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EL PINTOR PACO LUIS BAÑOS EXPONE EN LA DIPUTACION DE JAEN La creación pictórica de Paco Luis Baños es el reflejo primero de los requisitos de vivencias expresivas y viscerales que hacen al artista sentirse vital y productor. La obra de este artista refleja un orgulloso mundo de experiencias emocionales sobre un texto visual cargado de agraciadas formas pictóricas.
El pintor Paco Luis Baños presenta en la Diputación de Jaén durante el mes de Mayo una amplia colección de sus obras más recientes. Nacido en Linares, persigue desde pequeño la estela y caminos pictóricos de ejemplos familiares que lo llevan a crear una indulgencia de rasgos en futuras formas de ver y entender la expresión artística. Profesor Titular de Pintura en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Granada, sostiene la docencia artística como el empeño de trasformar e incidir en la formación de alumnos universitarios que favorecen su intelecto y desarrollan su capacidad de discurso y crítica. En la pasada convocatoria obtuvo el premio “Emilio Ollero” de Pintura de la Diputación de Jaén y a partir de esa mención ha preparado una exposición de amplia representatividad relativa a su labor pictórica. Baños es un pintor de indomable producción; un trabajador diario de necesidad constante, un emprendedor de sueños en imágenes y de iconografías especiales y cercanas. Consideraré que Paco Luis Baños es sobre todo un pintor de sí mismo y de sus geografías físicas e interiores. Sé que lo lleva a gala y en entusiasta estimación; defensor tanto de su territorio como de sus esfuerzos por considerarlo, de la misma manera defiende y acoge a la pintura que lo revela, la pintura que lo alimenta y lo justifica. Como él asegura, la pintura no ha muerto, o al menos sigue viva y verdadera a través de su trabajo y sus propuestas. Con la exposición que acaba de presentar, Paco Luis Baños recoge y ofrece una selección de sentimientos favorables y gratuitos, regalando espacios y universalizando su luz compartida eternizándola en sus contratos visuales. Paco Baños ha desarrollado en los últimos años un tema constante, una referencia reiterada saciada sólo en el empeño pero nunca en su representación: la creación de un espacio velazqueño, casi me atrevería a definirlo como un interior agrícola donde se entremezclan estancias, maquinarias y recuerdos, surcos o barbechos bajo paredes y atmósferas respirables..., y entre ellos la huella de sus objetos íntimos, una bestia tranquila, una bestia mecánica, el caballete..., “campo, campo, campo/ y entre los olivos/ los cortijos blancos”, blanco, blanco, blanco y entre los cortijos, los olivos, los espacios, el campo. Y entonces, en la obra de Baños, es eso la pintura: lo eterno, el presente que no huye, que se queda para siempre para ser contemplado y ser testigo eficaz de lo vivido y de lo deseado. La juventud se lleva flotando entre los dedos como un celofán caprichoso que cuesta despegarse. En el aleteo de las manos, Paco Baños, dibuja su historia y su novela, inverosímil, divertida, oportuna, unas veces triste, otras sencillamente inconfesable, pero en todo cuadro testamenta parte de lo oculto y de lo transparente. El azaroso producirse ante sus ciudades han narrado y decorado con pegatinas luminosas una maleta ahora dormida. Linares, Valencia, Madrid, Zaragoza, Valencia otra vez y siempre, y Granada se estratifican en los posos de una maraña de adivinanzas y azares, pero siempre deudoras de un espacio abierto y blanco, o un horizonte rural y abierto, de espacio blanco que da la distancia rural, blanca, abierta y su perspectiva. Paco Baños ama el espacio, lo advierte, lo domina si acaso. Su atalaya es el horizonte, allí es donde crea y protagoniza su esencia pictórica; allí es donde esconde torres de marfil suntuosas decoradas de gloria, desdichas..., y futuros inmediatos que nunca se acaban realizando. El arte mora en ellas como habita el descanso feliz, el secreto tormentoso o la aventura furtiva. Es por eso que la pintura de Paco Baños desvela la posesión de rincones de propiedad intransferible. Sus cuadros son ventanas para asomarse a un exterior imaginado de creación propia inspirado en un contexto ansiado. Sus paredes son transparentes desde dentro y opacas desde fuera. Es por eso que estoy convencido que Baños en un pintor hacedor de refugios que refuerza con firmes trazos de dibujo perfecto la idea y el contenido narrativo de sus obras abasteciendo de perfiles exactos sobre blancos gastados el país de sus lienzos. Así, en su obra, el color es una materia demasiado elocuente para entrelazarse y crear duros diálogos de incomprensibilidad. La paleta de este incitante pintor se debate en pocos tonos y con ellos instaura la primacía y espiritualismo único de un color escogido, incorporado, privilegiado y también delirante. Yo soy el color, soy blanco transparente y tonalidad en gris, en verde, en azul, soy blanco y antiguo color: atestiguo mi existencia, rompo mi equilibrio pero me sé único y desigual. A partir de esta seriedad de los procesos donde estructuras de composición, dibujos hercúleos y gradaciones vivaces establecen una totalidad equilibrada de identidad empeñosa, Baños ha engendrado una exposición donde da muestras de una vasta capacidad para esta empresa. O al menos así creo; si he de ser sincero, nunca he visto pintar a Paco Luis Baños, pero sí he pasado muchos ratos escuchándole hablar sobre pintura y la creación. De pincel escondido y verbo elocuente, engancha al espectador sobrecogido por la sencillez y la destreza de lo vivido..., por que Paco Luis no es anecdótico sino que reafirma, investiga, rebusca y perfecciona su discurso visual hasta hacerlo potente y verdad. Es entonces que sé alcanzarlo y compartirlo. Francisco José Sánchez Montalbán.
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