿quién lo tiene? ¿El partido socialista? Se podría argüir que también el PSOE lo ha perdido. Otra forma de plantear el asunto sería preguntarse quién encarna, hoy, los múltiples legados éticos del exilio. ¿IU? ¿Las ONG? ¿El movimiento antiglobalización? ¿Y qué papel en todo esto tenemos los investigadores académicos? ¿El exilio nos «pertenece» más a nosotros que, por ejemplo, a un periodista al que se le ocurre escribir una novela sobre el tema?). Para terminar, algunas preguntas relacionadas: ¿por qué, de repente, el exilio está tan «de moda»? ¿Es, como sugiere el New York Times, una señal de la SALUD de la democracia española? ¿O, por el contrario, es síntoma más de su incurable neurosis o morbosidad? ¿Cómo debemos interpretar el hecho de que, cada vez más, las experiencias dramatizadas, ficcionalizadas (novela, docudrama, telenovela) van sustituyendo las experiencias auténticas de los propios exiliados?


Sebastiaan Faber

*  *  *

Estos primeros años del siglo XXI -y los últimos del XX- son años de conmemoraciones en el ámbito del exilio republicano. Es lógico, pues el núcleo central de aquellas mujeres y hombres que protagonizaron una de las transformaciones más importantes que ha vivido este rincón del mundo que llaman España, cumpliría ahora cien años. Y en estos primeros del siglo XXI en que los centenarios se han convertido en cuestión de Estado -a tal efecto se ha creado la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales- parece resultar bastante rentable políticamente destinar una partida del presupuesto a recordar el nacimiento de algún escritor republicano exiliado.

A veces los centenarios incluso sirven para algo. El de Luis Cernuda, que se conmemora este año, ha servido, por ejemplo, para que dos ilustres lectores mundialmente reconocidos, Harold Bloom y José María Aznar -en orden alfabético inverso- hayan descubierto la obra del escritor. Les envidio la iluminación del descubrimiento, aunque nunca podrán experimentar la emoción de una lectura adolescente del poeta y crítico sevillano. Pero alegrémonos, por fin Luis Cernuda ha subido a los altares de la gloria literaria, como si aquí en la tierra fuera ya sobradamente conocido, aunque la obra del sevillano no sea de las menos leídas en los últimos veinte años por los españoles.

Otra estrella emergente en el horizonte del espectáculo, a juzgar por lo caros que se han puesto sus libros y lo difícil que resulta encontrar algunos de ellos en las librerías, ha sido Max Aub, recientemente admitido en la constelación Balcells y a quien Harold Bloom está empezando a descubrir gracias al patrocinio y el respaldo personal de Josemaría Aznar, flamante presidente de Honor del Comité Organizador del centenario que se celebrará el año próximo. Mejor suerte ha tenido, sin embargo, Rafael Alberti, quien en penitencia por haber sido republicano y comunista mientras tuvo uso de razón, podrá admirarse desde el Parnaso de que la comisión de su centenario tenga como presidentes de honor a «sus majestades los Reyes».

Ignoro si el entusiasmo de tan ilustres lectores les llevará algún día a regalar a sus nietos adolescentes la obra de estos autores, pero por el momento la relación entre el dinero invertido, con el beneficio económico y político que genera, y el aumento del número de lectores parece proporcionalmente inverso; y no porque no exista la posibilidad de encontrar algunas de sus obras en las librerías, sino porque la mercantilización de éstas, basada en el control sobre su propiedad, las convierte en un objeto de «lujo», de prestigio en el espectáculo cutural destinado al consumo de una minoría ilustrada.

Mientras se potencia y explota a estas estrellas del espectáculo, la inmensa mayoría de escritores que vivieron aquel exilio, de talantes y estilos muy diversos pero con una condición de derrotados en una contienda civil que les vincula, permanecen en el mismo limbo cultural en que, como vieron no pocos, ya estaban en 1939. Ya entonces se preguntaban acerca de su vinculación con el territorio y el público que habían tenido que abandonar, conscientes de que, aunque sus vivencias y expresión eran españolas, su condición de exiliados les vetaba a los lectores españoles, sus lectores naturales. Años después, cuando el dinero norteamericano confirmó lo que ya se sospechaba (que la comunidad internacional vinculada a los intereses de ese dinero no iba a presionar a favor de la caídad del régimen franquista), algunos, los más optimistas, decían que, en realidad, escribían para los españoles del futuro, con la esperanza de que su testimonio les sirviera para aprender de las experiencias y no repetir los mismo errores históricos. Sesenta y cinco años después, los nietos de aquellos españoles oprimidos apenas han podido leer este legado, están tan lejos de él que la mayoría ni siquiera conoce su existencia. Si tenemos en cuenta que, además, tanto las directrices educativas como la presión social y simbólica han contribuido a alejar a muchos de nuestros jóvenes de la lectura, el resultado es a todas luces catastrófico.

.........................

