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El metal y la luz Francisco José Sánchez Montalbán
Sobre el protagonismo del automóvil en la fotografía artística.
Aún así, la importancia de la fotografía en el desarrollo comunicativo y artístico de nuestra cultura es indiscutible. Por ello, juega un papel fundamental en la expresión y conocimiento del automóvil, como protagonista también de nuestra civilización. Es palpable que el automóvil es hoy día un preciado objeto de atención. De esta forma la difusión y disfrute de su imagen ha contribuido a que lo consideremos no tanto ya como un medio óptimo de locomoción, sino también un objeto de deseo, consumo, confort, distinción y símbolo de personalidad. Es muy posible que el coche, como motivo de consumo, esté de moda, sobre todo en un momento social y económico en el que se presenta al alcance de la mayoría. La fotografía, a través de sus diferentes posiciones -como documento, como elemento informativo, como herramienta científica, como expresión artística-, ha contemplado y plasmado al automóvil mayoritariamente como un pretexto temático en sus creaciones y como un protagonista que ha ido evolucionando junto con la técnica fotográfica. Es más, la labor creativa centrada en la representación
artística del automóvil a través de la fotografía
nos puede confirmar el apasionamiento por las líneas, las formas,
las texturas y los diseños del vehículo que el fotógrafo
aprovecha para sorprender, proponer y recrear a través de sus propuestas
visuales. Y va a ser el automóvil, como objeto y tema de representación
plástica fotográfica, el que ocupe las próximas líneas.
Estoy convencido que la fotografía, que empezaba a desarrollarse y crecer en el momento en el que el automóvil nace, ha influido notablemente en su desarrollo y expansión, sobre todo en sus primeros años. Con la fotografía hemos descubierto una determinada estética relacionada con el uso y costumbres del automóvil. A través de la divulgación de imágenes la sociedad se ha ido acostumbrando a incluir el coche como un objeto cotidiano en el contexto social; la publicidad, en otros casos, ha sabido concretar un gusto y una clase especial acerca del mundo del automóvil. Efectivamente, los responsables de las casas comerciales comprendieron que a través de la fotografía –con su doble componente de realidad y expresión- podrían suscitar aún más el atractivo y el deseo de posesión de sus productos automovilísticos. Y mientras, la fotografía, concebida como pura expresión artística, utilizó las estéticas mecánicas para ampliar su panorama iconográfico colocándolo en un estadio de alto rendimiento expresivo y de novedad estética. Evidentemente, me refiero a periodos artísticos como las Vanguardias históricas, el realismo, el Hiperrealismo e incluso el nacimiento del arte abstracto, los cuales se acercaron apasionados a la temática y posibilidades estéticas que el automóvil ofrecía. Pero, podríamos preguntarnos por qué aún hoy, cuando tan acostumbrados estamos a los novedosos diseños y colores, a la velocidad o al confort, podemos encontrar, entender y descubrir al automóvil como objeto y motivo de la representación artística fotográfica. Supongo que las respuestas no se hacen esperar. Y es que la fotografía artística está ansiosa de captar formas capaces de suscitar emociones, y el automóvil, aun hoy, es capaz de sugerir y posibilitar muchas lecturas. Veamos entonces en qué consisten y que pormenores podemos encontrar en este gusto de la fotografía por captar al automóvil. 2. Poética del automóvil fotografiado El invento y aparición en escena del coche, así como el desarrollo de la imagen fotográfica del automóvil van a suponer un avance en el auge de las representaciones fotográficas que empezaban a alejarse de los tradicionales géneros pictóricos que limitaban la creación artística fotográfica, y planteará unas nuevas posibilidades plásticas y expresivas. Esto es porque el coche, como un nuevo objeto en el contexto social, conllevaría un pensamiento estético nuevo y diferente que empezó a posibilitar una apertura a temáticas y sistemas representativos novedosos hasta el momento basados en los componentes expresivos del automóvil. Todo ello, unido a los avances técnicos del medio fotográfico propiciarían unos recursos estéticos que conferirían y constituirían muy posiblemente la base de una poética específica referida al coche y la fotografía. Podemos suponer que las capacidades semánticas y formales proporcionadas por la imagen de un coche suponen una categoría estética para la fotografía. Es decir, las posibilidades de representación que suscita el objeto automovilístico son capaces de contener una serie de conceptos y sugerencias que, a través de la fotografía, configuran una experiencia visual rica en matices de todo tipo –expresivos, comunicativos, informativos, etc.