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DIAZ AZORÍN PINTOR NUESTRO Y DE HOY
Ernesto Contreras
Se ha dicho -allá cada uno con su opinión- que el artista
es un hombre insolidario, un ser que se produce al margen del tiempo sin
relación alguna con una época y unas gentes. No quiero discutir
esta creencia. Lo que sí afirmo, en cambio, es que Díaz
Azorín es un pintor de hoy -mejor, de ahora- y de nosotros. Esto
quiere decir, ni más ni menos, que será también un
artista de mañana y de los que vengan. Y es así, sencillamente,
porque se trata de un artista verdadero, de un creador. No es que se le
note en la cara. o en el gesto. Mirándole, quizá nos quedaría
la impresión de que le ronda una vocación de solitario -quizá
busca la distancia imprescindible para hallar la exacta perspectiva-,
pero no nos cabría duda de que se trata de un hombre normal, uno
de los hombres que caminan las aceras, suben a los tranvías y se
apresuran hacia el trabajo en todas las poblaciones del mundo. Lo que
distingue al artista, lo que diferencia a Díaz Azorín de
otros hombres, es el fuego de su espíritu y su resultado visible:
su pintura.
La pintura de Díaz Azorín ya es otra cosa. Imprescindible,
como una buena casa o unos buenos zapatos. Y oportuna. Díaz Azorín,
yeclano afincado en Alicante, ha llegado a las salas de exposiciones cuando
ya resultaba totalmente necesario, cuando los otros jóvenes envejecían
alrededor de sus escuelas y de sus maestros. Díaz Azorín
ha irrumpido de pronto -lo del aprendizaje, lo del esfuerzo anterior es
una cuestión suya personal- y ha impuesto, entre sus contemporáneos,
una actitud joven, ardiente y vital. Humana, claro. Y en esto, sólo
en esto, es donde se nos evidencia como artista, como creador. Por sus
obras lo conoceréis.
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