No dudo de la buena fe y pragmatismo de quienes creen que los fastos y celebraciones de los centenarios, la edición de catálogos y obras completas -a veces expurgadas- a precios exorbitantes y/o sin apenas distribución, contribuyen a un mayor conocimiento de la obra literaria del exilio, ni siquiera de la obra literaria del escritor homenajeado, en cuanto que, generalmente, la finalidad de esas actividades espectaculares es sustituir la presencia real, textual, de un autor entre los lectores. Siquiera a quienes nos dedicamos a la investigación nos queda el estímulo de los congresos, cuya selección de especialistas invitados es casi siempre interesada y que, cuando son conmemorativos y hagiográficos, generan una sobreabundancia de bibliografía, no pocas veces superflua, sobre el santo en procesión.

Es evidente que nuestra primera tarea consiste en devolver a la cultura española ese patrimonio arrancado por el franquismo, que hay que acabar, como escribía recientemente Ignacio Soldevila, con ese ghetto historiográfico a que el fascismo condenó la obra cultural del exilio republicano. Pero dudo mucho que la solución pase por reintegrar al canon de la literatura española dos, cinco, veinte nombres con sus inseparables listas de obras; no podemos limitarnos a sustituir unos santos por otros, o a hacerles en las capillas un huequecito a los nuevos santos, eso sí, después de discutir incansablemente si deben estar mezclados o separados. ......................... Disponemos ya de un cierto número de estudios parciales que, a impulsos de los diferentes congresos, no para de crecer y que nos permite vislumbrar un panorama todavía borroso de esa historia literaria. Contamos también con dos de las herramientas indispensables para poner manos a la obra: una Biblioteca del Exilio, que puede fomentar la exploración de las posibilidades que ofrece el soporte electrónico en la construcción de ese hipertexto, y una comunidad virtual, REDER, que facilita la comunicación y el intercambio en esa red de investigadores y lectores interesados en el exilio.

Pero nos queda todavía por vencer algunas dificultades. La primera es la reticencia de los propios investigadores, poco aficionados en este país al trabajo colectivo y siempre recelosos de la libre difusión de sus trabajos, más allá de las revistas «de impacto» que sirven para engordar el curriculum y garantizar las propinas con que el Estado gratifica la producción de sus funcionarios. La segunda, pero no menos importante, es la disponibilidad de los textos literarios que constituyen ese sistema, condición indispensable para el conocimiento de su complejidad; de todos esos textos, y no solamente de los que decidan tal o cual profesor, editor, director de colección, comisario de centenario o presidente de gobierno ilustrado. Es ése un derecho que tropieza con frecuencia con la dominación económica y académica -demasidas veces coincidentes- a que están sometidos esos textos, con el más que discutible derecho de propiedad mercantil -que no intelectual- que una ley, en mi opinión injusta, otorga a los herederos de un escritor durante ochenta años y que impide una necesaria y democrática socialización de la literatura y de la cultura.

En el ámbito de la literatura exiliada tropezamos de nuevo con la antigua paradoja sometida a las leyes del mercado: mientras los editores y los políticos se disputan, con el consiguiente alza de los precios, los derechos de unos cuantos escritores estrella, muchos otros herederos cederían gustosos de forma gratuita o por un precio simbólico los suyos con tal de que la obra de aquellos olvidados viera la luz en España, pero no les resulta fácil encontrar un editor que corra con el riesgo. Lo que no se conoce no está en el mercado; lo que no está en el mercado no se conoce; y, prisionera de esa contradicción, el grueso de la obra literaria del exilio permanece en ese limbo a que fue condenada tras la guerra civil, amenazada por el olvido definitivo. Tal vez no resulte demasiado utópico aprovechar ese desinterés del mercado para saltar por encima de él y buscar nuevas formas de difusión masiva que otorguen a los textos un valor de uso -el que le da cada lector en cada momento- y no un valor de cambio -el que le pueda dar, por ejemplo, su inclusión en los programas de enseñanaza secundaria.

Si en 1939 Paulino Masip todavía escribía que «la solución de continuidad que se ha producido entre España y nosotros es absoluta en lo material, pero no en lo espirutual» (Cartas a un español emigrado, Cuadernos del Nigromante, México: 1989, p. 55), años después Francisco Ayala se preguntaba «¿Para quién escribimos nosotros?» (Cuadernos Americanos, 43, enero-febrero 1949; recogido en La estrucutra narrativa y otras experiencias literarias, Crítica, Barcelona: 1984, pp.181-204.


Juan Rodríguez

*  *  *

Presentación a una exposición fotográfica virtual «Recuerdos de nuestra infancia: los niños de la guerra».

La dirección, por si queréis visitar la demo, es: http://oliba.uoc.es/lab o http://oliba.uoc.es/nens (la primera estará operativa durante los próximos días; la segunda, de forma permanente a partir de diciembre de 2003).

