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RETABLILLO
Tina Pastor Ibáñez


Caracterizará estas palabras iniciales sobre M8 Dolores Mulá un singular acento originado en el recuerdo, en la memoria en tomo a las vivencias que compartimos hace tiempo, vivencias llenas de experiencias artísticas ya que debido a coincidencias profesionales, estuve muy cercana a ella cuando se dedicó vocacionalmente al arte de la pintura. La seguridad mostrada ante lo que tenía entre manos desde el principio -nunca mejor precisado el térnlino-, aportará una de las facetas primordiales de esta pintora que yo creo se hizo ya hecha, nada más empezar. Posiblemente todo su ser estaba ya muy preparado para ello. No lo digo porque sí, más adelante volveré sobre esta cuestión.

La dirección de la Sala de Arte de la Caja de Ahorros del Mediterráneo de Elche, para la cual yo estaba comisariando diversas exposiciones con el fin de impulsar el arte joven, me encargó preparar la primera exposición individual de una pintora que yo empezaba a conocer. Aquella Sala de Arte era de diminutas proporciones y estaba ubicada entonces en la calle Santa Bárbara, cercana a la actual Sala de Arte de la CAM en la plaza de La Glorieta; la Sala de Santa Bárbara cumplió durante los primeros años ochenta, creo yo, las expectativas de impulsar un entorno cultural alrededor de los jóvenes pintores y pintoras, ya que asumió los diversos planteamientos del nuevo relevo generacional, y no cabe duda que en el ambiente se notaba una auténtica necesidad de estar ahí, de mostrar públicamente lo que se estaba haciendo.

Y la verdad es que existía un auténtico interés para que las actividades artísticas alcanzaran dinamismo y una buena dosis de creatividad. Por aquellos años dejaban ver su madurez, que fueron consolidando, artistas que ya tenían definida una trayectoria: Castillejos, Castejón, Casto, Díaz Padilla, Andrada (fallecido prematuramente en Madrid)... Luego la voz de la cantante y poeta Ana María Drack en la radio, esta vez como locutora encargada de un magazine en la cadena SER, dando cumplida cuenta de los debates y de las exposiciones, Ana María Drack precisamente media hora antes de la inauguración entrevistó a la pintora causándole una gran sorpresa pues cantó a micrófono abierto, Alfonsina y el mar, sabiendo la gran influencia que esta canción tenía para ella. Y bueno, la publicación por esas fechas de mi primer libro de poemas, que supongo reposará apaciblemente en las estanterías de los amigos. Elche para mí era una pequeña fiesta, y sus calles y sus huertos un escenario irrepetible donde te encontrabas a la gente continuamente y se comentaban los acontecimientos.

Ciertamente existían circunstancias favorables para el impulso de nuevos valores, algunos de ellos con el tiempo se han consolidado, este es el caso de M8 Dolores Mulá.

Cuento todo esto porque además, en aquellos primeros años ochenta, había un referente esperanzador, o al menos a mí así me parecía, que era el recién inaugurado Museu d' Art Contemporani d 'Elx, el impulso del proyecto y de su realización se debió al conocido Grup d'Elx, aunque en realidad la movida del mismo hay que atribuírsela a dos de sus miembros: Sixto Marco (fallecido recientemente) y Albert Agulló, y en particular al fogoso carácter de Sixto Marco que puso un total empeño en ello. Albert y Sixto dos artistas fundamentales en la historia de Elche, marcan un paso decisivo entre lo que era la pintura tradicional y los planteamientos experimentales de un total anticonvencionalismo, aún Albert estudió en la Escuela Municipal de Dibujo con la enseñanza académica de Ildefonso Cañizares. El magisterio de estos dos pintores ha sido muy notable, tanto desde el diálogo totalmente coloquial ejercido en sus respectivos estudios, como en su calidad de enseñante s en la Escola de Pintura del Hort del Xocolater; su método o mejor su antimétodo, era la libertad en representar las cosas como se veían y sobre todo la pasión por la naturaleza. Conviene señalar que el inicio pictórico de M8 Dolores Mulá proviene de estas fuentes.

