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[129]
  - IX -
Línea del Norte
DE LA PUERTA DEL SOL A LA DE BILBAO
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Volviendo a nuestros paseos después del episodio que nos hemos permitido
en el punto central de la Puerta del Sol, seguiremos ahora la línea septentrional,
que tiene por límites las puertas de Santa Bárbara y de Bilbao (antes de los
Pozos), comprendiendo al paso (para no dejarnos nada rezagado) la calle del
Carmen, que parte del mismo punto y en la propia dirección hasta el postigo
de San Martín, donde nos encontramos ya con el antiguo arrabal que antes
describimos. |
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De las demás calles que parten de aquella plaza en todas direcciones hasta
la de los Preciados inclusive, ya queda hablado en los capítulos respectivos,
restándonos solamente hacer mención de las dichas del Carmen y de la
Montera y sus traviesas hasta la de Jacometrezo inclusive, que enlaza la nueva
población con dicho antiguo arrabal. |
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Hoy estas calles, importantísimos puntos mercantiles y favoritos del
capricho y de la moda, son para Madrid lo que las calles Vivienne y de
Richelieu para París, con la notable y sensible diferencia de que allí los
preciosos objetos y mercancías que las decoran y embellecen son fruto de su
industria indígena, mientras las de Madrid [130] ya citadas no ostentan, por lo
general, otra cosa que las ricas manufacturas extranjeras. |
| Calle de la
Montera. |
Hasta la misma población de estas calles es exótica (especialmente la de la
Montera), compuesta en su mayor parte de naturales de Francia y otros países,
aunque avecindados en Madrid. El lujo y multitud de los almacenes y tiendas
de comercio en que están convertidos hasta los mismos portales de las casas;
la infinidad de muestras o enseñas de las sastrerías, modistas, peluquerías,
sombreros y tiendas de telas y quincalla, que cubren literalmente las ventanas,
los balcones, las fachadas casi todas; la animación consiguiente a este inmenso
movimiento mercantil, y aun la misma forma de esta hermosa calle, en suave
pendiente desde su principio hasta la Puerta del Sol, ostentando en su centro
una fuente moderna, inaugurada en 1833, aunque de forma impropia de aquel
sitio (ya ha sido derribada), todo esto reunido contribuye al conjunto y especial
fisonomía de esta interesante calle madrileña. -El nombre de la Montera, que
llevó desde los principios, quieren algunos que sea corrupción de la Montería,
por ser el sitio por donde salían para las grandes monterías o cazas; y otros la
atribuyen a cierta beldad que habitaba en ella en el siglo XVI, y era esposa del
montero del Rey. -Contiguo a la fuente, el sitio que media hasta cerca de la
parroquia de San Luis sirvió en los siglos XVII y XVIII para la venta del pan,
cuyos puestos o tinglados tenían delante una red defensiva, de que lo ha
quedado al sitio el nombre vulgar de la Red de San Luis. Posteriormente, y
hasta hace pocos años, ha habido cajones para la venta de carnes, verdura y
frutas, que se han quitado muy acertadamente de allí. -La parroquia de San
Luis, obispo, que se alza en el comedio de esta calle, fue erigida en 1541 como
aneja de la de San Ginés, hoy es una de las principales de Madrid, y su templo,
[131] construido a fines del siglo XVII, es de los más espaciosos y concurridos,
aunque no tiene nada notable bajo el aspecto artístico. La portada es obra del
corruptor don José Donoso, a quien se atribuye también el pesado ornato
churrigueresco del retablo del altar mayor. |
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| La Red de San
Luis. |
| Parroquia de
San Luis. |
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Entre esta calle de la Montera y la del Carmen desde la Puerta del Sol hasta
la calle de Jacometrezo, la industria mercantil va invadiendo y monopolizando
el sitio todo, en términos que apenas queda ya resto alguno de las antiguas
construcciones que pudieran tener algún interés histórico. El único acaso que
sirve de excepción es la iglesia del Carmen Calzado, y su convento, destinado
hoy a las oficinas de la Deuda del Estado. -Ya dijimos en su lugar que la casa
mancebía pública, que estaba a principios del siglo XVII, en el sitio donde
ahora el palacio de los condes de Oñate, se mandó trasladar a ese punto por
Real cédula de Carlos I, fecha 28 de Julio de 1541, lo cual se verificó
comprándose para ello por la villa un sitio que tenía Juan de Madrid, mercader,
y estaba a la cava de la Puerta del Sol, donde se construyó la nueva casa de
mujeres públicas. Pero más adelante, y habiendo ingresado este sitio dentro de
la población y formándose una nueva calle, fueron expulsadas de él en el
reinado de Felipe II, y designado para la fundación de un convento e iglesia de
religiosos calzados de Nuestra Señora del Carmen, lo cual se verificó,
diciéndose la primera misa en 17 de Enero de 1575. -Es un templo muy
espacioso y concurrido sobremanera y aunque poco notable. El convento
contiguo es de creer que por su estado desaparezca muy pronto, dando lugar
al ensanche de la plazuela-mercado y calles contiguas. |
| El Carmen
Calzado. |
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| Travesía.
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Entre dicha calle del Carmen y la de Jacometrezo están las traviesas de los
Negros, miserable callejuela, que se convertirá pronto en una continuación de
la nueva de [132] Tetuán, o en una elegante galería de cristales; la de la Salud
y del Olivo, altas y bajas, las de San Jacinto, del Horno de la Mata, de
Chinchilla y de la Abada (que recibió este nombre a causa de una abada o
rinoceronte hembra que trajeron del Brasil y enseñaban en ella unos
portugueses), y en todas ellas no hay un objeto digno de mención especial(58).
-La de Jacometrezo, una de las más pasajeras, estrechas y peor cortadas de
Madrid, fue llamada así a causa del célebre escultor y lapidario de Felipe II
Jácome de Trezzo, natural de Milán y autor de la famosa obra del tabernáculo
del Escorial, que habitó en dicha calle, en la casa de su propiedad, construida
por Juan de Herrera |
| Calle de
Jacometrezo. |
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en el sitio que ocupa hoy la del número 15, que es moderna; la antigua de
Jácome Trezzo no tenía más que un solo piso, y fue después que de Jácome,
de Juan Bautista Bordelasco, milanés también; luego de Juan Escarafigo, Juan
Valdivieso y Juan Bautista Justiniano; y en el siglo pasado perteneció a D.
Pedro Saavedra Fajardo Barnuevo y Villarasa. Alguna otra casa antigua existe
en dicha calle, aunque reformada, tal como las del mayorazgo de Horcasitas,
a la plazuela de Mariana y calle de Hita, de los Marqueses de Villadarias; las
del mayorazgo de Rivadeneyra y de Ibáñez de Segovia (Mondéjar) con vuelta
a la de la Verónica, y la [133] del Duque de Solferino a la de Tudescos no
existen ya, ni tampoco otras que han sido sustituidas recientemente por nuevas
construcciones. |
| Calle de
Hortaleza. |
Las calles paralelas de Fuencarral y de Hortaleza, que van desde la de la
Montera a terminar en los límites Norte de la villa, presentan a su entrada,
dando frente a dicha calle de la Montera, un prolongado trapecio, que por su
posición ventajosa (después de la del Buen Suceso, la más preferente de
Madrid), por su forma regular y considerable, merecía bien haber sido escogido
para un edificio público y de grande importancia; pero desgraciadamente lo fue
a mediados del siglo último por D. Pedro de Astrearena, marqués de Murillo,
que reunió también las contiguas de Apodaca y del Marqués de la Vera,
formando una sola sobre aquella extendida superficie de 32.000 pies, con tres
enormes y poco elegantes fachadas, que han dado lugar al dicho vulgar de los
madrileños para caracterizar todas las cosas de mayor apariencia que fondo
relativo: la casa de Astrearena, mucha fachada y poca vivienda.
Especialmente es de sentir que continuase dicho edificio con los dos adjuntos
ya citados, por cuyo sitio debía prolongarse utilísimamente la calle de San
Miguel a dar frente a la del Desengaño y de la Luna, comunicación tan
necesaria entre los barrios al Oriente y Norte de Madrid. |
| Casa de
Astrearana. |
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| Calle de
Hortaleza. |
La calle de Hortaleza renovada como su paralela la de Fuencarral, casi del
todo en estos últimos años, apenas ofrece ya edificios de interés histórico. -El
convento de padres agonizantes de San Camilo de Lelis, que daba frente a
ambas, ha sido sustituido con casas particulares; las demás de los antiguos
mayorazgos todas están reformadas o han desaparecido igualmente; y de
edificios públicos, sólo merece mención el extenso Colegio Calasanzio de
padres de las Escuelas Pías, fundado en 1753, y san Antonio [134] su templo,
bajo la advocación de San Antonio Abad, vasto y suntuoso edificio aquél,
donde reciben esmerada educación literaria un número considerable de niños
de las primeras familias de Madrid en clase de pensionistas, y la primaria más
de setecientos de las clases menesterosas, gratuitamente. -Frente de este
colegio está la casa Real titulada de Santa María Magdalena de mujeres
arrepentidas, vulgo Recogidas, trasladadas a este sitio desde el Hospital de
peregrinos, en 1623, y su modesto templo; de cuyo establecimiento, a fines del
siglo pasado, fue capellán y rector el sencillo y popular poeta D. Francisco
Gregorio de Salas, que vivió y murió en el cuarto bajo de dicha casa. -Al fin
de la calle se alzaba, hasta hace pocos años, el convento de mercenarios
descalzos de Santa Bárbara, fundado en 1612 sobre el sitio que ocupaba la
antigua ermita de aquella santa, y contigua a él existió la casilla y huerta que
ocupó la beata Mariana de Jesús, y en que falleció en 1624. Los restos de la
iglesia y convento, después de haber sido destinado a fábrica de fundición y
extendida huerta, han desaparecido del todo, para dar lugar a la construcción
de casas particulares y rompimiento de nuevas calles, que forman hoy una
extensa y elegante barriada. -Frente de este convento, en unos inmensos eriales
propios de la villa, en el dilatado espacio de más de 155.000 pies, se levantó,
a fines del siglo pasado, y con destino a la matanza y saladero de carnes, el
sólido edificio que hoy sirve para cárcel pública, y sus accesorios para el ramo
de la limpieza; terminando la calle con el mismo antiguo, mezquino y ridículo
portillo (hoy derribado) que daba salida a la ronda y caminos de la Fuente
Castellana, muy parecido, si no es el mismo, que aparece ya pintado en el
plano de 1656. |
| San Antonio
Abad. |
| Las Recogidas. |
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| Santa Bárbara. |
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| El Saladero. |
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| Calle de
Fuencarral. |
La otra calle, llamada de Fuencarral, está aún más [135] completamente
renovada y aprovechada por las nuevas y elegantes construcciones particulares,
habiendo desaparecido casi del todo el antiguo caserío que, por otro lado,
carecía de importancia y de monumentos públicos, religiosos ni civiles; siendo
en este punto, aunque una de las calles principales de Madrid por su extensión
de 3.676 pies, y el número de sus casas, que llega al 103 por la izquierda y 92
por la derecha, con población de 3.057 habitantes, la única acaso que no cuenta
en su recinto una sola iglesia, ni más edificio público que el Hospicio de San
Fernando. -Pero las casas modernas en general son importantes, aun algunas
que quedan de los siglos anteriores, como la del Marqués de la Torrecilla, que
antes fue el de Montellano (número 55 nuevo), frente a la calle de Santa María
del Arco, y la antigua del Marqués de Nava-hermosa; la que fue del Marqués
de la Mina y vivieron en nuestros días el de Ariza y la Duquesa de San
Fernando, y alguna otra, no desdicen de las modernas de los duques de
Veragua, esquina a la de Santa María del Arco; las construidas sobre el solar
de los Agonizantes, la del Marqués de Morante (antes del Conde de Cedillo),
esquina a la calle de San Mateo, y otras. La pequeña casa número 8 antiguo fue
mandada construir a principios de este siglo por D. Leandro Fernández de
Moratín, y en ella vivió durante los últimos años de su residencia en Madrid,
hasta 1813. La dirigió su amigo el arquitecto don Silvestre Pérez, y sólo tenía
piso principal, con dos ventanas antepechadas; hoy se halla renovada, con dos
pisos y dobles balcones, y señalada con el número 17 moderno. -La que fue del
famoso ministro de Carlos III Conde de Aranda, y sirvió en nuestros días de
cuartel de infantería, ha sido demolida recientemente, presentando una
superficie de 35.275 pies, aprovechada para construir el nuevo edificio del
Tribunal de Cuentas. [136] |
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| Casa de
Moratín. |
| Casa del
Conde de
Aranda. |
| El Hospicio. |
Frontero de este sitio se trasladó, durante la minoría de Carlos II y la
regencia de su madre doña Mariana de Austria, el hospicio fundado en la calle
de Santa Isabel por la congregación del nombre de María; pero el extenso
edificio actual es obra del siglo XVIII, haciéndose notable, aun más que por su
solidez y espaciosidad, por la extravagante y famosísima portada con que
plugo decorarle al célebre arquitecto D. Pedro Rivera, y que viene, siendo
desde entonces el tipo más señalado del extraño gusto que se apellidó
churrigueresco. En cuanto a la importancia y régimen interior de este grande
establecimiento, primera casa de socorro de Madrid, sería largo importuno
detenerse a reseñarlos, cuando son generalmente conocidos, y en el día puede
ser citado como modelo de buena administración. -La calle de Fuencarral
termina por su derecha con la extendida posesión donde están los pozos de la
nieve, que llega a tocar por el paseo de la Ronda con la no menos extensa del
Saladero, y por la izquierda concluía la calle con casa y jardín, construida a
principios del siglo actual por D. Francisco Bringas, público sitio de recreo
hace pocos años bajo el nombre de Jardín de Apolo, que comprendía en su
cerca toda la antigua manzana 478. Hoy este jardín está ocupado por suntuosos
edificios modernos. Entre ambas posesiones se alzaba en el mismo sitio la
antigua puerta de los Pozos de la nieve, la moderna de fines del siglo último,
apellidada actualmente de Bilbao, que era de forma muy regular, y ostentaba
en sus dinteles las honrosas cicatrices ocasionadas por la artillería de Napoleón
en los primeros días de Diciembre de 1808. |
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| Los Pozos de
la Nieve. |
| Jardín de
Bringas. |
| Puerta de
Bilbao. |
| Calle de San
Mateo y otras. |
De las calles traviesas entre ambas de Fuencarral y de Hortaleza, sólo la
espaciosa de San Mateo tiene alguna importancia, y principalmente por el
antiguo cuartel que fue de Guardias españolas de infantería, que comprende
[137] 54.550 pies de sitio, y hoy sirve para los cuerpos de la guarnición. Las
demás calles traviesas, llamadas antiguamente de Santa María la Vieja, ahora
travesía de San Mateo, de San Lorenzo, de Santa Brigida, de San Juan (ahora
de la Farmacia), de San Pedro y San Pablo (hoy de Hernán Cortés), del Arco
de Santa María, del Colmillo y la del Piojo (ahora continuación de la de las
Infantas), no ofrecen ningún objeto digno de mención especial. |
  - X -
Porta-Caeli y Maravillas
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Comprendemos bajo esta denominación el extenso distrito encerrado entre
las calles de Jacometrezo, Fuencarral y Ancha de San Bernardo, hasta la
plazuela de Santo Domingo. |
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Dicho distrito está dividido por mitad en toda su extensión desde esta plaza
por las calles de Tudescos y Corredera alta y baja de San Pablo hasta su
término en la puerta de Bilbao; y una y otra mitad, o sea el distrito entero, no
tiene más antigüedad que la de mediados del siglo XVI. -La parte de la
derecha, comprendida entre las calles de Fuencarral y las Correderas, fue
formada, según noticias fidedignas, en dicha época, a consecuencia de la venta
hecha por D. Juan de Victoria Bracamonte, en 7 de Noviembre de 1542, de
unas tierras que tenía en el arrabal de Madrid, fronteras al camino de
Fuencarral, cediéndolas a censo por diez ducados perpetuos de oro al año, y
reservándose un pedazo para labrar casa [138] para él, como lo hizo en la calle
que tomó su nombre de la Puebla Vieja de Juan de Victoria. Posteriormente,
un hijo suyo del mismo nombre, en 17 de Agosto de 1597, concedió su licencia
para dividir dicha tierra en noventa y cinco solares, con el censo anual de dos
reales y una gallina, y con la condición de que habían de edificar en ellos casas
bajo la traza que diere el alarife Francisco Lozano, cuyo censo viene pesando
todavía sobre la mayor parte de las casas de dicha procedencia. Estos solares
fueron en gran parte los que vinieron a formar las calles del Desengaño,
Valverde, Barco, Olivo, Jacometrezo, Horno de la Mata y Corredera baja de
San Pablo, hasta la de San Joaquín. -En 1589 consta que de estos noventa y
cinco solares poseía una parte el escribano Diego de Henao, y que fue uno de
los que con los Victorias emprendieron esta puebla y construcción, habiendo