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Por ello, en nuestro empeño por recuperar los recuerdos de nuestros mayores -sobre todo los de quienes, por razones obvias, no han podido acceder fácilmente a los medios de comunicación convencionales-, hemos rebuscado en los álbumes de fotografías de algunos niños y niñas de la guerra civil, donde hemos hallado los «datos y afectos» que se recogen en esta exposición virtual, para, a continuación, contrastarlos con sus recuerdos y los escritos de los especialistas. No hay, ni mucho menos, una pretensión de objetividad ni tampoco el intento de abarcar o explicar globalmente la guerra civil. Las fotografías, como las palabras y las voces de los protagonistas que ponen el contrapunto necesario, comunican aproximaciones a una realidad imposible de abarcar únicamente desde la primera persona del singular.

La muestra que aquí presentamos nace del discurso coral que la unión de todas estas voluntades individuales componen, con un propósito fundamental: provocar una respuesta emocional a las vivencias infantiles de la guerra civil española -y, en general, las experiencias de la infancia ante cualquier conflicto bélico. Para ello, nada mejor que la construcción de este caleidoscopio de miradas: la de quienes tomaron estas fotografías y nos dieron, con ellas, su lectura de lo que sucedía a su alrededor; la de los que estaban entonces en el objetivo de la cámara y hoy evocan esos días de guerra; la nuestra propia, llena de imágenes televisadas en directo de niños huyendo, que evidencian dramáticamente como las historias de nuestros abuelos no son en absoluto inéditas, sino que van ligadas a un presente donde millones de niños reviven cotidianamente la gran tragedia de la violencia y el hambre.

.........................

Hemos querido, también, dejar un canal abierto permanentemente (a través de la sección «Vuestros recuerdos») para quien desee dejarnos su propio testimonio: un párrafo enviado por correo electrónico, una carta más extensa, etc. Todas las voces serán muy bien recibidas y se integrarán -si así lo desea quien las realiza- en la misma exposición. En este sentido, esta muestra estará permanentemente «en construcción». Más allá de los homenajes que se desarrollan y concluyen en un período temporal muy concreto, «Memorias de nuestra infancia. Los niños de la guerra» cambiará su sentido y su forma a partir de todas las aportaciones que reciba, las realicen los propios protagonistas, o nos lleguen a través de sus hijos o nietos -tanto de quienes nunca pudieron hablar de la guerra con sus mayores o de aquellos que llenaron su imaginario infantil con historias de soldados buenos y malos, a fuerza de escuchar las mismas historias de sus padres o abuelos.

Teresa Férriz Roure

Otros contenidos de la Biblioteca Virtual relacionados con el Exilio

Transcripción de la entrevista a Andrés Trapiello

Recomendamos el encuentro virtual de hace dos años sobre el Exilio en la Tertulia Virtual: la Entrevista a Andrés Trapiello. El escritor, periodista e investigador nos habló de su novela, Días y noches. Participaron en esta entrevista Manuel Aznar y Teresa Férriz, integrantes de la lista de distribución REDER (Red virtual de Difusión y Estudio del Exilio Republicano) y el Grupo GEXEL (Grupo de Estudios del Exilio Literario), que ahora dirigen y participan en nuestra Biblioteca del Exilio. También hay abundante información sobre este autor, su novela y el Exilio en la página de contenidos.

La Biblioteca del Exilio

Promovida por la REDER (Red de Estudios y Difusión del Exilio Republicano), el GEXEL (Grupo de Estudios del Exilio Literario) y la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, reúne un fondo especializado en el exilio republicano de 1939 y lo ofrece en internet, para su mayor difusión, todos los documentos posibles de y sobre los exiliados ya publicados previamente. También da a conocer materiales inéditos procedentes de fondos particulares (fotografías, diarios, cartas, manuscritos, vídeo, música, grabaciones de voz) y fragmentos de la iconografía del destierro de 1939, además de servir de puerta de acceso al mayor número posible de espacios de la red relacionados con el exilio. Se encuentra en: http://www.cervantesvirtual.com/portal/exilio/

El archivo Carlos Esplá

Desde hace año y medio nuestra biblioteca virtual cuenta con más de dos mil documentos de los cuarenta mil con que cuenta el Archivo personal Carlos Esplá. Contiene gran cantidad de documentos para investigar el Exilio, la República y la Guerra Civil española, publicaciones periódicas, actas de diversas instituciones, fotografías, cartas y manuscritos de gran valor histórico y científico. Muchos de los documentos son inéditos y sin duda una oportunidad para aquellos investigadores/as que quieran profundizar el período que va desde 1916 a 1971 con documentos desde el período de entreguerras al Exilio en Méjico tras la República y la Guerra Civil española.

Transcripción de la Tertulia Virtual «La mujer en la Guerra civil española»

Este encuentro virtual que tuvo lugar el día 5 de noviembre de 2002 trató sobre un tema que ha suscitado en los últimos tiempos la atención tanto de los medios de comunicación como de los investigadores y los divulgadores, tanto en España como en América: el papel desempeñado por la mujer en la Guerra Civil. Contamos con la participación de la escritora Dulce Chacón y de la historiadora Mary Nash.


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