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El presente bloque de parodias surge de los éxitos circunstanciales del drama de Joaquín Dicenta, Juan José, y de los de Leopoldo Cano, La Pasionaria y La opinión pública. Éstos forman parte de una breve corriente teatral de finales de siglo, por la que el teatro se erige en lugar donde presentar las injusticias sociales, de modo que el público se convierta en juez y parte del fallo. Se trata de un teatro educativo, que denuncia los problemas más frecuentes de la sociedad contemporánea y reclama remedios. En los dramas sociales se refleja el odio a los políticos industriales, a los corruptos, a los usureros, y la defensa de los oprimidos, de los sectores sociales más débiles. Ahora bien, el tratamiento se mantiene en líneas generales en niveles superficiales, sin una excesiva profundidad, a pesar de la crudeza de los conflictos dramatizados.
No obstante, esos dramas incorporan tramas secundarias, melodramáticas, de naturaleza neorromántica (pensemos en el éxito que cosechaban en ese contexto de finales del siglo XIX los dramas neorrománticos de Echegaray), y son éstas las que constituyen el grueso que los parodistas escogen para su actividad de recreación burlesca, de modo que, haciendo uso del proceso paródico de reducción temática, minimizan la problemática social, menos apta como materia de burla, y realzan la historia colateral. Se pierde, por tanto, en las parodias el aspecto de denuncia de los dramas sociales, se trivializan los conflictos sociales y se potencian los pasionales.
En esos términos cabe entender las parodias de este bloque: Pepito, remedo del drama de Dicenta, Juan José, desarrollando el motivo de los celos y el honor por encima del laboral; La Sanguinaria y La adelfa, parodias del drama de Leopoldo Cano La Pasionaria, en las que la denuncia de la aristocracia, la rica burguesía y el clero deja paso a la hilaridad de situaciones, exentas de cualquier interpretación conflictiva; y La voz del pueblo, remedo burlesco del drama La opinión pública, también de Leopoldo Cano. De Dicenta también se recrea paródicamente su drama El señor feudal, pero la parodia, El senyor del pis de dalt, está en lengua catalana, no pertenece a la historia de la parodia teatral en lengua castellana y, por ello, queda fuera de nuestro ámbito de estudio.
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