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El origen del mundo
Cosmogonías de las diferentes culturas
Cosmogonía de los
pueblos de la taiga y la tundra
Introducción: la vida en
las regiones de la taiga y de la tundra
Es preciso, antes
de iniciar nuestra exposición sobre las representaciones
cosmogónicas de estas poblaciones, realizar una breve presentación
sobre el poblamiento humano en las regiones de la taiga y de la
tundra. Para comprender mejor la vida de estos pueblos, es necesario
conocer su medio y establecer los principales grupos que habitan
en estos dos biomas.
Si bien la tundra
y la taiga son medios fríos, las condiciones climáticas
han mejorado respecto de las que se dan en el Círculo Polar
Ártico, habitado por los inuit. En esos biomas podemos distinguir
varios pueblos atendiendo principalmente a aspectos etnográficos.
En el trabajo que dedicamos a los inuit, ya indicamos que se puede
realizar una división inicial atendiendo a rasgos de tipo
etnográfico y a partir de esta primera clasificación
étnica, se pueden realizar nuevas subdivisiones atendiendo
a elementos geográficos, lingüísticos... Empezando
por América del Norte, encontramos tres grupos étnicos;
por un lado, el aleutino, formado por los habitantes de las Islas
Aleutianas; por otro lado, los inuit («esquimales»), que ocupan
las zonas más gélidas, y, finalmente, los indios americanos
que pueblan la taiga y la tundra norteamericana, de los que hablaremos
en este trabajo. Al otro lado del Estrecho de Bering, también
encontramos poblaciones que habitan las regiones de la taiga y de
la tundra; así en Eurasia podemos distinguir un buen número
de grupos étnicos: los yakutos (cuenca del río Lena),
los tungus (ubicados al este del río Yeniséi), los
chukchi (habitantes del extremo nordeste de Siberia), los saami,
más conocidos como lapones, etc...
El poblamiento humano de la tundra
La tundra, se extiende
entre los 50 y 60 latitud sur, y 60 y 70 de latitud norte. Sin embargo,
mientras que en el Hemisferio Norte ocupa superficies enormes, y
puede considerarse como el medio de transición entre las
zonas polares y la taiga, en el sur se reduce a unas pocas islas.
En climatología, este bioma está marcado por las bajas
temperaturas y las precipitaciones escasas que suelen caer en forma
de nieve. Las condiciones para el desarrollo de la vida en la tundra
son especialmente difíciles en invierno, ya que se dan períodos
de noche continua durante semanas y se asemeja bastante al medio
polar. En el verano, época de deshielo, con días continuos
que se alargan durante semanas, las temperaturas pueden llegar a
superar los 0C, sin rebasar los 10C, lo que nos da una idea de la
dureza de este clima. A pesar de la pobreza florística, el
tapiz vegetal existente ha permitido el desarrollo de la rica vida
animal, diferenciándose los animales que permanecen en la
tundra todo el año, de los migratorios que llegan en verano,
para regresar en invierno a la taiga o bosque boreal. Esta cubierta
vegetal, que da nombre a este medio, presenta una importante discontinuidad
y un grado de recubrimiento que varía desde la «tundra desnuda»,
formada por musgos y líquenes, pasando por la «tundra arbustiva»
y finalmente la «tundra boscosa», que da paso al bosque boreal o
taiga.
Los pueblos aborígenes
de la tundra se establecieron hace ya muchísimos siglos en
los límites septentrionales de las tierras habitables, a
pesar de que hoy en día estos límites han sido superados
por los exploradores árticos, los navegantes que frecuentan
las gélidas aguas próximas a la banquisa polar y el
personal de estaciones científicas de las islas árticas.
Actualmente, casi todos los pueblos autóctonos de esta zona
constituyen una minoría en sus territorios originarios y
no superan el 5% del total de la población, que es de origen
diverso: canadienses y norteamericanos, en América del Norte,
escandinavos en Groenlandia, Islandia y el norte de la península
escandinava; eslavos, tártaros y otras nacionalidades de
la Federación Rusa, en toda Eurasia.
Las poblaciones consideradas
autóctonas de la tundra, presentan una serie de rasgos comunes
tanto las de la tundra euroasiática, como las de la groenlandesa
o la americana. En este medio, donde los humanos han de vivir en
unas condiciones que requieren la adaptación al entorno más
allá del límite biológico, la adaptación
cultural es la que ha hecho posible la supervivencia. Estas poblaciones
aborígenes de las regiones más septentrionales del
planeta, parecen tener un origen común, tal y como indican
recientes estudios de genética. Los rasgos morfológicos
mongoloides que comparten los diferentes pueblos de la tundra sugieren
un origen asiático. En el caso de los pueblos uralianos,
a medida que nos desplazamos hacia el oeste las características
mongoloides se van atenuando, de manera que los pueblos más
orientales (nganasans, samoyedos, ensi) son claramente asiáticos,
mientras que los más occidentales (saami, komis) se asemejan
más a los europeos. De todo esto, deriva la gran diversidad
actual de los pueblos de la tundra su euroasiática. Por otra
parte, en el extremo septentrional del continente americano distinguimos
tres pueblos: los inuits (que ocupan también las costes occidentales
de Groenlandia y la península de los chukchis), los aleutianos
(en Alaska, las Islas Aleutianas y Komandorski), y las tribus indias
norteamericanas. Estos pueblos aborígenes de la tundra tienen
como principal actividad la caza de caribú, la ganadería
de reno y la pesca, llevando algunos una vida seminómada.
![Imagen obtenida en el libro Biosfera : els humans en els àmbits ecològics del món [Director General, Ramón Folch i Guillèn]](graf/mapa100paraweb.jpg)
Mapa con los principales pueblos de la tundra
Los habitantes de la tundra euroasiática
En la zona de la
tundra euroasiática occidental, que abarca aproximadamente
la Siberia occidental y parte de la Fenoscandia, región fisiográfica
del norte de Europa que comprende el escudo báltico (Suecia,
Finlandia, Noruega, Carelia y la península de Kola) destacan
principalmente dos pueblos: los saami y los samoyedos. Los saami,
same en singular, son más conocidos con el nombre de «lapones»,
término poco aconsejable, ya que tiene connotaciones despectivas,
al igual que sucedía con el término «esquimal» empleado
para designar a los inuit. Los saami viven en poblaciones fragmentadas
en grupos pequeños y son los descendientes de los habitantes
más antiguos de Escandinavia, si bien su territorio llega
también a la Rusia pre-urálica. Fueron los primeros
habitantes de la península escandinava, pero la posterior
llegada de fineses, germanos i eslavos, le hizo desplazarse hacia
la zona septentrional de Fenoscandia: Laponia, la «tierra de la
frontera». La relación de los saami con los europeos se ha
prolongado durante siglos y siempre ha sido desigual, ya que desde
el siglo VIII los saami pagaban tributos a los escandinavos. En
la actualidad, los saami son ciudadanos de cuatro estados: unos
20.000 de Noruega, unos 8.000 de Suecia, unos 2.500 de Finlandia
y unos 1.900 de Rusia.
