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FELIPE IGUIÑIZ: LA CREACIÓN DESDE
EL AMOR APASIONADO

Reflexiones sobre el artista y su proceso creativo

Es uno de los artistas europeos más singulares del momento. Felipe Iguiñiz posee un estilo pictórico muy personal y desarrolla una formulación plástica que rivaliza con los mejores creadores del panorama artístico español. Pero no solo pinta. También trabaja la fotografía, la escultura y otras modalidades creativas. Sus obras, reconocidas entre las mejores, de la búsqueda permanente del artista, de los conflictos de la vida, y de las turbulencias del hombre moderno, aunque en ellas apenas figure el elemento propiamente humano como tal.

Felipe Iguiñiz acaba de realizar un gran montaje mural, más de ocho metros de largo, dividido en doce partes. Se trata de un vibrante poema plástico dedicado a la acción del golfista José María Olazabal, reciente ganador del torneo de Augusta y compatriota suyo, quien ha servido de modelo, o mejor dicho, de sujeto referencial, porque Iguiñiz no se detiene en "la anécdota" del retrato deportivo, sino que profundiza en los arcanos de la acción y hasta en la furia de los seres humanos. En el mural, el jugador de golf gira, se desdobla, golpea la pelota y se multiplica, llenando con su imagen un espacio rígido y flexible a la vez. La imaginación del artista, ha transformado el gesto deportivo en música plástica. En ocasiones, las obras de Iguiñiz se acercan a la metafísica, a los sentimientos profundos y a los grandes principios existenciales plasmado generalmente con la máxima economía de elementos visuales. Iguiñiz mezcla con trazo firme silueta negativo y positivo, el óleo con el soporte fotográfico. Domina con plena autoridad la composición plástica poniendo vibrantes acentos de color frente a poderosas formaciones en blanco y negro; y hasta pinta con luz de láser o dibuja con metal licuado si se tercia. Todo ello, amalgamado sin pudor, sin compasión, sin concesiones; construyendo universos palpitantes, arrastrándonos al paroxismo de unas formas enérgica elaboradas con sutileza e inquietante belleza. Su obra puede contemplarse en las mejores galerías de New York y forma parte de importantes colecciones privadas americanas y europeas.

En la obra de Iguiñiz el amor y la pasión están íntimamente fundidos, como en la vida. Sus pinturas y sus fotografías son un acto de permanente rebeldía. Rebeldía y fidelidad a una vida entregada a la creación, al margen de los convencionalismos y estilos artísticos imperantes. Dice odiar la mediocridad, la falsedad creativa, la estupidez... Pero ¿puede el artista hacer abstracción de sus fantasmas y despojarse de sentimientos y pasiones?

- Difícilmente. La creación es un acto de amor apasionado.

- ¿Y puede prescindir de la sociedad?

- Menos aún. La obra de arte carece de sentido si no tiene como destinatario la sociedad. El arte está y se origina en la propia sociedad, en el mundo, en la vida. Viene a ser algo así como la esencia de todas las controversias. Prescindir de l mundo sería como renunciar a la memoria histórica, a tus propias vivencias, al fundamento de toda cuestión.

- Según eso ¿cómo entender el ejercicio de la creación?

- Como una determinada manera de conceptualizar la vida, una forma de vivir e interrogar tu existencia.

- ¿Tan importante papel juega la memoria histórica colectiva en la concepción individual de la obra? ¿No es la creación una invención permanente?

- No tanto una invención permanente como un interrogante permanente. El individuo no puede prescindir de su memoria ni de su experiencia, y no deja de interrogarse sobre ello. Todas nuestras funciones vitales, intelectuales, motrices, están basadas en el aprendizaje y en el recuerdo permanente. Un niño, incluso un chimpancé, puede ejecutar una creación plástica, pero nunca tendrá conciencia de ello, y jamás podrá explicar o extraer una consecuencia de su acción. La creación, tanto si es espontánea como programada por la reflexión intelectual, se origina desde la experiencia; en mi caso, experiencia acumulada en la vida y ordenada en el aislamiento del laboratorio. Yo necesito cierta soledad, concentración, cierto distanciamiento de la realidad circundante, un grado de aislamiento que me permita enfrentarme a las ideas. Si ese aislamiento intelectual, me sería imposible definir un concepto plástico y, menos aún, trasladarlo al lienzo. Entiéndase: la soledad es sólo una actitud dentro del trabajo, una herramienta más de acción para llegar a al creación.

