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Biblioteca de signos

PRESENTACIÓN DEL DICCIONARIO DE MÍMICA Y DACTILOLOGÍA DE FRANCISCO FERNÁNDEZ VILLABRILLE


Ángel Herrero, Rubén Nogueira y Ana Peidro




   Introducción

   Este diccionario es la primera recopilación de signos de España y Europa, tanto por su forma (que el autor explica detenidamente en el prólogo) como por su extensión. El libro tiene 1223 entradas, es decir 1223 signos de la lengua de signos española; también encontramos algunas expresiones derivadas (por ejemplo, la palabra amor viene acompañada de las palabras: amor de Dios, amor del prójimo, amor paternal...), también encontramos otras palabras copiadas del diccionario de Sicard, y también algunas palabras del lenguaje gestual de los indios americanos. Con estas incorporaciones que hemos dicho el diccionario suma un total aproximado de 1500 entradas. Este número es muy importante, si tenemos en cuenta que la mayoría de los diccionarios modernos de lengua de signos del mundo no tienen una cifra muy superior de entradas.

   Pero lo más importante del diccionario de Fernández Villabrille es la forma de sus contenidos: se trata de un diccionario que cambia la idea (defendida por L'Epée y Sicard) del diccionario de lengua de signos como diccionario de segundas lenguas, destinado a la oralización de las personas sordas, tratadas como extranjeros; al contrario, el diccionario de Villabrille es un auténtico diccionario de signos que trata la lengua de las personas sordas como primera lengua, pensando que este es el camino más adecuado para la adquisición posterior de la lengua oral.

   Método de trabajo

   Este diccionario no habría sido posible sin el contacto con las propias personas sordas, en el prólogo Villabrille explica su continuo contacto con las personas sordas, y esto llegará a ser método característico de enseñanza del Colegio Nacional Sordos y Ciegos de Madrid por lo menos hasta 1883 (así lo hace saber Miguel Fernández Villabrille en el "Discurso" que pronuncia para la entrega de premios del curso 1882-1883). A lo largo de su carrera, Fernández Villabrille realizará otros trabajos relacionados con la enseñanza de las personas sordas en los que mantiene esta metodología. Podría decirse que frente al tradicional "arte de enseñar a hablar a los mudos" (de autores famosos como Bonet, Martínez Carrión, Hervás, etc.) Villabrille inaugura el método de enseñar a desarrollar su propio lenguaje a los sordos. Gracias a esta modernidad metodológica y a su respeto hacia las características lingüísticas del sordo, Villabrille vuelve a poner a España a la cabeza de Europa en el interés por la educación de las personas sordas.

   Novedades

   Nos encontramos con el primer diccionario verdaderamente de signos y verdaderamente elaborado gracias al contacto con las personas sordas y dirigido a fomentar este contacto. Las observaciones de Villabrille en el prólogo del diccionario sobre la relación entre el signo y el significado demuestran unos conocimientos lingüísticos muy novedosos. Por todas estas razones podemos afirmar que esta obra es todavía fundamental desde un punto de vista pedagógico y lingüístico y que su autor, Francisco Fernández Villabrille podría ser considerado para la LSE como Nebrija para el castellano o Pietro Bembo para el italiano; porque fueron los primeros en demostrar que lenguas hasta entonces desacreditadas eran verdaderas lenguas, estableciendo los primeros diccionarios de las mismas.

   Su concepción de la lengua de signos

   La opinión que Fernández Villabrille tiene sobre la lengua de signos como una lengua verdadera se demuestra no sólo por declararlo así en el prólogo sino porque la descripción que hace de ella a través de los signos de su diccionario es una descripción sistemática: describe movimientos, lugares, a veces orientaciones, a veces formas de movimiento y configuraciones de la mano, algunas con dactilología (por ejemplo, la configuración de la mano en Q) y otras como configuraciones propias de la lengua de signos. Resulta muy interesante que todas las configuraciones que él describe existen aún en la actualidad.

   Para Fernández Villabrille la lengua de signos es tan antigua como las comunidades de sordos; las personas sordas son capaces por sí mismas de desarrollar convenciones que forman los signos naturales, de modo que la lengua de signos no nace gracias a un maestro sino de las propias personas sordas. Por eso él afirma que la lengua de signos es "lengua verdadera de los sordos".

   ¿Cómo elaboró Villabrille su diccionario?

   El autor empieza preguntando a los propios sordos el signo correspondiente para las distintas cosas, es decir, para todo aquello que forma parte de su contexto habitual y crea así una primera "nomenclatura". En esta primera etapa, Villabrille supone que los sordos están en una etapa del pensamiento concreto y su papel como pedagogo es guiarles a una segunda etapa, la del pensamiento abstracto, capaz de expresar ideas y generalizaciones y no sólo objetos; por ejemplo, los alumnos pasan del concepto de nariz al de olfato, del ojo a la vista, del concepto de malo al de maldad, etc. Para que surjan los signos de esas ideas, el método que se utiliza es el de la pantomima o "escena mímica", es decir, los alumnos tienen que representar, seguramente varias veces y de distintas formas, situaciones que representan escenas, figuras, objetos, cualidades, etc.

   Estas representaciones, posteriormente y por la propia intervención de los alumnos, se van esquematizando hasta conseguir un solo signo o una explicación de pocos signos, que ya son considerados sistemáticos. En este proceso de creación por parte de los propios alumnos sordos, Villabrille constata la gran capacidad de síntesis de la lengua de signos. Dice, por ejemplo, que muchos objetos o ideas se signan como las acciones que los caracterizan.

   Importancia de este trabajo

   Hay otros rasgos que demuestran la importancia del trabajo de Villabrille. Por una parte, el autor observa que de esa capacidad de síntesis y representación de las personas sordas podrían crearse otros signos y significaciones que no están aún en su diccionario. En ese sentido el diccionario de Fernández Villabrille es un diccionario abierto.

   Por otra parte, el autor incluye palabras gramaticales (a veces dentro de la palabra del diccionario "convencionales") y con ello demuestra su voluntad de despertar el interés sobre la lingüística de sus alumnos, de modo que fueran capaces de reflexionar y dialogar sobre la propia lengua de signos.

   Villabrille termina el diccionario hablando de su utilidad no sólo para los propios sordos sino para las personas que deban comunicarse con ellos; dice que su intención no es imponer la lengua de signos, nos está aconsejando que las personas que tengan que comunicarse con personas sordas lo hagan mediante esta lengua.

   En resumen, Fernández Villabrille demuestra en su diccionario un pensamiento muy innovador para la época y totalmente actual, y todo ello nos hace valorarlo como persona importante en la historia de la educación de las personas sordas y de la propia comunidad sorda como comunidad lingüística.



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