En el espacio de
la tundra euroasiática occidental que se extiende desde el
mar Blanco hasta el bajo Yeniséi, encontramos las poblaciones
samoyedas. Este grupo comprende un buen número de pueblos,
entre ellos los nensi, samoyedos de aspecto más europeo,
que ocupan un territorio extenso de las tundras rusa, asiática
y europea: las penínsulas de Kanin, de Yamal y de Gidanski
y los territorios adyacentes comprendidos entre el Dvina y el Yeniséi.
La mayor parte de los nensi viven permanentemente en la tundra y
solamente cruzan los límites del bosque en el invierno, en
busca de pastos y de víveres, o cuando se dirigen a la costa
de océano Ártico para pasar el verano: un viaje anual
que los nensi realizan siguiendo los rebaños de renos y en
el cual cubren miles de kilómetros.
Dentro de las poblaciones
samoyedas encontramos también a los ensi. La mitad de sus
efectivos, unas 400 personas, se concentran cerca de Dudinka, los
llamados «ensi de la taiga», aunque sería más correcto
denominarlos como «ensi de la tundra boscosa». Otro pueblo, dentro
del grupo samoyedo, lo forman los nganasan que ocupan las tundras
centrales de la península de Taimir y alcanzan las mil personas.
Los nganasan, no han sido convertidos a la religión mayoritaria:
sus creencias todavía son chamanísticas y cuentan
con toda una serie de espíritus superiores, tanto buenos
como malos.
La población
de la tundra euroasiática oriental, que se desarrolla desde
la península de Taimir hacia el este, es todavía más
diversa, tanto desde el punto de vista lingüístico como
desde el de sus orígenes. Así, encontramos los evenk,
los yakuts de origen turco, yukagir de origen samoyedo y los chu-ku-tien,
esto sin contar con los pueblos surgidos a partir del mestizaje,
como los dolgan, los chuvan, los kolimchan y los itelmen o kamchadal.
En el extremo oriental
de Siberia, más montañoso, la escasa población
se concentra en las zonas costeras. Entre los habitantes autóctonos
de esta zona encontramos los yakuts, los yukagir o los chukchis.
La mayor parte de las lenguas habladas en la zona de la tundra euroasiática
oriental pertenecen a la familia altaica o a la chu-ku-tiana. La
primera familia, la altaica, incluye lenguas turcas y mongolo-tungas.
La segunda familia,
la chu-ku-tiana, abarca el chukchi, el koryak y el kamchadal o itelmen.
A parte de estas dos familias dominantes, encontramos otras lenguas
minoritarias como yukagir o el yupik. De la península de
Taimir hasta el bajo Kolima se extienden las tundras habitadas por
pobladores de lenguas altaicas o turcas: evenks septentrionales,
yakuts y dolgans. Los evenks y los tungus propiamente dichos, ocuparon
toda Siberia y su distribución actual sigue siendo extensa,
desde el distrito de Primorje, hasta las riberas del mar del Japón(1),
desde el río Khatanga, hasta las zonas más meridionales
de Siberia central y Manchuria. Sin embargo, la única zona
de la tundra que realmente frecuentan es la del norte de Yakutia,
cerca de los cursos del Yana, el Lena, el Indigirka y el Kolima
y son unos 17.000. Los yakuts habitan la República Autónoma
de Yakutia (República de Sakha), que se extiende desde las
costas del océano Ártico hasta cerca de los confines
de Manchuria, alcanzando los 300.000 habitantes. Los dolgan, viven
al norte de la península de Taimir y son resultado del mestizaje
entre yakuts, tungus y rusos. Otro pueblo, los selkup que ocupan
la cuenca del Yeniséi, son también resultado del mestizaje,
ya que surgieron de la mezcla entre los primeros rusos que llegaron
a la tundra nórdica (siglos XVII y XVIII) y aborígenes
samoyedos. En el bajo Kolima, hay otra población mestiza
descendiente de los colonos rusos y yukagirs, conocidos bajo el
nombre de kolimchan o markovetse. En la península de Kamtchanka,
los colonos rusos se mezclaron con poblaciones autóctonas,
los llamados itelmens, originando una descendencia mestiza: los
kamtchanka.
![Imagen obtenida en el libro Biosfera : els humans en els àmbits ecològics del món [Director General, Ramón Folch i Guillèn]](graf/t_joven_evenk.jpg)
Joven del pueblo evenk ataviada con el vestido tradicional
Entre los pueblos
de la tundra euroasiática oriental de lenguas chu-ku-tianas
destacan los chukchis, uno de los pueblos más numerosos que
habitan la tundra, ya que alcanzan la cifra de 16.000 personas.
También es preciso señalar que, generación
tras generación, los chukchis han ido asimilando distintos
pueblos vecinos como los koryak, los yukagir o los kerek. Así,
actaulemente sólo quedan unas pocas familias de kereks, ya
que la mayoría han sido absorbidos por los chukchis. Los
kerek, se establecieron en una franja estrecha a lo largo de la
costa del mar de Bering, desde Anadir hasta el norte de Kamtchanka.
![Imagen obtenida en el libro Biosfera : els humans en els àmbits ecològics del món [Director General, Ramón Folch i Guillèn]](graf/t_chukchi_tundra.jpg)
Imagen que muestra a un hombre chukchi limpiando
colmillos de morsa,
animal del cual también aprovechan la carne, la piel y la
grasa
Los habitantes de la tundra norteamericana
y groenlandesa
De todos los pueblos
del continente americano, los auténticos pueblos nativos
de la tundra son los inuit, llamados esquimales, y los aleutianos.
A los inuit que ocupan el extremo más septentrional de América,
Groenlandia y la península de los Chukchis en Siberia, les
hemos dedicado una sección en el Origen
del Mundo, titulada Cosmogonía
del pueblo inuit por lo cual no nos centraremos ahora en
ellos. Los aleutianos se extienden por Alaska, las islas Aleutianas
y Komandorski. Las lenguas que hablan estos dos pueblos pertenecen
a la familia esquimo-aleutiana.
Las islas Aleutianas
fueron ocupadas aproximadamente hace 4.000 ó 3.000 años,
fecha de la cual parte la diferenciación entre inuits y aleutianos.
Los aleutianos se dedicaban a la pesca y a la caza. La mayoría
de los aleutianos fueron convertidos a la fe rusa ortodoxa por predicadores
seglares que también levantaron pequeñas iglesias.
En 1824, llegó a las islas Aleutianas el primer misionero,
el padre Veniaminov. Este sacerdote al que adoraban sus feligreses
de Alaska, se convirtió después en el metropolitano
de la iglesia ortodoxa, y se le conoce hoy como san Innokenti. Otro
de los primeros sacerdotes fue el criollo padre Netsvetov. La respuesta
de por qué abrazaron el cristianismo los aleutianos radica
en parte en la habilidad de la iglesia para prometer esperanza y
socorro, y en parte, se debía a los lazos de parentesco y
las uniones de tipo económico entre rusos y aleutianos, con
las que se beneficiaban ambos grupos.
