Introducción histórica
Martín Almagro-Gorbea
(Universidad Complutense de Madrid)
La Península Ibérica constituye
la más occidental de las tres grandes penínsulas de Europa que
se adentran en el Mediterráneo. En la Antigüedad fue conocida como
Iberia por los griegos y como Hispania por los romanos.
Situada en el Suroeste de Europa, abierta al Mediterráneo
y al Atlántico, así como a Europa a través de los Pirineos,
sin olvidar su proximidad al Norte de África, constituía el finis
terrae o final del mundo conocido en la Antigüedad. Su personalidad
se veía acentuada por las diferencias geográficas desde el Mediterráneo
al Atlántico y desde la soleada Costa del Sol hasta las montañosas
regiones septentrionales. En este emplazamiento se conformaron en el último
milenio a.C. los pueblos prerromanos que
describieron los historiadores greco-romanos.
Los pueblos prerromanos de Hispania correspondían
a tres grandes troncos étnicos con distinta capacidad de contacto y asimilación
con los pueblos colonizadores, fenicios, griegos, púnicos y romanos,
que contribuyeron a su desarrollo y su cultura.
Uno está constituido por los pueblos de
tradición cultural mediterránea, como los Tartesios de Andalucía
y los Iberos de las costas levantinas y el Valle del Ebro hasta el Sur de Francia,
abiertos al Mediterráneo y a sus corrientes civilizadoras. Los Tartesios
eran los más civilizados de Iberia gracias al contacto con los fenicios
de Cádiz y otras colonias, por lo que tenían ciudades grandes
y escritura, que trasmitieron a los Iberos. Los Iberos fueron los más
helenizados por su contacto con la colonia griega de Ampurias. Como los tartesios,
eran gentes agrícolas y comerciales que vivían en pequeñas
poblaciones fortificadas hasta su romanización a partir del siglo II
a.C.
Otro tronco étnico y cultural eran los
Celtas, que constituían la principal población del interior y
del occidente de Hispania. Eran pastores y guerreros con tendencia a expandirse.
Su contacto con la cultura ibérica más desarrollada dio lugar
a la formación de los Celtíberos, el principal pueblo que se enfrentó
a Roma. Los celtíberos y poblaciones afines, como los Vacceos en el Valle
del Duero y los Vetones en torno al Sistema Central, estaban relacionados con
los pueblos del norte y los que se extendían hasta el Atlántico,
como Lusitanos, Galaicos, Astures y Cántabros. Su aislamiento del Mediterráneo
explica que mostraran su menor nivel de desarrollo, con una sociedad más
arcaica que vivía en pequeños aldeas fortificadas o castros, lo
que explica su ruda oposición a Roma pero con escasa capacidad de resistencia,
hasta ser romanizados a partir del siglo I d.C.
Finalmente, en torno al Pirineo Occidental vivían
los Vascones, pueblo no indoeuropeo con formas de vida también muy primitivas,
cuya lengua debe relacionarse con el actual vasco.
En conclusión, la Hispania prerromana ofrecía
un complejo mosaico etno-cultural, que además variaba con el tiempo,
hasta que Roma impuso su superior cultura tras un gran esfuerzo bélico
de casi dos siglos, que supuso su unificación cultural y el paso definitivo
a la vida urbana y desarrollada.
Más información en la introducción
histórica de Tartessos y las colonizaciones