María Dolores busca representar la música a través de formas, colores, hacerla tangible mediante la visualización de la idea. Recorriendo el papel, rasgando la desvencijada madera, los ritmos se suceden marcados por el metrónomo que en cada intervalo incorpora sonidos nuevos, como si la melodía, quisiera salir de su celda para tomarnos la mano y descubrir, por medio de su tacto, la textura de la música convertida en materia. Al igual que el tiempo consumido por el paso de los años, las imágenes muestran partituras olvidadas, marchitas, envejecidas prematuramente por las salpicaduras oxidadas del polvo de hierro. Todas ellas, descansan como en un sueño, más en su fuero interno, como un espíritu joven, resuenan melodías, nunca perdidas, que intensamente viven en sus notas. Música materializada en los pigmentos, en los papeles pegados, en la austera sobriedad de los tonos. Figurar la alegre armonía,' representar el triste silencio, dibujar conjuntamente, el espacio vacío, el sonido eterno, recuperar la magia encerrada en las frágiles hojas, perdidas, desde antaño, en el recuerdo. María Marco
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