Para 1867, la sociedad
aleutiana se había adaptado a la presencia de los rusos.
La población empezó a recuperarse; muchos niños
aleutianos iban a la escuela y todos pertenecían a la iglesia
rusa ortodoxa. No obstante, con las guerras del Opio se hundió
el mercado de las nutrias y el esfuerzo de la SAC por diversificar
la economía de Alaska fue inútil. Por otra parte,
el territorio americano de Rusia estaba muy lejos de Moscú.
Llegado este punto, el imperio ruso aceptó la oferta americana
de comprar Alaska por 71200.000 dólares en oro.
En este breve repaso
por los pueblos de la tundra, hemos podido confirmar la gran diversidad
de los pobladores de estas vastas tierras; cazadores, pastores,
pescadores y recolectores, cada uno con sus características
propias, lo cual dificulta su estudio, sin embargo hemos podido
realizar el anterior resumen atendiendo a los rasgos que tienen
en común, el primero: habitar la tundra.
El poblamiento humano de la taiga
La taiga es un medio
que solamente se sitúa en el Hemisferio Norte, de ahí
deriva su nombre de «boreal» y se extiende al sur de la tundra.
Su clima es más benigno que el de la tundra; se trata de
un clima templado con inviernos muy fríos, temperaturas muy
bajas, con duración prolongada de la nieve en el suelo y
con cuatro meses al año en los que la temperatura supera
los 10, esto permite el desarrollo de este bosque boreal. A pesar
de que constituye un progreso respecto a la tundra, la flora de
este bosque es pobre, siendo la formación vegetal típica
el bosque de coníferas (pinos, abetos...) y otros árboles
como el abedul, el aliso o el chopo; también podemos encontrar
un tapiz vegetal formado por arándanos, musgos y líquenes.
La mejora de las condiciones florísticas se traduce en una
mayor riqueza faunística: alces, lobos, martas, visones,
pájaros...
Los diversos grupos
de habitantes que se asentaron en la taiga, desarrollaron culturas
propias, reflejo de las exigencias de la vida en el bosque, cuya
base económica fueron la caza y la pesca, desarrollando posteriormente
la ganadería, sobretodo de reno. Del bosque tomaron todo
lo que necesitaban para sobrevivir: madera y alimentos. Actualmente,
en Eurasia y en América del Norte la población que
ocupa este bioma de la taiga, está representada mayoritariamente
por los descendientes de inmigrantes europeos, mientras que los
sucesores de los primitivos pobladores del bosque boreal, se han
convertido en minorías insignificantes. En Canadá,
los indios representan el 5% de la población del país,
si bien la proporción es más alta en la taiga, donde
alcanzan el 15% en el territorio del Yukón y un 10 ó
12% en la zona nororiental. En Alaska la población aborigen
constituye aproximadamente un 3% del total, porcentaje al que debemos
sumar un 3% más representado por los inuit de las zonas litorales.
Los descendientes de los pueblos autóctonos de Rusia septentrional
y de Siberia son muy escasos y solamente los carelianos, los komis,
los yakuts y los evenk superan el 15% de la población.
Pobladores de la taiga euroasiática
Los humanos llegaron
a la taiga del continente euroasiático durante el Paleolítico.
La distribución de la población humana de la taiga
de Eurasia es muy complicada, ya que pocos pueblos que actualmente
habitan esta región, se pueden relacionar directamente con
los que vivieron en la zona antiguamente. Además, a partir
de siglo XVIII, se han instalado en la taiga pueblos de diferentes
etnias, por ejemplo: eslavos, en su mayoría rusos y ucranianos,
además de noruegos, suecos y fineses. Sin embargo, los descendientes
de los pobladores autóctonos de la taiga, anteriores a la
colonización europea, conservan todavía muchas particularidades
de su cultura tradicional.
Nuevamente debemos
mencionar a los saami que habitan la tundra y también la
taiga de Escandinavia y de la península de Kola. Entre los
karelianos (más de 100.000 personas entre Rusia y Finlandia)
se conserva la caza como principal actividad económica, y
lo mismo sucede con los komis (unas 24.500 personas) que residen
en su mayoría en la República de Komi en la parte
europea de la Federación Rusa y el resto en otros distritos
de dicha Federación. Excepto los yakuts, que son más
de 250.000, el resto de pueblos nativos de la taiga euroasiática
forman poblaciones muy escasas: los evenks (son más de 30.000),
los khantis (unos 22.000), los ainu (16.500), los mansis (poco más
de 8.000), los selkups (3.500) y los kets (aproximadamente mil personas).
Hombre ainu
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Mujer ainu |
Imágenes extraídas de la web The
Ainu Museum
Del mismo modo, la
población indígena de Siberia todavía conserva
toda una serie de tradiciones culturales propias. En la esfera domestica,
utilizan algunos recursos tradicionales para elaborar productos
naturales y en la esfera social, se mantienen muchas costumbres
antiguas, especialmente las relacionadas con los rituales de nacimiento
y enterramiento y con la separación de clanes.
Pobladores de la taiga norteamericana
El asentamiento humano
en la zona de la taiga norteamericana, se inició tras la
desaparición del hielo, de forma que el territorio de la
actual Canadá se ocupó aproximadamente hace 7.000
años y los primeros pobladores de este bioma son los antecesores
de los actuales pueblos atapascanos y algonquianos y su economía
se basaba en la caza del caribú y del ant, así como
en la pesca. En su historia los pueblos aborígenes de los
bosques boreales han conocido importantes desplazamientos, que desconocemos.
En cualquier caso, los diversos pueblos atapascanos hablan lenguas
del grupo Nadene, que les diferencia del resto de pueblos norteamericanos.
En América
la colonización de la taiga por parte de población
europea comenzó también a partir del siglo XVII; franceses
e ingleses principalmente. Actualmente la población india
de los bosques boreales de América del Norte se reparten,
atendiendo a criterios lingüísticos, en dos grandes
grupos: en el oeste y el norte se concentran cerca de 30.000 atapascanos,
y en el este y el sur se localizan cerca de 100.000 algonquianos.
En Alaska alcanzan entre 6.000 y 7.000 atapascanos, menos de la
mitad de los cuales conservan las respectivas lenguas; los más
numerosos (unos 2.200) son los koyukons, que viven en la cuenca
del Koyukuk, afluente de la margen derecha del Yukón, y en
la cuenca media de este último, y sus vecinos por el NE,
los kutchins o «gwich'in», que suman unas 2.600 persones repartidas
entre Alaska i el territorio canadiense del Yukón. Los kutchins
son los más septentrionales de los atapascanos y posiblemente
los que mejor preservan sus tradiciones y su lengua.