- Espacio, masa, concepto, casuística abstracta ¿cómo conjugarlos y asociarlos adecuadamente a la hora de actuar frente a la tela en blanco?

- El espacio, como laboratorio experimental, constituye la base, la sustancia en la que operar. En el espacio evoluciona la masa bajo una u otra forma activa. Espacio lleno, espacio vacío, tanto bidimensional como esférico. Sin espacio no hay tiempo, y sin tiempo no puede haber forma alguna. El concepto y la casuística estética se asientan en un leguaje plástico narrativo, en la masa cromática, en las formas, o en la ausencia de éstas. Sin narrativa no se transmite la intencionalidad de la creación, las ideas, ni ningún posible mensaje.

- ¿Le plantea algún tipo de conflicto la dualidad figuración-abstracción?

- Ninguno. Trabajo la pintura desde la abstracción porque me encuentro cómodo y considero que responde mejor a mis objetivos culturales. En la fotografía en cambio, me aproximo mucho más a la figuración que a la abstracción. Pero, curiosamente, la mayoría de las fotografías consideradas popularmente abstractas, únicamente son pequeños fragmentos estilizados y aumentados, extraídos de cualquier objeto cotidiano, y sólo pretender ser lo que realmente reflejan, es decir, simples objetos tratados como puntuales composiciones plástivas.

- ¿Qué proporción de su obra es consecuencia de la reflexión y cuanto es fruto de la improvisación del momento?

- No creo demasiado en la improvisación pura. El proceso creativo es siempre complejo, consecuente con una serie de acciones éticas e históricas. En realidad, como seres dotados de memoria y razonamiento, somos enormes acumuladores que estamos absorbiendo permanentemente toda clase de energía en forma de conocimiento. Es decir, a lo largo de la vida reúnes información que posteriormente te servirá para enriquecer el trabajo de cada día. Cuando se trata de crear, yo puedo ser tremendamente exigente y muy crítico conmigo mismo. Me interesan sobre todo las secuencias sensoriales. Me interesa penetrar en la esencia de las cosas, en los sentimientos profundos, en el dolor, el placer, y hasta en la furia humana; y doblegar el espíritu de la materia, hasta desmenuzarla, hasta diseccionar las ideas y congelarlas en un determinado parámetro espacio-tiempo.

- Pese a la simplicidad formal con la que trabaja, se le considera un artista que dibuja y estudia detenidamente sus obras antes de plasmarlas gráficamente.

- Es cierto, aunque no siempre. Por lo general, suelo pensar profundamente, con la mayor sinceridad, el fundamento plástico de las obras antes de ponerme frente a la terrible soledad del lienzo en blanco y comenzar el hecho físico de pintar; es una parte esencial del proceso creativo.

- Sí, pero ¿en qué elementos suele basarse para iniciar ese proceso?

- Generalmente parto de algo muy simple, una emoción, una música, un concepto abstracto, ciertas imágenes urbanas retenidas en la mente... Después, comienzo a trazar una figura primaria, una confrontación de color, que someto siempre a un proceso evolutivo y que, en su desarrollo, va adquiriendo mayor envergadura y consistencia plástica, sintetizándose o expandiéndose según la propia necesidad expresiva de la obra. Se trata de un ejercicio intelectual que puede madurar muy rápidamente o prolongarse durante días hasta conseguir los efectos deseados. Por eso desconfío del azar. Lo que se entiende por azar o improvisación estricta no es sino la visualización mental repentina de una imagen oculta, un fragmento gestual de la experiencia que has ido acumulando durante tu vida. Hay quien piensa que la genialidad es cosa de un instante; efectivamente, cosa de un instante físico concreto, y de media vida reuniendo conocimiento infuso.

- Usted ha nacido en un país con una larga tradición de artistas plásticos. ¿Es posible que el Mediterráneo, cuna de grandes civilizaciones, imprima un sello determinado en los pueblos ribereños, y constituya un caldo de cultivo especial para la formación de artistas?