- que van a propiciar la aparición de aspectos genéricos en la plasmación fotográfica del automóvil. En sus primeros años, quizás de concepción más reproductiva, la fotografía narra, muestra y explica, entendiéndose claramente lo que muestra. De esta forma reconocemos en aquellas fotografías donde aparece el automóvil, tan sólo la intención documental de captar un objeto. Pero, efectivamente, a partir de ciertos años y gracias a la experiencia de artistas que utilizan el medio fotográfico, la fotografía opta por componentes más expresivos en sus creaciones, y es el momento en el que el automóvil empieza a convertirse en parte de un género estético a través de la fotografía. Estos componentes expresivos toman relación directa con el sentido perceptivo de la imagen; es decir, que a través de las imágenes del automóvil podemos sentir evocaciones más abstractas, genéricas, de otros objetos o situaciones. La fotografía del automóvil está evocando continuamente otras muchas imágenes e ideas. Todo dependerá de cómo el fotógrafo haya barajado los elementos formales disponibles y de la experiencia visual del observador. Los primeros fotógrafos no tenían la pretensión de hacer arte con las fotografías de coches. Es curioso observar esas fotos: poses estáticas, ambientaciones exageradas, ..., donde se captan la mayoría de las veces retratos conmemorativos de personajes subidos en sus coches, orgullosos, vestidos y dispuestos para la ocasión, a veces con toda su familia, o recreando una escena en un contexto teatral, mostrando el automóvil como un elemento lleno de connotaciones sociales claramente ostentosas. A finales del siglo XIX la fotografía había evolucionado lo suficiente como para salirle al paso al auge y expansión del automóvil. La cámara Kodak aparecida en 1888, los primeros negativos o la cámara portátil, fomentaron la reproducción de imágenes del automóvil. Es cierto que no podemos hablar directamente de un carácter artístico de estas fotografías. La estética pictorialista dominante en este momento en la producción fotográfica más interesada en los géneros tradicionales de la pintura no usó el automóvil como elemento temático, por lo que sólo encontraremos inagotables ejemplos de fotografía documental que hoy día nos devuelven la belleza y el esplendor de los coches de finales del siglo XIX. Sin embargo, debemos reconocer el carácter atrayente de estas fotografías de entonces cargadas de cierta inquietud, efectos estéticos por sus tonos de color, por el motivo reproducido, que en muchos casos podemos considerar verdaderas obras de arte. No obstante, hallazgos como el de las placas secas o la reducción de los tiempos de exposición fotográficos a 25/100 de segundo posibilitaron más adelante un avance en la investigación técnica, visual y expresiva por parte de los fotógrafos, sobre todo en la representación del movimiento reflejado en la superficie de una placa. Experiencias como las de Muybridge o Marey influirán directamente en la obsesión de los futuristas por la dinámica y el movimiento. A medida que la industria del automóvil iba desarrollándose, la industria fotográfica podía ir dando respuesta a las necesidades representativas que emanaban de ello; por ende ambas estaban sólo al alcance de personas con cierto poder adquisitivo lo que influyó notoriamente en el tipo de representaciones realizadas. Pero antes de la segunda década del siglo XX coinciden una serie de circunstancias que dan lugar a una nueva concepción cultural donde tanto el automóvil como la fotografía jugarán un imprescincible papel incorporándose a movimientos de vanguardia que revolucionarán el panorama artístico, visual e intelectual del momento. La estética de la máquina estaba de moda. El automóvil como objeto simbólico de la sociedad en movimiento estaba de moda. La fotografía, paralelamente, posibilitaba la nueva visión y la nueva representación de un nuevo lenguaje estético. Los movimientos de vanguardia hicieron de la fotografía una nueva arma estética a través de sus muchas posibilidades de representación. Simultáneo en el tiempo, el realismo fotográfico, centrado en la pureza de la representación, nos permite también observar el automóvil desde otro punto de vista, como un elemento cercano y perteneciente a una sociedad, no lejos de poseer connotaciones plásticas, pero sin el protagonismo ni el compromiso artístico de los movimientos de vanguardia. De esta manera las representaciones nítidas, documentales, directas del realismo fotográfico no sólo nos aportan un criterio estético sino también histórico de los acontecimientos o situaciones donde el automóvil es protagonista. En este sentido baste recordar algunas fotografías de Weston o Ansel Adams. La aparición en 1935 de las primeras películas en color revolucionará el panorama representacional del automóvil a través de la fotografía. Las posibilidades plásticas crecerían a niveles donde el cromatismo y la sensación de realidad tendrían una mayor importancia. En los años 40 un grupo de artistas enarbolan el gusto por lo urbano y todo lo relativo a la ciudad; Rosenquist, Rauschenberg o Andy Warhol, pertenecientes al movimiento Pop, otorgan a la imagen fotográfica del coche un carácter icónico preferente, utilizándolo como elemento integrado