Los atapascanos de
la taiga canadiense, que como ya se ha indicado suman unos 30.000,
se extienden entre el territorio del Yukón y el NW., por
un lado, y las provincias limítrofes de la Columbia Británica,
Alberta, Saskatchewan y Manitoba, por otro. En el territorio del
Yukón habitan entre 3.500 y 4.000 y los más numerosos
(unos 1.500) son los tutchones, que viven en el SW de esta zona,
y los ya mencionados kutchin más al N. En la provincia de
la Columbia Británica viven los sekanis, los tahltans, los
carriers, los chilcotins, una fracción de los beavers, el
grueso de los cuales vive en Alberta, y una parte de los kaskes
y de los tagishos, que habitan también la región meridional
del territorio del Yukón; todos juntos suman poco más
de 6.000 personas. En la zona montañosa del NW encontramos
a los tanaines, los tananes, los kutchin (también eran llamados
«bizcos»), los hans, los tahitans y los hares. Los kutchin, cuyo
nombre significa etimológicamente, «pueblo», estaban constituidos
por un grupo de tribus diferenciadas, básicamente por su
territorio. Sus relaciones con el mundo blanco se establecieron
por la vía de la Compañía de la Bahía
Hudson. El descubrimiento de oro en el valle del Klondike trastornó
la vida nómada y libre. Para los tananas, que tenían
fama de ser buenos guerreros, la pesca era el medio de vida más
importante, eran sedentarios y presentaban una densidad de población
mayor en comparación con otras tribus. En cambio, los tanana
que ocupaban la zona del nacimiento (tal vez a una distancia de
menos de 300 km) subsistían sobre todo de la caza del caribú,
complementada con la pesca de pescado blanco en julio y agosto.

Imagen de un jefe haida
obtenida en la web Haida:
Children of Eagle and Raven
Otro grupo nativo
cuya lengua pertenece a la familia Nadene son los haida. Los haida
residen en las islas Reina Charlotte de la Columbia Británica
y en la isla Príncipe de Gales, en el sureste de Alaska y
a mediados de 1980 sumaban unas 2.000 personas. La sociedad haida
tradicional se organizaba en clanes matriarcales que controlaban
un poblado. Estos clanes, liderados por un jefe, cuyo cargo era
hereditario, eran los propietarios de la tierra y constituían
unidades ceremoniales que eran divididas en dos grupos: el Águila
y el Cuervo.

Figurilla de un jefe haida,
extraída de la web Mythology
Entre los pueblos
de lengua algonquina, encontramos diferentes grupos de crees occidentales
que se distribuyen al este y al sur de los ríos Slave y Athabasca,
y en un a extensa zona de lo que hoy es Manitoba, a este del lago
Winipeg y hasta las bahías de Hudson y James, viven los crees
centrales y los ojibwa. Al este de estas bahías y al norte
del río San Lorenzo, se extendía el territorio de
los crees orientales, los naskapi y los montagnais, todos ellos
de habla algonquina. Los cree, pueblo eje entre algonquinos y atapascos,
estaban escindidos en varias ramas: los crees de las llanuras y
los crees de los bosques que ocupaban el espacio entre la ribera
oeste de la bahía James y el lago Athabasca y que se dedicaban
a la caza y a la pesca. Cazadores y pescadores, sobresalían
en la conducción de sus canoas de corteza de abedul. Este
pueblo algonquino estaba organizado socialmente en grupos de familias
emparentadas.
Por otro lado, los
naskapi, tenía fama de ser bastante rudos, de hecho su nombre
les fue dado por sus vecinos montagnais, y significa rústico,
tosco... Pero se hacían llamar a sí mismos nanenot,
«los verdaderos hombres». Los vecinos y aliados de los naskapi,
los montagnais, que recibieron este nombre de los franceses, debido
a la topografía de su territorio, se llamaban ne-enoilno,
«pueblo perfecto». Estos cazadores y pescadores nómadas,
que tenían como enemigos tradicionales a los micmac y a los
iroqueses, fueron ampliamente evangelizados y se volvieron fieles
compañeros de los franceses en el comercio y la guerra. Actualmente
suman unas 7.000 personas que viven en nueve reservas de Quebec.
Fotografía actual de un cree
con máscara tradicional de este pueblo
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Familia cree |
Imágenes extraídas de la web Mapahumano
de Pueblos, Etnias y Culturas
Los ojibwa o chippewa,
destacan también entre los pueblos de lengua algonquina,
ya que es la tribu más grande e importante de la familia
de idioma algonquino, ocupando una gran parte de las tierras del
actual estado de Wisconsin, sudoeste de Ontario y nordeste de Minesota.
Se hacían llamar an-isk-in-aub-ag, que significa
«hombres espontáneos». Aliados primero de los franceses,
y luego de los ingleses, terminaron por vender sus tierras y trasladarse
a la reserva. Según la tradición ojibwa, su tribu
originalmente emigró con otras dos tribus, los ottawa y los
potawatomi, desde la región del río St. Lawrence en
el este, pero mientras que los ojibwa se establecieron al oeste
del lago superior, las otras dos fueron al sur.
Esta gran tribu de
los ojibwa comprendía muchas bandas, divididas en clanes
permanentes. Su economía se basaba en la caza, las pesca
y el cultivo, así como la recolección de semillas.
Los ojibwa contaban con una mitología intrincada y elaborada,
cuyos principales ritos eran religiosos y supersticiosos y se centraban
entorno a una compleja sociedad de medicina conocida con el nombre
de Medewiwin.

Fotografía de unos indios ojibwa
extraída de la web Mapahumano
de Pueblos, Etnias y Culturas
Los potawatomi, conocidos
com «La Nación del Fuego», eran un pueblo cazador y pescador
seminómada de los bosques que ocupó la orilla oriental
del lago Michigan. Su forma de vida pacífica se vio alterada
con la llegada del hombre blanco. También ellos se aliaron
con los franceses, contra los ingleses. Hoy en día, sus descendientes
ocupan reservas en Oklahoma y Kansas. Algunos han regresado a la
tierra del sur de los Grandes Lagos.

Fotografía de un matrimonio potawatomi
extraída de la web Mapahumano
de Pueblos, Etnias y Culturas
Los algonkin, ubicados
actualmente en Canadá, son los que dieron nombre a la lengua
de la región y se llamaban a sí mismos elakomkwik,
que quiere decir: «Son nuestros aliados», y fueron aliados de los
franceses contra los iroqueses. Otra interpretación atribuye
su nombre a la lengua micmac: algomeaking («arponean a
los peces»). Los iroqueses aún les dieron otro nombre: adirondacks
que significa «los que comen árboles», ya que en época
de escasez se alimentaban de la corteza de los árboles. Este
pueblo, que vivía de la caza, de la pesca y también
del cultivo, ocupaba la zona norte de San Lorenzo, del lago Hurón,
al este de Montreal y las dos orillas del río Ottawa. Actualmente
de 4 a 5.000 algonkinos viven al este del Ontario y oeste de Quebec.
También del
grupo lingüístico algonquino son los mohicanos cuyo
su nombre se cree que significaba «los lobos», aunque otras acepciones
indican que se traducía por «la marea», haciendo referencia
a las aguas del Hudson, ya que vivían a sus orillas; actualmente
viven en una reserva de Wisconsin. Los mohicanos se dedicaban a
la caza, pesca y agricultura, al igual que los delawares. Entraron
en conflicto con los mohawks (1628-1675) por el control del comercio
de las pieles de castor en el Hudson. Desde el principio del siglo
XIX, la implantación inglesa los expulsó de sus tierras
y como la mayoría de los algonquinos, tomaron partido por
los franceses.
