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Devocionario Oh, realidad. Facilis descensus averini. Luz de creación; arte que huyes del reflejo y la verdad. ¿Dónde está tu huella? Prácticas cotidianas No me pregunten qué es fotografía. Hoy no necesitamos respuestas, a Dios gracias. Si el fotógrafo procura el arte, dan igual las vicisitudes del camino. Sólo por momentos añoro la inevitable realidad arañando los soportes y las miradas; otras veces, la no realidad sale al encuentro y comulga con la verdad; pero la verdad no sé si nos interesa. El interés es la sensación, la emoción de las formas y sus conjugaciones amasadas en los espacios. La fotografía vacila en sus procesos y se arriesga al azar de la libertad frondosa de los límites del disparador. Las imágenes de Álvarez Yagüe retan al tiempo, a la casualidad del ojo, a la fugacidad y a la edad. Las estrategias del instante son el pecado recreado; una metáfora de la brevedad congelada. Aquí todo es eterno porque nunca ha sido huella o registro; tan sólo acto; si acaso verbo. Oraciones Reconozco la devoción y su ejercicio si me preguntan por los creadores. Así, no niego la admiración por la obra de Álvarez Yagüe; las miradas comprenderán el asombro de la construcción de un cosmos iconográfico extravagante y llamativo. El concepto de fotografía, en este caso, hace temblar a los más puristas y propone revoluciones ontológicas con descaro y seguridad. La fotografía de Yagüe recorre prácticas ilusorias
que llegan al espectador cargadas de acertijos sin respuesta. La primera
belleza compite a menudo con las traducciones icónicas del profano.
Como niños que miran las nubes, intuimos las formas y los secretos;
pero, más allá, rectificamos ante la evidencia de la pureza. Himno El despliegue de fantasía es inmediato. La curiosidad se arrodilla ante la pureza. Fotografía. Este es tu nombre. Luz, alquimia y razón, dinos tu secreto para saciarnos de belleza, ahora y en la hora de salvar nuestras emociones y nuestra experiencia. Arte, aquí resides. Francisco José Sánchez Montalbán.
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