- Es difícil precisar algo así, como es difícil determinar qué elementos plásticos o conceptuales responde intrínsecamente a una geografía determinada, a una nacionalidad puntual. Entiéndase, ¿el hecho de que tal o cual motivo plástico se refleje en un cuadro lo convierte en francés, en italiano? ¿Es suficiente el tema, la anécdota, el paisaje, o el enfoque conceptual, para definir por sí mismos la nacionalidad artística de un estilo y de un cuadro? Concretar cuales pueden ser a la hora de crear, las huellas de identidad que definen a un país como tal, resulta algo siempre discutible. Recurrir al costumbrismo, a la ideología política, a la tradición, a la antropología incluso, para justificar la existencia de un género de arte que pueda considerarse autóctono, propio de un país determinado, me parece un discurso, cuando menos, dudoso. Tal vez sería más correcto hablar de escuelas artísticas, de tendencias o de estilos concretos, que de arte con pasaporte. Naturalmente, tu país perdura en la memoria, está en tu corazón, es parte irrenunciable de tu propia esencia, pero no tiene por qué aparecer reflejado necesariamente en tus obras. Probamente, a la hora de crear, no haya mucha diferencia entre un español y un japonés, con los que, dicho sea de paso, yo puedo tener muchas afinidades conceptuales. Sobre todo, si al analizar la obra prescindes de la parte puramente anecdótica propia de la figuración y de centras en la fría plasmación de las ideas. Es obvio que el artista, como individuo, puede verse sentimentalmente marcado por aspectos sociales, ambientales, culturales y por determinados símbolos históricos. Pero cuando hablamos de abstracción en sentido absoluto, no parece que la obra gestada deba verse afectada por tales factores.

- Reconocerá, sin embargo que, si no fórmulas concretas, al menos sí existen pautas estilísticas que diferencian a unos países de otros, y que ciertos pueblos han dominando culturalmente sobre otros...

- Tal vez. Aunque seguramente la gran influencia artística del Mediterráneo en la historia, se debe más aciertos factores geopolíticos y religiosos, que a su latitud geográfica, o a una posible predisposición étnica hacia la estética. Sin duda, tiene mucho que ver con imposiciones culturales y esferas de poder.

- ¿Es Usted un lector asiduo? ¿Qué genero literario o qué autores considera más próximos a su inquietud artística y ocupan un lugar destacado en su biblioteca?

- Si, me gusta leer. En mi caso, la lectura responde a una necesidad vital, básica para recargar mis neuronas creativas. Me interesa el ensayo, la arqueología, la ficción; en realidad, todos los géneros literarios. Depende del estado de ánimo en que me encuentre o de la necesidad investigadora del momento, para decantarme por una u otra lectura. Pero no me considero un lector especial, aunque pueda presumir de tener una modesta pero bien nutrida biblioteca, sobre todo de libros artísticos, y en particular, sobre las grandes civilizaciones orientales. De hecho, una de las primeras asignaturas que estudie en París fue arqueología y arte oriental. En el fondo, soy un hombre educado al modo del "quattrocento" italiano, nacido seiscientos años después, que cultiva diferentes disciplinas creativas. El mundo griego, su filosofía de vida, los grandes clásicos, empezando por Homero, ha sido siempre uno de mis mayores divertimentos. Bueno, y siempre queda bien decir que has leído a Dante, Cervantes, Shakespeare, Molière, Quevedo, o que te entusiasman Faulkner, Joyce, Kafka, Huxley, Jorge Luis Borges, Jean Paul Sartre, Umberto Eco, entre muchos más, naturalmente, aunque sea una obviedad para alguien con espíritu inquieto.

- Creo que a usted le apasiona Velázquez...

- ¿Y a quién no? Pero no sólo Velázquez. Yo no olvidaría a Goya, a los impresionistas, a Kandinsky, Miró y tantos otros.

- Bueno, pero suele referirse a menudo a "Las Meninas". ¿Hasta qué punto este cuadro pudo definir su vocación?

