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Presentación

     Para comenzar, queremos agradecer, por una parte, a la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes por crear este nuevo Portal de cultura chicana y, por otra, a los autores e investigadores por ofrecer paulatina y desinteresadamente sus obras de creación e investigación sobre dicha literatura. Nuestra intención es presentar al público la producción literaria, cultural y crítica de las chicanas y los chicanos, oriundos y residentes del Suroeste en Estados Unidos de América.

     Sería difícil presentar al visitante a este Portal, en una o dos páginas, en qué consiste el pueblo denominado chicano y su labor literaria y cultural a través de su larga historia. Quisiéramos en esta "Presentación" tocar dos o tres puntos que nos parecen imprescindibles, a sabiendas de que nos quedaremos cortos y, quizás, puedan incluso causar alguna confusión entre los lectores. No es ésta nuestra intención. Sin embargo, a través de los textos que se irán presentando en el Portal, esperamos que este posible laberinto se vaya dilucidando por sí solo.

     Lo primero que hay que exponer es el término chicano. Hay dos o tres teorías que tratan, a su manera cada una, de explicar su etimología. Presentamos la más clara. Se trata de una derivación o desinencia del término mexicano. De la voz mexicano se derivó xicano y, como la pronunciación de la x a veces cambia a ch, se obtiene, como resultado, la de chicano, aunque otros prefieren xicano. Naturalmente, tenemos la versión femenina del dicho término: chicana o xicana.

     Este término, en su larga existencia, tuvo varios significados. Desde antiguo, y considerado desde el punto de vista sociológico, poseía un significado un tanto peyorativo o despectivo, equivalente a muchacho "callejero", "maleducado", "pillo", "pícaro", etcétera. Pero, a partir del conocido Movimiento Chicano (1965 a 1979, años explosivos en la lucha por los derechos civiles y humanos en este país), adquirió una connotación de tintes políticos muy clara. Como resultado de esta lucha, se abrieron muchas puertas en la sociedad dominante (anglosajona), entre ellas, las de las escuelas y universidades. El término chicano fue adquiriendo así un valor semántico de mayor prestigio, porque se llegaron a crear, incluso, departamentos de Estudios Chicanos en muchas universidades estadounidenses. Hoy en día se han diversificado para incluir en ellos Estudios de la Mujer Chicana.

     A modo de definición, puede decirse ya, brevemente, que chicana o chicano es aquel residente o ciudadano estadounidense de ascendencia mexicana. Para los que conocen a este pueblo o han oído hablar de él, se sabe que, dentro de su país de adopción, naturalización o nacimiento (EE. UU.), la chicana o el chicano nunca han sido considerados como ciudadanos legítimos. Los chicanos han sido relegados a "ciudadanos de segunda o tercera clase". Por otra parte, cuando un estadounidense de descendencia mexicana (chicano o chicana) va a México, lo reciben como un personaje algo extraño (le llaman un poco despectivamente: pocho o pocha). O sea, que de cualquier forma, las lleva de perder porque, de un lado de la Frontera, no lo aceptan como verdadero American, o americano, y, del otro, tampoco lo aceptan como verdadero mexicano. La solución para este grupo fue la de adoptar para sí mismo ese término de chicano o chicana, pero reforzado ahora con el significado de protesta social y de proclamación de sus derechos civiles.

     Teniendo en cuenta las dos coordenadas de espacio (geografía) y de tiempo (historia), la realidad chicana adquiere dimensiones incalculables. Geográficamente, el chicano y la chicana se identifican fácilmente con la región del Suroeste, que hoy pertenece a Estados Unidos, y que el chicano denomina Aztlán -región mítico-histórica, de donde se cree que procedieron los aztecas, fundadores de Tenochtitlán-. Hoy día, sin embargo, se encuentran chicanos y chicanas en todos o casi todos los estados de la Unión Norteamericana, inclusive en lugares tan dispares como Chicago, Nueva York, Atlanta y el Yakima Valley. Un dato interesante es el hecho de que a partir de 2003 la minoría demográfico-racial chicano-hispana sobrepasó al otro gran grupo minoritario estadounidense, que es el afro-norteamericano o negro. Por otra parte, el grupo hispano-estadounidense compuesto de chicanos, neoyorriqueños, cubano-norteamericanos, salvadoramericanos y otros, si queremos presentarlo como grupo dentro de "un país", viene a formar, después de México, el país más numeroso del mundo hispano con una población de cuarenta millones.

     Históricamente, la situación es un poco más complicada, pues algunos quieren fijar la fecha a partir de 1848, año en que Estados Unidos adquirió el territorio del Suroeste que perteneció antes a la Corona de España (1513-1821) y, después, a México (1821-1848). Entonces el grupo llamado chicano vendría a ser el producto de una guerra y decisión política arbitraria. Hay otros que extienden este período histórico a 1513, año en que el primer explorador español, don Juan Ponce de León, descubrió La Florida. Otros van más lejos, basados en que la historia cultural del chicano se entronca en el México precortesiano (1100-1521), es decir, en los diversos pueblos, reinos e imperios que existieron en Mesoamérica. Sea lo que fuere, la historia del chicano -relegada durante casi doscientos años al olvido por razones socio-políticas- es muy rica, y hoy se está re-descubriendo y reconociendo como un capítulo olvidado, pero esencial, en la historia de este país.

     Tenemos conciencia plena de otro hecho. Que este nuevo Portal, que se denomina "de literatura chicana", irá cambiando y perfilándose con el tiempo. La razón es simple: además del chicano, que también pertenece a la gran Familia Hispana, hay otros grupos hispanos que residen dentro de los confines geográficos de la Unión Norteamericana. Sería injusto dejarlos de lado. Nos referimos a los neoyorriqueños (residentes norteamericanos de origen puertorriqueño), a los salvadoramericanos y a los cubano-norteamericanos, de más reciente aparición. Pero es que nuestra intención no es la de dejarlos de lado, sino la de comenzar por algún lado. Y este lado es precisamente el del hispano que radicaba aquí desde años casi inmemoriales. Y no nos podemos olvidar tampoco de otros muchos hispanos (ciudadanos de origen nicaragüense, suramericanos y español-estadounidenses) que, aunque no tienen todavía un centro geográfico e histórico de referencia como grupo tan cohesivo como estos tres mencionados, forman grupos muy numerosos que debemos tener en cuenta. En vista de todo esto, los tendremos presentes para que, poco a poco, vayan formando parte de este nuevo Portal.

     Nos parece que sería interesante encuadrar esta larga historia literaria en los siguientes posibles períodos que nos ayudarán a colocar cronológicamente dichas obras. Aztlán antiguo, la Colonia-Nueva España, el período mexicano de la primera mitad del siglo XIX, y los demás movimientos literarios, como el romanticismo, el costumbrismo, el modernismo, llegando a las corrientes contemporáneas del Movimiento Chicano y del posmodernismo.

     Del mismo modo, nos gustaría que, con el tiempo, el Portal incluyera no solamente textos literarios, sino también obras de campos afines, como la historia, la sociología, la antropología, la filosofía, la teología, el arte y todas aquellas manifestaciones humanísticas que nos ayudarán a una comprensión más amplia del pueblo hispano habitante de estas regiones.

Justo S. Alarcón


 

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