| Más textos | |
LAS IMÁGENES DE LA IMAGINACIÓN Cuando un fotógrafo nos muestra en sus fotografías lo que nuestros ojos no supieron ver en la realidad es que, por fin, nos encontramos ante un fotógrafo. Si la muestra nos estremece con el reflejo de la belleza es que, además, el fotógrafo es un artista. Cuando esto ocurre con una sorprende economía de medios y un máximo rendimiento plástico, el fotógrafo puede tener varios nombres, pocos, pero uno imprescindible: Iguiñiz. Iguiñiz es un criador de imágenes y esta frase, ya de por sí, es el sutil filo de la navaja, pues no hay que confundirse ni con Iguiñiz ni con creador. La táctica de Iguiñiz es la sutileza (su técnica la desconozco y no me importa), o sea, el delicadísimo deslizamiento que puede transformar lo imaginado en imagen. A Einstein y Nabokov les hicieron la misma pregunta, "¿en qué piensa usted?", y ambos respondieron lo mismo, "pienso en imágenes": así transformaban Albert y Vladimir las íntimas imágenes de su imaginación en fórmulas matemáticas y textos literarios. En el caso de Iguiñiz, salvando distancias y métodos, el deslizamiento criador es el mismo, aquí referido a su resultado final en imágenes fotográficas. Creador es aquél que de forma inmediata saca su obra de la nada y así, en consecuencia, creador solo pueda serlo Dios; por eso Iguiñiz no crea sino cría (dos procesos con el mismo origen etimológico) pues sus obras proceden de una larga meditación y de lo ya preexistente y una no menos larga maduración de lo elegido: nada hay tan laborioso como una original espontaneidad. Sus fotos no son instantáneas sino premeditadas, crecen en su mente y no proceden de la instantánea apertura de su objetivo, sino de la morosa fuerza de su objetividad. El realismo sutilmente sintetizado en una común vibración de la línea, la forma y el color: emotivo catastro de una aparente ordenación geométrica. Iguiñiz entiende la foto como un crimen, no hay crimen perfecto sin premeditación, en donde al hombre se le arrebata el cuerpo para dejar lo que así resta reducido a una sutil imagen. Crimen por amor, of course. Frágil ser humano, manejar con cuidado, la cabeza arriba, no humillar innecesariamente ni aunque sea imprescindible, no reducirlo a su número de identificación fiscal. Apenas son cinco litros de sangre y otros tantos bolsillos: quizá no baste con el fúlgido resplandor de quien sabe el fragmento de qué cosa se trata. Libertad, cuántos crímenes se cometen en su santo nombre, cuando el único que te redime es el de la estética. Crimen perfecto si no fuera porque el autor deja impresa en él su reconocible huella, no digital sino ocular, rastro que lo identifica ante el menos sagaz de los observadores. Hay un rastro inequívoco en la marcha destructiva/criadora que va del primer vistazo, la inspiración, a la imagen que cosifica en objeto artístico al ser amado: ese rastro es el estilo y el estilo es el artista. Quizá se pueda explicar dicho rastro dentro de un sistema cibernético, estructuralista o semiótico, pero como uno no es experto en tales artilugios y, por otro lado, tampoco se necesita ser un experto para saber lo que a uno le place, así es como apoyándome en el placer intuyo el proceso criador que nos distrae y ocupa: OJO Fugaz mirada de amor eterno. Fugaz mirada de amor eterno. Fugaz mirada de amor eterno. Fugaz mirada de amor eterno. Fugaz mirada de amor eterno. Fugaz mirada de amor eterno. Fugaz mirada de amor eterno. Fugaz mirada de amor eterno. Fugaz INSTANTE mirada de amor eterno. Aquí comienza el resto de mi vida. Aquí comienza el resto de mi vida. Aquí comienza el resto de mi vida. Aquí comienza el resto de mi vida. Aquí comienza el resto de mi vida. Aquí co- CUERPO mienza el resto de mi vida. Acuéstate, creo que te amo. Acuéstate, creo que te amo. Acuéstate, creo que te amo. Acuéstate, creo que te amo. Acuéstate, creo que te amo. Acuéstate, creo que te amo. Acuéstate, creo HUELLA que te amo. Quizá un cálido hueco en la almohada. Quizá un cálido hueco en la almohada. Quizá un cálido hueco en la almohada. Quizá un cálido hueco en la almohada. Quizá un cálido hueco en la almohada. Quizá un cálido hueco en la almohada. Quizá FOTO un cálido hueco en la almohada. Original fragmento de lo cotidiano. Original fragmento de lo cotidiano. Original fragmento de lo cotidiano. Original fragmento de lo cotidiano. Original fragmento de lo cotidiano. Original fragmento de lo cotidiano. IMAGEN Si los sentidos son los que hacen a las cosas dignas
de fe, les dan buena conciencia y apariencia de verdad, según dice
Nietzsche, de todos los sentidos es el de la vista, el que más
verdad aporta a los objetos en que se identifica el paso del hombre: el
fúlgido resplandor de quien sabe qué. El gran tópico
por dilucidar del arte contemporáneo es el paso de la imaginación
a la imagen, y en él se afanan escritores, cineasta, pintores y
escultores, y es de agradecer que también lo hagan los fotógrafos
pues en ellos la vista, el primer vistazo, adquiere su mayor valor expresivo.
Belleza es, con independencia de otras más sofisticadas definiciones,
lo que visto agrada, y así un fotógrafo se convierte en
artista cuando nos hace voyeurs y partícipe de la inédita
belleza que por su imaginación pasea. De ahí el mérito
que otorgo a la "fugaz mirada de amor eterno" con que nos regala
Felipe Iguiñiz.
|
|