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Bloques temáticos

8. Parodias del género lírico (zarzuelas, operetas y género chico)

Hablar de teatro durante el último tercio del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX significa hablar de las manifestaciones del género lírico, más castizo (zarzuelas, género chico) o menos (operetas), ya que llenaron el panorama escénico español de obras nacidas de la dialéctica de la oferta y la demanda, sin saber realmente de qué lado de la dialéctica partió el fenómeno. Los espacios teatrales se multiplicaron exponencialmente, los precios se abarataron, los gustos populares favorecieron los géneros musicales de divertimiento y el tenso clima histórico-político (períodos de contiendas civiles, revolucionarios, de república, de restauración monárquica y de disputas coloniales) requería la existencia de vías de evasión de esa realidad conflictiva, entre las que el teatro ocupaba un lugar privilegiado. De la confluencia de estas circunstancias de diferente naturaleza (teatral, económica, sociocultural e histórico-política) nació el auge de estas formas líricas, sencillas, populares, cotidianas, aparentemente liberales, pero tácitamente conservadoras en su mayoría.

Es evidente que una corriente teatral tan extendida, cuyos productos entraron a formar parte esencial de la competencia teatral de los espectadores, no podía pasar desapercibida para los parodistas; y, en efecto, así sucedió. Sin embargo, los mismos parodistas reconocen las dificultades que entrañaba parodiar las obras del género lírico, porque su temática popular, sus personajes ordinarios y bajos, sus ambientaciones vulgares, su lenguaje de «plaza pública», sus fragmentos musicales y su aspecto satírico, crítico y, a veces, paródico, hacían de éstas unas obras muy próximas a las parodias, pues compartían la práctica totalidad de rasgos. En estos términos se expresan los autores de La romería del Halcón, parodia de la popularísima La verbena de la Paloma: «La obra, desde que se anunció en los carteles, despertó un interés extraordinario, no comprendiendo muchos que un sainete fuese parodiable, y sobre todo, una obra tan genérica y de caracteres tan acentuados como La verbena de la Paloma. // Era, por lo tanto, nuestra misión algo difícil». Y juicios como éste se repetirán con frecuencia, ya de parte de los mismos parodistas, ya de parte de la crítica periodística.

Ahora bien, esta proximidad genérica entre las obras del género lírico y las parodias no debe llevarnos a errores de interpretación de la naturaleza del género paródico. Éste no ha de ser necesariamente ni lírico, ni breve, ni popular ni nada que se asemeje a los productos de zarzuela, extensa o corta, o de opereta. Si existe esa proximidad en un elevado número de parodias, se debe al contexto teatral de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, que imponía como requisito para una inmediata puesta en escena de las obras la adecuación de éstas a los moldes del género de teatro breve, que ocupaba la inmensa mayoría de espacios teatrales a nivel nacional. Era tanta la demanda de obras nuevas y la necesidad de renovar los repertorios, que los empresarios teatrales solicitaban a los autores que creasen con premura obras de las características ya reseñadas. Y los parodistas vieron en esta situación una ocasión favorable de estrenar sus obras y obtener, con ello, suculentos beneficios, al tiempo que los empresarios teatrales veían colmadas sus necesidades de renovación de carteleras y el público disfrutaba de esos espectáculos líricos y cómicos, con los que resultaban saciados sus deseos de divertimiento. Era un proceso beneficioso para todos, excepto quizás para el arte teatral, que pasó a ser un conjunto de formulismos y esquemas, repetidos hasta la saciedad en la creación teatral de estas piezas del género lírico y, también, del paródico. En este sentido, pues, debemos entender esa afinidad de rasgos entre las obras de ambos géneros, sabiendo, no obstante, distinguir la naturaleza genérica de las parodias de cualquier otro género teatral y literario.

El medio de parodiar las obras del género lírico era, en consecuencia, un medio interno: la parodia adopta la forma de la zarzuela o de la opereta que pretende remedar y desde dentro, desde el mismo esquema del subtexto parodiado, se lleva a cabo el proceso de recreación paródica. Argumentos, motivos temáticos, personajes, ambientaciones, estilo, lenguaje, interpretación escénica, vestuario, decorados, música, sonidos... resultan recreados, pero sin salir de los esquemas típicos de construcción del teatro breve, con el fin de buscar la comicidad a partir del juego con un subtexto conocido por el público. En muchas ocasiones no se logra superar la comicidad de la original parodiada, pero al público le solía bastar con que se llegase a un estadio de comicidad parejo al del original, pues por el simple hecho de reconocer el subtexto remedado ya experimentaba satisfacción (uno de los efectos del género paródico); y si además la parodia iba acompañada de fragmentos musicales de la original, el éxito estaba asegurado. No obstante, fueron más los fracasos que los éxitos de las parodias del género lírico. Así lo demuestra la desaparición de muchos de los textos paródicos, que no fueron siquiera editados, y las críticas de periódicos al respecto de estas parodias, a las que achacaban el empleo de rudeza sin comicidad alguna.

Cuantitativamente es un bloque extenso. Hemos documentado un total de diecisiete obras líricas que han sido escogidas como subtexto principal para parodias; y algunas de ellas han generado una saga paródica notable, como las cuatro parodias de La Dolores. Sin embargo, las referencias en parodias a las obras del género lírico van mucho más lejos de la nómina establecida en este bloque. Aquí sólo hemos recogido aquellos títulos que remedan una obra lírica específica, pero referencias paródicas a estas obras existen en la práctica totalidad de parodias de los diferentes bloques temáticos en que hemos dividido nuestro portal temático; sobre todo, abundan los pasajes cantados y musicales que aluden explícitamente a obras del género lírico. De éstas, las más utilizadas metateatralmente son: La verbena de la Paloma, El dúo de la Africana, La Dolores, El joven Telémaco y La gran vía.

A pesar de esa amplitud a la que hacemos referencia, al respecto de la relación de parodias que recogemos en este bloque hemos de indicar la situación de no localizadas de muchas de ellas, porque, según hemos apuntado, su escasa calidad, sus estrepitosos fracasos hicieron que se extraviaran. Sabemos de su existencia y puesta en escena gracias a las carteleras teatrales y a las críticas periodísticas que recogen la información de los estrenos, pero desconocemos si se conservarán ejemplares de las mismas; de momento, son bastantes los que no hemos localizado. Nuestro deber es mencionar su existencia, a fin de dar fe de la corriente paródica que suscitaron las obras del género lírico. Otra cuestión es la actividad crítica de enjuiciamiento estético de esas parodias. Los textos no localizados son los siguientes: Dolores fuertes de barriga, de Francisco Pérez Collantes, parodia de La Dolores, La viuda triste, de Fuentes, parodia de La viuda alegre, El verdadero conde o el timo del casamiento, de Martínez y Lahoz, parodia de El conde de Luxemburgo, El cuñao de Rosa, parodia de la arnichesca El puñao de rosas, y la anónima El salto del borrego, parodia de El salto del pasiego.



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