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LA CREACIÓN

Lo mío es galopar y galopar, no importa cómo ni hacia donde, con tal de hacerlo siempre hacia el infinito; galopar sobre las nubes, sobre las olas, bajo la tierra. Lo mío es hurgar en el volcán de las culebras y arrojarlas después sobre el mundo.

Soy un descalabrador de ideas, una máquina incontenible a la hora de crear, un Atila de la poesía, sobre todo de la poesía caduca, cuando se trata de dar rienda suelta a la fantasía y plantearme nuevos retos; estoy siempre en permanente efervescencia imaginativa, y por ende, puedo sentirme inseguro y dubitativo durante el proceso creativo y, con demasiadas frecuencia, me veo frenado por las limitaciones propias de la técnica, de los medios o de las circunstancias ambientales.

Fantasía, sorpresa, surrealismo, humor, paradoja, irracionalidad, sensualidad, crudeza, poesía, tópicos y amor suelen entrelazarse extrañamente en mis fotografías y constituyen una presencia constante en mi obra creativa general; conceptos sofisticados, no siempre bien entendidos. Tengo por algo evidente el carácter universal y la dimensión trascendente de cualquier genero creativo, por humilde que éste sea e, inconscientemente, está siempre presente en mis trabajos, el enfoque del hecho creativo como algo que debe perdurar por si mismo, huyendo de provisionalismos maniqueístas.

Como les sucedía a los alquimistas del pasado, a menudo me interesa más la experimentación en sí misma y el fenómeno evolutivo de la creación, que el propio producto resultante de dicha creatividad. Los obstáculos y las dificultades son auténticos retos que me estimulan para superarme, pero una vez logrado el propósito y superado el reto, tanto éste como su consecuencia dejan de tener un interés prioritario, o cuando menos, su importancia pasa a segundo plano. Por lo mismo, me entusiasma devorar las experiencias de los demás, y las mías propias, consumiéndolo todo, para renacer de la propia combustión. En el fondo, no dejo de ser un fogonero de la inventiva plástica, un albañil de la creación que disfruta embadurnándose con el cemento.

Tengo un sentido crítico muy estricto, nada acomodaticio y difícil de satisfacer, que me lleva a ser especialmente exigente conmigo mismo, e igualmente duro cuando se trata de enjuiciar a los demás; exigencia que se traduce en una persistencia paciente y testaruda a la hora de trabajar.

Aunque planifico con meticulosidad el conjunto de cualquier composición artística, conscientemente, raramente me planteo a priori determinadas motivaciones como estímulo concreto para tomar una instantánea; ni tampoco qué finalidad persigo en realidad con la realización de una obra de arte concreta, sobre todo en los reportajes fotográficos improvisados. El análisis generalmente viene al final. Es después, al analizar los resultados, cuando aparecen las señas particulares de identidad que definen el estilo; señas tales como el equilibrio irregular de la composición, la posible carga insólita que la instantánea pueda tener, el realismo fantástico de las escenas recogidas, la virulencia de una realidad cruda e hiriente puesta expresamente de manifiesto y, sobre todo, la presencia humana emergiendo en el contexto de la acción.

Alguien ha dicho de mis fotos que "están pobladas de tipos extraños, irreales, inmateriales y asimétricos, que no siempre ostenta el protagonismo fundamental de la composición fotográfica, sino que, con frecuencia, dichas criaturas o elementos forman parte del conjunto de modo marginal, fuera de cuyo contexto, es decir, por separado, individualmente, no tendrían ninguna razón de ser". Sea el juicio acertado o no, lo cierto es que, a priori yo no suelo plantearme inquisitivamente las composiciones, como quien rebuscase en los antros más profundos del ser humano, para plantearme un fenómeno creativo determinado. Lo habitual en mi es que las composiciones surjan de manera inconsciente e improvisada durante el proceso de creación; aunque naturalmente, nada es improvisado y cuando algo surge, siempre se deriva de la propia experiencia vital. De ahí que, el verdadero motor impulsor de mi trabajo, sea la experiencia de vida.


FELIPE IGUIÑIZ
Revista PHOTO, nº 70 - 1978
MADRID