edificado la tercera, cuarta y quinta casa de la Corredera de San Pablo, con
accesorias a una callejuela, que recibió, por esta razón, su apellido, y hoy por
corrupción se llama calle del Nao. |
| Puebla de Juan
de Victoria. |
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| Monasterio de
San Basilio. |
Poco a la verdad de interesante ofrecen todas estas calles bajo el punto de
vista histórico y artístico. -De los edificios públicos en ellas construidos, el
más considerable era el convento e iglesia de monjes de San Basilio, que se
trasladaron a él en 1611 desde el sitio primitivo de su fundación, que era un
cuarto de legua de Madrid, junto al arroyo de Abroñigal. Durante las
exclaustraciones anteriores sirvió esta iglesia de parroquia de San Martín, y
después de la de 1836 fue, con el convento, cuartel de artillería de la Milicia
Nacional, después Bolsa de Comercio, y después, vendido este edificio y
verificada en él una completa transformación, dio cabida al teatro llamado de
Lope de Vega, a un molino de chocolate al vapor, a una imprenta, un café, un
taller de [139] coches y diversas habitaciones particulares(59). La calle que corre
por delante de él se llamó en un tiempo de los Basilios, y no sabemos desde
cuándo ni tampoco por cuál razón le trocó después por el expresivo del
Desengaño. Ignoramos también el origen de las contiguas de Valverde y de la
Ballesta; pero el de la del Barco le hallamos perfectamente justificado con la
figura que forma su pavimento, igual a la del casco de un buque. |
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| Calle del
Desengaño,
Valverde y
Barco. |
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| Porta-Caeli. |
El otro convento de clérigos menores de San Felipe Neri, llamado de Porta-Caeli, y situado al extremo de dicha calle del Desengaño, fue antes de los
padres dominicos del Rosario y destinado, en 1613, a aquéllos, cuando
vinieron huyendo de los levantamientos de Portugal y Cataluña; pero el templo
actual, que hoy sirve de parroquia de San Martín, es moderno, construido en
1725, y nada tiene de particular. |
| Monjas de don
Juan de
Alarcón. |
Entre las calles de la Puebla y de Valverde está el monasterio de monjas
mercenarias descalzas conocidas por nombre de D. Juan de Alarcón, venerable
sacerdote a cuyo cargo corrió la fundación del mismo, verificada en 1609 a
expensas de doña María Miranda, señora ilustre, natural de Burgos; el templo,
concluido a mediados del siglo XVII, es poco notable, y en él se conserva el
cuerpo del venerable fundador, y posteriormente se ha trasladado también el
de la Beata Mariana de Jesús. -Al otro extremo de dicha calle de la Puebla, y
formando exclusivamente la manzana 371, está el hospital e iglesia llamados
de San Antonio de los Portugueses, y actualmente de la Santa Hermandad del
Refugio. Dicho hospital fue fundado por Felipe III para los naturales del reino
de Portugal, y después de la separación de éste, quedó ampliado [140] para los
alemanes; y la hermandad del Refugio (a quien se concedió en 1701 el
patronato y administración de esta Real casa e iglesia) tiene a su cargo, no sólo
el sostenimiento de este piadoso hospital, uno de los más importantes
establecimientos de beneficencia con que cuenta Madrid, sino también el
colegio de las niñas huérfanas propio de su instituto, y el suntuoso culto en la
iglesia de San Antonio de Padua, que es uno de los templos más lindos y
decorados, y está soberbiamente pintado al fresco por Lucas Jordan, Rizzi y
Carreño, y enriquecido con bellos retablos, cuadros y esculturas. |
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| San Antonio de
los
Portugueses. |
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| La Corredera. |
Las Correderas alta y baja de San Pablo, cuya línea continúa después la
estrechísima calle apellidada (no sabemos por qué) de los Tudescos, hasta la
plazuela de Santo Domingo, nada nos ofrecen de particular; y entre esta
extensa línea y la paralela trazada por la calle Ancha de San Bernardo media
la otra importante barriada de calles espaciosas en general, y bastante rectas,
en la misma dirección, y sus traviesas. La más importante de aquellas es la
llamada de Silva, en la que está la modesta iglesia y hospitalito de la parroquia
de San Martín titulado de la Buena Dicha; por entre esta calle y la de San
Bernardo hay un laberinto de callejuelas angostas y mezquinas, tituladas del
Perro (que es la más estrecha de Madrid, como que no tiene más que ocho pies
de latitud y no había en toda ella un solo portal), del Pozo, de la Justa, de la
Cueva, de Peralta, de la Flor Alta, de la Estrella y del Clavel (ahora traviesa
de Altamira), que formaron parte de la Puebla Nueva, verificada en el mismo
siglo XVII por don Juan de Peralta, del que hablaremos después(60). [141] |
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| Calle de Silva
y otras. |
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| Calle de la
Luna. |
La calle de la Luna, que atraviesa horizontalmente con la del Desengaño
este distrito, es muy importante por su situación; pero no cuenta tampoco
monumentos públicos, y sí sólo algunas grandes casas, como la del Conde de
Sástago, número 46, en que estuvo el antiguo banco de San Carlos, y después
un teatrillo llamado de Buena vista, y la del Marqués de Llano, a la esquina de
la calle de Panaderos, en que habitó algún tiempo el señor infante don
Francisco de Paula y su familia, y en la que falleció la señora doña María Luisa
Carlota, su esposa. -Entre dicha calle y la del Pez median las rectas de San
Roque, de la Madera Baja, de Pizarro (antes de la Magdalena), de Panaderos
y de la Cruz Verde. -Lo más memorable en ellas es el convento de monjas de
San Plácido, situado al confín de la de San Roque a la del Pez, y fundado en
1623 por doña Teresa Valle de la Cerda; cuya iglesia, construida hacia la mitad
de aquel siglo, bajo los planes de fray Lorenzo de San Nicolás, es, a juicio de
algunos, de lo más notable de Madrid por su estilo clásico y belleza de ornato,
ademas de las apreciables pinturas y esculturas con que fue enriquecida. -El
recuerdo histórico-anecdótico de este convento consiste particularmente en
cierta aventura galante del rey D. Felipe IV, el que, según parece, prendado de
una de las monjas de esta casa, llamada Margarita (a quien había visto por
intervención de D. Jerónimo de Villanueva, protonotario de Aragón y patrono
del convento, que tenía sus casas contiguas a él), siguió este galanteo profano
en tal sitio y entre tales personas, a pesar de un piadoso ardid de la prelada, que
dispuso sorprender al Rey exponiendo como difunta de cuerpo presente a la
religiosa; terminó este escandaloso suceso, no sin haber dado motivo a un
notable proceso por la Inquisición, que fue hasta Roma, aunque de allí se hizo
desaparecer, y de que resultó castigado el [142] protonotario. Dícese también
que a costa del Rey y a demanda de la abadesa se colocó en la torre de esta
casa el reloj, que aún hoy conserva, y que en el tañido de su campana recuerda
el clamoreo de difuntos, en memoria de aquel suceso(61). |
| Monjas de San
Plácido. |
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Calle del Pez. |
La calle del Pez tampoco nos ofrece más que algunos caserones antiguos,
como el número 24, conocida también por la casa del Pez, por el que tenía
esculpido en su fachada, no sabemos con qué motivo. La número 18, del
Marqués de Villariezo, acaba de ser derribada, habiendo desaparecido también
hace pocos años la mezquina fuente que a su salida a la Ancha de San
Bernardo llevaba el nombre del Cura, por haberla costeado el párroco de
Colmenar. -En la calle Alta de la Madera, al número 26 nuevo, existió hasta
hace poco, que fue reedificada de planta, una casa que fue propiedad de D.
Francisco Quevedo y Villegas, y luego de su descendiente D. José Bustamante
y Quevedo; por cierto que no hace mucho que nos sorprendió el verla
denunciada como mostrenco o de ignorado dueño en el Diario Oficial, cuando
consta la posesión y propiedad de dicho señor Bustamante, quien sin duda
reclamaría su derecho. Esta casa ha sido derribada y construida de nuevo. En
el Registro de aposento y Planimetría de 1751 se ve que esta casa pertenecía
entonces a herederos de doña María Villegas, que fue anteriormente de doña
Margarita Quevedo, Gabriel Ruiz y Miguel de Santa Ana; de este último, en
1616. Tiene de sitio 5.167 pies.» -La calle del Molino de Viento se [143] llamó
así porque, en efecto existía uno en lo alto de ella, y está pintado así en el plano
del siglo XVII. -La de Don Felipe se llamó del Rosario de Don Felipe (no
sabemos la razón), y la plazuela de San Ildefonso se ensanchó algo con el
derribo de esta iglesia en tiempo de los franceses, que luego fue reconstruida
y sirvió de anejo de la parroquia de San Martín, y hoy de parroquia
independiente. Dicha plazuela estuvo ocupada por los cajones para la venta de
comestibles, hasta que, a consecuencia del incendio de ellos, ocurrido en 1836,
se construyó el pequeño aunque utilísimo mercado cubierto, primero de su
clase establecido en Madrid. -De las calles del Escorial, de Jesús del Valle, del
Rubio, del Tesoro, de las Minas y de las Pozas no sabemos la etimología ni la
historia; y de las grandes paralelas altas del Espíritu Santo, de San Vicente, de
la Palma y de San Miguel (ahora de Daoiz y Velarde) sólo podemos decir que,
sin disputa, son las más rectas y alineadas de Madrid, aunque su situación
extrema y el gran desnivel de su suelo las han hecho permanecer todavía en un
estado miserable y raquítico, con su menguado caserío de un solo piso por lo
general, y careciendo de población, de vitalidad y de comercio. |
| Casa que fue
de Quevedo. |
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| Calle del
Molino de
Viento. |
| Plazuela y
parroquia de
San Ildefonso. |
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| Las Maravillas. |
El convento de monjas carmelitas llamado de las Maravillas (cuyo nombre
también lleva este distrito), sito entre las calles de la Palma Alta y de San
Pedro (ahora del Dos de Mayo), es el único edificio religioso de todo él. El
nombre de las Maravillas lo fue dado por una imagen de Nuestra Señora que
se venera en su iglesia; ésta es bastante espaciosa y arreglada, y tiene en su
altar mayor un magnífico retablo de mármoles, obra del siglo pasado, que es
de lo más bello y elegante que se halla en las iglesias de Madrid. Esta calle de
San Pedro continuaba en el siglo XVII hasta la tapia, y al fin de ella había un
portillo, llamado también de las Maravillas, que está señalado [144] en el
plano, y quedó luego cerrado dentro de la posesión de Monteleón(62). |
| Palacio de
Monteleón. |
Este famoso palacio de los Marqueses del Valle y de Terranova (nietos de
Hernán Cortés), con su huerta, comprende nada menos que la inmensa
superficie de 617.248 pies hasta más allá del portillo de Fuencarral o de Santo
Domingo, y quedó muy maltratado en un horroroso incendio ocurrido en 1723;
debió ser, por los restos que aun hemos alcanzado, un edificio de la primera
importancia. Distinguíase, a lo que parece, por su magnífica escalera, pintada
al fresco por Bartolomé Pérez, famoso artista, yerno de Juan de Arellano, en
1695 (que por cierto murió en esta operación, cayendo desde un elevado
andamio), por sus extendidos y magníficos salones, decorados con el mayor
gusto cuando le habitaba la famosa Duquesa de Terranova, camarera mayor de
la reina doña María Luisa de Orleans, esposa de Carlos II; y tanto, que mereció
después servir de mansión a la reina doña Isabel Farnesio y sus hijos los
infantes D. Luis y doña María Antonia, que se retiraron a él a la muerte de su
esposo y padre el rey Felipe V. -En nuestros días adquirió este famoso palacio
otra celebridad más imperecedera, cuando, sirviendo de Parque de Artillería,
el glorioso día Dos de Mayo de 1808, fue el punto principal del alzamiento del
pueblo de [145] Madrid contra los franceses, y el sitio donde se inmortalizaron
los héroes D. Luis Daoiz y D. Pedro Velarde, capitanes del cuerpo de
Artillería, defendiendo la puerta a la calle que hoy lleva sus ínclitos nombres,
y antes se llamaba de San Miguel y San José, y da frente a la de San Pedro
Nueva, hoy del Dos de Mayo, por donde atacaron las columnas enemigas. En
los restos de este edificio existe una fábrica de maquinaria y fundición, y el
inmenso espacio erial de su antigua huerta, que sale largo trecho más allá de
la puerta de Fuencarral, está llamado a sustentar una barriada entera de calles
y edificios de importancia |
| Calle ancha de
San Bernardo. |
La hermosa y espléndida calle Ancha de San Bernardo, llamada en un
principio de los Convalecientes, por el hospital que estuvo situado en ella y
había fundado, en 1579, el venerable hermano Bernardino de Obregón, es una
de las primeras y más importantes vías del Madrid moderno, por su extensión
de 3.228 pies, por su anchura, y por la importancia de sus edificios públicos y
particulares, algunos de los cuales han desaparecido en nuestros días, y otros
levantádose de nuevo. |
| Los Bernardos. |
Contiguo al sitio en que estuvo el antiguo hospital referido del venerable
Obregón, fundó en 1626, el monasterio del Orden de San Bernardo Alonso de
Peralta, contador de Felipe II, que yacía en su iglesia, en el presbiterio bajo un
suntuoso mausoleo. Esta iglesia y convento han desaparecido del todo hace
algunos años, para dar lugar a la construcción de las dos casas particulares
números 21 y 23. Más hacia el principio de dicha calle existió hasta poco ha
la iglesia y convento que fue de padres dominicos del Rosario, que, como
queda dicho ya, estuvieron primero en Porta-Caeli, y se trasladaron, en 1646,
a esta casa, que había fundado para ellos el marqués de Monasterio D. Octavio
Centurión; en la iglesia se veneraba [146] la célebre y devota efigie del Santo
Cristo del Perdón, obra del escultor Pereira y una de las más veneradas de
Madrid. El convento estuvo dedicado, después de la exclaustración, a cuartel
de guardias alabarderos, y hoy, derribado, permanece en solar. |
| El Rosario. |
| El Noviciado y
la Universidad. |
Otro edificio religioso de mayor importancia hubo en la misma calle, y era
el que se alzaba más adelante, conocido por la casa Noviciado de padres
jesuitas, y a la extinción de éstos, ocupado por los Padres del Salvador. Era
una suntuosa fábrica, especialmente la iglesia, clara, espaciosa y elegantemente
adornada, en la cual había un magnífico altar de mármoles y bronces, dedicado
a San Francisco de Regis, que fue construido en Roma y creemos que no exista
ya; y en su bóveda, el suntuoso sepulcro de la célebre duquesa de Alba doña
María Teresa, trasladado hoy al cementerio de San Isidro. Coronaban la
fachada de esta famosa iglesia dos torres laterales, que contribuían a
embellecer la espaciosa calle de San Bernardo. -Pero destinado este edificio a
Universidad Central, en que se refundió la de Alcalá, los arquitectos
encargados de su reparación o apropiación a aquel objeto, juzgaron del caso
echarle abajo y sustituirle por otro de nueva planta, que por cierto nada tiene
de particular. Entre las muchas demoliciones de edificios religiosos verificadas
en la última época, ninguna, a nuestro entender, ha sido tan sensible y menos
justificada como la de la hermosa iglesia del Noviciado. |
| Monserrat. |
Todavía al extremo de la calle existen dos templos y casas religiosas: el
primero, al número 81, es el convento e iglesia de monjes benitos, apellidados
de Monserrat, que fugitivos del levantamiento de Cataluña, en tiempo, de
Felipe IV, vinieron a Madrid, y tuvieron primero su morada en la quinta del
Condestable (la huerta de Frías, hacia el arroyo de Abroñigal), y luego fueron
[147] trasladados al punto que hoy ocupa. La iglesia está sin concluir, y su
fachada tiene una torre del caprichoso gusto apadrinado a principios del pasado
siglo por el arquitecto D. Pedro Rivera. -En esta iglesia está sepultado el
célebre coronista de Indias D. Luis de Salazar y Castro, cuya rica biblioteca y
manuscritos que, allí se conservaban pasaron a la de las Cortes. El convento,
después de la exclaustración, sirvió de casa corrección de mujeres, la llamada
Galera, y después de la traslación de éstas a San Fernando, está ocupado hoy
por una comunidad de monjas. Frente a este monasterio está situado el más
moderno, en fundación verificada por la señora doña Manuela de Centurión,
marquesa de Villena, en 1798; es de religiosas de San Francisco de Sales,
conocido por las Salesas Nuevas, para distinguirle del otro del Barquillo,
fundado por la reina D.ª Bárbara. Su iglesia, aunque pequeña, es de muy buen
gusto y está adornada con bellos retablos de mármol. Suprimido éste en 1836,
pasaron las monjas al otro convento a reunirse con aquella comunidad,
estableciéndose en éste provisionalmente la Universidad Central; pero después
que ésta ocupó el del Noviciado, han vuelto al suyo las monjas. -Últimamente,
la casa núm. 80 de dicha calle, que da a la de Daoiz y Velarde, y que, según
nuestras noticias, fue del Conde de Colomera, y antes del Duque de Abrantes,
fue trasformada en convento de monjas franciscas de Santa Clara en la última
década de Fernando VII; pero ahora sirve de Escuela Normal. |
| |
| Salesas
Nuevas. |
|
| Casa de
Altamira. |
Varias son las casas particulares de la grandeza en esta extendida calle.