y representativo de la sociedad en la que viven. El automóvil fotografiado participa en el Pop con el doble componente de realidad y expresión artística. Pero la imagen fotográfica del coche, como imagen propiamente concebida, será utilizada, sin escrúpulos por el movimiento Posmoderno; es decir, el uso de imágenes fotográficas de coches ya hechas anteriormente y conocidas culturalmente serán objeto de los artistas posmodernos para, a través de su intervención, proponer o reincidir en un determinado mensaje. A través de esta actividad podríamos estar seguros que tanto el coche como la fotografía se representan a sí mismos. Estoy convencido de que los procesos artísticos encuentran en el automóvil, como en muchos otros objetos, un elemento clave para sustraer situaciones y fórmulas para la elaboración de propuestas artísticas. Es claro que el automóvil a lo largo de su historia ha posibilitado a la fotografía incalculables recursos y caminos que aún hoy son capaces de suscitar nuestro interés. Pero, ¿cómo podríamos concebir esa relación entre el automóvil y el fotógrafo?¿De qué forma y manera el artista fotógrafo se acerca al automóvil, lo captura y lo posee?¿Con qué interés, con qué intención, con qué necesidad, con qué referencias, lo hace, en definitiva? Hemos considerado la doble jugada de la fotografía al situarla entre lo real representado y la evocación artística emanada directamente del fotógrafo. Así, a través de este doble paradigma, lo real y lo subjetivo, vamos pues ahora a situar tanto el papel del coche como elemento representado en la creación fotográfica, como la labor creativa del fotógrafo con respecto a su objeto representado: el automóvil. 3. El automóvil fotografiado: entre lo real y lo subjetivo Hasta ahora hemos descubierto que la imagen del coche ha sido utilizada por los fotógrafos para plasmar multitud de propuestas. Desde la referencia de la fotografía como arte el coche se ha visto cargado de connotaciones estéticas diversas que responden a necesidades y vacilaciones determinadas por el carácter personal del fotógrafo, el momento estético o las necesidades propias que determinan el destino de la imagen fotográfica resultante. De esta forma podríamos sintetizar al automóvil como un elemento estético para la fotografía desde diversos puntos de vista:
3.2. Como un complemento o attrezzo de una propuesta artística determinada, potenciando con su presencia un contenido o mensaje. En este caso el automóvil es sólo un pretexto escenográfico, un elemento más dentro de la disposición de objetos que componen la imagen fotográfica. Casual o no, el automóvil potencia o dota con su presencia un contenido semántico distinto a la obra de la que forma parte. Es en este caso el fotógrafo quien elige y selecciona los elementos, por lo que el automóvil pierde su carácter protagonista y es valorado y seleccionado sólo en función de lo que su presencia significa.
La fotografía por su doble componente de imagen-representación de lo real y de imagen portadora de significados propios ha logrado para el automóvil ser ese puente entre lo real y lo subjetivo, mostrando al espectador no sólo su aspecto y condiciones físicas, sino más aún, sus componentes subjetivos asociados. A partir de esta constatación podemos comprender que ante una fotografía de un coche no sólo estamos viendo cómo y de qué manera es éste, sino que percibimos también sus aspectos psicológicos recreados por el fotógrafo a través del color, el tono, el ángulo de la toma, el encuadre, la selección de la imagen, le escenografía y numerosos recursos más. A través de la fotografía podemos consumir esa doble imagen del automóvil; en este terreno ha sido la fotografía publicitaria, como más adelante veremos, la que ha abordado sobremanera las posibilidades retóricas de la representación planteando un esquema de persuasión, deseo y posesión propio de la sociedad neoliberalista dominante en el tercer milenio. 4. Temática y posicionamiento del automóvil en la fotografía artística Desde estos aspectos retóricos que acabamos de ver, el arte fotográfico ha presentado al automóvil como un protagonista polifacético y versátil desde sus primeros años de existencia. Así lo recuerdan aquellas primeras fotos de los primeros pioneros de la fotografía que fascinados por la capacidad expresiva de los autos reproducían y creaban escenas, o utilizaban el coche como pretexto o decorado para muchas de sus creaciones; incluso también, aquellos fotógrafos que cautivados por la máquina, hicieron uso de los autos para componer interesantes propuestas fotográficas. Por ello podríamos plantearnos ahora diversos puntos de análisis, visión y temática -incluyendo también los anteriores puntos de referencia tratados- y constatar el provecho que del automóvil ha hecho la fotografía. En esta ocasión lo haremos bajo la inclinación artística que nos determina, olvidando, si acaso, aquellas manifestaciones fotográficas puramente funcionales, documentales, científicas o periodísticas que son, a mi juicio, parte de otro tipo de reflexión.