Nos es casi imposible
realizar un estudio completo de todos los pueblos que habitan los
bosques boreales de América del Norte y en la breve descripción
que hemos aventurado en este apartado, seguramente nos hemos dejado
muchas tribus (hares, micmas, abenakis...).
Más al sur
del bosque boreal encontramos muchas otras tribus de la familia
lingüística iroquesa: onondaga, cayuga, seneca, oneida,
tuscarona y mohawk (que formaron la llamada «Confederación
de las seis naciones» o «Liga iroquesa»), hurones... A estas tribus
y a otras muchas de las praderas y desiertos de Norteamérica
dedicaremos otra sección.
Las representaciones cosmogónicas
de los pobladores de la taiga y de la tundra
El amplio abanico
de pueblos nativos que habitan la tundra y la taiga de nuestro planeta,
refleja una riquísima variedad cultural que ha permitido
al ser humano adaptarse a estos biomas. Es precisamente esta compleja
variedad la que convierte en ingente la tarea de describir la cosmovisión
de cada uno de esos pueblos. Sin embargo, sí podemos encontrara
algunos puntos en común que nos permiten realizar explicaciones
generales sobre sus representaciones cosmogónicas y su visión
del mundo, así como el origen del mismo.
Muchos pueblos nativos
han mantenido vivas algunas de sus tradiciones, transmitidas de
generación en generación, aunque con diferentes niveles
de conservación. En la esfera doméstica, utilizan
algunos recursos tradicionales para a elaborar productos naturales
y en la esfera social, se mantienen muchas costumbres antiguas,
especialmente las relacionadas con los rituales de nacimiento y
enterramiento, y también con la separación de clanes.
No debemos olvidar
que el contacto con los colonos europeos, principalmente a partir
del siglo XVII y XVIII, tanto para las poblaciones de Eurasia como
para las de América del Norte, supuso importantes cambios
en los modos de vida de estos indígenas. La religión
cristiana se introdujo con los primeros colonos y fue uno de las
transformaciones más importantes. El grado de cristianización
varía de unos pueblos a otros. Así, a pesar de que
el cristianismo fue introducido en Siberia durante los siglos XVII
y XVIII, la vida de los habitantes autóctonos siguió
dominada por muchas creencias y costumbres ancestrales, como por
ejemplo el chamanismo o celebraciones paganas como la llamada fiesta
de la primavera «isiakh» dels yakuts, o la «fiesta del oso» de los
khantis y los mansis, de la que hablaremos más tarde. Los
dolgan, por ejemplo, se consideran cristianos, pero solamente de
nombre, ya que han llegado a una especie de religión sincrética
en la cual sus chamanes han incorporado muchos de los santos cristianos
dentro del círculo de los principales espíritus que
invocan durante sus rituales.

Fotografía de un servicio religioso en un
grupo kutchin,
obtenida en la web Mapahumano
de Pueblos, Etnias y Culturas
En 1824, llegó
a las islas Aleutianas el primer misionero, el padre Veniaminov.
Este sacerdote al que adoraban sus feligreses de Alaska, se convirtió
después en el metropolitano de la iglesia ortodoxa, y se
le conoce hoy como san Innokenti. Otro de los primeros sacerdotes
fue el criollo padre Netsvetov. La respuesta de por qué abrazaron
el cristianismo los aleutianos radica en parte en la habilidad de
la iglesia para prometer esperanza y socorro, y en parte, se debía
a los lazos de parentesco y las uniones de tipo económico
entre rusos y aleutianos, con las que se beneficiaban ambos grupos.
Entre los pueblos de la taiga norteamericana también los
montagnais fueron ampliamente evangelizados.

Fotografía de una misión en Wyandot,
extraída de la web Mapahumano
de Pueblos, Etnias y Culturas
Del mismo modo que
los inuit, los pobladores de la tundra y de la taiga, muestran en
sus creencias nativas una base muy importante de respeto hacia el
medio natural que les rodea, la naturaleza que les permite subsistir
y de la que ellos forman parte. Según este concepto religioso,
no existían fronteras entre el mundo de los seres humanos,
el de los animales y el de las plantas. Los indios americanos se
caracterizan por la creencia en un «padre cielo» y una «madre tierra»
que permitían explicar la resurrección anual de la
naturaleza. Todos los pueblos de la taiga creían en la existencia
de espíritus «amos» de los animales, creencia que recuerda
a la de los inuit (Cosmogonía
del pueblo inuit). Así, por ejemplo, se respetaba
de manera especial al oso, respeto que se manifestaba con las fiestas
que le dedicaban y con la muerte ritual del animal.
También comparten
con los inuit la importancia de la figura del chamán que
es un símbolo de vital importancia en el sistema de creencias
de los pueblos nativos de la tundra y la taiga. La importancia de
la figura del chamán radica principalmente, como ya indicamos
para los inuit, en su papel de intermediario entre mundo físico
y ordinario y el mundo de los espíritus, ya que mediante
sus ceremonias rituales y cantos son capaces de convocar a los espíritus
y hablar su lengua especial, y en su vertiente como curandero sabio
o «médico» de la tribu.
La Fiesta del Oso
El oso es reverenciado
por todos los pueblos de la taiga, desde Escandinavia al Japón,
desde Alaska hasta Quebec. Se le denomina el «señor del bosque»,
el «animal sabio y sagrado», el «viejo de zarpas pulidas». Se supone
que el oso todo lo oye y todo lo comprende. Por eso, a la hora de
cazarlo, se habla de manera alegórica y en voz baja. Y antes
de matarlo dentro del guarida, le despiertan, por respeto...
Un especial interés
ritual tienen las relaciones de los siberianos con los osos de la
taiga. Antiguamente, por ejemplo, cuando los evenks se adentraban
en la guarida del oso, gritaban como si fuesen cornejas, y una vez
habían matado al animal, le decían: «No somos nosotros,
quienes te hemos dado muerte, sino las cornejas». Las mujeres comenzaban
a lamentarse, mostrando un gran dolor y exclamando: «¿Por qué
habéis matado al «abuelo»?». Según la leyenda, algunas
fratrias de evenks, de khantis y de mansis provenían del
matrimonio entre un oso y una mujer.
Los rituales del
culto del oso, como también de la fiesta especial que se
le dedicaba, tenían una doble finalidad, en primer lugar,
desligarse de la culpa por la muerte y, en segundo lugar, ofrecer
la posibilidad de resucitar. Sin embargo, este culto al osos muestra
rasgos especiales en cada pueblo. Para a facilitarle las cosas,
los evenks disponían los huesos del animal en una plataforma
especial, ordenados anatómicamente, mientras que los khantis
los enterraban juntos en el bosque o los lanzaban a un lago. Algunos
pueblos,como los ulchs, los nanays, los nivkhos y otros, capturaban
una cría de oso y lo mantenían durante dos o tres
años en cautividad y en determinados casos, las mujeres amamantaban
a la cría con su pecho, como, por ejemplo, hacían
los ainus. Las fiestas del oso se hacían coincidir con los
funerales de algún familiar muerto, y eran de carácter
tribal. El oso era conducido y festejado por todo el poblado, y
después, en una plaza destinada a este fin, el marido del
ama de la casa donde había vivido el animal le disparaba
con un arco.