Figura en primera línea la señalada con el número 18, que fue de los marqueses
de Leganés, y después de los condes de Altamira. A fines del siglo pasado el
poseedor de este ilustre título proyectó reformar aquella hermosa fábrica, bajo
los planes del célebre don Ventura Rodríguez, en unos términos
verdaderamente [148] tan magníficos, que no hubiera tenido, sin duda alguna,
rival en Madrid; pero desgraciadamente no llegó a verificarse más que una
parte de aquel proyecto, que es la que da a la calle de la Flor Alta. -Contiguo
a ella, y señalada con el número 28, está, aunque reformada últimamente, la del
mayorazgo que fundaron D. Gabriel Peralta y D.ª Victoria Grimaldo, y
comprende diversos sitios, que fueron propios de los Villarroeles y Peraltas,
de quienes desciende su poseedor hoy, el Marqués de Palacios, duque de la
Conquista. -Esta casa tiene el recuerdo de haber sido la que habitaba y sirvió
de prisión al célebre ministro de Felipe III D. Rodrigo Calderón, marqués de
Siete Iglesias, y de donde salió para ser degollado en público cadalso el 21 de
Octubre de 1621. |
|
|
| Casa en que
vivió D.
Rodrigo
Calderón. |
| Ministerio de
Gracia y
Justicia. |
El suntuoso edificio moderno, número 67, en que hoy está el Ministerio de
Gracia y Justicia, fue construido en el siglo pasado por la Marquesa de la
Sonora, donde estaba la casa del Marqués de la Regalía; ocupa un espacio de
22.000 pies entre la calle de los Reyes y la de la Manzana, y es una de las
construcciones particulares más sólidas y regulares de Madrid. No llegó, sin
embargo, a ser concluido, habiendo permanecido inhabitado casi un siglo,
hasta que adquirido hace pocos años por un particular, le concluyó éste, y
vendió después al Gobierno para colocar en él el referido Ministerio de Gracia
y Justicia. -De otras varias casas de importancia de esta calle pudiéramos hacer
mención; pero por no dilatar más esta cansada relación nos limitaremos a
llamar la atención sobre la nueva y elegantemente reparada del número 72,
propia de los marqueses de Mejorada y de Guadalcázar, que comprende la
extensión de 52.857 pies. En ella vivió a fines del siglo pasado su propietario,
casado con la célebre y erudita señora doña María Isidra de Guzmán y la
Cerda, hija de los condes de Oñate, natural de [149] Madrid, y que fue
graduada de doctora en la universidad de Alcalá, a los diez y siete años de
edad, en 1785. En nuestros días sólo la habíamos visto habitada un corto
espacio de tiempo por la señora Duquesa viuda de San Fernando, y no estando
ruinosa, no acertamos a comprender el motivo de tal abandono, que acaba de
tener fin con las costosas obras hechas en ella recientemente. |
|
| Casa de
Guadalcázar. |
| |
| Puerta de
Santo
Domingo. |
Terminaba, en fin, esta calle con la antigua y mezquina puerta, también
derribada, que sustituyó y heredó el nombre de Santo Domingo de la que estaba
en aquella plazuela y limitaba el antiguo arrabal de Madrid; pero generalmente
era conocida por el de puerta de Fuencarral, habiendo sido una de las
principales o de registro hasta que se trasladó éste a la de los Pozos o Bilbao.
Su colocación y su fábrica material eran las mismas impropias y ridículas que
contaba ya en el siglo XVII; y al tenor de lo reclamado por la opinión pública
y la necesidad, vino en fin a tierra para dejar avanzar por aquel lado los limites
de Madrid, ya de hecho prolongados a la parte exterior con el nuevo hospital
de la Princesa, construido sobre el sitio que en los siglos anteriores soportaba
las hogueras de los autos de fe, y que aun conservaba el funesto nombre de el
Quemadero.(63) [150] |
  - XI -
Afligidos y Leganitos
| |
Vamos a concluir nuestro histórico paseo matritense con el cuarto de
círculo comprendido entre la plazuela de Santo Domingo y calle Ancha de
San Bernardo a la puerta de San Vicente y al Alcázar Real. |
| Plazuela de
Santo Domingo. |
Esta plazuela de Santo Domingo llegó a ser centro de vitalidad de la nueva
población que se fue formando en su derredor, viniendo a desembocar en ella
hasta una docena de calles bastante principales, de las cuales, y sus
respectivas barriadas, hemos tratado ya en su mayor parte hasta la Ancha de
San Bernardo, quedándonos únicamente que decir de las de la Inquisición,
Leganitos, Torrija y la Bola, con sus respectivas travesías. |
| Calle de la
Inquisición. |
La calle de la Inquisición (después de María Cristina y hoy de Isabel la
Católica) tomó aquel nombre por el Consejo y tribunal del Santo Oficio,
llamado de Corte, que estaba situado en las casas números 7 y 8 antiguos y 4
moderno, aunque posteriormente, a fines del siglo pasado, se trasladó el
Consejo supremo a la nueva casa que hizo construir en la calle de Torrija, de
que hablaremos después; pero las cárceles y el tribunal de Corte continuaron
siempre en la antigua, hasta 1820, en que quedó definitivamente suprimido
este instituto. En aquellos memorables días 7, 8 y 9 de Marzo del año 20, en
que el rey Fernando se vio obligado a jurar la Constitución de 1812 fueron
forzadas estas prisiones por el pueblo, ávido de [151] encontrar en ellas las
horrendas señales de los tormentos y las víctimas desdichadas de aquel
funesto tribunal; pero en honor de la verdad debemos decir que sólo se
hallaron en las habitaciones altas que daban al patio dos o tres presos o
detenidos políticos, uno de ellos el padre D. Luis Ducós, cura del hospitalito
de los franceses, bien conocido por su realismo exagerado; y en los calabozos
subterráneos, que corrían largo trecho en dirección de la plazuela de Santo
Domingo, nada absolutamente que indicase señales de suplicios, ni aun de
haber permanecido en ellos persona alguna de mucho tiempo atrás. Vendida
después esta casa como de bienes nacionales, por una antítesis providencial
sirvió de imprenta y redacción de periódicos exaltados, y después ha sido
convertida en habitaciones particulares. |
| Casa de
Trastamara. |
Más adelante, en esta misma calle, a su número antiguo y 23 moderno, está
la suntuosa casa que fue de los condes del Águila y de Trastamara, y
comprende varios sitios hasta 35.210 pies, sobre uno de los cuales estuvo
anteriormente la casa que el licenciado García de Barrionuevo y Peralta fundó
para su hijo D. Bernardino. La del Conde de Trastamara, que hoy ocupa este
sitio, era notable por la esplendidez de sus salones, y especialmente por las
magníficas estancias llamadas las cuadras, caprichosamente enriquecidas de
adornos, de flores y figuras en relieve, y con graciosos saltadores de agua en
el centro; bellísimos salones, célebres por los suntuosos bailes dados en ellos
por la grandeza en 1831, con asistencia de los reyes, y posteriormente por los
que dio el general Narváez cuando la ocupaba y era de su propiedad. -En la
inmediata, número 25, que lo fue del Conde de Revillagigedo, se fundó y
colocó, en 1830, por la reina D.ª María Cristina el Conservatorio de Música,
que llevó su nombre. En esta casa estuvo, en 1823, la Suprema Asamblea (o
lo [152] que fuese) de la célebre sociedad secreta de los Comuneros de
Castilla. Frontero de ella estuvo situado el convento de San Norberto, de
padres canónigos premostratenses (los mostenses), fundado en 1611, y antes
las monjas de Santa Catalina, trasladadas luego por el Duque de Lerma a la
calle del Prado. Tenían aquéllos una buena iglesia, parte de la cual se arruinó
en 1740, y fue reconstruida de nuevo en 1773, con una bella portada, obra del
célebre D. Ventura Rodríguez; pero demolido este edificio por los franceses,
ha permanecido erial aquel sitio, hasta que últimamente se ha construido allí
un mercado de hierro. |
| Casa del
Conservatorio. |
| Los Mostenses. |
| Calle de En hora
mala vayas, Sal
si puedes y
otras. |
En las calles que median entre ésta y la de San Bernardo sólo hay que notar
los extraños títulos de algunas de ellas, tales como la Garduña, En hora mala
vayas (hoy travesía de la Parada), de Aunque os pese (ahora travesía de las
Beatas) y de Sal si puedes (hoy Pretil Alto, que da a la plazuela de los
Mostenses), cuyos nombres parece les fueron dados por los reñidos pleitos y
discordias ocasionadas entre los terratenientes para el rompimiento de dichas
calles. |
|
No son menos extrañas las de la izquierda de esta calle a la de Leganitos,
tituladas del Recodo, de San Cipriano, de la Cuadra, de Eguiluz, de San
Ignacio y de Santa Margarita; únicamente las de la Flor Baja y de los Reyes
tienen una regular anchura y proporciones. En esta última hay señalada con
el número 29, una casa que puede ser de mediados del siglo pasado, con una
caprichosa fachada, que no carece de mérito. |
| Calle de
Leganitos. |
La calle de Leganitos, que desde la plazuela de Santo Domingo corre hasta
los confines de la población entre Norte y Oeste, es una extensa vía de regular
caserío, aunque poco notable, como destinado a habitaciones particulares,
excepto el edificio que sirvió de colegio Real de Santa Bárbara para niños
músicos al servicio de la Real [153] capilla, fundado por Felipe II en 1590, y
que dirigió en tiempo de Fernando VI el célebre Carlos Broschi (Farinelli),
y produjo en todos tiempos excelentes discípulos, conocidos en el mundo
filarmónico. -El nombre de Leganitos o Leganés, aplicado a esta calle y
cuartel, era el mismo que de antiguo llevaba aquel sitio montuoso, y parece
que viene de la voz árabe algannet algannit, que significa las huertas, sin
duda por las que habría, y de que aun existe alguna hacia la Montaña del
Príncipe Pío. -Entre ésta y la plazuela de Santo Domingo, por donde ahora
van la calle de los Reyes y la de San Marcial, en el valle u hondonada formada
entre ambas colinas, corría al descubierto una esgueva o barranco procedente
de la parte alta de Santa Bárbara, obstáculo formidable para la comunicación
con el nuevo distrito de los Afligidos, que fue disimulado en parte, durante
siglos enteros, por medio de un puente que venía a estar frente a la calle de
Leganitos, y está señalado en el plano de 1656. Posteriormente, en el siglo
pasado, siendo gobernador del Consejo el señor Figueroa, se cubrió la famosa
alcantarilla, que a pesar de su ancha boca para recibir las arroyadas de dicha
calle alta, ocasionaba en las grandes avenidas peligros y destrozos. |
| Palacio de
Osuna. |
Pasada esta alcantarilla, y al final de la parte alta de dicha calle, formando
la manzana 557 (última de las de Madrid en el orden de numeración), existe
aún el considerable edificio, palacio viejo de los Duques de Osuna, con su
extendida huerta, llamada en lo antiguo de las Minas. Esta casa, de gran
suntuosidad, aunque muy deteriorada, ha tenido en nuestros tiempos varios
usos, tales como fábricas y talleres, teatros caseros, y otros, ademas de estar
ocupada en gran parte por la magnífica biblioteca del señor Duque
propietario, hasta que últimamente fue trasladada a la del Infantado en las
Vistillas. Hoy, [154] comprada esta casa por S. M. el Rey, ha sido destinada
a convento de San Vicente de Paul(64). |
| Parroquia de
San Marcos. |
Entre dicha calle alta de Leganitos y la de San Bernardo, en la parte más
propia del cuartel llamado de Afligidos, hay algunos objetos notables, como
la elegante aunque pequeña iglesia parroquial de San Marcos, obra de
mediados del siglo pasado, dirigida por el célebre arquitecto D. Ventura
Rodríguez, que está sepultado en su bóveda. Dicha iglesia está situada en la
calle de San Leonardo, y enfrente de ella, la pequeña capilla y casa
recogimiento de mujeres Arrepentidas, fundada en el siglo pasado bajo la
advocación de Santa María Egipcíaca. -A la entrada de la calle de San
Bernardino hay, en la plazuela que lleva su nombre, otro convento de monjas
capuchinas, fundado en 1617, en la calle del Mesón de Paredes, y trasladadas
a este sitio diez años después. -Mucho más suntuoso y rico es el otro
convento, situado en la plazuela que se forma hacia el extremo de la calle de
Amaniel, fundado en 1650, para las señoras comendadoras de Santiago, con
un hermoso templo, notable por su espaciosidad y decoración, así como la
elegante sacristía, en que están colocadas las estatuas de los reyes y grandes
maestres de la orden; en esta iglesia celebra ésta las funciones de su instituto,
y su profesión los caballeros de la misma. |
| Las
Arrepentidas. |
| Capuchinas. |
| Comendadoras
de Santiago. |
| |
| Las Incurables. |
En dicha calle de Amaniel, al número 11, está el hospital de mujeres
incurables, precioso establecimiento de beneficencia, fundado por la Condesa
viuda de Lerena, en 1803. Estuvo en diversos sitios hasta que, en 1824, fue
trasladado a este edificio, que sirvió anteriormente al [155] colegio de niñas
huérfanas, fundado por Felipe V, y era conocido por el de Monterrey, a causa
de haber pertenecido la casa al Conde de este título, a quien la compró Su
Majestad. Este precioso hospital sufrió considerablemente en el horroroso
incendio ocurrido el día 8 de Julio de 1851, en que quedaron reducidas a
cenizas diez y siete casas en las cuatro manzanas que dan a dicha calle y las
del Portillo, del Cristo, del Limón y del Conde-Duque. |
| Portillo del
Conde-Duque. |
Este título y el de la puerta en que termina dicha calle nos trae a la
memoria al poderoso valido de Felipe IV, D. Gaspar de Guzmán,
conde-duque de Olivares, cuyo suntuoso palacio y jardines se alzaban en
aquel sitio, y están representados en el plano antiguo hacia donde ahora el
cuartel de Guardias. -Dicho cuartel de Guardias de Corps, que ocupa por
entero la manzana 550 en una extensión de 244.365 pies, es el edificio más
vasto de Madrid, y fue construido en el reinado de Felipe V, bajo la dirección
del arquitecto D. Pedro Rivera. Sirvió a este destino hasta la supresión de este
Real Cuerpo; después, de colegio general militar, y ahora, de cuartel de
caballería, y sus torres, de prisión militar, en que han sido custodiados muchos
célebres personajes políticos(65). -El magnífico palacio contiguo, propio de los
duques de Liria, de Berwick y Alba, construido, en 1770, bajo la dirección del
célebre D. Ventura Rodríguez, es por su suntuosidad y buen gusto el primero
de los edificios particulares de Madrid. Cerca de este palacio, hacia el
Seminario de Nobles, hay una casa, señalada con el número 3, que es
conocida por la Casa del Duende. En ella, según mis presunciones, habitó el
famoso D. Fernando Valenzuela, privado de la reina viuda de Felipe IV, y que
[156] tuvo tan estrepitosa caída. -Más allá, al confín de la población, y
formando con la cerca de su huerta parte de la general de la misma, se alza el
suntuoso Seminario Real de Niños Nobles, fundado por el mismo rey D.
Felipe V en 1725, y puesto bajo la dirección de los Padres de la Compañía de
Jesús, hasta que, a la extinción de éstos, recibió una nueva organización por
disposición de Carlos III, y bajo la dirección del célebre general de marina D.