Vuelvo ahora al hecho de explicar cómo entiendo que M8 Dolores Mulá desde el primer momento se hace ya con un bagaje suficiente de recursos, con una base potencial acumulada en los recovecos de su imaginación, y que aparece en las pinturas de aquella primera exposición individual suya. Entiendo que la fuerza del color se mantiene viva, está ya hecha en aquellas tintas chinas realizadas con plumilla, compuestas de trazos curvilíneos, formas orgánicas deshechas y manchones estrellados que subyugan por la frescura de la espontaneidad, hay ecos marinos y de caracolas, y los colores suaves, amarillos oro, ligeros morados, rojos granada. Su elaboración ya presenta una sorprendente madurez conceptual y una habilidad sutil para captar la fuerza decorativa de la línea en la yuxtaposición con el color. La organización formal lógicamente no tiene nada que ver con lo que la pintora está haciendo en la actualidad, pasadas ya casi dos décadas y con mayor madurez, pero a través de los elementos reales que la pintora abstrae -y que conforman su obra- se da una estrecha vinculación entre aquellos primeros trabajos y estos últimos.

La serie de pinturas que tituló, Tintas, cubrieron las paredes de la pequeña Sala de Santa Bárbara. Una de las motivaciones principales de su inspiración fue como está dicho la canción dedicada a Alfonsina Stomi, canción muy popular entonces. Los versos de esta poeta argentina impresionan por su gran lucidez, y no menos su despedida previa al suicidio con un estremecedor Vaya dormir. Hay luz en su escritura, y escepticismo. ~ años después María Dolores Mulá registró la escritura de versos en sus pinturas empezando con una serie dedicada a Rafael Alberti.

Eligió las tintas chinas porque le permitían una mayor fluidez y expresividad poética, y ahora recuerdo la inclinación del magnífico Gao Xingjian al optar por estos materiales propios de su cultura oriental -después de haber experimentado con óleos- que le permitían una libertad más directa con su espíritu, mayor ensoñación. En El libro de un hombre solo hace decir a la protagonista alemana al ver uno de sus cuadros "una especie de sueño, una imagen interior en la que uno se pierde".

Creo yo que Mº Dolores, bajo la cobertura de la mentalidad, occidental hace huecos para salir a culturas más metafísicas, y esa salida ha debido permanecer latente. Sus maestros la iniciaron en la representación de la naturaleza para interpretarla con sus propios ojos, es de suponer que se saciaría del aspecto terroso y verde de los huertos de palmeras para adquirir la suficiente técnica con la que poder mostrar su tactilidad, el carisma de su vital flexibilidad, una realidad en la que la materia deja su huella. El camino era propicio para su propio proceso de aprendizaje pues, puedo suponer, que mental izaría esas evidencias para sustituirlas por evocaciones de recuerdos, de aspiraciones, de evidencias marcadas por el ritmo de la ensoñación.

Las vanguardias contemporáneas han impuesto la libertad creativa absoluta, el color en su pureza y las líneas en su esencialidad; de ahí que el subjetivismo adquiera una amplia ramificación. Mº Dolores Mulá ha aprovechado todas las lecciones, es permeable, tiene curiosidad, sus recursos innatos procesan las vivencias y tiene la facultad de derramar un sin fin de imágenes. Baste señalar que desde que empezó su carrera profesional ha realizado innumerables series, siempre series en tomo a un tema que desarrolla en un sin fin de imágenes, ya digo, y todas ellas tienen sus correspondientes réplicas en carpetas de grabados. Y le gusta mucho experimentar: utiliza pigmentos naturales, acrílicos, cal, óleo, cualquier tipo de soporte, sean papel, tela o madera, y suele trabajar con bastante frecuencia el collage. Como curiosidad dejo constancia de su sentido de la previsión, compró hace diez años tela de trama abierta y papel de arroz porque estaban a buen precio, los guardó y ahora los utiliza. En el taller, cuidadosamente delineados, me llamaron la atención unos rollos de tela y otros rollos de papel, me dijo que en la acción de desenrollarlos había un rumor de algo que se quiebra, una música sin medida.

