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Poética de los espejos caprichosos Las fotografías de Antonio se sienten como textos de viajero romántico que se detiene en las aguas y en sus reflejos. Traduce los detalles anecdóticos a pruebas viscerales de otra realidad, la verdad del creador, del esteta, que hace descubrir al profano un infinito perfecto de belleza y genio. El efecto es fronterizo entre la conquista de las formas y los objetos y las apariencias plásticas de la representación: la fotografía, su fotografía, conquista el espacio y captura al espectador. Los efectos son ambiguas oscilaciones entre el hechizo de las imágenes y la música sugerida, colaterales armas que Antonio maneja en el sondeo de la creación valiente y emotiva. Ausente de recursos fáciles y ligeros sus fotografías arriesgan la visión y nos entablan relaciones con las atmósferas sosegadas y sublimes de uno de los jardines más emblemáticos y galanes de nuestra ciudad. Como espejos caprichosos del Carmen de la Victoria, estas imágenes convencen de las maravillas y de los aromas, recrean las pieles y los tactos, los deseos y las prudencias sostenidas de los vegetales y las arquitecturas. Solo sus ojos, los ojos de Antonio Luis Ramos, testimonian la fascinación del jardín, desvelan los secretos metálicos de los cipreses, ensalzan las marañas de las glicinias, mestiza los acantos, platea los empedrados, ..., y así nos lo cuenta. No inventa, no interpreta, no traduce. Usted no encontrará ni copia ni instantánea; únicamente un artista. No sueñe demasiado; el fotógrafo ya ha hablado y la llave de tanta magia está sólo en sus manos. Francisco José Sánchez Montalbán.
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