Jorge Juan. Posteriormente, en nuestros días, volvieron a regentarle los
jesuitas, hasta que, suprimidos después, sirvió de cuartel, y hoy de Hospital
Militar, importantísimo y excelente establecimiento, uno de los primeros de
que puede gloriarse la época presente. La huerta de este seminario, que
comprende una vasta extensión de terreno, avanza un largo trecho más allá del
portillo de San Bernardino, emparejando su esquina con la de la Montaña del
Príncipe Pío, a cuya confluencia sobre este solar se ha construido la linda
barriada llamada de Pozas. |
| Cuartel de
Guardias. |
| Palacio de Liria. |
|
|
| Seminario. |
|
|
| Montaña del
Príncipe Pío. |
La inmensa posesión conocida con el nombre de la Montaña del Príncipe
Pío no quedó incluida dentro de la cerca general de Madrid hasta los tiempos
de Carlos III; mide más de seis millones de pies superficiales; fue de los
marqueses de Castel-Rodrigo, cuya casa se unió después por enlaces con la
del Príncipe Pío de Saboya. En el plano antiguo está dividida en varios trozos
de huertas, llamadas de Buitrera, del Molino Quemado, de las Minillas, de la
Florida, etc., y estaba entonces, como decimos, fuera del portillo de San
Joaquín (hoy de San Bernardino) y de la tapia que bajaba recta desde
Afligidos al puente del Parque de Palacio, donde después la fuente de la
Regalada, a la bajada de San Vicente. Esta inmensa posesión, perteneciente
al Real patrimonio, fue cedida por S. M., en usufructo, al Serenísimo señor
infante D. Francisco, y de sitio áspero e inculto [157] que era antes, vino a
trasformarse en un precioso parque, huertas y jardines, que la generosidad de
su augusto poseedor franqueaba al público, proporcionándole uno de sus más
gratos desahogos; y con los nuevos edificios, cuartel y caserío emprendidos
en ella, constituirá muy luego un distrito muy importante de Madrid(66). |
| Capilla del
Príncipe Pío. |
Fuera de esta montaña cercada, hacia la parte que da a la plazuela de
Afligidos, está la casa y la capilla que la Marquesa de Castel-Rodrigo, doña
Leonor de Moura, fundó en el siglo XVII, y en la que se venera una copia de
la Cara de Dios estampada en el lienzo de la Verónica, preciosa alhaja
vinculada en el mayorazgo, que se expone al público en la Semana Santa. -Frente a esta casa y capilla estuvo, en la misma plazuela de Afligidos, el
convento de San Joaquín, de padres premostratenses, vulgo de Afligidos, cuyo
título (aplicado después a todo el distrito) le tomaron de una imagen de
Nuestra Señora que se veneraba en el altar mayor de su iglesia. Hoy ha vuelto
al dominio de sus patronos, los señores condes del Montijo, y está destinado
a habitaciones particulares. |
| Convento de
Afligidos. |
| Cuesta de
Areneros y
paseo de la
Florida. |
Cruzando aquella grandísima posesión de la Montaña, y la Florida, se
rompió, en el inmortal reinado de Carlos III la bajada llamada Cuesta de
Areneros; se formó, a la parte baja, el paseo de la Florida; magnífica bajada
y puerta de San Vicente; se levantó, frontero de ella, el inmenso edificio de las
Caballerizas Reales, otra de las colosales obras de aquella época, en cuya
asombrosa [158] superficie (que por la bajada de San Vicente presenta una
línea de 700 pies) hay, además de suntuosos patios, verdaderas plazas,
interminables galerías o cuadras, capaces de contener con toda comodidad
quinientos caballos; el magnífico guadarnés, espléndidas cocheras y otras mil
dependencias, además de las habitaciones correspondientes para la multitud
de empleados, hasta el número de 486; y al otro lado, en fin, y con destino a
convento de Padres de San Gil (aunque no llegaron a ocuparle), el otro
espacioso edificio que mira a la calle de San Marcial, y hoy es cuartel de
Artillería; fue construido bajo la dirección del arquitecto D. Manuel Martín
Rodríguez, sobrino y discípulo de D. Ventura, el cual conservó en él el orden
severo y el buen gusto propio de aquél, revelándose a primera vista su
intención de reflejar en su extensa fachada la del clásico monasterio de San
Lorenzo del Escorial. |
| Caballerizas
Reales. |
| |
| Convento de
San Gil. |
| |
| Calle Nueva (de
Bailén) |
Subiendo por la calle Nueva (hoy de Bailén), en que tienen su entrada
principal las Reales Caballerizas, se alzó al opuesto lado, también en el
reinado de Carlos III, y con destino a casa-habitación de los secretarios de
Estado, el elegante edificio que tiene su entrada contigua al convento de doña
María de Aragón. En él habitó el famoso ministro Conde de Floridablanca,
y también, en tiempo de su mayor prepotencia, el célebre valido de Carlos IV,
D. Manuel Godoy, príncipe de la Paz; después sirvió al Consejo del
Almirantazgo; luego, de Biblioteca Real; posteriormente encerró los
ministerios de Hacienda, Gracia y Justicia, Guerra y Marina, hasta que ha
venido a quedar en él sólo este último y el Museo Naval, muy importante
establecimiento creado hace pocos años. La construcción de todas estas
colosales obras corrió a cargo del general de ingenieros D. Francisco
Sabatini, que levantó al mismo tiempo, para su propia [159] habitación, la
casa contigua a la de Ministerios, frente a las Caballerizas Reales. |
| |
| Casa de
Ministerios. |
| |
| Convento de
doña María de
Aragón. |
El convento de religiosos Agustinos calzados, fundado por doña María de
Córdoba y Aragón, en 1590, en el sitio que entonces se llamaba las Vistillas
del Río, estuvo ocupado por éstos, que tenían en él su colegio y cátedras de
Cánones y Disciplina eclesiástica, hasta su extinción en 1836. Su hermosa
iglesia es de figura oval, cuya traza y pinturas corrieron a cargo del célebre
Dominico Teutocópoli (el Greco), y fue convertida en breves días, y en los
primeros de 1814, en salón de sesiones para las Cortes generales del Reino,
en que trabajó con entusiasmo una gran parte de la población de Madrid, si
bien a pocos días de estrenado por ellas (el 11 de Mayo del mismo año), con
motivo de la abolición de la Constitución a la llegada de Fernando VII de
vuelta de su cautiverio en Francia, fue destrozado por el populacho, y
arrastradas las estatuas y emblemas alegóricos, y la lápida que renovaba el
artículo de la misma Constitución: «La potestad de hacer las leyes reside en
las Cortes con el Rey.» Vuelta la iglesia al culto divino, y los padres al
convento, hubieron de abandonarle de nuevo en 1820, en que tornó a su
destino de salón de Cortes, y luego a los padres en 1824, hasta que, a la
extinción de éstos en 1836, ha sido definitivamente dispuesto y convertido en
Palacio del Senado. |
| |
La calle del Reloj, que corre a su costado, avanzaba en los siglos anteriores
hasta la de Torrija (que en el plano antiguo se apellida de Corito), y en ésta
se alzó, a fines del siglo pasado, la casa principal donde estaba el Consejo
supremo de la Inquisición, y sobre cuya entrada hemos alcanzado a leer el
terrible lema: Exurge, Domine, et judica causam tuam. Después ha servido,
en nuestros días, de Ministerio de Fomento, llamado luego de lo Interior y de
la Gobernación. Después se han instalado en él [160] sucesivamente la
embajada de Francia, un hotel inglés y una imprenta. Todas estas calles, desde
la de Torrija hasta la de la Estrella y Silva, fueron formadas, en su mayor
parte, a consecuencia de la Puebla Nueva, verificada por D. Joaquín de
Peralta en el siglo XVII, y una de las principales de ellas recibió el nombre
de la calle de la Puebla Nueva(67), hoy del Fomento, y también la pequeña
callejuela hoy travesía de Altamira se llamó de la Puebla de Peralta. |
| Consejo de la
Inquisición. |
| |
| Puebla de
Peralta. |
| La Encarnación. |
El real monasterio de la Encarnación, de religiosas agustinas, fue
fundación de la reina doña Margarita, esposa de Felipe III, y construido a su
costa, bajo los trazos y dirección del arquitecto Juan de Mora. -La iglesia, que
es preciosa por su forma y por sus riquísimos adornos, quedó reformada en
el siglo pasado por D. Ventura Rodríguez; pero parte del monasterio fue
demolido, a la verdad innecesariamente, en estos últimos años, cuando
salieron de ellas religiosas para otros conventos. Hoy se halla reconstruido en
parte, y han vuelto aquéllas a ocuparle. La iglesia, que, como decimos, es de
las más ricas y ostentosas de Madrid, sirve de parroquia ministerial de
Palacio. -La casa de la calle de las Rejas, cuyos accesorios daban frente a este
monasterio, y después se amplió con fachada principal a la plazuela de doña
María de Aragón, fue de los marqueses de Santa Cruz, y antes, de D. José
Portocarrero y Pellares; en el sitio de ella estuvieron en el siglo XVI las
caballerizas del príncipe D. Carlos, y en nuestros días se convirtieron en
palacio de S. M. la Reina madre(68). Al Duque de Alburquerque, marqués de
[161] Cabraita, correspondió el otro edificio contiguo, que hoy sirve de
Biblioteca Nacional. |
|
|
| Palacio de la
Reina madre. |
| Biblioteca. |
|
Desde aquí empiezan las nuevas calles formadas a la regularización de la
magnífica Plaza de Oriente del Real Palacio, con los espléndidos nombres de
San Quintín, de Pavía, de Felipe V, de Carlos III, de Lepanto, etc., y por
consecuencia, volvemos a los términos del Real Alcázar, donde tuvieron
principio estos paseos, quedándonos únicamente que recorrer en uno el
antiguo Sitio Real del Buen Retiro, y otro final de circunvalación por el
exterior de Madrid. |
  - XII -
El Buen Retiro
|
Más allá del límite oriental de Madrid, hasta bien entrado el siglo XVII, que
era, como queda expresado en su capítulo, el romántico Prado de San
Jerónimo no existía edificio que aquel antiguo monasterio y el de Atocha; la
entrada de Madrid por aquel lado, como por todos, era abierta y franca, sin
cerca que la limitase ni puerta que la sirviera de ingreso; pues hasta la misma
mezquina de Alcalá, que estuvo primero más cercana al arranque de aquella
calle, no fue construida hasta el año de 1599, en ocasión de la entrada solemne
de la reina D.ª Margarita, esposa del rey Felipe III. -Hasta entonces el camino
de Valnegral (Abroñigal) venía por donde ahora está el Retiro, hasta frente de
la Carrera de [162] San Jerónimo, que era la verdadera entrada de Madrid. Así
lo vemos expresado en los libros de la época(69), y detalladamente en un rarísimo
plano de Madrid (anterior al grande de Amberes tantas veces citado) y que
tenemos a la vista. |
| |
Mírase en él, en su sitio, el monasterio de San Jerónimo y su extendida
huerta, y unido a él el cuarto o habitación Real, adonde Felipe II, su hijo y
nieto solían retirarse a pasar el tiempo santo o con ocasión de las muertes o
tribulaciones en su casa. También acostumbraban recibir en él, para preparar
su entrada solemne en la corte, a las reinas, sus esposas, o los príncipes que
solían venir a visitarlos, y a los legados y embajadores de las naciones
extranjeras; con que empezaba a preludiar aquel aposentamiento la futura
importancia del Sitio Real que había de sucederle. |
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En 31 de Marzo de 1621 murió Felipe III, y su hijo y sucesor Felipe IV,
joven a la sazón de diez y siete años, subió al trono de Castilla en una época
en que no se había desmembrado todavía parte alguna del colosal imperio de
Carlos V y Felipe II. Madrid era, pues, entonces la capital más importante del
mundo; el cetro español, que en su mano había de quedar tan menguado,
pasaba aún entero a las del joven nieto del fundador del Escorial. Cómo en su
dilatado reinado de cerca de medio siglo vino a operarse la decadencia política
de la España y el desmoronamiento de su extenso poderío, es lo que
largamente ha consignado la Historia, imputando con imparcialidad a los
antecesores de Felipe la parte que les cabe en aquella necesaria ruina de
imperio tan colosal y temerario, y al mismo Felipe (el Grande, el Cuarto [163]
Planeta, como le llamaban sus lisonjeros cortesanos), la grave responsabilidad
que pesa fatalmente sobre la triste memoria del rey poeta. |
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Felipe IV, galán y bizarro en las justas y torneos, discreto en las academias
y fiestas palacianas, liviano en sus placeres, ciego adorador de las artes y la
hermosura, de corazón bueno, de intención magnánima, de inteligencia
despejada; pero débil, vacilante y descuidado en los altos deberes, en la
inmensa exigencia de su elevado puesto, era un gran señor, discreto, amable,
magnífico y liberal, que hubiera formado en un rango inferior al trono las
delicias de la corte y de la sociedad; un niño, en cuyas manos indiscretas la
preciosa y complicada máquina del Gobierno se convertía en un pasatiempo,
en un dije precioso, cuyos misteriosos resortes no acertaba a comprender ni
manejar. Este niño coronado, esta alma disipada por los placeres sensuales,
pródiga y activa para los goces del ingenio, indolente para la gobernación y los
negocios graves, necesitaba absolutamente descargar el peso del Gobierno en
otra superior inteligencia, en otros hombros más fuertes, en otras manos más
diestras y robustas. El cielo, que quiso ofrecer a los Reyes Católicos y a Carlos
V hombres dignos de ellos, un Cardenal Cisneros), un Gonzalo de Córdoba;
que había dado a Felipe II generales y hombres de estado como su hermano D.
Juan de Austria y el Duque de Alba; que había regalado a su padre Felipe III
un Duque de Lerma y un D. Rodrigo Calderón, ambiciosos y petulantes, colocó
al lado del joven Monarca a otro personaje aun más funesto (que le absorbió
en la escena política), al conde-duque de Olivares, D. Gaspar de Guzmán, al
paso que adornaba el pedestal de la estatua del rey poeta con los admirables
frutos del ingenio de los Lopes y Calderones, Moretos y Tirsos, Quevedos,
Rojas y Alarcones, e inmortalizaba [164] acciones del rey caballero, del rey
artista y galán, con los admirables pinceles de Murillo y de Velázquez. |
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Bajo este último punto de vista, la esplendorosa corte de Felipe IV,
haciendo abstracción de la profunda gangrena que la minaba sordamente, era
deslumbrante y fascinadora, y tiene muchos puntos de contacto con el aspecto
que años después presentó la del monarca francés que dio nombre al siguiente
siglo; pero Luis XIV, además de un gentil hombre, valiente, caballeresco e
ilustrado, aunque demasiado dado a los placeres y galanteos, era un gran
monarca político y guerrero; y Felipe IV, que brillaba con aquellas cualidades
del caballero y del ingenio, carecía del todo de las que como rey engrandecían
al monarca francés; por eso éste, con su gran tacto político, halló para
compartir los trabajos de la gobernación y de la guerra ministros como
Richellieu y generales como Turena y Condé, al paso que Felipe halló su
medida en la menguada inteligencia y en la intriga cortesana de don Gaspar de
Guzmán. -Aquel monarca dejó reflejada también su grandeza y su gusto
literario en las inmortales obras de Racine, de Molière, y de Corneille, y sus
magníficos extravíos en la página de su historia que se llama «Versalles»;
Felipe IV dejó eterna la memoria de su corte disipada, caballeresca y poética,
en las heroicas farsas de Calderón, de Mendoza y de Solís; la de la funesta
privanza de su favorito, en la que plugo a éste escribir con el título de «El Buen
Retiro». |
|
Obra exclusiva este Real Sitio de aquel refinado cortesano, quiso desplegar
en él, para fascinar al joven Monarca, todos los recursos que la adulación y la
lisonja le inspiraban; todo el poderío que ponía en sus manos su inmenso
valimiento y los tesoros del Estado, de que sin limitación podía disponer,
llegando a improvisar en pocos años una nueva residencia Real y una mansión
fantástica [165] de placer y de holganza, que oscurecía y hacía olvidar las de
los bosques, jardines y palacios antiguos del Pardo y Casa de Campo, que
habían formado las delicias de los Felipes II y III. |
|
Allegó para ello todos los terrenos y posesiones inmediatas al monasterio
y convento Real de San Jerónimo, hasta una extensión asombrosa; emprendió
obras colosales para su desmonte, plantío y proveimiento de aguas; alzó un
vistoso palacio; rodeole de extensos jardines, bosques, estanques, ermitas y
caserío, y dispuso para asombrosas fiestas aquel espléndido teatro de su
elevación y su fortuna. |
|
La fundación de este Real Sitio empezó en 1631 por una casa de aves
extrañas, a que llamaban el Gallinero, arrimada a la huerta de San Jerónimo;
varios jardines y el estanque grande, y ya en la noche de San Juan de aquel
mismo año pudo estrenarse aquella risueña mansión con un festín. Al año
siguiente ya se hallaba concluida la plaza y cuerpo principal del palacio, y el
1.º de Octubre de 1632, al presentarse Felipe IV para visitarle y ver los
preparativos de la fiesta que en él había de hacerse para celebrar el nacimiento
del príncipe D. Fernando, hijo de la emperatriz doña María, su hermana, el
Conde-Duque de Olivares, como alcaide honorario que era de esta nueva
residencia Real salió a la puerta de ella, y en una fuente de plata presentó al
Rey las llaves, que recibió con agrado volviéndoselas a entregar; hubo pues
