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Bloques temáticos

7. Parodias de teatro galdosiano

Benito Pérez Galdós es eminentemente un narrador, por su carácter, sus presupuestos y sus fines; y en narrativa cosechó su mayor prestigio. Sin embargo, consciente de las posibilidades del medio teatral de conseguir la inmediatez del mensaje de cara al espectador, cultivó el teatro como vehículo de expresión de sus preocupaciones, centradas en el análisis y regeneración de la sociedad española. Y los éxitos puntuales que obtuvo con algunas de sus obras no pasaron inadvertidos a los parodistas, que se afanaron en recrearlas desde la perspectiva burlesca.

No obstante, las recreaciones paródicas del teatro galdosiano sufren el proceso de reducciones temáticas, propio de un elevado número de parodias, porque de las tres actitudes estéticas que coexisten en la producción teatral galdosiana, algunas son más aptas como materia paródica que otras. Esas actitudes son: la neoclásica, la romántica y la realista. La primera es la actitud del Galdós ilustrado, que busca el análisis de una realidad con fines pedagógicos; es el aspecto moralizante, utilitario, pragmático del teatro galdosiano. Con la actitud romántica busca Galdós en sus propios traumas los modelos básicos para trazar los conflictos y el argumento; de esta actitud, cuando es exagerada, nace el melodramatismo neorromántico y el sentimiento humano. Y la actitud realista se traduce en la búsqueda de Galdós en su entorno de los elementos verosímiles que recubran vistosamente el texto planteado, que no se aparta nunca del contexto real problemático que lo ha motivado. De esas tres actitudes es evidente que la más apta para la deformación paródica es la romántica, por las posibilidades melodramáticas que ofrece al parodista si se le añade un punto más de énfasis pseudorromántico; además, debemos resaltar que los directores de escena ayudaban, sin ser conscientes de ello, a la labor de los parodistas, ya que procuraban reducir los dramas de Galdós a sus aspectos melodramáticos y de entretenimiento, pensando agradar así más al público. Sin embargo, el aspecto moralizante y el realista comprometido, o sociopolítico, aunque mínimamente, también resultan caricaturizados: el primero, en los grotescos desenlaces, en los que desaparece cualquier atisbo de moraleja; y el segundo, en las constantes burlas a la clase noble, en las sátiras a las fuerzas políticas conservadoras y liberales, y en la omnipresencia de la figura del anarquista, amigo fervoroso de atentados.

Cuatro fueron las obras dramáticas de Galdós objeto de chanzas y mofas: La de San Quintín, Electra, Mariucha y El abuelo. De ellas la primera generó el mayor número de parodias, un total de tres: La de Vámonos (1894), de Felipe Pérez, La de Don sin Din (s. f.), de Salvador María Granés, y La del capotín o con las manos en la masa (1894), de Gabriel Merino. Electra fue remedada en dos textos: Electroterapia (1901), nuevamente de Gabriel Merino, y ¡Alerta! (1901), de Federico Rodríguez Escacena y Rafael Muñoz Esteban. El abuelo también se vio parodiada en dos ocasiones, aunque sólo hemos logrado documentar las obras (no las hemos localizado): El camelo, de Gabriel Merino, y El noventa pelao o ¿cuál es mi nieta?, anónima. En cuarto lugar, Mariucha sirvió de pretexto paródico a Feúcha (1903), de Antonio Casero y Alejandro Lamibiera.



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