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No es un grupo cuantitativamente amplio, debido sobre todo a que las comedias no están entre las preferencias de los parodistas. Se trata de un género no propicio ni sencillo para la labor del parodista, porque éste debe crear comicidad a partir de una obra ya cómica, que en muchas ocasiones no consigue superar en términos de hilaridad; es un caso idéntico al que sucede con las parodias del drama posromántico Cyrano de Bergerac, que no alcanzan la comicidad que caracteriza una de las vertientes de la obra de Rostand. Sin embargo, a pesar de las supuestas dificultades que entraña la parodia de las obras cómicas, la vigencia escénica de éstas y los triunfos puntuales de ciertas comedias propiciaron su recreación paródica, que dividimos a su vez en parodias de la retórica o de los convencionalismos cómicos y en parodias de comedias específicas.
De las primeras hemos documentado dos ejemplos, que no son exclusivos de este bloque: La abuela, de Ricardo de la Vega, parodia del género de la comedia realista de enredos; y ¡¡Un disparate!!, de Ricardo Velasco Ayllón, parodia de la comedia burguesa o alta comedia. La abuela, que presenta a su vez una breve parodia secundaria de motivos románticos, se considera principalmente como una parodia de las comedias realistas de enredos, donde las casualidades y anagnórisis son muy frecuentes, de ahí el exagerado y rocambolesco desenlace de la obra, en el que todos los personajes resultan pertenecer a la misma familia. ¡¡Un disparate!!, cuyo desenlace remeda las interpretaciones operísticas de la compañía de Adelaida Ristori, parodia las tramas convencionales de la comedia burguesa de raíces moratinianas o alta comedia, en las que la educación de los hijos, la defensa de los valores virtuosos, las situaciones comprometidas y las soluciones moralizadoras se hallan necesariamente presentes.
Hablar de parodias de comedias específicas supone hablar de parodias de Leandro Fernández de Moratín y de Adelardo López de Ayala, los máximos exponentes de la comedia clásica, de tendencia burguesa, en sus respectivos períodos: finales del siglo XVIII y principios del XIX el primero, y mediados o tercer cuarto del siglo XIX el segundo. No obstante, sólo Moratín logró trascender su momento histórico y permanecer en las carteleras teatrales durante el siglo XIX (y, por supuesto, así continúa hasta hoy día), gracias a lo cual entendemos que en fecha tan alejada de la época del comediógrafo neoclásico se estrene una parodia de una de sus obras más relevantes: El cine de Embajadores, parodia de La comedia nueva o el café.
Las parodias de las comedias de López de Ayala responden al éxito circunstancial de este dramaturgo, que adquirió reputación teatral con los estrenos de Un hombre de Estado, El tanto por ciento, Consuelo y la parodia El nuevo don Juan. De éstas sólo dos han generado versiones paródicas: Un hombre de Estado fue remedada por Ramón Medel en Un héroe del Avapiés, y Consuelo obtuvo su trasunto paródico a manos del prolífico parodista Salvador María Granés en Consuelo... de tontos. Las moralejas, los motivos burgueses, el ambiente idealizado, las caracterizaciones virtuosas y las tramas cómicas sucumben en las parodias ante la bajeza de hechos y caracteres, el lenguaje de la «plaza pública» y los despropósitos que ocasionan los conflictos de la acción.
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