con tal ocasión un suntuoso sarao, y para las damas, bolsillos de ámbar llenos
de escudos, y ricos cortes de vestidos. Las fiestas se celebraron el día 5 de
aquel mes y siguientes, empezando con un gran juego de cañas, en que corrió
el Rey el primero, acompañado de su indispensable favorito, y luego la villa
de Madrid, el Condestable de Castilla, el Almirante y demás grandes señores
llevándose la gala [166] siempre, S. M., «no como rey, sino como caballero
más galán y más diestro»; cuya fiesta celebró la delicada lira de Lope, en la
Vega del Parnaso, en aquellos versos que llevan la dedicatoria: A la primera
fiesta del palacio nuevo; otro día se corrieron toros, y otros se tuvieron lanzas
sortijas con grandes premios, consistentes en fuentes de plata dorada, que, por
supuesto, ganó el Rey, enviándolas en obsequio a la Reina y al Príncipe. |
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Pero por muy amena que pudo ser esta primera fiesta y otras celebradas en
los años inmediatos, no tienen comparación con la larga serie de ellas
celebradas en 1637, en aquel mismo Real Sitio, con motivo de la elevación al
imperio de romanos del Rey de Hungría, cuñado de Felipe, y por ser tan
señaladas, parécenos del caso ofrecer a nuestros lectores una relación de ellas,
no la que inserta León Pinelo en sus Anales, sino otra de un manuscrito distinto
que poseemos, y que nos parece curiosa por extremo. Esta relación se hallará
en el Apéndice. |
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Un tomo extenso no nos bastaría si pretendiéramos emprender la narración
de tantas fiestas casi diarias en aquella mansión de los placeres, ni las intrigas
cortesanas y amorosas que forman la romántica historia del palacio del Buen
Retiro, y pueden verse apuntadas en los Anales de Pellicer y en otras
relaciones de la época, impresas y manuscritas. Algunas de aquellas fiestas no
pasaron, sin embargo, tranquilas y bonancibles, ni faltaron en ellas
contratiempos que dejaran señalada su memoria. -Por ejemplo, en la de la
noche de San Juan de 1639, cuando se encaminaban los reyes a sentarse en el
balcón o estrado preparado para que pudiesen presenciar las danzas y músicas,
se rompió un estanque que estaba detrás y en el altura, y arrojó tanta agua sobre
el dicho balcón, que lo inundó y destrozó; lo que hubiera ocasionado una
catástrofe a ocurrir algunos momentos después. -En igual [167] noche del año
siguiente, 1640, habíase dispuesto un teatro en la isleta que campeaba en
medio del estanque grande, y multitud de barcas para contener la orquesta y los
espectadores (que eran toda la corte), y se representaba una suntuosa fiesta
dramático-mitológica, cuando en medio de la fiesta se levantó tan recio
torbellino de viento, que apagó las luces, arrastró los toldos del tablado y las
máquinas teatrales, dispersando las barcas, cuya aristocrática tripulación estuvo
a pique de perecer en aquel improvisado golfo. -No fue esta sola calamidad la
acontecida al Real Sitio por aquellos días, sino que poco después, en las
carnestolendas del año 1641, se prendió fuego al palacio, quemándose las dos
torres principales y todo un lienzo del lado que miraba a Madrid, con gran
pérdida de cuadros, muebles y alhajas. -De suerte que estas tres calamidades,
ocurridas en el espacio de pocos meses al nuevo Real Sitio, dieron pábulo a los
comentarios del vulgo malicioso, el cual, aludiendo a ellas y a la privanza de
el odiado Conde-Duque, se dejó decir que su fundador, «en la primera ocasión
había dado en agua, en la segunda en aire, en la tercera en fuego, y que a la
cuarta daría en tierra», como así sucedió efectivamente de allí a poco, en Enero
de 1643, en que cayó de su alto valimiento con Felipe, y salió desterrado a
Loeches, y después a la ciudad de Toro, donde falleció en 21 de Julio de 1645. |
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El coliseo que se extendía en una de las alas del palacio era principalmente
el sitio de las fiestas animadas en que lucían las altas dotes de su ingenio
Calderón y Mendoza, Solís y Candamo. En el mes de Mayo de 1652, y con
ocasión del cumpleaños de la Reina, se presentó con un aparato y decoraciones
nunca vistas la comedia mitológica de D. Pedro Calderón de la Barca, Las
Fierezas de Anaxarte y el Amor correspondido, que duraba siete [168] horas,
y en algunas de sus mudanzas desaparecían los telones, dejando ver originales
los jardines y bosques del Real Sitio profusamente iluminados. -Esta regia y
espléndida función se dio el primer día a la corte, el segundo a los Consejos,
el tercero a la villa de Madrid, y después se ejecutó treinta y siete noches
consecutivas para el pueblo en general. |
|
En 1654, restablecida la Reina de su enfermedad, se dispuso otra función
en el mismo coliseo, y escribió para ella el mismo Calderón la de La Fábula
de Perseo, con no menos aparato y lucimiento; y en 1658, con motivo del parto
de la Reina, se puso en escena la de Psiquis y Cupido, de D. Antonio Solís, que
dejó memoria duradera por su gala poética, aparato magnifico y grandeza de
accesorios, siendo durante largos días el embeleso de la corte y de la villa. De
D. Antonio Mendoza, conocido por el dictado del discreto de Palacio, también
se representaron varios dramas, y así estos y otros ingenios cortesanos
continuaron enriqueciendo aquel coliseo, que por su importancia y novedad
absorbía, puede decirse, la existencia del palacio del Buen Retiro. En algunas
ocasiones las meninas y damas de la Reina, los grandes y cortesanos, y hasta
las mismas personas Reales se convertían en actores de aquellos magníficos
dramas; llamaban otras, para representarlos, a, los más acreditados
comediantes de las compañías de dentro y fuera de la corte; los arquitectos,
pintores y escultores nacionales y extranjeros competían en adornarlos con
toda la magia del arte, y las músicas y danzas más animadas los embellecían
a porfía(70). En otras, reducida su representación a las [169] mismas cámaras
Reales, servían éstas de escena a animadas y discretas improvisaciones, en que
el mismo Felipe IV alternaba airosamente con los ingenios más esclarecidos
de la época, con Lope y Calderón, con Montalbán, Moreto y Vélez de Guevara,
Coello y Villaizán, ya en discretas y en cultas escenas de los dramas conocidos,
ya en donosas y livianas improvisaciones, parodias de aquéllos, llenas de
ingenio y agudeza. A éstas solían asistir las damas de la corte detrás de una
cortina, para no privar a los poetas de la desmedida libertad que les daba Felipe
en producirse, a las veces con sobrada desenvoltura. |
|
La corte del Buen Retiro presentó, pues, durante el reinado de Felipe IV, el
aspecto más halagüeño. Suntuosos y dilatados bosques, bellos y primorosos
jardines, regios palacios, magníficos salones, teatros, templos, cuarteles y
caserío para los magnates de la corte y su numerosa servidumbre, nada faltaba
para dar al Retiro la importancia de una ciudad. -La general disposición del
mismo por aquel tiempo (según vemos minuciosamente detallado en el plano
de Amberes) era variada y pintoresca, y comprendía, ya poco más o menos la
misma dimensión que en el día, que pasa de diez y siete millones de pies
superficiales, aunque entonces no estaba todo cercado. -A su entrada principal,
frente a la Carrera de San Jerónimo, existía, desde 1637, la plaza cuadrada, que
quedó en nuestros días por única de las construcciones antiguas, y era llamada
entonces de la Pelota, por hallarse el juego en el edificio en que después
estuvo la iglesia o parroquia provisional. A su costado derecho se levantaba y
[170] existe el suntuoso salón llamado de los Reinos, donde se juntaron las
Cortes, hasta las de 1789 inclusive, que declararon la abolición de la ley sálica.
-Este magnífico salón, cuya extensión, anchura, excelentes luces y riqueza de
decoración eran correspondientes a tan alto objeto, excita todavía gran interés
histórico y artístico por su rico artesón, recamado de oro, en que aún brillan las
armas y blasones de los muchos y extendidos reinos que en aquel siglo
componían la corona de España, colocados por este orden: Castilla, León,
Aragón, Toledo, Córdoba, Granada, Vizcaya, Cataluña, Nápoles, Milán,
Austria, Perú, Brabante, Cerdeña, Méjico, Borgoña, Flandes, Sevilla, Sicilia,
Valencia, Jaén, Murcia, Galicia, Portugal y Navarra. Había además,
colocados en los lienzos de este espléndido salón, muchos de los grandes
cuadros históricos que hoy brillan en el Real Museo, el de la Rendición de
Breda, el del Desembarco de los ingleses cerca de Cádiz, y otros; hoy aparecen
desnudas sus paredes, si bien el salón está dignamente ocupado por el precioso
Museo de Artillería, uno de los establecimientos que más honran a la época
actual. A su puerta se ven las dos estatuas de Felipe IV, fundador del Real
Sitio, y de Luis I, que nació en él. |
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Al final de este lienzo es donde se formó la sala principal del teatro, aunque
creemos que fue reconstruida muy posteriormente en el reinado de Fernando
VI; en tiempo de Felipe IV parece eran varias las destinadas a este espectáculo. |
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A la derecha de esta plaza estaba el palacio Real, que con el teatro y las
casas de oficios formaban un gran cuadro, con sendas torrecillas en sus cuatro
ángulos, y dejando en el centro una hermosa plaza-jardín; uníase al palacio, por
un paso, el elegante edificio que aún existe, llamado el Casón, y fue destinado
a sala de bailes, y decorado con preciosas pinturas de manos de Lucas Jordan,
[171] que representaban la institución de la Orden del Toison de Oro y los
trabajos de Hércules, bárbaramente borradas en 1834 cuando se destinó este
salón para la reunión del estamento de Próceres. -En medio de la gran plaza
cerrada, formada por el palacio, teatro y casas de oficio, se alzaba la estatua
ecuestre de Felipe IV, obra del célebre escultor florentino Pedro Tacci, que hoy
campea en el centro de los jardines de la plaza de Oriente; y más adelante, la
bella fuente de Narciso, que hoy creemos está en los jardines de Aranjuez;
continuaba después el caserío, con otra plaza y edificios llamados de la
Grandeza, de la Dispensa, etc., hasta tocar con monasterio de San Jerónimo,
que comunicaba y venía a formar como una parte del sitio Real. |
|
A éste se entraba también por una puerta muy curiosa, llamada del Ángel,
que no carece de elegancia, y que muy oportunamente se ha conservado y
colocado en la nueva entrada que se ha dado al sitio por aquel lado. |
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Por detrás, y a los lados de palacio y demás caserío, se extendían los
inmensos bosques, interpolados con lindos jardines: por ejemplo; en donde
ahora está el precioso parterre, había uno, en cuya plaza central, llamada el
Ochavado, venían a confluir otras tantas calles cubiertas de enramadas, más
arriba estaba la ermita de San Bruno, que sirvió después de parroquia del Real
sitio, cerca de donde ahora el estanque llamado de las Campanillas. El otro
estanque grande y principal que hoy vemos, brillaba desde el principio por su
asombrosa extensión de 1.006 pies de largo por 443 de ancho, o sea una
superficie de 445.658, que equivale a tres veces y tercia la de la Plaza Mayor.
A sus márgenes se alzaban hasta cuatro embarcaderos y varias norias, y tenía
en su centro una isleta oval con árboles, en la cual, en varias ocasiones, solía,
como queda dicho, alzarse un teatro, por disposición del [172] Conde-Duque
de Olivares, para obsequiar con representaciones escénicas al Monarca y su
corte; y aun transformada a veces con suntuoso aparato en la mitológica
mansión de la hechicera Circe, servía de escena a cumplidas y brillantísimas
farsas navales y terrestres. |
|
Desde el mismo estanque arrancaba un canal, llamado el Mallo, que
siguiendo en dirección de donde hoy está la Casa de las Fieras, daba luego
vuelta a los confines del Retiro, e iba a desembocar en otro grande estanque
situado donde después se alzó la fábrica de porcelana de China (volada por los
ingleses en 1812), en cuyo centro se elevaba entonces una elegante iglesia o
ermita, llamada de San Antonio de los Portugueses. -Los nuevos jardines, a
espaldas del estanque y a su costado izquierdo, eran entonces frondosas
alamedas y bosques, que se llamaban el Cazadero de las liebres y las
Atarazanas, hacia donde hoy la Casa de las Fieras. -Hacia la puerta de Alcalá
estaba la huerta del Rey, con una ermita de la Magdalena, el cebadero de aves,
y otro canal, llamado río chico. No existía la entrada de la Glorieta, ni el
enverjado de hierro (obra de Carlos III), pero si los frondosos bosques entre
ésta y la de San Jerónimo, y donde luego estuvo la casa-palacio de San Juan
estaba el jardín de primavera y otra ermita, dedicada al mismo santo. |
|
Lo demás del extendido recinto de este Real sitio, y que ya en el siglo XVII
venía a tener los mismos límites que en el día, aunque sin la fuerte cerca que
hizo construir Carlos III, y que comprende más de la cuarta parte de la general
de Madrid o casi tres cuartos de legua, fue con el tiempo cubriéndose de
bosques y plantíos con algunas otras ermitas y huertas, de San Pablo, de San
Isidro, y otras, e interpoladas con ellas, varias quintas, templetes y descansos
para la dirección de las Reales cacerías. |
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Muerto Felipe IV en 1665, y quedando la gobernación [173] del reino,
durante la menor edad de Carlos II, en manos de su madre D. Mariana de
Austria, el palacio del Retiro compartió en aquella época turbulenta con el Real
Alcázar la ingrata misión de servir de escena a las intrigas y desvanecimientos
de la privanza de D. Fernando Valenzuela, que dotado de ingenio poético y de
carácter caballeresco, intentó reproducir cerca de Mariana las espléndidas
excentricidades del Conde-Duque. -Sin embargo, la Reina viuda daba la
preferencia al Alcázar, y el teatro del Retiro no resonaba sino de tarde en tarde
con los fantásticos dramas de D. Francisco de Bances Candamo o con los hoy
desconocidos del mismo favorito Valenzuela. |
|
Emancipado Carlos II de la tutela maternal al cumplir la edad de quince
años, el día 14 de Enero de 1677, en que salió del Alcázar y se fue al Retiro,
dejando a su madre retraída en aquél, volvió éste a tomar cierta importancia
política, especialmente durante el primer matrimonio del Rey con María Luisa
de Orleans; pero después, sus enfermedades, sus temores, sus hechizos, le
hicieron encerrarse con frecuencia en las sombrías salas del Alcázar, donde,
entre parasismos y conjuros, terminó su mísera existencia en 1.º de Noviembre
de 1700. |
|
La nueva dinastía de Borbón no fue, en un principio, tan favorable al Retiro
como su antecesora; pero habiendo desaparecido el Real Alcázar en el incendio
de 1734, Felipe V se vio en la necesidad de ocupar el del Retiro todo el resto
de su reinado, y lo mismo su hijo y sucesor Fernando el VI, que hizo de él su
corte permanente, le amplió y decoró con profusión, y construyó, a lo que
creemos, el bello teatro, en que introdujeron las óperas italianas el celebérrimo
Carlos Broschi (Farinelli) y los primeros compositores y cantantes de Europa. |
|
En esta época volvió a adquirir el Retiro su primera importancia y
animación; y aunque no tanta, en el [174] reinado de Carlos III, que pasó ya a
ocupar el nuevo palacio Real, todavía hemos alcanzado a escuchar de boca de
algunos ancianos la narración de las pomposas fiestas en aquellos regios
salones, cuando campeaban en ellos las casacas bordadas y los empolvados
pelticones que sustituyeron a las capas y ferreruelos. Todavía hemos oído,
contar a nuestros padres la asistencia que de grado o por fuerza hubieron de
hacer a las comedias que a principios del siglo hacía representar María Luisa
en aquel coliseo, y para las cuales, necesitando mayor concurrencia que la
ordinaria de la corte, hacía destacar a los guardias de Corps para que fuesen a
reclutarla a los paseos inmediatos del Prado. |
|
Pero este Real sitio dejó de existir como tal cuando, ocupado Madrid, en
1808, por las tropas francesas, convertido por ellas en una imponente ciudadela
con que tener en respeto a la arrogante población. Sus regias habitaciones,
demolidas o trocadas en baterías, cuarteles y establos; sus jardines en
terraplenes y campos de maniobras, y los escasos árboles, que aún daban
testimonio de sus antiguos bosques, viéronse regados con la sangre de las
víctimas madrileñas. Honor era y deber del Monarca español, restituido al
trono de sus mayores, borrar aquel testimonio de desdichas, y tornar a la capital
del reino su primer adorno y solaz. |
|
No quedaron, pues, defraudadas las esperanzas de los habitantes de Madrid;
pues Fernando VII, consagrando grandes sumas a la reparación de este Real
sitio, alcanzó en pocos años a ponerle en un estado de brillantez y lozanía que
iguala, si no excede, al que pudo tener en los reinados anteriores. Hizo más, y
fue que, reservándose sólo una parte de sus jardines, entregó el resto al público,
la más extensa y principal; y de sitio Real, privilegiado y exclusivo, le