En muchas fotografías podemos encontrar al automóvil como el protagonista indiscutible de la imagen, como objeto digno de ser fotografiado por sus condiciones expresivas propias. El fotógrafo, en este caso, retoma estéticas apasionadas por la máquina, el movimiento, el metal, etc., como algo vivo y que participa de las actividades cotidianas. En esta ocasión la fotografía se entiende tanto como huella luminosa de lo real, -el coche-, como transformadora y reproductora, pero sólo aparentemente. Esto nos conduce al hecho de que el automóvil fotografiado pertenece así al mundo de los signos, al campo que el filósofo y semiótico norteamericano Charles Sanders Peirce llamó índex. El coche entonces se comporta como un índex, manteniendo con su referente una relación de conexión real, de contigüidad física, de copresencia inmediata, más allá de su comportamiento como icono, que se define más bien por una simple relación de semejanza atemporal y como símbolo que mantiene una relación de convención general. En iconografía fotográfica, el automóvil se defenderá como un objeto real que se hace signo porque está conectado materialmente a él, y que se impone a la mente aun sin ser comprendido como signo. Por ello nos damos cuenta de que no se puede concebir el coche fotografiado como objeto icónico fuera de sus circunstancias referenciales, ni pragmáticas. Esta confirmación no quiere decir otra cosa que para la comprensión de la importancia de la imagen del coche es necesario ver el proceso más que el producto; lo que es lo mismo que tomar en cuenta tanto su técnica como el conjunto de datos y sentimientos que configuran, en todos los niveles, la relación de la fotografía con el auto fotografiado, tanto en el momento de hacerla (relación realidad-fotógrafo), como en el momento de la recepción (relación objeto-espectador). Todos estos argumentos se entenderán más claramente si tenemos en cuenta la peculiaridad analógica en la fotografía, y si consideramos esa analogía como un efecto-resultado del proceso conjunto entre técnica e intuición creativa. Distinguida la imagen fotográfica del automóvil como un producto fruto de un mecanismo técnico y de una intencionalidad creadora, y situados en el punto de vista de las prácticas significativas, consideraríamos la imagen del automóvil como un proceso semiótico, así como un conjunto de presupuestos lingüísticos referidos a la relación icono-referente. Esto es porque la imagen del automóvil es pura denotación relacionándola directamente con su igual-real y su carácter analógico, mientras exista, se verá modificado por una serie de causas como el trucaje, la pose, el objeto o por una manipulación fotográfica propiamente dicha. De esta manera, el coche se comprende a través de la fotografía como un elemento significante protagonista de la cultura contemporánea y parte integrante del catálogo iconográfico de lo fotografiable.