- Velázquez, todo él, es sorprendente. Especialmente, cuando te acercas y observas detenidamente sus pinceladas, su manera de trabajar. Son de una osadía y libertad difíciles de entender para la época. Y en eso, "Las Meninas", "Las Hilanderas", cualquiera de sus cuadros, son ciertamente emocionantes. La primera vez que contemplé los Velázquez en el museo del Prado, en Madrid, tendría 15 o 16 años; quedé cautivado, incapaz de moverme. Pero Las Meninas de Velázquez no tuvieron nada que ver con mi determinación por el arte. Para entonces contaba ya con una sólida formación artística y tenía clara la decisión de dedicarme seriamente a la creación. De hecho, había comenzado a dibujar y pintar desde muy niño, probablemente como consecuencia de un auténtico flechazo amoroso, quizá motivado por una sana envidia de los grandes maestros y, quién sabe, tal vez para emular la estatuaria de Mesopotamia, los grandes monumentos egipcios, los frescos romanos de Pompeya; o también, a artistas como Giotto, Donatello, Paolo Uccello y al propio Miguel Ángel. De todos modos, si hablamos de influencia..., seguramente me marcaron más el Guernica y Las Señoritas de Aviñón, de Picasso, cuando los vi en el MoMa de New York, que las brandes obras de Velázquez. Al fin y al cabo, con Velázquez se establece una barrera natural de lenguaje y tiempo insalvable; en cambio, la obra de Picasso está mucho más próxima a mis inquietudes, tanto en el tiempo como en los conceptos.

- ¿No teme que la masiva comercialización de la fotografía pueda perjudicar el nivel creativo de la misma, o provocar el desinterés de los artistas hacia esta forma de creación?

- Espero que no. Especialmente porque no se trata de una cuestión técnica. Una cosa son los planteamientos estrictamente comerciales, la socialización de la fotografía, con la invasión del mercado por sofisticadas máquinas fotográficas automatizadas, que el actual desarrollo tecnológico permite popularizar; y otra muy distinta lo que hace el creador profesional, o sea, plantearse el fenómeno creativo como una personal filosofía de vida, que se apoya en la sensibilidad, en motivaciones profundas diferenciadas, etc. La vulgarización tecnológica, en todo caso, tendría que facilitar la aparición de muchos nuevos creadores.

- ¿Podría la fotografía llegar a desplazar a la pintura, al menos en la cultura popular?

- No, en absoluto. Seguramente es cierto que la fotografía cumplió una labor social determinada en sus orígenes, hace 150 años, intentando sustituir al retrato pictórico en determinados ámbitos sociales. Pero, de igual modo que la pintura se liberó en su día de la imposición testimonial, y dejó de constituir la crónica obligada de los sucesos cotidianos, de los acontecimientos políticos, sociales o religiosos, para abrirse a nuevos enfoques temáticos y conceptuales, también la fotografía se ha liberado de ciertos lastres. Precisamente, la popularización de la cámara fotográfica, cada vez más sofisticada, ha contribuido de manera singular a su liberalización. La fotografía doméstica, testimonial, periodística o publicitaria tienen su ámbito, como la fotografía creativa y de investigación tiene el suyo propio, y suelen confluir pero raramente se interfieren. Realmente, estamos viviendo una época en la que podemos servirnos de la infinita experiencia acumulada durante siglos y no sólo en la pintura. En cierto modo, tenemos todo el universo a nuestro alcance. Nuestra memoria histórica está constituida por doce mil años de imágenes plásticas. Al fin y a la postre, los bisontes rupestres de Altamira son la primera gran creación del arte moderno. Cada día parece menos realista la tradicional dualidad emisor-receptor aplicada al arte y a la sociedad. Hoy todos podemos ser creadores y espectadores a la vez. Pintar, esculpir, componer música, son únicamente diferentes lenguajes de expresión para describir una misma inquietud. Nada más. Claro que, sin lenguaje, no hay comunicación. Lo de menos es utilizar pintura, papel, madera, cristal, acero, rayos láser o vapor de azufre.

- Si tuviese que poner música a sus obras ¿qué música elegiría?

- Depende del momento, del entorno, de la intención que se persiga con ello, incluso del estado anímico de la persona. Probablemente, más que elegir una música que se complementase con mis obras, buscaría composiciones musicales que predispusiesen el ánimo, que estimulasen la sensibilidad y la percepción del observador, para que pudiese asimilar mejor las imágenes plásticas que yo le proponga. Tal vez Wagner, Bach, Mahler, quizás contrapunto tonales zen, tantanes tribales de Burundi, algo desgarrador de Jimi Hendrix, la furia de ACDC o de otras bandas de rock similares, posiblemente determinadas composiciones... La música, como elemento abstracto por excelencia, es muy personal y muy difícil de señalar. En cualquier caso, prefiero que sea cada persona, cada espectador, en función de su particular sensibilidad, quien identifique los posibles lazos de conexión entre mi pintura y otras disciplinas artísticas.