convirtió en el primer paseo de Madrid. [175] -Pero el palacio, teatro, y
edificios contiguos, destruidos por los franceses (que, si hemos de creer a los
que aun los han conocido, valían poco bajo el aspecto artístico), no han vuelto
a levantarse; concluyéronse, sí, otros edificios en diversos puntos del Real
sitio, como la Casa palacio de San Juan, la nueva Casa de Fieras, la Pajarera,
la Faisanera, el Salón oriental, el Mirador, los Embarcaderos, la Casa del
Pescador, y otras; plantáronse nuevos bosques, paseos, jardines y laberintos,
y especialmente en la parte reservada a S. M., que comprende desde la Casa de
Fieras hasta la montaña artificial, se pusieron en planta varios primores, que
si no indican el mayor gusto ni grandeza de ideas en los encargados de
ejecutarlos, prueban, por lo menos, la solicitud del monarca hacia su sitio
favorito. -Hoy, su augusta hija doña Isabel II, dando mayor importancia
todavía a la parte pública de estos espléndidos jardines, los ha enriquecido y
decorado de un modo digno de la capital del reino, proporcionando a sus
habitantes un gran desahogo y comodidad(71). [176] |
  - XIII -
Paseo exterior
| |
Al pie del Alcázar y su florido parque del Campo del Moro extiéndese la
frondosa vega, regada por el Manzanares, que naciendo en unas sierras cerca
del pueblo cuyo nombre toma, entre las villas de Navacerrada y Becerril, viene
atravesando en su curso los bosques del Pardo, la Casa de Campo, deja sobre
su orilla izquierda a Madrid, y sigue por el soto de Luzón, Peralejos y la
Torrecilla, hasta llegar a Vacia-Madrid, donde se confunde en el Jarama. |
|
El humilde origen, escaso raudal y limitado curso de este modesto río no le
daban ciertamente derecho a esperar ser algún día el encargado de regar los
muros de la capital del reino, y de reflejar en sus aguas trasparentes los
suntuosos alcázares, los Reales bosques, los puentes monumentales que le
envidian sus rivales el Tajo y el Ebro, el Duero y el Guadalquivir; contraste
formidable con su mansa corriente, que dio lugar en todos tiempos a las
donosas burlas y festivas chanzas de los poetas y gentes de buen humor. -Mas,
a pesar de esta exigüidad de nuestro pobre Manzanares, no pudiera, sin
injusticia, achacársele de inútil o insignificante para la [177] población
madrileña, cuya vega occidental y meridional fructifica y alegra, cuya salud
protege en su mismo prudente apartamiento, cuya seguridad nunca
compromete, y cuya policía, limpieza y regalo encomienda a su mansa
corriente y a sus ninfas de Lavapiés. |
|
Las fértiles huertas y jardines de una y otra orilla, la magnífica Casa Real
de Campo, propiedad un tiempo de la antiquísima familia de los Vargas, de
Madrid, adquirida y aumentada considerablemente por los Felipes II y III con
inmensos bosques, risueños parques, estanques, alamedas y paseos; la otra
preciosa posesión, también Real, de la Moncloa, frontera a aquélla, que
encierra en una las famosas del cardenal arzobispo de Toledo don Bernardo de
Rojas Sandoval, y la Florida, de los antiguos duques de Alba; sus magníficos
jardines, comparables en amenidad y lozanía a los más preciados del Sitio de
Aranjuez; las frondosas alamedas de ambas orillas, los sotos de la Villa, de
Migascalientes, de Luzón, antiguos y deliciosos sitios de recreación popular;
todo declara el benéfico influjo del río Manzanares en esta comarca espontánea
para la vegetación, benéfica y propia para la salud y la holgura. |
|
Y digan lo que quieran en sus festivas sátiras los poetas madrileños Lope
y Quevedo, Tirso y Calderón, contra la exigüidad de su modesto río, y apuren
las sales de su ingenio en sus invectivas contra Felipe II por haberle autorizado
con la famosa puente Segoviana, obra del insigne Juan de Herrera, invirtiendo
en ella la suma de 200.000 ducados; y truenen otros contra el corregidor,
Marqués del Vadillo, que dos siglos después levantó con no menor sacrificio
la otra puente Toledana con la suntuosidad que hoy ostenta; lo cierto es que,
aparte de cierto lujo romano en la construcción de estas obras, su solidez y
fortaleza estuvieron bien calculadas, y el mismo [178] Manzanares las justifica
cuando tal vez, al desprenderse las nieves de las sierras vecinas, acrece tan
formidablemente su caudal, que hace necesarias aquellas obras monumentales
para dominarle y resistir a su empuje(72). [179] |
| |
Debe, sin embargo, suponerse que en el siglo XVI venía el río más crecido,
o por lo menos más somero, y no tan escondido entre la arena, pues que
tenemos la relación del viaje que, en el reinado de Felipe II, hizo desde Lisboa
por el Tajo, el Jarama y el Manzanares, el ingeniero Antonelli, llegando hasta
los bosques del Pardo, o por lo menos hasta frente al Alcázar de Madrid. -Posteriormente hubo el proyecto de aumentarle e incorporarle al Jarama, y más
adelante, a fines del siglo XVII, por los ingenieros hermanos Grunnemberg se
propuso la canalización del río hasta Vacia-Madrid, que al fin se llevó a cabo
en el reinado de Carlos III, con grandes esperanzas de resultado, que ha venido
a hacer estéril la [180] aplicación de los ferro-carriles, concurrencia
formidable, en que no pudieron soñar ni Antonelli ni Grunnemberg. |
|
De todos modos, preciso es convenir en que donde concluye la influencia
del Manzanares, o sea desde frente al extremo de la Montaña del Príncipe Pío
hacia el Norte, y el de la huerta de Atocha hacia Levante, allí acaba también la
animación, la vida y la fertilidad de esta comarca. Dentro de estos opuestos
polos, al Occidente y Mediodía, es donde se despliega, a favor del benéfico
influjo de su escaso río, la risueña vega de Madrid, donde en tiempos remotos
acudían a solazarse los habitantes de esta villa. -Allí está su famoso sotillo, en
donde, el 1.º de Mayo, celebraba la popular y animada fiesta de Santiago el
Verde, que poetizaron hasta lo sumo, en sus dramas y canciones especiales, las
musas de Lope, de Rojas y Calderón; allí, sus antiguas ermitas de San Isidro(73),
del Ángel(74), de San Dámaso(75), de San Antonio de la Florida(76) y de la Virgen
del Puerto(77), que en sus días respectivos presenciaban sus festivas y vistosas
romerías; allí su pradera del Corregidor, teatro de sus románticas verbenas la
mañana de San Juan; allí la Tela de justar, en que los briosos caballeros (no
digamos del siglo XI, ni acaudillados por el Cid, según en sus admirables
quintillas describe Moratín el padre), sino los apuestos galanes de la corte de
los Felipes, holgaban de lucir su gallardía dominando un fogoso alazán,
corriendo una sortija, quebrando una lanza o rejón, y tendiendo a un toro a sus
pies; allí su parque de Palacio, donde las [181] elegantes y hermosas damas
salían a lucir su belleza y recibir los holocaustos de sus amantes en las
mañanas de Abril y Mayo; allí donde el Monarca, los magnates de la corte y
los antiguos mayorazgos de la villa tenían sus recreos o retiros campestres, sus
huertas floridas; el Rey, su Casa de Campo; el Arzobispo de Toledo, su
Moncloa; el Duque de Alba, la Florida; sus huertas los Vargas, los Luzones,
los Lujanes, los Ramírez de Bornos, los Coellos y los Balbases(78); allí, en fin,
donde, coronando dignamente este risueño paisaje sobre las altas colinas de su
fondo, desplegaba sus antiguos torreones, sus fuertes murallas, su puerta |
|
A espaldas de este cuadro pintoresco, es decir, salvando los límites de la
Montaña del Príncipe Pío y de Atocha al Norte y Levante, ¿qué es lo que
ofrecía Madrid, y qué ha venido ofreciendo hasta nuestros días, en que espera
fundadamente su transformación, merced a las aguas del Lozoya, traídas a sus
puertas con obras formidables? ¿Qué objetos halagüeños, qué señales de
vitalidad presentaba en su radio exterior, sino una monótona sucesión de
colinas areniscas, de tierras de pan llevar, interrumpidas de vez en cuando por
alguna triste casa de labor, por alguna venta o tejar, por tal cual posesión
cercada, más o menos rústica, por algún barranco seco y pestilente o por una
solitaria y desnuda carretera? ¿Ni en qué se diferenciaba de un yermo, ni en
qué se parecía a las avenidas de otras ciudades populosas? |
|
Madrid recibió, es verdad, de Felipe IV el importantísimo aumento del
Buen Retiro a su banda oriental; con la asombrosa extensión de este Real sitio
casi duplicó el perímetro de la villa y llamó hacia aquel extremo su
importancia y su riqueza; pero al tiempo que la dotó de tan espléndido
apéndice, la impuso límites fijos, indeclinables, fatales, por aquel lado, y
contuvo el progreso que desde el principio venía siguiendo la población hacia
aquel extremo. |
|
La formación de este inmenso parque al otro lado del Prado prohibió al
caserío rebasar la línea de aquel paseo y convertirle a la larga en una rambla
o boulevart interior; y la cerca del Retiro, desde su esquina meridional hasta
la que mira al Norte, donde se alza hoy la montaña artificial, puede decirse que
eran las columnas de Hércules, el Non plus ultra para la villa de Madrid por
aquel lado. |
|
A la vista tenemos también, para esta ojeada exterior, [183] un preciso
Plano de Madrid (del que hasta últimamente no teníamos noticia); y aunque
no de la extensión y primor del grande, de Tejeyra, grabado en Amberes en
1656, sobre el cual están calcados estos paseos por el Madrid antiguo, es
indudablemente anterior a él, y aun al reinado de Felipe IV, pareciendo ser
obra de los últimos años del de su antecesor, hacia 1617 o 1618, por carecer
todavía del Retiro, de la nueva Plaza Mayor, de la puerta de Segovia, de la
cárcel de Corte, del Ayuntamiento y demás edificios posteriores(79). [184] |
|
Recorriendo con este dato contemporáneo el exterior de Madrid en los
primeros años del siglo XVII, empecemos por la parte alta al Norte, donde
hallamos la dicha huerta de la Florida y la del cardenal de Rojas Sandoval (tío
del Duque de Lerma), y otras, formando un conjunto con lo que hoy las dos
Reales posesiones de la Moncloa, o Real Florida, y la Montaña del Príncipe
Pío, que más adelante fueron separadas por Carlos III con el costoso desmonte
y rotura del camino o Cuesta de Areneros. -Donde después se colocó el portillo
de San Joaquín, o de San Bernardino (porque es sabido que entonces Madrid
no tenía cerca alguna), arrancaba el camino de las Cruces, que guiaba al
convento de San Bernardino, fundado por el contador Garnica en 1572; y la
primera casa o edificio de Madrid por aquel lado estaba en lo que después se
llamó plazuela de los Afligidos, y era el convento de clérigos menores,
apellidados con aquel título, y la huerta contigua del Conde de Nieva, hacia
donde hoy el palacio de Liria; a que seguían, en la dirección del actual cuartel
de Guardias y portillo del Conde-Duque, otros edificios y casas particulares.
-Al término de la cuesta de Leganitos, y sobre la dicha Montaña del Príncipe
Pío, en que hay varias huertas, está ya señalado el viejo palacio del Duque de
Osuna, que aún subsiste, y todas las dichas calles de Leganitos y sus paralelas,
hasta las de San Bernardo, Fuencarral y Hortaleza, daban salida al campo y no
se prolongaban tanto como después lo hicieron. -Al final de esta última (la de
Hortaleza) se ve ya en la extensa plaza o descampado el convento de Santa
Bárbara a su derecha, y al frente, otro edificio considerable con su huerta.
-Detrás del de Santa Bárbara estaban el palacio y jardines del Príncipe Stillano,
convertido después, por él mismo, en convento de monjas de Santa Teresa; y
más adelante seguían otros huertos y [185] casas aisladas hasta el extenso
campo donde después se elevó el monasterio de las Salesas. |
|
El prado de Recoletos está ya, poco más o menos que en el plano de
Amberes, con su convento de Agustinos, su huerta de San Felipe (luego de la
Veterinaria), y otra muy grande, hasta la subida de la puerta de Alcalá; y al otro
lado del paseo, los jardines del Conde de Baños, del Almirante y de Juan
Fernández, el Regidor; corriendo por el centro el antiguo barranco y dos filas
de árboles. -La puerta de Alcalá, levantada en 1599, y formada de dos
mezquinas torrecillas, apoyaba entre las huertas del prado de Recoletos y la
que había enfrente, hacia donde después la entrada del Retiro por la Glorieta.
Detrás de esta huerta seguía otra, donde luego el jardín de Primavera y el
palacio de San Juan, hasta la subida de San Jerónimo, con un edificio de
alguna apariencia, en donde se elevó el cuartel de Artillería, y un paseo
delante, que está señalado en el plano con el nombre de Carrera de los
Caballeros. También había allí una ermita o iglesia, que podía ser la antigua
de San Juan. -Lo demás que hoy forma el Real Sitio del Retiro eran tierras y
casas de labor, atravesando por ellas el camino de Valnegral o de Abroñigal,
y terminando aquella banda en el monasterio y cuarto Real de San Jerónimo
y su extendida huerta, el altillo y ermita de San Blas, el convento, iglesia y
huerta de Atocha. |
|
Por delante de todo esto se ve el Prado de San Jerónimo, como en el plano
posterior, con sus dobles filas de árboles, sus fuentes, su torrecilla para las
músicas, sus huertas y barranco a la izquierda, las cercas de sus jardines a la
derecha, avanzando éstas más adelante que hoy a la esquina de la calle de
Alcalá y de la Carrera, no formándola todavía la fachada de la casa del
Marqués del Carpio (hoy de Alcañices), ni la del Duque de Maceda, y hoy el
palacio de Villahermosa. [186] |
|
La huerta del Duque de Lerma, y los diversos edificios que incorporó a ella
para formar su palacio, aparecen donde hoy el de Medinaceli, aunque
separados e independientes; uno con vista al Prado; luego la verja de la huerta,
y otros edificios al término de ella, hacia la calle del Prado(80). También está
detrás de este palacio y [187] huerta el convento de los trinitarios de Jesús,
fundado por el mismo Duque en 1606. -Sigue el Prado hacia la salida al
camino de Vallecas, con dos filas de árboles, y a su extremo el edificio del
antiguo hospital, y el convento iglesia de Atocha al fin de su paseo. -Por la
parte baja no se presenta nada notable en los límites de Madrid; todas las
calles, que, por lo que se infiere, no se prolongaban tanto como ahora, tenían
salida al campo y terminaban, la de Lavapiés en la plazuela de este nombre, la
del Mesón de Paredes en la Escuela Pía, donde estaba el Hospital de los
Aragoneses, y así las demás hacia la de Toledo. |
|
A la parte oriental, al otro lado del río, se ve la [188] antigua ermita de San
Isidro, poco más o menos de la misma forma que la actual, y luego las huertas
de Luche, los lavaderos, la Casa de Campo, con la estatua ya de Felipe III (que
fue colocada en 1616), y de la parte acá el monasterio de San Francisco y su
huerta (pero no la del Infantado), el Puente Nuevo, sin la puerta de Segovia,
porque la calle de este nombre terminaba en las casas de Moneda, viéndose
todavía al descubierto la muralla antigua, que bajaba por la Cuesta de los
Ciegos, y subía luego, dejando a la parte fuera el hospital de San Lázaro, que
se ve hacia donde ahora el callejón de este nombre; luego la primitiva y única
puerta de la Vega en la escabrosa cuesta, terminando con el parque de Palacio,
el Alcázar y Vistillas al río, en las que se mira el monasterio de doña María de
Aragón. -Aquí nos hallamos ya delante del cuadro que dejamos trazado al
principio de este paseo, y aquí terminan también los nuestros por el Antiguo
Madrid. [191] |
  Apéndice
| |
Hemos citado tantas veces, en el curso de nuestros paseos, los antiguos
libros del maestro López de Hoyos, que sirven de fundamento a la mayor parte
de las consejas de los Dávilas, Quintanas, Pinelos y demás historiadores de
Madrid, y son tan rarísimos aquellos libros, que creemos nos agradecerán
nuestros lectores la reproducción que vamos a hacer de la parte de ellos que
tiene relación con nuestro asunto. Titúlase el primero: |
|
Historia y relación verdadera de la enfermedad, felicísimo tránsito y
suntuosas exequias fúnebres de la serenísima reina de España doña Isabel de
Valois, nuestra señora; con los sermones, letras y epitafios a su túmulo;
dilatado con costumbres y cerimonias varias de diferentes naciones en
enterrar sus difuntos, como paresce por la tabla de este libro. En el qual se
comprehende el nascimiento y muerte de S. M. -Dirigido al ilustrísimo y
reverendísimo señor don Diego de Espinosa, cardenal de la Santa Iglesia de
Roma, título San Esteban de Montecelio, obispo y señor de Sigüenza,
presidente del Consejo Real, inquisidor apostólico y general de los reinos y
tierras de España contra la herética pravedad y apostasía, etc. Compuesto y
ordenado por el maestro Juan López, catedrático del Estudio de esta villa de
Madrid. Impreso en la M. N. y C. villa de Madrid en [192] casa de Pierres
Cosin, a las espaldas de la Victoria, Año M. D. LX.IX, con privilegio Real.
Está tasado a dos reales y medio. Es un tomo en 8.º |
| |
|
Los dos documentos interesantes para la historia de Madrid que contiene
este libro son: 1.º, una carta del autor al Senado (Ayuntamiento) de esta villa,
que va al principio; y la Declaración de las armas de Madrid, que hace al fin.
