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Índice alfabético
Amar, amar, amar, amar siempre, con todo
Antes de todo, ¡gloria a ti, Leda!
A saludar me ofrezco y a celebrar me obligo
Así, Sire, en el aire de Francia nos llega
A Vicente de Paúl, nuestro Rey Cristo
Ay, triste del que un día en su esfinge interior
Bandera que aprisiona
Buey que vi en mi niñez echando vaho un día
¡Carne, celeste carne de la mujer! Arcilla
¡Claras horas de la mañana
Cleopompo y Heliodemo, cuya filosofía
Cuando iba yo a montar ese caballo rudo
Cuidadoso estoy siempre ante el Ibis de Ovidio,
¡De una juvenil inocencia
Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,
¡Dies irae , dies illa!
¡Divina Psiquis, dulce Mariposa invisible
Don Gil, Don Juan, Don Lope, Don Carlos, Don
Rodrigo,
El cisne en la sombra parece de nieve;
El pensador llegó a la barca negra;
El verso sutil que pasa o se posa
En el país de las Alegorías
En la playa he encontrado un caracol de oro
En medio del camino de la Vida...
¡Es con voz de Biblia, o verso de Walt Whitman,
Es la tarde gris y triste.
He aquí que Cyrano de Bergerac traspasa
Hermano, tú que tienes la luz, dime la mía.
Horas de pesadumbre y de tristeza
Hoy pasó un águila
Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda
Jesús, incomparable perdonador de injurias,
Juventud, divino tesoro,
La dulzura del ángelus matinal y divino
Los que auscultasteis el corazón de la noche,
Maestro, Pomona levanta su cesto. Tu estirpe
Mar armonioso,
Marqués (como el Divino lo eres), te saludo.
Mientras el brillo de tu gloria augura
Mientras tenéis, ¡oh negros corazones!,
¡Oh, miseria de toda lucha por lo finito!
¡Oh ruido divino!,
¡Oh, terremoto mental!
Phocas el campesino, hijo mío, que tienes,
Poderoso visionario,
Por un momento, ¡oh Cisne!, juntaré mis anhelos
¿Qué signo haces, oh Cisne, con tu encorvado cuello
Quiero expresar mi angustia en versos que abolida
Rey de los hidalgos, señor de los tristes,
Rosas rosadas y blancas, ramas verdes,
Saluda al sol, araña, no seas rencorosa.
Sobre el caro despojo esta urna cincelo:
Sobre el jarrón de cristal
¡Torres de Dios! ¡Poetas!
Un gran vuelo de cuervos mancha el azul celeste.
¡Ya viene el cortejo!
Yo sé que hay quienes dicen: ¿Por qué no canta ahora
Yo soy aquel que ayer no más decía
Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso.
Cantos de vida y esperanza
Rubén Darío
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