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ATADOS
Ernesto Contreras
Aún, en ciertas ocasiones, la sociedad contemporánea, nuestra
sociedad, nos pone ante los ojos la vieja imagen del hombre atado, como
un recordatorio. Atado con cuerdas, con alambre, con esposas o cadenas:
atado a la estaca del tormento, a su solitaria derrota o a sus compañeros
de lucha y represión Imagen sin ningún sentido metafórico,
imagen evidente, que solamente quiere decirnos lo que nos dice: en ciertas
ocasiones, aún, el hombre se nos presenta atado. Nada más.
¿Pero, nada más? El hombre normal, nuestro hermano de tiempo
y espacio, ese yo multiplicado por millones que pisa las aceras de las
ciudades, que se hunde en la oscuridad de los salones cinematográficos,
que se inclina cada día por horas y horas delante de las máquinas
y las mesas, que se amontona en todas las salas de espera y que es, al
mismo tiempo, engendrador y carnicero, cuna y féretro de los objetos
y de los pensamientos, de las técnicas y de las necesidades de
nuestra realidad cotidiana -el depositario, al final de esa mezcla de
donaciones e hipotecas históricas que llamamos sociedad- quizás
nos deje ver algo de perplejidad en los ojos, como una nube de recuerdos
ancestrales, mientras contempla la vieja imagen del hombre atado. Pensará,
quizás, en cualquier memorial antiguo casi legendario y, un poco
molesto por los recuerdos del pasado, volverá o cerrará
los ojos, doblará el diario o cerrará la televisión,
dejando a un lado la imagen, tal lejana, del hombre atado. Quizás
-nunca se puede decir- flotará en su cabeza alguna leve consideración
sobre el sentido insólito de la imagen, su locura implícita,
su carácter de castigo excepcional, de destino fatal al que conduce
una búsqueda rebelde de nuevos caminos en el seno de una sociedad
perfecta. previsora, que ya ha señalado con sabiduría todos
los caminos. Y quizás también pronto. el hombre se bañe
de nuevo en su cotidianeidad. bien poniéndose al volante de su
coche para dejarse ir -ahora a la derecha, prohibido a la izquierda, stop,
luz verde adelante-, bien imaginando sus sueños predilectos -la
chica rubia con una manera de reír saludable. y mucha pela. y los
dos juntos y solitarios en una playa solitaria y una cualquier cola para
que la felicidad sea completa olvidándose, definitivamente, del
hombre atado.
Sin embargo, el olvido es difícil. Vive, en el mundo, gente muy
diversa, hombres dados a la metáfora, extraños obreros que
piensan artistas que hablan, pensadores que oyen. Y, cualquier día,
el hombre normal, nuestro hermano de tiempo y espacio, oye una sirena
y se encuentra, de repente, formando parte de la vieja imagen y se da
cuenta que el coche que conduce rodeado de señales, rayas y coches,
siempre dirigido, se metamorfosea, delante de cualquier semáforo,
en un poderoso alambre que lo mantiene atado, sin posibilidad de escaparse,
en el centro de la calle. Y vuelve a oír la sirena y su sueño
predilecto se convierte en cuerda que ata sus manos. impidiéndole
gozar de las caricias más cercanas, más reales. Nuestro
hombre normal - solamente cuando oye el misterioso silbato que utiliza
esta gente extrañase ha convertido en hombre atado. Uno más.
Estos son los peligros de la metáfora. La Metáfora hace
cambiar todos nuestros conocimientos, nuestras convicciones, eso que creíamos
que era la verdadera realidad. La metáfora nos da una imagen nueva,
distinta, de la realidad. o mejor, de las realidades que nos conforman
a cada uno Se trata de un arma terrible. la metáfora. Armados con
ella, los artistas, especie humana altamente resistente ala contaminación
alienante de la sociedad de consumo, se encuentran con bastantes fuerzas
para aclararnos nuestra realidad cotidiana de hombres atados por los invisibles
-por tanto invisibles cuerdas de los prejuicios, de las costumbres, de
la alienación de las palabras vacías y de los oídos
cargados, a los deseos impuestos, a los q que haceres embrutecedores,
a la propia anulación. Al fin y al cabo, lo que hacen estos artistas,
como Díaz Azorín, es dejar bien clara la realidad social
de nuestro tiempo disparando toda clase de metáforas. ¿Herido
de muerte, el hombre «normal» llegará a descubrir su
verdadera imagen en la imagen insólita del hombre atado? ¿Llegará
a quitarse, antes de que sea demasiado tarde, sus ataduras?.
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