Por su muestra podrá venirse en conocimiento del criterio y del estilo del
maestro del gran Cervantes. |
|
Helos, pues, aquí: [193] |
  NÚMERO 1.º
CARTA
Al ilustre Senado de la muy noble villa de Madrid, el maestro Juan López de Hoyos
| |
«Es muy averiguado y doctrina muy clara entre filósofos y varones de raras
prendas y singular erudición, que no menos gloria y triunfo se debe al
historiador que escribe, y con perpetua memoria de escritura celebra las
hazañas, proezas y cosas memorables de algún príncipe, valeroso capitán o
ilustre ciudad, que al mismo que las hace. Porque bien se deja entender que
ninguna de las naciones que desde el principio del mundo ha habido hasta
ahora, ni ningún capitán, adquirió tanto para su tierra, ni ninguno de los
Césares tanto fue celebrado en vida por sus hazañas, cuanto todos los
sobredichos han adquirido y se han perpetuado, y su nobleza ha sido más
dilatada y conocida por lo que sus historiadores con sus escritos los han hecho
inmortales entre las gentes, y de ellos por sus historias hemos conocido, que
no por lo que ellos hicieron. Porque ¿quién supiera de los triunfos y monarquía
del emperador Alcibíades, ni del gran rey de Ponto Mitrídates? ¿Ni la potencia
y riqueza del rey Darío, ni su competidor Alejandro el Magno? ¿Ni de las
grandes antigüedades que en este volumen he recogido, si los [194] escritores
no las hubieren eternizado con sus escritos y librado de la injuria de los
incendios y pérdidas de ciudades, destrucciones y diluvios de naciones, y la
variedad de los tiempos y antigüedad de siglos que suelen ordinariamente
arruinar y traer su ignominia y desautoridad de perpetuo olvido? |
|
Pues pretendiendo yo que las cosas que tan ilustremente en servicio de los
SS. reina y príncipe D. Carlos, SS. nuestros, en sus honras y recomendación
que V. S. hizo, quedasen en perpetua memoria, acordé historiarlas con el mejor
y más cortesano lenguaje y elegante estilo que en mí ha sido. |
| Las armas y
calidades de
Madrid en
suma. |
De adonde todo el mundo conocerá la obediencia, lealtad y amor con que,
en cualquier género de servicio que a S. M. pertenezca, V. S. pone por obra
aficionadísimamente todo en decreto y autoridad. «Pues por la misericordia de
Dios nuestra patria no debe ser pospuesta las muy nobles y muy felices en
clemencia y serenidad de cielo, sus aires salutíferos, en fertilidad de todo
género de bastimento de toda su comarca y términos, que tan celebrados son
por el universo, llamados los lomos de Madrid, con la ribera del Jarama, la
cual es de tanto renombre, que no hay nación a quien no sean muy conocidos
y notorios los toros, caza y pesca sabrosísima, pasto y sotos gravísimos,
humbriosos y deleitables. No diciendo de los bosques y Real casa del Pardo,
la cual en policía y pintura y grandes riquezas, caza, cielo y sitio y
compartimiento y buena traza, es la mejor y más rara que príncipe alguno en
el mundo tiene. Y la floresta graciosísima de Aranjuez y los jardines, fuentes
y recreación de la casa (que vulgarmente llaman del Campo en esta villa, de
Madrid). Ni la casa y Reales palacios, tan antiguos y tan ilustrados con nuevos
edificios y presencia de la majestad del rey D. Felipe II, nuestro señor; los
cuales son [195] de tanta majestad, que son tenidos, a dicho de todos los
extranjeros, por edificio muy raro y de gran magnificencia y digno (como
desde su antiquísima fundación lo ha sido, como paresce en todas las crónicas)
de ser perpetuo palacio de reyes y príncipes. |
| Armas de los
griegos en
Madrid. |
Entre las antigüedades que evidentemente declaran la nobleza y fundación
antigua de este pueblo, ha sido una que en este mes de Junio de 1569 años, por
ensanchar la Puerta Cerrada, la derribaron, y estaba en lo más alto de la puerta,
en el lienzo de la muralla, labrado en piedra berroqueña, un espantable y fiero
dragón, el cual traían los griegos por armas y las usaban en sus banderas(81),
como paresce en las historias, y particularmente recopilado por Juan Pierio,
libro quince, dice cómo el clarísimo emperador Epaminondas, griego, traía por
bandera un dragón, el cual ponía en las obras y edificios que edificaba, de
donde inferimos estos tan excelentes y superbos muros haber sido edificados
por esta tan antigua e ilustrada gente, pues en ellos hallamos sus armas y
memoria. Y siendo yo de pocos años, me acuerdo que el vulgo, no entendiendo
esta antigüedad, llamaban a esta puerta la Puerta de la Culebra, por tener este
dragón labrado bien hondo y con unas imágenes que en yeso sobre esta culebra
se pusieron, se atapó de manera que no pudiera ser visto. Y esto no piense
nadie que es lisonja, o que los griegos nunca descendieron tan al riñón de
España. Pues Ulises, griego, descendió tanto, que a la entrada de Tajo [196]
en el mar, edificó aquella celebrada ciudad española que de su mismo nombre
llamó Ulisípolis, que en nuestro vulgar llamamos Lisbona, etc. |
| Mayorazgos. |
No es menos notable y valerosa su nobleza de caballeros, pues en ella hay
sesenta y cuatro mayorazgos, no de granjería, sino de muy buena renta y
cualidad en nobleza de sangre, ilustres familias, entre los cuales hay muchos
señores de vasallos(82). [197] |
|
De todo lo cual no es mal argumento tantos comendadores en todas las
órdenes de Caballería y tanto número y frecuencia de ciudadanos de este
pueblo en la casa Real, como es el licenciado Juan Zapata, oidor del Consejo
Real, gobernador electo del arzobispado de Toledo. Don Gómez Zapata, del
Consejo Real de Indias. Don Íñigo de Cárdenas, del Consejo de Órdenes.
Francisco de Eraso, de la Orden de caballería de Calatrava, secretario de S. M.
Melchor de Herrera, tesorero mayor de S. M. Antonio Gómez de Eraso,
secretario de S. M. Antonio Pérez, secretario del Consejo de Estado de Italia.
Don Gabriel Zapata, gentil-hombre de la boca de S. M. y D. Ladrón de
Guevara, gentil hombre de la boca de los serenísimos príncipes de Bohemia
y Hungría. |
|
Contadores, Luis de Peralta y Juan de Galarza, y Luis de Rivera,
superintendente de todas las obras. Médicos de la casa Real, el doctor
Santiago, el doctor Madera y el doctor Pedro de Torres. Dejo los demás acrois
y pajes de oficios, porque pocos, o sea ninguno, son (como [198] adelante
hemos dicho) los oficios en que no hay gentes y vecinos de nuestra patria. |
|
Pues en la capilla Real están D. Hierónimo Zapata, arcediano de Madrid en
la santa iglesia de Toledo, y Antonio de Eraso, arcediano de Coria y canónigo
de Sevilla, y D. Íñigo de Mendoza y otros muchos que, por no ser molesto
(aunque perdonen), paso por alto. No callando a Melchor de Valdés, maestro
mayor de la capilla Real, una de las raras prendas que hay de su arte. Dejo los
tiples y demás cantores famosos en la capilla Real, naturales de nuestra patria. |
|
No es de callar, ver cómo en el Palacio sacro hay también vecinos de
Madrid, el doctor D. Diego de Vargas, camarero de S. S. y canónigo de
Toledo. Pues en el santo Consejo de la Inquisición también tenemos el señor
Tapia, varón de gran confianza en las cosas muy arduas, por sus excelentes
dotes de ánimo. |
|
Dejo aparte todos los señores de títulos que en este pueblo se han
avecindado. Todo lo cual hace muy feliz y muy ilustre a nuestra patria, no
tratando de los antepasados por no hacerles la injuria de en breves palabras
historiar lo mucho que de ellos hay que decir. |
| Papa San
Dámaso natural
de Madrid. |
Pues a lo mucho que hay que notar de este beatísimo padre pontífice San
Dámaso, natural de este pueblo, dejando aparte su santidad, con la cual ordenó
que al fin de los salmos se dijese Gloria Patri et Filio, etc., y que al principio
de la misa se dijese la Confesión. Sus letras fueron tan grandes, que dio harto
ejemplo a los sucesores, como elegantemente lo declara el maestro Matamoros
en el libro que compuso de Viris illustribus. Y esto mismo también afirma
Lucio Marineo Sículo, tratando de las calidades de Madrid. |
|
Los capitanes y gentes valerosas en armas que de Madrid han salido, y al
presente sirven a S. M., en defensa [199] de nuestra Santa Fe católica, en
Flandes, en Granada y en otras muchas partes tocantes a su servicio(83). [200] |
|
Y por concluir, debe V. S. dar muchas gracias a Nuestro Señor de que por
su misericordia son todas estas partes, para que se desvele en ordenar y
conservar su república tan santa y piadosamente, que en virtud, en ciencia,
autoridad, se vaya siempre mejorando. |
| Dos daños muy
perniciosos en
la república. |
Sólo una cosa diré, que entre todos los dichos de los filósofos, recopilados
por Erasmo, Roterodamo, en un libro que llamó Antibarbarorum, que quiere
decir libro contra bárbaros, hallo yo que reprende a los que tienen el gobierno
de las repúblicas, dos cosas: primera, los que consienten malos vicios, porque
ellos corrompen y dañan los cuerpos humanos y con sus adobos engendran
piedra y dolor de ijada y otras muchas indisposiciones, de adonde se viene a
destruir la salud de la república y acortarse la vida de los hombres. El segundo
yerro es de los que consienten en sus repúblicas malos preceptos, porque [201]
éstos destruyen y corrompen las buenas costumbres de los ánimos tiernos de
sus discípulos. Y no solamente se pierde el tiempo y la hacienda; pero queda
tan habituado a vicios el estudiante, que en breve tiempo, de ruin niño va
vicioso mancebo, y de ahí sube poco a poco a ser verdugo de sus padres, con
justo juicio y permisión de Dios. Pues un labrador rústico para encargar un par
de mulas y su carro a quien se le administre, le busca con toda diligencia que
sea discreto, cuidadoso, honesto, diligente y ejercitado en aquel negocio, y con
ser importancia de doscientos ducados, cuando mucho, se pone este cuidado.
Y para dar ayo o maestro a un príncipe, para criar un caballero, para ser
preceptor, y por mejor decir, padre universal de la república, cualquier cosa
basta. |
| |
Pues todos han de ir a beber de la fuente y leche de su doctrina, la cual si
estuviere atosigada y corrompida con [202] el mal ejemplo y barbarie, todos
los que allí bebieren lo irán, y así será gran daño en la república por el un error
de éste o del otro. Tenían en Atenas en tanta veneración, y trataban tan
regaladamente, y favorecían tan por el cabo a los que se empleaban en este
ejercicio de enseñar y tenían cargo de historiar las cosas de su patria, que para
solo este efecto edificaron una casa muy superba, que llamaron Pritaneo,
donde eran sustentados y conservados en mucha paz y sosiego con las rentas
del Erario público. Pues es así que, como dice Marco Tulio en el tercer libro
de Divinatione, que no podemos hacer otro beneficio mayor a la república que
enseñar e industriar los mancebos, de donde salen buenos ciudadanos y para
cualquier estado bien instruidos, especialmente en tiempo que tan necesarias
son las buenas costumbres, y tanta corrupción vemos, por nuestros pecados,
en todas las edades, lo cual declara el buen filósofo con estas palabras:
«Nullum munus Reipublicae affere majus nulliusve possumus quam si
docemus atque erudiamus juventutem ejus praesertiin moribus quibus ita
prolapsa est, ut omnium opibus refrenanda atque coercaenda sit.» Ningún
bien (dice) ni mayor don, ni ningún género de servicio podemos hacer a la
república mayor, que enseñar y encaminar a virtud los ánimos de los mancebos
y niños, principalmente en tiempos donde va el negocio tan de rota, que, con
todas las vías, modo y riqueza de todos, se debían refrenar y constreñir a la
virtud. |
| Lugar donde
sustentaban los
virtuosos en
Atenas. |
|
De lo cual, y de toda esta obra, y de todo lo que yo he hecho en servicio de
mi patria, verá V. S. si cumplo en lo que dijo Platón, en decir que no sólo
nacimos para nosotros, sino que parte de nuestro nacimiento debemos a
nuestra tierra, y parte a los amigos. No diré yo esto, sino que todo me debo a
mi patria, y nunca a mis amigos, y toda mi vida y tiempo gasto en enseñar, así
en el [203] Estudio de V. S., con buenas letras, como en la declaración del
Sagrado Evangelio en los púlpitos. De donde confío en la misericordia de Dios
conseguiré mi intento de salir con el fruto que todos desean, teniendo por
averiguado que a quien es tan razonable hijo de V. S. corresponderá como
buena madre, y en ninguna cosa permitirá V. S. ser llamado madrastra. Cuyo
lustre y valor Nuestro Señor por muchos años conserve. Amén.» |
|
Sigue la relación pesadísima y empalagosa de la enfermedad de la Reina,
día por día y hora por hora, hasta su fallecimiento, en 2 de Octubre de 1568;
ocupa buena parte del libro luego la disposición y orden del enterramiento, que
se verificó con gran pompa en la iglesia del monasterio de las Descalzas
Reales, y después la descripción del templo, túmulo y exequias, que llena todo
el texto del tomo. -Siguen los sermones y la minuciosa explicación de las
alegorías y traza del túmulo, con el sinnúmero de inscripciones y versos latinos
y castellanos que le adornaban, la mayor parte compuestos por el mismo
maestro Hoyos y sus discípulos del Estudio de la villa, entre los cuales hay
unas quintillas, un soneto y una elegía de Miguel de Cervantes, a quien
apellidaba nuestro caro y amado discípulo, y que (a pesar de su escasísimo
mérito) han hecho de este libro una rara curiosidad bibliográfica, por referirse
al insigne autor del Quijote, y que acredita su existencia en Madrid, cursando
en el Estudio de la villa en 1569. No los reproducimos aquí, por haberlo hecho
ya los biógrafos de Cervantes, Sres. Ríos, Pellicer, Navarrete, y más
extensamente el Sr. Aribau en la Biblioteca de Autores Españoles. [204] |
  NÚMERO 2.º
DECLARACIÓN DE LAS ARMAS DE MADRID
URSARIA VEL MANTUA CARPETANA (MADRID)(84)
 |
| |
Arbustus atq. Ursus capit unde Ursaria nomen: |
|
Signant hanc urbem monte fuisse sitam. |
|
Illa corona tamen, qua dumus cingitur urbi, |
|
A Carolo Quinto munere fixa fuit. |
|
Personet ut tanto dono decorata, Joannes |
|
Mendocius meruit clarus honore quidem, |
|
Mantua quem genuit foveat bona Mantua natu, |
|
Quem genuit natu, Mantua mater alat. |
|
Ergo tuum mitem foveas me Ursaria natu |
|
Obtantem matrem condecorasse sua. [205] |
|
Declaración de
los versos. |
Los cuales versos, declarados en nuestro común castellano, quieren decir
que el oso y el madroño, de los cuales Madrid se llama Ursaria, como la llama
Ptolomeo, dan a entender claramente los grandes montes que en su fundación
en todo su contorno había, y la muchedumbre de osos que en ella se criaba, por
ser tierra muy fértil y aparejada para ello y para cualquier género de caza, y
sierpes y culebras, las cuales solía haber tan grandes y tan disformes, que
destruían los ganados y toda la tierra, y no era negocio fácil y de poco
momento el matarlas, así a ellas como a los lobos y osos que en ellas se
criaban; y porque muchas veces los del pueblo las salían a matar y destruir,
tuvo el origen y principio el llamar a los de Madrid los de la ballena, porque
salían a allanar la tierra y a destruir los osos, sierpes, lobos y otros feroces
animales, la gente como los ganados anduviesen seguros y pacíficamente por
los campos. |
|
Y aun en nuestros tiempos soy yo testigo de vista que en la ribera del
Jarama unos cazadores, siendo llamados para ello, mataron con harta astucia
una sierpe que tenía más de once palmos de larga, la cabeza como la de un
mastín, y poco más bajo tres cuartas de ella tenía dos brazos como de un palmo
cada uno y cinco dedos en cada mano, la cual destruía toda la caza y comía las
guardas, que no osaban, como dicen, asomar a la ribera. |
| Por qué se
llamó Ursaria. |
De manera que de los osos y fieras que en esta comarca se criaban, y de su
destrucción, se llamó Ursaria, y pocos años ha que estando los Reyes Católicos
en esta villa, saliendo de sus Reales palacios a caza por la ribera del río abajo,
mataron un oso ferocísimo junto a la ermita del bienaventurado San Isidro, al
cual piadosamente todos tienen por tal por los grandes milagros que Nuestro
Señor ha hecho por su intercesión, y la perseveración que en su cuerpo vemos
casi desde el rey D. Alonso [206] el VI, que ganó a Toledo y a Madrid, y por
culpa del pueblo y sus ciudadanos, con ser el mismo santo de Madrid, no está
canonizado; y los señores Reyes Católicos le pusieron con grande veneración
en una capilla pequeña junto al altar mayor, en la iglesia del señor San Andrés,
donde él fue enterrado; dejo sus grandes milagros, que están en un volumen en
latín y porque mi principal intento no es poner aquí por extenso las cosas
notables de este santo, ni las memorables que de Madrid hay que historiar, mas
de declarar sus armas y divisa. Así que, desde antiquísimamente tomó este
pueblo estas armas por la muchedumbre de osos que mataron, dejando llana
y pacífica la tierra y toda su comarca de toda las ferocísimas bestias que hemos
dicho, de la manera que los valencianos tienen por armas unos murciélagos,
que ellos llaman rata perrata; lo cual fue, o por haber echado y alcanzado y
vencido la idolatría y moros que en ella había, o porque comúnmente dicen que
estando en el cerco de Valencia en la bandera y tiendas de los que la fueron a
ganar, crió aquel murciélago. Y los napolitanos tomaron por armas un animal
barbado, para denotar ser gentes para mucho y el continuo y ordinario trabajo,
con el cual vencen y alcanzan todas las cosas. |
| |
| Santo Isidro. |
|
|
| Armas de
Valencia. |
| |
| Armas de
Nápoles. |
|
| |
Tienen las armas de Madrid, sobre el madroño y la osa, la corona Real, cuya
razón es que los años pasados de 1544, haciendo cortes en Valladolid el
emperador Carlos V, rey de España, padre del serenísimo y católico rey D.