- Contemplando su obra fotográfica se aprecian formas de gran potencia, y tiene uno la impresión de encontrarse entre instrumentos cortantes y fantásticas máquinas de otra galaxia. ¿Qué formulación le empuja a poyarse en esa especie de estilismo industrial tan agresivo?

- Quizá parezcan máquinas o instrumentos agresivos e hirientes, pero no lo son, al menos, no objetivamente. Normalmente, particularmente en la fotografía, suelo reflejar objetos formales o de carácter industrial, por doble motivo e intención. Me interesan, sí, los componentes industriales acerados por la propia fascinación que ejercen; el maquinismo pulido, el instrumental de un quirófano..., pero por lo que representan en sí mismo, sino por la manera dura y cortante de reflejar la luz y el color; por la vibración plástica que son capaces de emitir, pero nunca como un pretendido estilismo mecanicista, perfectamente respetable por otra parte. Utilizo irritantemente el reflejo que produce el metal para manchar el espacio con destellos cromáticos fulminantes, como simple instrumento, sin ninguna otra pretensión. De igual modo que me interesan otras texturas, por su propia configuración, plasticidad, o por su dramatismo. En el fondo, son fórmulas estéticas perfectamente asimiladas en nuestra tecnificada sociedad.

- ¿Hasta qué punto el dominio de técnicas avanzadas como la electrónica, la informática o la cibernética, pueden condicionar los resultados finales de su trabajo?

- De ningún modo. Entre otras cosas, porque lo mío no es la cibernética ni la mecánica cuántica, como alguien ha dicho por ahí. Podría hacerlo, desde luego. Efectivamente, las nuevas tecnologías nos brindan excelentes posibilidades plásticas, especialmente para acelerar el proceso mecánico de producción. Eso sí, procuro que los materiales, o la inercia propia de cada material y de cada técnica de fabricación no me condicionen demasiado, no destruyan la frescura de las ideas y me permitan trabajar con la mayor libertad de acción posible. Reconozco que, sobre todo en el caso de la fotografía, no siempre se logra, y puedes verte, en cierto modo, involuntariamente, supeditado a factores técnicos ajenos a ti mismo.

- El color tiene en su obras una presencia y una fuerza inusitadas, aunque en ocasiones, se trate de un cromatismo apenas sugerido. ¿Qué es más importante para Usted, la sustancia conceptual o la forma plástica convertida en color?

- El color es ciertamente vital en mi trabajo. Lo ha sido siempre. No por casualidad la propia vida es color, por mucho que las acciones humanas puedan resultar grises. En mis cuadros, tanto el contenido metafísico como cualquier planteamiento cultural forman parte de la obra a través del color, y éste deviene por sí mismo en sustancia conceptual. En definitiva, el color constituye un singular elemento de aproximación capaz de provocar reacciones anímicas y reflexiones intelectuales en las personas. Es decir, se trata de enfrentarse cada día a un teorema estético-matemático que debes resolver de la mejor manera posible. En ese preciso momento, el color adquiere un protagonismo fundamental, al ser pura luz, pura vibración activa. Color que una veces se traduce en referencia espacial; otras puede actuar como medida de tiempo, masa crítica, contrapunto o principio activo, porque antes de nada, todas cosas son color. Incluso logra adquirir especial protagonismo cuando no está presente y denunciamos su ausencia física. Ausencia que no deje de ser una forma de presencia negativa.

- Hay quien asegura que las líneas experimentales en el arte están ya agotadas...