Dentro de estas fiestas
dedicadas al oso, la de los khantis y la de los mansis son todavía
las más interesantes. Una vez que han matado al animal, los
cazadores lo transportan fuera del bosque en una barca (en verano)
o en un trineo (en invierno), y le dejan en el granero. Durante
el recorrido, todos los que se encuentran con los cazadores se riegan
los unos a los otros con agua; se trata de un antiguo ritual de
purificación que ha acabado convirtiéndose en una
diversión. Por la tarde, todos los habitantes del poblado
son invitados a «la Fiesta del Oso», llamada también « el
juego del oso». El lugar de honor se destina a la piel del animal,
que conserva la cabeza y las patas. La colocan de manera que parezca
que el animal está dormido y no muerto, con la cabeza sobre
las patas. Delante del morro, siempre hay un obsequio, que puede
ser vodka, pan o exquisiteces.
Los que entran en
la casa saludan al oso con una reverencia, las mujeres le dan un
beso en el morro, a través de un pañuelo, y le ofrecen
monedas, cintas o dulces. Todos se mojan nuevamente con agua. La
madre del amo de la casa aromatiza le estancia quemando «chaga»,
que es una excrecencia resinosa de abedul. Después entran
dos hombres con máscaras hechas también con abedul
y, al son de un instrumento musical parecido a la lira, cantan canciones
sobre el oso y su vida en el bosque. Detrás de los cantantes
aparecen tres o cuatro actores, también cubiertos con máscaras
y que siempre son hombres, aunque representen papeles de mujeres.
Representan escenas sobre la caza, la pesca y la vida cotidiana.
Después de uno de los interludios, aparece una mujer con
un vestido de color rojo brillante con franjes blancas bordadas
en la faldilla. Lleva la cabeza y el rostro cubiertos con un gran
pañuelo adornado con borlas, para que el oso no pueda ver
su cuerpo. Siguiendo el sonido de la música, la danzarina
gira y gira moviendo los brazos. Todo seguido, otra mujer representa
la pantomima de «el oso cogiendo frutos del bosque». Con gestos
torpes, va saltando cómicamente sobre un pie y sobre el otro
como si fuese un oso. La diversión se alarga hasta la madrugada
y se retoma a la tarde siguiente.
Dependiendo de si
el animal es macho o hembra, la fiesta durará cinco noches
(macho) o cuatro (hembra), de acuerdo con un cálculo sagrado,
ligado a las representaciones del alma. La segunda tarde guarnecen
la cabeza del oso con figuritas de renos hechas de pasta, utilizando
ramitas para representar las cornamentas; con esto, la dueña
de la casa da a entender que ha preparado obsequios para los invitados.
Cada noche, la fiesta comienza con representaciones de leyendas
o canciones sobre el origen del oso y su vida. En la fratria de
Por, supuestamente descendiente de un oso y una mujer, se anticipa
cada danza con una canción en la que los pretendidos descendientes
del oso invocan su antepasado y le invitan a la fiesta «para el
éxito de la caza y el bienestar de la gente».
Antes de la última
noche, que se considera la más importante y durante la cual
se vuelven a recitar leyendas sobre el oso y se bailan las danzas
de los antepasados de las tribus, algunos hombres hierven la carne
del oso en un recipiente especial. El banquete colectivo tiene lugar
esta última noche. No se pueden utilizar cuchillos ni cubiertos
metálicos, únicamente unos bastones especiales que
no rompan los huesos ni las articulaciones; la cabeza queda reservada
a los hombres. Al acabar se entierran los huesos, los extraídos
del cráneo se conservan en un lugar preeminente.
Antiguamente, hasta
la primera mitad del siglo XX, los khantis y los mansis celebraban
periódicamente la fiesta del oso como una fiesta de sus fratrias,
una fiesta privada y destinada a los miembros del grupo. Parece
ser que originariamente, tenían prohibido comer la carne
del oso porque se trataba de un antepasado. Gradualmente, las prohibiciones
se fueron debilitando, igual que sus tradiciones; su fiesta se abrió
primero a todas las otras tribus y finalmente a todo el mundo. Por
si acaso, al oso se le explicaba frecuentemente que había
muerto por culpa «de l fusil ruso»...
Algunos relatos cosmogónicos
de los pobladores de estas regiones
A continuación
exponemos algunas narraciones míticas de estos nativos de
la taiga y de la tundra, transmitidas oralmente de generación
en generación. Hay miles de etas leyendas y varían
de unas tribus a otras. Como sucede para muchas otras poblaciones
indígenas del planeta (aborígenes australianos, pueblos
nativos africanos, inuit...) todas estas leyendas explican fenómenos
naturales, explican el lugar del ser humano en el Universo y, además,
justifican determinadas normas para el comportamiento humano y preservan
sus tradiciones. En estos pueblos indígenas los relatos relacionados
con la creación se asocian a seres mitológicos, a
dioses bondadosos, a animales sagrados que residen en un mundo superior
y que a partir de su obra o de su propio sacrificio dan lugar al
origen del mundo tal y como lo conocemos. Generalmente, parten de
un tiempo anterior o de un mundo pasado donde imperaba la oscuridad
o donde dominaban las aguas. También es frecuente, como en
muchas otras culturas, que en estos mismos relatos se introduzca
el mito de la creación del hombre o de su tribu.
En muchas de estas
cosmogonías, aparece ese ser supremo el cual ha existido
desde siempre, ya que nunca fue creado sino que siempre estuvo ahí.
Ese ser superior creó la tierra y le dió la forma
actual y, además, es el creador de la vida (plantas, animales
e incluso seres humanos). En esta ingente tarea, ese dios o ser
supremo puede contar con la ayuda de otros seres sobrenaturales
y divinos, aunque de rango menor. Esa oscuridad primordial o ese
mundo primario de agua fue sustituido por la luz y por tierra cuando
intervino ese ser supremo y divino.
Leyendas de los algonquinos
Según el relato
algonquino relacionado del origen del mundo, la Tierra tuvo dos
hijos polares; por un lado estaba Glooskap, que era piadoso, bueno
y creativo, y, por otro, Malsum,
que, al contrario que su hermano, era malvado, destructivo y egoísta.
Cuando la Madre Tierra murió, el primero de los hermanos,
el bondadoso, creó las plantas, los animales y también
a los seres humanos a partir de su cuerpo. Malsum también
contribuyó en la tarea de la creación, pero dando
origen a las plantas venenosas y a las serpientes. Pasó el
tiempo y Malsum se obsesionó con su bondadoso hermano y planeó
cómo matarle.
Malsum, bromeaba
con su hermano sobre lo invencible que él era; sin embargo
sí podía ser matado por las raíces de un helecho.
