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Periodos

Constantinopla durante la Edad Media


Los enemigos que sitiaron Constantinopla a través de los siglos

Muchos fueron quienes intentaron tomar la ciudad por asalto y de esa manera destruir al Imperio, y casi todos ellos sufrieron estrepitosos fracasos, hasta 1204.

Estos son solo los más significativos, e incluyen ataques exteriores y sublevaciones o revoluciones locales, porque los propios bizantinos, a veces con ayuda mercenaria, también trataban de conquistar su propia capital, ya que sabían que quien tuviera la capital tenía el Imperio.

En 626, persas y ávaros (éstos junto a miles de eslavos) juntan sus fuerzas y atacan la ciudad desde Asia y Europa, por tierra y por mar, y, permaneciendo Heraclio muy lejos en campaña contra Persia, se hace cargo de la dramática situación el patriarca Sergio y defiende Constantinopla exitosamente con la colaboración de toda la población.

En 674 los árabes triunfadores en su propósito de conquistar el Imperio completo aparecen frente a las murallas e inician un violento ataque que dura años, siendo el gran defensor de la ciudad Constantino IV, quien solamente en 678, gracias a la acción de la marina bizantina, puede alejar a sus efusivos rivales.

En 705 el khan búlgaro Tervel con sus huestes acompaña a Justiniano II, antiguo emperador depuesto, y sitia la ciudad. Luego de tres días son objeto de las burlas de los guerreros defensores porque no tienen experiencia en asaltar grandes muros y su torpeza es aún mayor frente a la temible triple muralla. Pero el ex emperador logra penetrar con sus lugartenientes por unas tuberías del acueducto y una vez dentro se las arregla para retomar el gobierno. Un traspié que terminó con el gobierno de Tiberio II, pero que en realidad fue un sitio de características locales.

En 717 León III usurpa el poder y defiende La Ciudad frente a un enorme ejército árabe que un año más tarde se retirará vencido irremediablemente por la excelente organización y bravura de las tropas terrestres y marítimas bizantinas. El khan búlgaro Tervel pactó con el emperador para hostigar a los árabes.

En 742 Artavasdo pide a Teófanes Monutes, regente en nombre de Constantino V, que le abra las puertas de la ciudad, a lo que Monutes accede entregando la capital al usurpador. Otra toma de la ciudad de características y consecuencias exclusivamente locales, y que dio a Artavasdo la ilusión de ser emperador por dieciséis meses.

En 813, el búlgaro Krum, vencedor en 811 del emperador Nicéforo I, del cual había hecho una copa de oro con su cráneo, apareció ante las murallas defendidas por León, El Armenio; fue fracaso del khan búlgaro, que no pudo siquiera pensar en entrar a la urbe, pero hubo una enorme devastación de las tierras cercanas, a la manera que luego acostumbrarían hacer los turcos.

En 821 Tomás, El Eslavo, que había iniciado una verdadera revolución interna, sitió con sus tropas Constantinopla, y la mantuvo cercada por un año, hasta que se rindió ante la evidente superioridad de las murallas y sus protectores, bajo el mando del emperador Miguel II. El búlgaro Omurtag ayudó con sus tropas al emperador.

En 860 se presentan los primeros rusos ante la ciudad y pretenden entrar en la misma, pero ante su fracaso se entretienen con incendiar sus alrededores extramuros, en época de Miguel III.

En 907 Oleg, el primer príncipe ruso que une a toda la región con todos los príncipes y señores rusos bajo su mando, llega desde Kiev con sus naves y guerreros y provoca otro sitio de la ciudad, defendida por León VI, pero se contenta con obligar a Bizancio a firmar un respetable pacto comercial y se retira.

En 913 Simeón, el gran zar del reino macedónico de Bulgaria, apareció frente a los muros con la pretensión de ser nombrado Basileus de los romanos, pero no pudo con sus murallas y se conformó con su coronación como Basileus de los búlgaros.

En 924 vuelve Simeón a intentar tomar Constantinopla, pero Romano Lecapeno hace una excelente defensa y el zar búlgaro, luego de un encuentro con el emperador, parece que abandona definitivamente sus aspiraciones a la corona imperial de los romanos.

En 963 Nicéforo Focas toma la ciudad y en una verdadera batalla en las calles vence a José Bringas, con la complicidad de la emperatriz Teófano, con la cual se casa y obtiene la legitimidad para ser coronado emperador.

En 1047 el general armenio bizantino León Tornikes se subleva contra Constantino IX Monómaco y estuvo a punto de tomar la capital, pero no llegó a hacerlo, tal vez por mala suerte, o por haber tenido cierta vacilación, porque muchos ciudadanos parecían apoyarlo.

En 1081 Alejo Comneno apareció ante las murallas que sostenían a Nicéforo III Botaniates, y pudo entrar gracias a un acuerdo con el jefe de los germanos que guardaban la misma, y en las calles de la ciudad se produjo la lucha con las tropas del emperador, de la cual salió victorioso y fue coronado como Alejo I. Sin embargo, sus tropas, extranjeras en su mayoría, se dedicaron a saquear y destruir la ciudad durante tres días sin descanso, con lo cual ésta quedó en un estado bastante ruinoso, lo que hizo que Alejo sintiera verdaderos remordimientos por la destrucción de una ciudad tan preciada para él e intentara su reconstrucción inmediatamente.

En 1090 los pechenegos, pueblo turco que llegaba desde el Danubio, se aliaron con los herejes bogomilitas que vivían en el Imperio y llegaron hasta Constantinopla. Más aún, el emir de Esmirna envió una vigorosa flota que envolvió a la ciudad por el mar, haciendo que el hambre y la miseria se apoderaran de ésta. Solamente el auxilio pedido por el emperador Alejo I a los cumanos, fervoroso pueblo de origen turco, salvó a la ciudad del desastre, en cuya batalla se masacró al pueblo pechenego casi en su totalidad.

Luego vendrá la época de las primeras cruzadas entre 1098 y 1204, durante las cuales repetidamente los cruzados de cada época pensaron en sitiar y tomar la ciudad hereje por asalto, pero siempre se impuso en último momento en los reyes, nobles o generales que las dirigían la obligación de combatir a los musulmanes, no sin haber por eso fricciones, batallas, muertes y deseos reales de combatir a los bizantinos.

Como se podrá apreciar, es muy amplia la lista, y muy variada (y no es la lista definitiva). Pero la constante histórica, hasta aquí, es la impotencia del sitiador, la victoria final siempre para los defensores, exceptuando algunos casos especiales de rencillas locales que fueron resueltas a favor de los sitiadores, como el caso de la toma de la ciudad por parte de Alejo I Comneno.

Conclusión final: Constantinopla era una ciudad absolutamente invulnerable para cualquier ejército extranjero que viniera con el propósito de tomarla a la fuerza, no así para los ejércitos rebeldes locales que bien podían aprovechar las simpatías que pudieran generar en el pueblo o en los defensores de la ciudad, que a veces ayudaba a sus hermanos rebelados contra el poder reinante en el imperio.


 
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