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Bloques temáticos

9. Parodias del teatro clásico

Es uno de los bloques que más problemas de localización de textos nos ha causado. Hemos documentado la existencia de nueve parodias de textos clásicos españoles, pero de momento sólo hemos podido localizar cuatro de ellos: Currillo el esquilaor, de Gabriel Merino, Otro perro del hortelano, de Manuel M. de Santa Ana, La vida es soplo, de Fernández Palomero, y El sueño es vida, de Antonio Casero.

A pesar de que se encontraban las obras clásicas regularmente en los repertorios de los teatros, los parodistas preferían otros objetivos antes que los clásicos. Éstos podían facilitar la labor de los parodistas, porque son textos que forman parte de la competencia teatral de los espectadores y cuya identificación resultaría sencilla, de modo que el juego metateatral de la parodia obtuviera efecto seguro, pero los parodistas preferían escoger como objeto de sus burlas aquellos textos cuya creación estuviera más próxima al contexto de producción de la parodia y cuyo éxito fuera más circunstancial, más ligado a una situación determinada geográfica y temporalmente, de modo que la parodia tuviese además una justificación contextual, de la que carecería si parodiase un texto clásico cuya presencia escénica se debe a criterios más de tradición y homenaje que a circunstancias del período determinado. Ello es así hasta el punto de que incluso una de las parodias del teatro clásico que aquí recogemos, Currillo el esquilaor, puede tener una justificación circunstancial, sin la cual no se habría dado: esta parodia de la comedia de Moreto San Franco de Sena es de principios de 1884, pero probablemente no habría existido si el compositor Tomás Bretón no hubiera estrenado la comedia clásica a finales de 1883 como zarzuela, cuyo éxito no pasó desapercibido para el autor de la parodia, Gabriel Merino. Éste aprovechó la vigencia escénica de la zarzuela de Bretón para elaborar la parodia y utilizó el reclamo del autor clásico, Moreto, para que la parodia gozase de un referente de prestigio, que llamase la atención y atrajese público, como así sucedió.

Aparte de Agustín Moreto, otros autores clásicos parodiados durante el período que hemos acotado para nuestro portal fueron Lope de Vega, Calderón de la Barca y Rojas Zorrilla. De Lope de Vega fue remedada su comedia El perro del hortelano en dos ocasiones: Otro perro del hortelano, de Manuel M. de Santa Ana, y El perro del pastelero, anónima. En la primera, que sí hemos localizado, no hay una parodia literal de la comedia lopesca, sino que recoge su espíritu, aprovechándose de que es reconocible por el competente espectador teatral, y lo adapta a una situación cómica totalmente diferente.

De Calderón de la Barca son dos las obras escogidas como base para la recreación paródica: La vida es sueño y Casa con dos puertas mala es de guardar. La primera generó un total de tres textos paródicos: Segismundo, de Echevarría, El Segismundo, del prolífico Pablo Parellada, y El sueño es vida, de Antonio Casero; éste es el único texto localizado y que, al igual que la parodia de Santa Ana, recoge el espíritu de la tragicomedia clásica y lo aplica a una situación inventada. Casa con dos puertas mala es de guardar obtiene su trasunto paródico en Otra casa con dos puertas, de Ventura de la Vega, de la que sólo podemos documentar su existencia, sin haber localizado el texto.

No debemos pensar que los parodistas desaprovecharon las posibilidades paródicas que propiciaban los textos clásicos como consecuencia de su fácil identificación por parte de los espectadores competentes. Estos textos facilitaban la labor del parodista y aseguraban el efecto cómico del juego metateatral propuesto. Por ello, a pesar de que apenas fueron objeto de parodias específicas (sólo las nueve documentadas), muchos de sus pasajes más populares aparecían recreados burlescamente en parodias de otros de los bloques en los que hemos clasificado nuestro portal; es un caso idéntico a la multiplicidad de referencias paródicas de obras del género lírico (zarzuelas, operetas y género chico), sin que éstas fueran la base sobre la que se construía la parodia. Son referencias de fácil identificación por el público y que, aplicadas en contextos paródicos, surten un efecto cómico seguro. En este caso sí podemos hablar de una elevada productividad paródica de los textos clásicos, pero sólo en referencias específicas y puntuales. Sin embargo, como texto base para la recreación paródica, los clásicos no son productivos. Habrá que esperar hasta más avanzado el siglo XX para que Pedro Muñoz Seca, Jardiel Poncela, Tono y Jorge Llopis se atrevan desde una perspectiva humorística propia con parodias de clásicos, o al menos jueguen con ellos, como El teniente alcalde de Zalamea, La viuda es sueño...

Podríamos cerrar este bloque con la alusión a las esporádicas parodias que de clásicos europeos como Shakespeare se llevaron a cabo. Así, por ejemplo, Carlos Frontaura en El caballo blanco (1861) parodia algunos aspectos del Otelo, y José López Silva y Carlos Fernández Shaw en Las bravías remedan La fierecilla domada. Se trata de obras que frecuentaban los escenarios teatrales, sobre todo madrileños, y que, por tanto, podían ser objetivo de los parodistas, según el grado de difusión de que gozaran las mismas.



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