En su delirio, Malsum intentaba sonsacar a su hermano Glooskap,
de qué modo podía morir. Tan bueno era Glooskap que
no podía mentir a su hermano y finalmente le dijo que podía
encontrara la muerte con una pluma de búho. Triunfante, Malsum
había averiguado la forma en qué podía asesinar
a su hermano: elaboró un dardo hecho con plumas de búho
y mató a su hermano.
Sin embargo, según
cuenta esta leyenda, Glooskap regresó de entre los muertos,
ya que el poder del bien es más fuerte que el del mal, y
tuvo que vengarse de su perverso hermano, ya que sabía, muy
a su pesar, que Malsum seguiría intentando deshacerse de
él. Así, Glooskap tuvo que matar a Malsum para que
las criaturas que había creado y él mismo, pudiesen
sobrevivir. Glooskap atrajo a Malsum a una corriente y le dijo que
también podría ser matado con una especie de planta.
Entonces el dios bueno arrancó un helecho y se lo arrojó
a su hermano que murió inmediatamente. Según este
mito, el espíritu de Malsum se transformó en una especie
de lobo y ahora, por las noches, caza humanos y animales.
Otro relato nos cuenta
cómo otro dios, Michabo estaba un día cazando con
su manada de lobos, cuando se percató de que sus lobos se
metieron en el lago, pero no regresaron. Michabo se introdujo en
el lago para sacarlos fuera y de repente el mundo se inundó
al tiempo que lo hacía. Entonces este dios, envió
un cuervo para que buscase tierra con la que poder construir un
nuevo mundo, pero el pájaro no encontró nada. Entonces,
una nutria partió con el mismo objetivo, pero tampoco obtuvo
buenos resultados.
Michabo, mandó
entonces a un nenúfar que regresó con suficiente tierra
para crear una nueva tierra. Michamo se sintió complacido
y los dos se casaron y se convirtieron en los padres de los seres
humanos.
Leyendas relacionadas con el Cuervo
En la mitología
de varias tribus de la tundra norteamericana, se habla de un «Tiempo
Lejano» (Khadontsídnee) en el cual todas las criaturas
(plantas, animales y seres humanos) vivían interrelacionadas
entre sí: todos hablaban el mismo idioma y tenían
una forma parecida. En esos relatos se explica cómo esos
humanos terminaron por convertirse en animales y plantas que actualmente
conocemos; esta mitología ofrece una percepción particular
de la naturaleza, ya que recuerda que debemos respetar a la naturaleza
porque animales y plantas también tienen espíritu.
En los relatos que se desarrollan en ese Tiempo Lejano se explica
el origen del Sol, de la Luna y de otros astros, así como
ciertos elementos de la naturaleza (las montañas, el viento
o las tormentas).
Una figura principal
en esos relatos cosmogónicos es el Cuervo; se trata de un
ser impreciso que finalmente adopto la forma de un Cuervo siendo
el responsable de la creación del mundo. El Cuervo es el
protagonista en muchas leyendas de estas tribus de la tundra norteamericana
y ocupa un lugar fundamental en la mitología y en los rituales
de estos pueblos; es conocido por los tanaina, los kutchin, los
tinglit y kaska, por los cree, que lo llaman Wísakedjak,
y también por los ojibwa, que lo denominan Nanabush,
y los naskapi, quienes lo conocen como Djokabísh.
Para todos estos pueblos el Cuervo creó al hombre a partir
de la piedra. Sin embargo, en cada tribu podemos encontrar mitos
que cuentan el origen particular de su propia tribu; así
es el caso, por ejemplo, de los chippewa, dogrib, haré, slave
y yellowknife que según cuentas sus mitologías, sus
pueblos comparten una nacimiento mítico de una mujer casada
con un perro que se convertía en un hombre por la noche.
Relatos haida
Las leyendas de los
haida, hablan de Nankí'IsLas-lina´-i, que viene
a significar más o menos,«Él se va a transformar en
aquel cuya voz se ha de cumplir». De él cuentan que creó
la Tierra cuando sobrevoló sobre el mundo cubierto por las
aguas. Desde la forma de la tierra, hasta las pulgas, pasando por
el comportamiento de ciertos animales... todo esto y mucho más
fue creado por el Cuervo. En muchos relatos, como el de la luz del
día (leyenda que relatamos a continuación), el Cuervo
embustero puede cambiar de forma.

Figurita de un cuervo posado sobre una almeja,
obtenida en la web Mapahumano
de Pueblos, Etnias y Culturas
Al principio, solamente
había oscuridad. La gente hablaba y se hacía preguntas
sobre algo que nunca habían visto: la luz del día.
Algunos comentaban que el jefe del río había guardado
la luz del día en una caja especial. El cuervo vivía
en este mundo sin luz, era ambicioso, embustero, entrometido y orgulloso.
Además este animal podía cambiar de forma para satisfacer
sus propias necesidades. Un buen día, El Cuervo decidió
hacer averiguaciones para hallar la luz, así es que se transformó
en una aguja de cicuta y se deslizó cayendo dentro de un
arroyo de agua fresca. Cuando la hija del jefe del río llegó
al lugar para beber, El Cuervo fluyó hasta su copa y la chica
se lo tragó. A su debido tiempo, el Cuervo nació del
interior de la hija del jefe, apareciendo como su legítimo
nieto.
El Cuervo creció
rápidamente con el cariño y la adoración de
su abuelo, a pesar de que sus ojos se parecían mucho a los
de un cuervo. Un día, cuando el bebé berreaba, su
abuelo le dejó jugar con la Caja de la Luna. Entonces, abrió
la caja y la luna se escapó subiendo hasta el cielo. Cuando
el Cuervo se enfadó nuevamente, su abuelo, le dejó
jugar con la Caja de la Luz del Día. Tan pronto como la tuvo
en sus manos, el Cuervo se transformó en pájaro y
echó a volar y desapareció en la oscuridad.
El Cuervo llevó
la Caja a los seres humanos y la abrió sigilosamente, permitiendo
que algunos rayos de luz escapasen de su interior. Sien embargo,
aún desconfiaban de ses animal tan embaucador y no creían
que realmente tuviesen en su poder la luz del día. Encolerizado
por la incredulidad y el escepticismo de la gente, el Cuervo abrió
por completo aquella caja y inundó el mundo con la brillante
luz del día.
La importancia del
Cuervo en la mitología de estos pueblos se refleja en sus
manifestaciones artísticas. Así los haida, que son
magníficos artesanos de la madera, elaboran silbatos con
forma de cuervos, de compleja decoración cuya interpretación
se nos escapa. Los primeros silbatos con forma de cuervo pudieron
ser empleados por los chamanes en sus complejos ritos y en la actualidad
son empleados en ocasiones especiales.

Silbato con forma de cuervo,
extraído de la web Haida:
Children of Eagle and Raven
Relatos de los ojibwa o chippewa
La mitología
ojibwa era muy elaborada. Antes del contacto con los colonos europeos,
la religión de los chippewa tenía un organización
similar a la política. Los principales ritos eran religiosos
y supersticiosos y se centraban en torno del Medewiwin,
o Gran Sociedad de la Medicina, abierta a hombres y mujeres que
tenían funciones chamanísticas, curativas y mágicas.
