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Los ojos de Sara. (Publicado en Cuadernos de la campiña)
Del verbo de Antonio Carvajal y de los disparos de Francisco Fernández, se presentó en los pasados días el libro “Del camino de Andujar”, poesía y fotografía en un “al alimón” de cuidada perfección en su lectura y contemplación. Cuando todo se dice, es casi ridículo, quizá por mi parte, insistir con más palabras y menos genio; tan sólo permitirse el grato encuentro entre los artistas que se agarran mutuamente, porque se conocen y se aman, en la deliciosa postura de sus caprichos creativos. Las palabras están echadas; las fotografías, para gozarlas, impresas; si tan sólo un pequeño espacio fuera prudente para el profano usurparlo me atrevería a perseguir los ojos perros y humanos del ser infinito y humilde de la tierra y la paz del salvaje domesticado. Sara es parte de un camino de oraciones a la tierra. Castigo de la razón perpetúa raza y fidelidad en la soledad, la espera y el celo. Guardián caprichoso de las ventiscas, los azares y recreos se cree segura en el respeto y desobediente al trino pasajero, reconoce su majestad y su locura de perra, madre humilde y ciega. Sara es susto de peregrinos que comemos los membrillos dulces que no regamos; peñón de mirada inquieta de los que ruidosos nos acercamos a tu cortijo estacionario; sombra de perros y razas conquistadas..., mírame ahora que no te temo -ahora que las manos del amo enamorado ha congelado tu inocencia, ahora que la voz del poeta que te acaricia han construido tu imagen humana y amiga- que luego va a ser tarde, que luego, cuando el sol y las granadas estallen, seré, como siempre el extraño rostro que teme la verdad de tu instinto y tu fidelidad, y el pudor del visitante ofenderá tu señorío y tu casta. Francisco José Sánchez Montalbán.
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