- Esa afirmación, además de falsa, carece del más elemental sentido. Puesto que el arte, como la propia vida, es una continua interrogante, un enigma que hay que resolver a medida que evoluciona, sería imposible, ni siquiera en un plano estrictamente teórico, plantearse en un momento histórico dado, todas las hipótesis universales y zanjarlas de una sola vez. La obra de arte, como tal, no puede ser un objeto cerrado, terminado, un fósil inerte, ni tampoco estar sometido a las reglas de una estética caprichosa cambiante según las modas. A diferencia de la sociedad, cuando está se encuentra bajo una crisis moral, de valores, económica, etc., el arte no tienen por qué encontrarse en la misma coyuntura. De igual manera que los alquimistas medievales buscaban más que la piedra filosofal y las trasmutación del plomo en oro, su propia transfiguración personal, también la finalidad última del arte debe ser la transformación del individuo, la liberación de la propia sociedad. Parafraseando a los maestros budistas, el arte tendría por objeto buscar la perfección interior del ser, la superación de la condición mediocre del individuo, y la felicidad en el equilibrio absoluto de uno mismo con el universo. En una palabra, hacer de la gente, buen agente. De ahí que el creador intente dar respuestas a un reto que se renueva cada día y, como tal, la experimentación es tan sólo en proceso de aproximación a la perfección o, si se quiere, a la resolución del problema estético. La verdadera operatividad del artista reside en su mayor o menor implicación en la sociedad. La acción experimental del creador debe extenderse a toda la colectividad y no limitarse a un dialogo exclusivo entre el creador y el objeto creado. Por tanto, estamos todavía muy lejos de lograr que los frutos experimentales lleguen hasta el ciudadano y de que éste se integre plenamente en los mismos. Pablo Picasso solía decir que él "no buscaba motivaciones qué pintar, sino que las encontraba en su camino". Las motivaciones están a nuestro alrededor y no necesitamos buscarlas; basta con observar la vida para encontrarlas. Por tanto, en un mundo infinitamente cambiante que se transforma día a día, ¿cómo agotar la fuente de nuevas y sugerentes imágenes, experiencias, o constantes motivaciones? Por supuesto, nunca faltará quien se empeñe en afirmar que, después de Fidias, todo el arte es pura decadencia.

- A propósito de decadencia; algunos galeristas manifiestan el desconcierto general del arte en los últimos cincuenta años. ¿Está de acuerdo con la idea de que reina una total ausencia de dirección, de finalidad, y de horizontes plásticos en las tendencias artísticas mundiales?

- Puede ser. Dejemos a los críticos equivocarse ellos solitos. Los críticos de arte, con frecuencia ligados a intereses políticos, medios de comunicación y grupos económicos determinados, son dados a excederse de manera interesada; como los galeristas a proteger codiciosamente sus inversiones, promoviendo valores rentables ya consagrados o proyectos artísticos incipientes susceptibles de ser exprimidos durante muchos años. En todo caso, tengo la impresión de que el desconcierto y la confusión en el arte existen desde que se construyeron las pirámides de Gizeh, hasta nuestros días. Máxime, cuando el mundo se encuentra ante tan grandes convulsiones ideológicas, tecnológicas y sociopolíticas como las que estamos viviendo, capaces de modificar la conducta, la filosofía y los principios básicos no solo del arte, sino de la convivencia de los pueblos.

- A un artista ¿le es posible ser objetivamente crítico con su propia obra?

- Desde luego. No conozco ningún creador auténtico, que no lo sea. Otra cosa son los embaucadores y los hipócritas. Cuando se trata de enjuiciar mi obra, yo soy el más incondicional de mis admiradores y el más despiadado de los críticos. No doy una obra por realizada -que no por concluida-, hasta no haberla sometido a un minucioso interrogatorio plástico. El proceso creativo es siempre duro y agotador. Rompo muchos dibujos, cambio las cosas, rehago una y otra vez el boceto y el cuadro antes de considerarlo estéticamente definitivo. El artista puede ser todo lo que uno quiera, pero cuando se trata de crear, si no es sincero consigo mismo y no actúa desde la ética, su trabajo carecerá del menor interés. Si hay algo insoportable es, precisamente, la falsedad estética, la estupidez y la mediocridad profesional.

- El pintor, el escultor, cualquier creador en suma ¿puede actuar con plena libertad ideológica y sin comprometerse social y políticamente?

- En cuanto que ser humano, como el resto de los mortales, no creo que sea posible. cada individuo es un conflicto social, sentimental y político sometido a la interacción de la vida en comunidad. Lo que conlleva, implícitamente, el compromiso. El propio enfoque conceptual de una obra, su argumentación temática y el espíritu que la anima, son ya de por si actos reflejos mediatizados en alguna medida por la sociedad a la que va dirigida, de la que surge, o en la que se desenvuelve. Otra cuestión es convertir tu trabajo, y cualquier manifestación creativa, en un panfleto propagandístico clasista o en mero objeto dogmático. Mi trabajo es a menudo, una forma de inconformismo, una rebeldía, un combate desde la estética, una modesta aportación personal a la causa de la libertad, planteada con toda la honestidad posible. Una forma de acción sin contaminación de ningún género. Ética y estética deben caminar unidas.