Según cuenta
un mito ojibwa, Nanabush, que como ya hemos señalado
anteriormente es el ser superior (el Cuervo), enseñó
a esa Gran Sociedad de la Medicina de los pueblos los rituales para
salvarlos de la extinción provocada por una enfermedad mortal.
Nanabush contaba con una tienda que le habían construido
los poderes superiores e inferiores, donde recibió la sabiduría
para curar; aprendió a utilizar las medicinas y las plantas
y los rituales adecuados. Además, estudió el modo
de venerar a la Nutria Sagrada y al Oso. Entonces, Nanabush
descendió a la Tierra con su bolsa de medicinas e enseñó
al pueblo y le introdujo en los enigmas de la Gran Sociedad de la
Medicina o Medewiwin.
El «atrapa-sueños»
en la mitología ojibwa, es un objeto de gran significado
y vital importancia, relacionado con el origen de su pueblo. Los
ojibwa se llaman a sí mismos anishinabe (Anishinaubag,
Neshnabek) que viene a significar «los hombres originales», «los
primeros hombres». En ocasiones utilizan una especie de abreviatura
Shinob que es empleada como un apodo entre ellos. Los ottawa
y los potawatomi también se autodenominan anishinabe,
y se cree que en algún momento del pasado lejano de estas
tribus, las tres formaban un único pueblo.
Según cuenta
una leyenda chippewa, en el pasado, en el antiguo mundo, los clanes
ojibwa estaban ubicados en la zona conocida como Islas Tortuga.
Los sabios cuentan cómo en este tiempo lejano, Asibikaashi
(la Mujer Araña) ayudó a Wanabozhoo a traer de vuelta
al sol (giizis), para que alumbrase nuevamente a la gente.
Fue entonces cuando Asibikaashi estableció el sitio donde
debía quedarse, un lugar ideal para ella que se encuentra
antes del anochecer. Según la leyenda, si todavía
estás despierto al anochecer, puedes buscar ese sitio especial
donde Asibikaashi se encuentra, y puedes ver el milagro de cómo
ella capturó los rayos de sol, al tiempo que la luz centellea.
Asibikaashi cuidó de sus niños y de la gente de la
tierra, y todavía se preocupa por ellos. Cuando el pueblo
de los ojibwa se dispersó por todo el continente, a Asibikaashi
se le complicó la tarea de hacer su viaje a cada una de esas
cunas, cada uno de esos recién nacidos; así es que
las madres, las hermanas y las abuelas adoptaron la costumbre de
tejer telarañas mágicas para los bebés. De
ese modo, se adoptó la forma de un círculo que viene
a representar el viaje del sol que cruza diariamente en cielo.
Esta exposición
es solamente una brevísima muestra de los muchos y variados
relatos sobre el origen y la formación del mundo que componen
la cosmogonía de estos pobladores nativos de la taiga y la
tundra de nuestro planeta y que esperamos poder ampliar en el futuro.
Recursos y bibliografía
La información
utilizada para realizar el presente trabajo, la hemos obtenido en
las siguientes páginas web:
|
Mapahumano
de Pueblos, Etnias y Culturas
Esta página, elaborada en español,
recoge una completísima información sobre
un gran número de poblaciones aborígenes
de todo el mundo, que la hora de estudiar las poblaciones
árticas se convierte en un referente imprescindible.
|
|
Genesis
Project
Esta interesante página recoge
gran variedad de mitos sobre la creación pertenecientes
a diferentes culturas, desde la cosmogonía china
hasta la cristiana. Además, incluye un breve
estudio en el que refleja las semejanzas entre los diversos
mitos y un glosario con nombres de divinidades y héroes
pertenecientes a las distintas mitologías.
|
|
Mythology
«Mythology» es una página en
inglés, que nos ofrece información sobre
la mitología de un gran número de pueblos
y, además, desarrolla una correspondencia entre
los dioses de los diversos pueblos. Por otro lado, dispone
de tres niveles de información, adecuándose
a las necesidades de cada usuario.
|
|
The
Ainu Museum
Es una página que pretende conservar
y transmitir la cultura ainu por la red. El Museo Ainu,
llamado «Porotokotan», fue fundado en 1976 para preservar
esta rica cultura y en su página web podemos
encontrar una variada información sobre la religión,
la economía o la literatura de este pueblo.
|
|
Illinois
State Museum
En esta página del Museo del
Estado de Illinois encontramos una importante variedad
de exposiciones y colecciones. Una de estas colecciones,
dedicada a las poblaciones árticas de Siberia,
es la mostrada en colaboración con el Museo Etnográfico
Ruso.
|
|
Haida:
Children of Eagle and Raven
Esta web en inglés está
dedicada a este interesante pueblo que ha fascinado
a todo aquel que los ha visitado. En este sitio podemos
encontrar información sobre su arte, sus costumbres
y sus población. Presenta además una valiosísima
galería de imágenes que nos acerca al
arte de los haida.
|
|
Ojibwe
History
Esta página web, es una fuente
imprescindible si queremos profundizar en la historia
y en la cultura de los chippewa. En este sitio encontraremos
una descripción detallada de los poblados, su
ubicación pasada y presente, y una exposición
detallada de su historia y su vida desde el 1500 hasta
finales del siglo XIX.
|
|
The
Ojibwya Story
Este sitio de internet nos ofrece
una rica información sobre la cultura, la historia
y la vida del pueblo ojibwa que nos ayuda a completar
los apuntes que tenemos sobre este pueblo.
|
Sobre pueblos de
la taiga y la tundra hemos encontrado la siguiente bibliografía:
Biosfera: els humans en els àmbits ecològics
del món/ Director General, Ramón Folch i Guillèn.-1997.-
Barcelona, Enciclopèdia Catalana (v. 8 y 9).
(1) Mar del Japón
La denominación de la zona marítima entre Corea y Japón ha suscitado complejas discusiones internacionales. La Conferencia de Mónaco de 1929 de la Organización Hidrográfica Internacional (International Hydrographic Organization) introdujo el uso del término «Mar de Japón» en los Límites de Océanos y Mares.
Corea, que entre 1910 y 1945 estuvo bajo la dominación colonial japonesa, nunca ha aceptado la denominación «Mar de Japón», al considerar injusta la decisión de la Conferencia de Mónaco, en la que no pudo participar ni intervenir con voz propia para sugerir el nombre tradicional de «Mar del Este», usado durante unos 2000 años.
Desde 1945, la República de Corea, académicos y entidades civiles y gubernamentales intentan promover el uso del término tradicional «Mar del Este», con el que se denominaba esta zona marítima desde la Antigüedad. La cooperación de la comunidad internacional ha llevado a la Encyclopedia Britannica, National Geographic Society, BBC, The Economist, CNN, The USA Today y The Washington Times a usar simultáneamente los términos «Mar del Este» y «Mar de Japón» en sus publicaciones y mapas.
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