Propio del arte del siglo XX la fragmentación se presenta también en fotografía como un recurso estético. El automóvil ofrece formas, partes, texturas o fragmentos que suscitan al artista fotógrafo su interés por capturarlos y componer con ellos. Dentro de este recurso expresivo podríamos distinguir varias actitudes:
Es cuando nos encontramos fotografías de automóviles donde, no apareciendo el objeto en su totalidad, lo reconocemos y lo identificamos con su referente real pero que lo camuflan y esconden con clara intención a través de la selección, la toma o el aislamiento espacial y temporal. Su traducción visual se resuelve en la fascinación por lo artificial, lo geométrico e inorgánico. La imagen del coche, en este caso, es considerada pragmáticamente de tal manera porque nuestra experiencia visual la relaciona con algo reconocible. Es pues claro que esta descontextualización del fragmento automovilístico, como recurso expresivo, se aferra a la subjetividad expresiva del referente aunque, a posteriori, una vez aislado y libre de ser interpretado con objetividad, el modelo muestra sus cualidades esenciales, casi líricas u ornamentales. 4.2.2. La intencionalidad formal Se trata de fotografías donde el fotógrafo recrea las formas, las luces, los colores, etc. Es decir donde el aprovechamiento que el fotógrafo hace de formas poco reconocibles y de composiciones que ofrece el coche, son aprovechadas o seleccionadas como obra artística centrada en elementos como la textura, el color, formaciones inusuales, etc. Se trata de fotografías donde llegamos a olvidarnos del coche y a través de él sugerimos otras cosas. Sabemos que la fotografía trae para sí y se apodera del automóvil haciendolo, si así se pretende, incomparable o irreconocible. No obstante, aun ante imágenes de coches obtenidas mediante métodos fotográficos en las que se han observado los condicionantes y tratamientos propios del medio, no reconocemos el referente del que parte, podemos estar hablando de abstracción, pero sí seríamos necios si sólo deriváramos esa cualidad a la concepción abstracta en la fotografía. Es claro que lo no reconocido es también fruto de un acto determinado de representación y que se relaciona de manera escasa con su referente, pero también es fruto de un acto de selección y ante nuestra percepción funciona aún más protagonista que lo no representado de lo cual nace o forma parte. Pero, en muchos casos, lo no reconocido es parte de una separación parcial de una percepción sensitiva correcta; es decir, el medio fotográfico posee cualidades técnicas suficientes para esconder el elemento representado sobre el papel. Dentro del planteamiento expresivo de la fotografía llega un momento en que encontramos ejemplos donde la fotografía, aun partiendo de referentes como el automóvil, se representa a sí misma. Es entonces que estamos ante la evidencia expresiva de lo nunca reconocible, de lo expresivo por sí mismo, olvidando la apariencia para expresar, ante todo, la esencia. Esto lleva a los fotógrafos a desarrollar en este terreno un amplio desarrollo de los componentes morfológicos y expresivos de los que se sirve la fotografía para poder transmitir y proponer imágenes con ingredientes capaces de suscitar interés. De esta manera la fragmentación de la imagen llevada al extremo, tanto técnico como estético, contribuye a elaborar una serie de imágenes abstractas, no del todo alejadas del referente pero que lo camuflan y esconden con clara intención.
Desde la lectura de la imagen a la conducta ante ella, la fotografía influye decisivamente en nuestras opiniones y actitudes; lo que es lo mismo que decir que la iconografía, por un lado, y las connotaciones psicológicas, por otro, se aúnan para incidir directamente en nuestro comportamiento. Por ello, el automóvil representado, como símbolo de una sociedad, de un grado social, cultural o económico, tiene una lectura, llamémosle “política”, determinada. Hasta los más ortodoxos defensores de la pureza fotográfica ven en ella elementos suficientes como para no marcar los límites entre la pura representación y un amplio repertorio de opciones comunicativas de esa misma representación. Las fotografías de automóviles, indudablemente, cuentan algo, y la mayor o menor capacidad para dotar a estas imágenes fotográficas de un componente alternativo cualificado para valorarlas como una categoría lingüística hay que verlas desde la opción de que toda imagen, y la fotografía de manera particular, supone una reducción del conjunto de los elementos que componen el referente, es decir, la realidad. La imagen fotográfica de un coche no presenta un significado real propiamente, sino que ofrece una apariencia ideológica más o menos intencionada, y la comprensión de dicha apariencia empieza cuando no aceptamos como verdad lo que ofrece, sino lo que aparenta ser. Paralelamente, el arte fotográfico más interesado y comprometido, ha utilizado la imagen del coche –o de un coche en concreto- para cargar sus imágenes de un sentimiento ideológico concreto valiéndose de los valores y referencias iconográficas que posee dicho automóvil y que le han sido dotados por nuestra cultura y memoria histórica. De ahí, comprendemos los significados que podrían desprender fotografías como las de los coches de Carrero Blanco, Lady Di, el coche fantástico, etc.