- Usted que ha hecho audiovisuales, diseño, radio cultural, televisión, arquitectura, que ha escrito varios libros, que ha conocido las artes escénicas de cerca y que ha viajado por todo el mundo ¿nunca le ha tentado el cine?

- La verdad es que sí, en varias ocasiones. Yo he colaborado en la realización de diversos documentales, largos y cortos, y también en algún largometraje con actores. Y me han propuesto algunos proyectos tanto para la pantalla grande como para la televisión pero, al final, los proyectos no cuajaron. No obstante, soy un poco reacio a las multitudes y tener que trabajar rodeado por un equipo técnico numeroso como requiere el cine, me preocupa; principalmente por la presión y las exigencias que el medio impone. Y el cine es una labor fundamentalmente de equipo, donde con frecuencia pesan más los factores económicos y administrativos que los puramente creativos. Sin embargo, soy un amante incondicional e insaciable del cine. Me interesa, por supuesto, y no descarto hacer algún film experimental, siempre que tenga la libertad para hacerlo enteramente a mi gusto.

- ¿Es Usted individualista, persigue el aislamiento conceptual, quizá necesita distanciarse del entorno?

- No del aislamiento entendido como alejamiento de la realidad social, en la que inevitablemente estás inmerso, sino como una formulación de trabajo. Siempre es necesario cierto distanciamiento y perspectiva para trabajar. Pero tampoco hay que confundir el aislamiento intelectual con la desolación del desierto que, por si misma, no aporta ni garantiza nada. Ahora, si se refiere a estar integrado en los clásicos colectivos artísticos, o a formar parte de determinados grupos urbanos más o menos estéticos, entonces si puedo considerarme individualista. Yo tomo un camino, mi camino; después, el que quiera que me siga.

- Sin embargo, de esos grupos han surgido casi siempre las vanguardias...

- Creo que las llamadas vanguardias estéticas, respondieron más a un concepto político y comercial de la crítica, que a un objetivo estético-cultural real. Las vanguardias, o son permanentes o se convierten en mero gesto testimonial y decadente. Vanguardia somos todos; yo soy más vanguardia que nadie, siempre en permanente renovación, siempre en la ruptura, siempre en el límite de lo posible, siempre evolucionando.

- ¿Significa eso que no se considera próximo estéticamente a otros artistas y que no recibe influencias o mantienen afinidades de ningún movimiento creativo?

- ¡Yo creía que era evidente...! De todos modos, la influencia es algo inevitable en nuestra vida, a la que nadie puede sustraerse, al menos, inicialmente. esta,os permanentemente sometidos a toda clase de estímulos visuales, sonoros, sentimentales e ideológicos. Lo natural es que, cuando uno se encuentra ante un desnudo imponente, se le encabriten los sentidos y broten los fluidos vitales. La cuestión es saber controlar la experiencia y aprovechar todos los estímulos externos que recibimos cada día; reaccionar imaginativamente, retener el estímulo como fuente de inspiración y utilizarlo convenientemente para imprimir a nuestro trabajo un sello personal. En mi caso, ese proceso es algo automático. Ante cualquier sugerencia externa recibida reacciono en clave estética-cultural, no importa cual sea su origen y motivación. Por supuesto, yo no consideraría a eso una influencia real, sino el efecto reflejo ante un estimulo externo. Por otra parte, pueden interesarme los trabajos artísticos de otros creadores, naturalmente como punto de partida para nuevas reflexiones, nunca para copiar o repetir la experiencia. Son los analistas del arte quienes, posteriormente, encuentran afinidades entre unos y otros creadores y, desde luego, quienes te clasifican y te incluyen en determinada corriente estética. Particularmente, nunca me han preocupado las modas estéticas al uso, ni los convencionalismos.

Tal vez por ello, hay quien le considera autodidacta e innovador en su terreno. En todo caso, desde su profunda y particular concepción del proceso creativo, Felipe Iguiñiz promete continuar sorprendiéndonos. Sin duda, la suya es una aventura artística que debe tenerse en cuenta y seguirse muy de cerca.

 

M. HONIGSBAUM y A. CAMACHO
FELIPE IGUIÑIZ: LA CREACIÓN DESDE EL AMOR APASIONADO - 1995
Reflexiones sobre el artista y su proceso creativo
FAIRCHILD PUBLICATIONS
NEW YORK (USA)