Me comentaba la gran importancia que para ella tiene reflexionar ante cualquier manifestación de la naturaleza, es como si quisiera extraer de la misma una auténtica lección, por lo menos una aproximación lo más sincera posible. Un sentimiento que compartimos muchos, y es que desde que el hombre empezó a poder manipular técnicamente la naturaleza los patrones de la escala humana están sin norte ni guía. No es una queja barata, estamos contentos con el progreso, pero habrá que escuchar la naturaleza y la voz de los grandes pensamientos humanos con una actitud de mayor respeto. Encuentro un descomunal sarcasmo el mimetismo que supone el invento del "parque temático", quitar árboles centenarios para plantar, de viveros, raquíticos arbolitos en una triste fila marcada por el hormigón. María Dolores dedicó una serie pictórica a su madre, el tema central era el dibujo de una flor que su madre amaba, la rosa, y en esta ofrenda a la madre encuentro la fuerza de intenciones que tiene el poder evocador de la naturaleza. En Elche, la germinación de la tierra se yuxtapone con armonía (aunque cada vez por desgracia menos armoniosamente) al entramado urbano, caminas por el centro de la ciudad y los pasos te llevan hacia el cauce del Vinalopó, un cauce tan amplio como menguadas son sus aguas. Sorprendente esta irrupción de la naturaleza que se renueva año tras año inundando de aromas las tierras del Mediterráneo, sorprendente la creatividad que del brote de una rama salga la flor -blanca o rosa- y surjan el limón, la naranja o la almendra. Tierras secas pero fértiles, paisaje abrasado de sol pero . exuberante de cultivos. Tierra yagua, este paisaje es el que ha visto María Dolores, desde que llegó muy pequeña a Elche. Y en su obra hay constantes alusiones a la naturaleza: agua, luna, tierra, representadas de una manera esencial, es decir, representadas según la captación de su ensoñación particular. En sus obras últimas ha desarrollado alguna técnica que me parece interesante. destacar, como es la creación de envolvente s atmósferas, ya que los colores han perdido ese automatismo fragmentado y se distribuyen calmosamente por toda la superficie del soporte. Enumero algunas cuyos títulos son bastante elocuentes. El equilibrio, tríptico, trabajado con collage, el panel central alude al abanico decorado con cañas de bambú, las esferas de los lados son lunas, todo el fondo es rojo. Retablo con farolillo, cuatro paneles unidos por un hilo (de la vida), hay tenue luz en los farolillos, en unos paneles el lienzo apenas está pintado, otros están marcados con trazos de pintura. Kimono, con la forma esquemática de esta prenda japonesa y con los brazos abiertos casi parece una cruz, decorado con ondas recordando el mar, y en otra versión con lunas todo pintado de azul. Ikeba111z alusión a las ofrendas florales de los japqneses, con un cuenco y dos ramas, el fondo es rojo. Finalmente Jardín Zen, apaisado con tierras. Desde el principio M3 Dolores ha conseguido hacer una abstracción del tema, a veces se percibe en su forma real, tallos farolillos, otras, es una aproximación a su forma real esquematizada y otras, la forma se extiende a un trazo gráfico. Hace apenas dos años estuvo en Japón en el contacto con la doctrina Zen, doctrina para vivir en armonía, que admira. Empezó con una poeta occidental ejecutando tintas chinas sobre papel y ahora se interesa por los haikús, y su pintura se hace envolvente, más sofisticada, más ténicamente compleja, y cargada, como en aquéllas, de metáforas y de ensueños.

Tina Pastor Ibáñez