A través de los deseos de posesión, belleza y obsesión que ha suscitado el automóvil podemos incidir en una identificación sexual relacionada tanto en las actitudes de la conducción, en referencias visuales (curvas, líneas, ...), y en múltiples referencias psicológicas, más cercanas a lo freudiano que a lo artístico. Realmente la identificación y relación psicológica entre coche y cuerpo ha sido usada para muchos fines estéticos y comerciales. Sin embargo, quiero incidir en el paralelismo que muchos fotógrafos han encontrado entre las formas metálicas del automóvil y las formas sinuosas del cuerpo femenino. De esta manera el automóvil ha sido escenario predilecto para fotografías de desnudos donde las comparaciones y contrastes provocan escenas bastante expresivas. De hecho, un espectador masculino obtiene en estas fotos un cúmulo de satisfacciones dobles, tanto por la mujer desnuda, como por el automóvil, objeto de deseo. Sin entrar en connotaciones peyorativas, misógenas o machistas, he de recalcar el uso abundante que el fotógrafo de desnudos ha hecho del automóvil como estímulo visual. El automóvil, por otra parte, ha sido en muchos casos un lugar alternativo a la casa-cama para la práctica sexual, por lo que el fotógrafo recoge esta idea y nos lo presenta referencialmente con las connotaciones de un escenario erótico. Más aún, el automóvil nos ha dotado visualmente de una serie de espacios, actitudes y elementos propios que a su vez han adquirido en nuestra cultura significados eróticos y pornográficos. Así, garajes, ruedas, herramientas, grasa, etc., son elementos directamente ligados a una simblogía erótica masculina. 4.5. Retórica y Publicidad Los criterios retóricos de la publicidad, así como los usos de técnicas y tendencias estéticas determinadas han conseguido mostrar transformaciones metafóricas de aspectos psicológicos del coche. Esta retórica planteada en los anuncios publicitarios es una forma de codificación que hay que tener en cuenta en narrativa visual del automóvil. En este caso el referente real está manipulado para representar una escena naturalista con un carácter de literalidad, justificándose por medio de las comparaciones o las asociaciones de ideas creadas entre los elementos simples (figuras, decorados, objetos) y los gestos, expresiones o colores, es decir que la connotación está en la misma articulación del discurso. Esta forma de representación del automóvil en publicidad
puede adoptar caminos diferentes como el simbolismo, el expresionismo
o caracteres surrealistas. El fotógrafo se ha valido de estos recursos
y formas estilísticas para sugerir otras lecturas o para asociar
elementos u objetos con el coche que se pretende anunciar. Otros recursos
plásticos como el acercamiento a detalles, perspectivas forzadas,
resalte de texturas, etc., ayudan a potenciar la idea que la casa comercial
quiere dotar al automóvil protagonista. 4.6. El cementerio de coches He querido con este apartado mostar uno de los capítulos más sorprendentes de la fotografía del automóvil. Se trata de la atracción formal, temática y expresiva que motiva la acumulación de chatarra de los cada vez más habituales “cementerios de coches”. El cementerio ha fascinado al artista fotógrafo introduciéndolo en una admiración, necesidad de rescate o constatación del despiece, deterioro del metal, el caucho, y demás elementos que un día fueron lujo y funcionalidad. 4.7. Desde el automóvil Por último me parece interesante destacar que el artista fotógarfo dentro de su devenir en la búsqueda de nuevas visiones ha encontrado y mostrado al espectador una novedosa forma de ver el mundo. Se trata de la visión desde el interior del coche. El coche no siempre se ve pero participa de manera protagonista en la fotografía ya que es el punto de mira. Desde otra óptica, el movimiento, la velocidad que proporciona, permite visiones fotográficas que el ojo humano es incapaz de descubrir por sí solo. La velocidad, la detención del instante que a través del coche en movimiento puede producirse. Se trata de una estética del movimiento, del viaje, incluso. De igual manera, los elementos propios que componen el coche entran a formar parte de una nueva visión, o mejor, de una nueva iconografía: el espejo retrovisor, reflejos en las chapas, los faros, etc. A través de la fotografía, y del arte en general, hemos venido asumiendo la imagen del automóvil como un elemento iconográfico de este siglo que por sí mismo es capaz de suscitar las más versátiles opiniones y reacciones. Digno de museos y reflexiones artísticas, el automóvil, -la imagen fotográfica del automóvil-, es hoy, creo que mejor que nunca, parte fundamental del arte contemporáneo y ya no nos resulta ni tan drástica ni revelde la postura estética que ya apuntara Marinetti: “...Un coche de carreras, con su cuerpo adornado de grandes tubos que parecen serpientes de respiración explosiva... Un automóvil rugiente que parece que corriera sobre metralla, es más bello que la alada Victoria de Samotracia”.
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