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LITERATURAS INDÍGENAS

Literaturas indígenas venezolanas

Arelis Barbella
Dirección de Literatura del Consejo Nacional de la Cultura

     Las nuevas políticas culturales y lingüísticas que se gestan en el mundo, incluidos los países de habla hispana, reconocen la pluralidad de manifestaciones existentes en cada país. Es decir, que el patrimonio literario abarca también las obras redactadas en las respectivas lenguas indígenas y vernáculas vigentes en cada una de ellos: esta nueva concepción valora la creación humana en las naciones mayoritariamente hispanohablantes más allá de las fronteras internas de carácter étnico, cultural y lingüístico, poniendo fin a una discriminación que ha perdurado durante 500 años.

     En el ámbito hispanoamericano, las diversas lenguas indígenas comienzan a escribirse desde el siglo XVI. A veces solamente con fines catequísticos o informativo, pero también con la intención de crear belleza a través de la palabra mediante el hecho literario. En términos generales, se produce cierta conversión de oralidades ancestrales en una representación escrita de variados idiomas indígenas, primordialmente en quechua, náhuatl, guaraní, e igualmente en muchas otras lenguas menos conocidas.

     Ya bien entrado el siglo XX la lenta y progresiva generalización de modelos educativos interculturales y bilingües, junto a la proliferación de estudios antropolingüísticos inicia la segunda etapa -esta vez irreversible- de la recolección sistemática y fijación escrita de oralidades literarias antes ignoradas, acompañadas del surgimiento de nuevas literaturas escritas en una variedad creciente de lenguas autóctonas.

     Venezuela cuenta con algo más de treinta lenguas y culturas indígenas, ninguna de las cuales es desconocida, gracias a un importante número de investigadores, algunos de ellos indígenas, quienes han desarrollado la mayor parte de su labor en los últimos cincuenta años. No obstante, la riqueza de estas manifestaciones es tal que aún falta extender y profundizar mucho más esta labor, antes de poder afirmar que poseemos un conocimiento realmente sólido de este campo, por lo que se hace necesario seguir investigando y emplear en grado creciente las nuevas tecnologías electrónicas y computarizadas para la recolección y análisis de nuevos textos emergentes, a veces muy distintos a los ya conocidos.

     Las grandes familias lingüísticas representadas en las etnias de Venezuela son la arawak, caribe, chibcha y tupí-guaraní, ya que la familia timote parece haberse extinguido en la primera mitad del siglo XX en los Andes venezolanos. Las lenguas arawak son las más numerosas: el wayuu (guajiro) y el añú (paraujano) en el estado Zulia; el lokonó o arawako, en el estado Delta Amacuro. El resto de las lenguas arawak se encuentran en el estado Amazonas, el tsaase o piapoko, el kurrim o kurripako, el baniva, el yavitero (casi extinto), el wakena y el baré. Las lenguas caribe: yukpa y japreria, en el estado Zulia; el kariña en los estados Anzoátegui, Bolívar, Monagas y Sucre; el pemón, en el estado Bolívar; el eñapa o panare, en el estado Bolívar; el mapoyo, y el yekuana, en los estados Bolívar y Amazonas; el yabarana, en el estado Amazonas. La familia chibcha en Venezuela está representada por la etnia barí, en el estado Zulia, y algunos agregan a los tunebo, quienes ocasionalmente aparecen en la frontera colombo-venezolana. El tupí-guaraní tiene como único exponente el geral, suerte de prolongación de la etnia del mismo nombre que puebla distintas subregiones del norte de Brasil.

     Por otra parte, en Venezuela abundan las lenguas indígenas independientes, vale decir no afiliables a ninguna de las grandes familias conocidas: elwarao, en los estados Delta Amacuro, Monagas y Sucre; el sapé y arutaní, semiextintas, en el estado Bolívar; el sanemá y el yanomami, integrantes de una sola familia, en los estados Bolívar y Amazonas. El jivi o guajibo, en los estados Apure y Amazonas; el jiwi o cuiba, muy emparentados con el anterior, en los estados Amazonas y Apure; el piaroa, en los estados Amazonas y Bolívar; el puinave, el maco (parecido al piaroa) y el sáliva (al norte, en los límites con Colombia), en el estado Amazonas; el pumé o yaruro, en el estado Apure.

     En la llamada zona en Reclamación, bajo soberanía guyanesa, se encuentran las lokonó -ya mencionado- y el wapishana de la familia arawak; el akawayo, el patámona y el makushí (muy similares al pemón de la familia caribe); el kariña -ya aludido- y el waiwai, también de la familia caribe. Es preciso recordar que la gran mayoría de estas lenguas está ubicada en la frontera de Venezuela con Colombia, Brasil y Guyana (exbritánica).

     Si tomamos en cuenta que la casi totalidad de las lenguas, culturas y literaturas aquí señaladas son ampliamente divergentes -lo que no excluye similitudes ni analogías de naturaleza genética o por contacto histórico en numerosos casos- podemos percatarnos de la inmensa riqueza creadora que nos ofrece este amplísimo acervo hasta hace poco incomprendido, incluso por la capa intelectual del país. Sólo en los últimos decenios se ha logrado una mayor difusión y una apreciación más justa de esta parte del patrimonio de la humanidad, como bien lo definen la UNESCO y otras organizaciones internacionales en relación con todas las manifestaciones de los pueblos indígenas minoritarios de los diferentes continentes.

     La complejidad de las literaturas indígenas de Venezuela -aunque pudiéramos también extender el señalamiento a otros países del continente- se refleja en la dificultad de establecer géneros literarios. No obstante los recientes intentos coherentes dirigidos a presentar estas creaciones en versión escrita, es evidente que su riqueza fundamental sigue residiendo en una oralidad tal vez inabarcable que se manifiesta a través de mitos, cuentos, poesía, leyendas, cantos (ceremoniales), testimonios, biografías, textos etnocientíficos y etnobotánicos, aparte de muchos otros aún difíciles de clasificar, sobre todo en las literaturas poco conocidas. Pero más importante que la difusión general de este magnífico legado es su inserción en la llamada educación intercultural bilingüe, la cual no sólo podría perpetuar en las nuevas generaciones las manifestaciones lingüísticas literarias del pasado, sino que habrá de propiciar una creatividad contemporánea, ya inmersa en el contexto intercultural sin perder por ello su especificidad. Numerosos ejemplos destacan la vitalidad y riqueza cultural de las etnias indígenas de Venezuela.


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