Felipe, nuestro señor, yendo por procuradores de Cortes de esta villa de Madrid
D. Juan Hurtado de Mendoza, señor de Fresno de Torote, y Pero Juárez,
acabadas las cortes les mandaron que entregaran sus memoriales, advirtiendo
en lo que pedían se les hiciese merced; y el dicho D. Juan Hurtado, como tan
ilustre, docto y magnánimo, suplicó que la merced que a él se le había [207]
de hacer en particular la hiciesen a su patria, y que le diesen una corona Real
que en sus armas trajese. El Emperador, por la voluntad que siempre a Madrid
tuvo antes y después que en él se le quitasen las cuartanas, lo tuvo por bien y
le hizo esta merced, y de este tiempo se puso en las armas de Madrid la corona
Real, y a esta causa se llamaba Coronada villa de Madrid. |
| La corona de
las armas de
Madrid. |
| |
| |
Dejo de decir cómo este pueblo ha sido siempre muy estimado de muchos
emperadores, pues el emperador Constantino el Magno, hijo de la reina Elena,
emperador treinta y cuatro de Roma y señor de España, en el año del Señor de
339, después de haber sosegado y allanado muchos alborotos que en estos
reinos había, para que se conservasen en paz y el culto divino fuese en
perpetuo aumento, dividió a España con parte de Francia en seis arzobispados,
entre los cuales el cuarto fue el de Toledo, y señalándole los obispados que le
habían de ser sufragáneos y sujetos, cuenta la crónica con estas palabras: «E
mandó que le obediesen estos obispados, Lorca, Cartagena, Madrid, Ausis,
Segovia, etc.» De adonde claramente paresce como, ahora 1230 años, era
Madrid obispado, que se deja bien entender cuántos años antes fue edificada
y poblada de muchos ciudadanos, y su distrito y buena comarca. Y pocos años
ha que la iglesia de Santa María, que llaman Nuestra Señora de la Almudena,
la cual se llama así porque en arábigo este vocablo almut quiere decir medida,
y en la puerta que comúnmente llaman de Alvega está una figura de piedra a
manera de la medida que en castellano llamamos media hanega, y porque
dentro de esta antigua muralla no había más de este templo de Nuestra Señora;
por eso se llama Nuestra Señora de la Almudena; era de canónigos regulares,
y así paresce en una pintura que en el portal de la iglesia, por lo alto, estaba
junto a un sepulcro que [208] sobre una columna había de piedra, a la manera
y forma de una arca con una tapa de piedra negrísima, y treinta años habrá que,
renovando el enmaderamiento de la techumbre de la iglesia, borraron los
canónigos, que con sus capirotes o cogullas estaban pintados en los tabiques
del enmaderamiento, a los cuales pintaban como iban muriendo. Todo lo que
testifican todos los antiguos y ancianos ciudadanos de este pueblo, y vese muy
claro en el libro de los milagros de San Isidro, donde cuenta un milagro que
sucedió a un canónigo, sacando el cuerpo santo, por la gran falta de agua que
había, dice allí que fue en la era de 1270, que es año del Señor de 1253. Tienen
las armas de Madrid por orla siete estrellas en campo azul, por las que vemos
junto al Norte, que llamamos en griego Bootes, y en nuestro castellano, por
atajar cosas y fábulas, llaman el Carro, las cuales andan junto a la Ursa; y por
ser las armas de Madrid osa, tomó las mismas estrellas que junto a la Ursa,
como hemos dicho, andan, por razón de que, como en tiempo de don Alonso
VI, viniendo a ganar este reino de Toledo, el primer pueblo que ganaron fue a
Madrid, y para denotar que así como aquellas siete estrellas que andan
alrededor del Norte son indicio de la revolución y del gobierno de los orbes
celestiales, así Madrid, como alcázar y casa Real y primeramente ganado, había
de ser pueblo de donde los hombres conociesen el gobierno que por la
asistencia de los reyes y señores de estos reinos de Madrid había de salir, y
también porque este nombre Carpetano, como abajo declaramos, quiere decir
Carro, por eso tomó las siete estrellas que en el cielo llamamos el Carro. |
| El tiempo que
fue obispado. |
| |
| Quasi autrix
dicitur quia a
Hispaniae
aucta auget
cives. |
| La iglesia de
Santa María de
canónigos en
qué tiempo. |
| Estrellas de las
armas. |
| |
| De dónde se
llama Mantua
Carpetana. |
Llámase por otro lado en latín Mantua Carpetana, tomando el nombre de los
montes y puertos que llamamos de la Fuenfrida y de Guadarrama, que en latín
se llaman [209] Carpentano, y así los llama Julio César en sus Comentarios,
y para diferenciar de la Mantua italiana se llama Mantua Carpetana; así la
llama Ptolomeo, y la pone en 40º de latitud y pocos minutos más o menos, y
de longitud 11º 4', y llámanse los montes Carpetanos, primero, porque quiere
decir el Carro, porque toda esta tierra hasta llegar a estos puertos eran los
trajineros y recueros de este instrumento de carros (que en latín, como digo, se
llama carpentum), de donde se llamó Carpetana, por los llanos y planicies que
en todos estos términos hay. Este nombre de Mantua tiene después que los
draconíferos (que en la carta del Ayuntamiento arriba hemos dicho) ampliaron
al pueblo con nuevos muros, y por la magnitud con que la habían adornado la
llamaron Mantua, como si dijeran mayor; y aunque es verdad que los romanos
también traían por armas los dragones, como lo dice Vegecio, De Re militari,
llamándolos con este término draconíferos, así como en el lugar arriba dicho
se declara, los principales que de ellos usaban por banderas fueron los griegos.
Y así las armas de Atenas fueron dragones, y el emperador Epaminondas,
griego natural de Tebas, usaba de estas armas, como lo referimos de las
historias antiguas, recopiladas curiosa y elegantemente por Juan Pierio, en el
libro quince, donde abundantemente trata de todas estas insignias de dragones
y quién usaba de ellas; llámase este pueblo Madrid, y dejando patrañas aparte,
este nombre es arábigo, y quiero decir en nuestro castellano «lugar ventoso y
de aires sutiles y saludables, de cielo claro y sitio y comarca fértil.» |
|
|
| Qué significa
este vocablo
Madrid. |
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Y por tanto, Madrid es ilustre en lo que hemos dicho, como en las cosas que
por cualquier respeto se pueden pedir; quiero decir, en la que hacen a un
pueblo calificado, que son las necesarias para la congrua sustentación y uso
humano, como es abundancia de pan, vino, aceite, [210] caza, carnes, frutas y
todo género de legumbres, y finalmente y aguas dulces y muy saludables, que
así en el pueblo como por doquiera que salgan hay tanta frescura con la
frecuencia de las fuentes, que admira ver en una salida que llaman el Prado de
San Jerónimo ocho fuentes de muy excelente agua, y ellas en sí bien pulidas
y fabricadas, con ornato de grandes arboledas y huertas de mucha recreación.
Dejo otras, de la salida que llaman de Leganitos, donde hay cinco caños de
muy excelente agua, con gran frescura de huertas, y los caños que llaman del
agua de Lavapiés, la cual dicen que sana la enfermedad de la piedra y la
deshace. Y no son de callar las dos fuentes santas: la primera, la que hizo el
bienaventurado Santo Domingo, en el año del Señor de 1218, de la cual llenan
por devoción para muchas enfermedades incurables, y de la fuente de San
Isidro, en la cual ha habido muchos milagros, como parecen en su vida, en la
cual están historiados, que son muchos los que Nuestro Señor en esta fuente
ha hecho, y muy notables. |
| Salida de
Madrid y
fuentes. |
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|
Y finalmente, dejando las fuentes del monasterio de la serenísima Princesa,
que arriba hemos dicho, de Nuestra Señora de Atocha, y de San Jerónimo y
San Francisco, de todos los jardines particulares, son tantas las fuentes, que es
cosa de admiración ver tantas y tan ilustremente adornadas, de piedra de
sillería y tan excelente obra, que adorna maravillosamente el pueblo, por lo
cual se dice Madrid ser armada sobre agua. |
| Torres de
pedernal. |
Las murallas son de pedernal finísimo, de lo que se saca fuego; tiene en su
contorno 190 torres, de las cuales son muchas caballeros, fortísimas, y no
puedo dejar de sentir cómo cada día las derriban, y finalmente, en todo este
territorio hay mucho pedernal, y particularmente en las canteras de Madrid, que
llaman las almadrabas de Vallecas, donde hay tanta abundancia, que basta y es
muy [211] suficiente para todos los edificios de la casa Real y de todo el
pueblo, los cuales son tantos y tan ordinarios, que no es pequeña exageración
decir que la abundancia de pedernal basta para todos, porque no hay calle ni
barrio donde no haya nuevos edificios, con que el pueblo está, muy adornado
y va en mucho adelantamiento: de manera que es tanta la copia, que aunque
toda la furia del planeta Marte, que influye cólera y fuego, por lo cual fingieron
los poetas que era dios de las guerras, influyera en este pueblo, no podrá, a mi
parecer, hacer mayor efecto. |
| Nota lo que a
un embajador
de Madrid pasó
con el gran
Tamborlan. |
Por lo cual, enviando el rey D. Enrique III, padre del rey D. Juan II, a Ruy
González de Clavijo, su camarero, y después lo fue del rey D. Juan, porque
muriendo el padre en Toledo, quedó el rey D. Juan de veinte meses, y así este
caballero, natural de Madrid, fue camarero de estos dos reyes, como digo; fue
embajador al gran Tamborlan, que fue en el año del Señor 1400; el cual
Tamborlan, de vaquero vino en poco tiempo a ganar a su propia tierra, que era
Scitia, y todos los Medos, Albanos, Mesopotamia, Partos, Persianos y a las dos
Armenias, y pasando el río Eufrates con seiscientos mil de a pie y trescientos
mil de a caballo, sujetó la Asia Menor y cautivó a Bayaceto, rey de los turcos,
de la familia de los Otomanos, al cual traía ignominiosamente en una jaula; por
no parecer interpolar lo que vamos tratando, verá esta historia el curioso lector
en Rodiginio, libro XII, y en Pedro Cisnito, capítulo I; siendo, pues, este
Clavijo embajador del rey Enrique III de España, queriendo el gran Tamborlan
mostrar algunas cosas notables, le dijo: «Mira esta ciudad y la fortaleza de sus
murallas.» El cual respondió: «No te maravilles, señor, de ver esto, porque el
gran León de España, mi señor, tiene una ciudad, que se llama Madrid la
Ursaria, que es hoy más fuerte, porque está cercada de fuego y armada sobre
agua, y entran [212] en ella por Puerta Cerrada; y más, sepa tu alteza que en
esta ciudad hay un tribunal donde los alcaldes son los Gatos, y los
procuradores son los Escarabajos, y los Muertos andan por las calles.» Y fue
la historia que una puerta de esta villa se llama la Puerta Cerrada, que
antiguamente llamaban la Puerta de la Culebra, por lo que arriba dijimos en la
carta del Ayuntamiento, y hubo una familia de ciudadanos, principales en este
pueblo, que se llamaban los Gatos, y otros que se llamaban los Escarabajos,
todos gente honrada, y otros había que se llamaban los Muertos, porque yendo
a la guerra muchos vecinos de este pueblo, acabada la guerra volvieron a sus
casas, quedándose algunos o en las fronteras o pasando en Italia; siendo
preguntados los que habían venido por los ausentes, dijeron que creían que
eran muertos; y pasando algunos días, entendiendo todos que ya eran muertos,
cuando los vieron venir, algunos maliciosos los llamaban luego los muertos,
y de aquí les quedó este nombre. De todo lo cual quedó muy admirado el gran
Tamborlan, y en especial de lo que le dijo este Embajador, mostrando una
puente el gran Tamborlan, que su señor, el León de España, tenía una puente
donde se apacentaban diez mil cabezas de ganado, lo cual dijo por el río de
Guadiana, el cual se hunde diez leguas por debajo de tierra, a diez o doce
leguas de Mérida, en Extremadura. |
|
Finalmente, que de lo que este Clavijo pasó con el gran Tamborlan, y las
cercas de piedra y la mucha agua que en este pueblo hay, tomó por divisa
muchos eslabones hiriendo en pedernal, como lo declara maravillosamente este
emblema y figura. |
|
(El emblema que inserta Hoyos va estampado en la página siguiente.) [213] |
EMBLEMA DE MADRID
DOS ESLABONES HIRIENDO A UN PEDERNAL
 |
| |
Fui sobre agua edificada, |
|
Mis muros de fuego son, |
|
Este es mi insignia y blasón. [214] |
  NÚMERO 3.º
| |
Real aparato y sumptuoso recebimiento con que Madrid (como casa y
morada de S. M.) rescibió a la serenísima reina doña Ana de Austria viniendo
a ella nuevamente, después de celebradas sus felicísimas bodas. Pónese su
itinerario. Una breve relación del triunfo del serenísimo don Juan de Austria.
El parto de la Reina nuestra señora. Y el solene baptismo del SS. príncipe D.
Fernando, nuestro señor. |
|
Dirigido al ilustrísimo y reverendísimo cardenal don Diego de Espinosa,
obispo y señor de Sigüenza, presidente del Consejo Real, inquisidor apostólico
general en los reinos y señoríos de España, etc. |
|
Compuesto por el maestro Juan López de Hoyos, catedrático del Estudio
de esta felice y coronada villa de Madrid. |
|
Con privilegio impreso en la coronada villa de Madrid por Juan Gracián,
1572. Un tomo en 8.º, de 264 fojas. |
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En el extracto que vamos a hacer en este curioso libro, prescindiremos de
la relación que precede a la de la entrada de la Reina, y que cuenta
prolijamente su viaje, desde que desembarcó en Santander, en 3 de Setiembre,
hasta que llegó a Segovia, donde se verificó el casamiento; la de esta
solemnidad y la de la continuación del viaje hasta Madrid; limitándonos sólo
a trascribir la descripción de esta entrada, de los festejos con que se celebró y
de las localidades en que éstos tuvieron lugar, que es lo que hoy nos interesa,
y descartando, por supuesto, la declaración prolija y ridícula de los arcos
triunfales, sus [215] emblemas e inscripciones, en que luce el maestro Hoyos
su empalagosa erudición histórico-mitológica y su pesado y chabacano estilo,
y con que ocupa las nueve décimas partes de su libro. |
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|
Preparativos para la entrada de S. M. |
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Primeramente, por todos los caminos por donde había de venir S. M., se dio
orden de muy gran copia de bastimentos, y los pasos dificultosos y de grandes
atolladeros allanó, así con calzadas de argamasa, como con ingenios y otros
instrumentos fortalesció para que queden perpetuas. En particular se remedió
uno de los más importantes puertos o entradas que había a un pago, que llaman
de Valnigral, distancia de media legua de Madrid. Han trabajado en él más de
un mes ciento y cincuenta hombres cada día; gastose grande número de
carretadas de piedra; allanose un cerro y queda enlosado, que se representan
aquellas vías stratas romanas (de esto y de la puerta de Guadalajara y su ornato
fue comisario Pedro de Herrera, regidor antiguo de este pueblo, varón celoso
en lo tocante a las cosas del bien público), y otros muchos barrancos y obras
harto necesarias, que la buena venida de S. M. ha remediado. |
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|
El Prado de Sant Hierónimo, sus fuentes y su ornato. |
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|
Esta planicie y llanura llega hasta la entrada del pueblo, donde se ha hecho
una de las mejores y más delectables recreaciones públicas que hay en todo el
reino, porque es una salida a Oriente junto a uno de los muy [216] Reales y
aventajados monasterios, así en calidad y aposento, de S. M. como en la mucha
religión que en él se profesa, de la orden de Sant Hierónimo, de cuya
antigüedad y fundación dijimos en el libro que de la reina doña Isabel de
Valois (que en gloria es) compusimos. Esta tal, santa vecindad hace esta
recreación pública muy calificada, y a esta causa le llaman el Prado de Sant
Hierónimo, en el cual se ha hecho una calle de más de dos mil pies de larga y
ciento de ancha, plantada de muchas y diferentes suertes de árboles muy
agradables a la vista. Al lado izquierdo como entramos, hay otra calle muy
fresca, de la misma longitud y tamaño, y de muy gran arboleda de una parte,
y de otra muchos frutales en las huertas que la cercan. Los árboles están
plantados por sus hileras muy en orden, haciendo sus calles
proporcionadamente, mezclando las diferencias de árboles para que sean más
umbrosos y agradables. |
|
En esta calle a sus lados se hicieron cuatro fuentes de singular artificio,
suntuosa fábrica y particular compartimiento; todas cuatro son de una muy
excelente piedra berroqueña; hace cada una una bacía, que hace una taza
redonda; tiene de diámetro diez pies, media vara de borde, vaciadas por de
dentro y aovadas por defuera, asentadas sobre un balaustre de cinco pies de
alto y grande corpulencia en su contorno. Tiene cada fuente unos adoquines de
piedra labrados harto pulidamente, que tienen de diámetro diez y siete pies. |
|
Antes que se entre en el Prado se hizo un pilar, que en castellano más tosco
llaman Abrevadero, todo de cantería de piedra berroqueña. Tiene de largo más
de setenta pies, de hueco más de doce, dos gruesos caños de agua en los dos
testeros, el uno sale por la boca de un delfín de bronce, que se levanta del agua
más de dos pies; tiene una palabra de letra de relieve que dice (Bueno); el otro
[217] caño sale por la boca de una culebra; a ésta rodean otras dos arevueltas,
y en la esfera que hacen tienen un espejo de bronce, y en medio de él dice
(Vida y gloria), que corresponde con la letra del delfín, y así dice todo: (Del fin
bueno vida y gloria.) |
|
Las cinco fuentes del Prado hacen tan gracioso murmullo y salen los caños
por ellas tan artificiosamente, que no nos notará el discreto lector de afectados
en por extenso dar noticia de ello. |
|
A la mano derecha de la entrada del Prado da luego la vista en una fuente,
de enmedio de la cual salen cinco caños, que suben los cuatro tres pies en alto,
y al caer hacen cuatro arcos, que resuenan en el borde de la bacía harto e
graciosamente. De enmedio sale otro, que sube más que ninguno. |
|
De la que a ésta corresponde a la mano izquierda se levantan de enmedio
mucha abundancia de caños, que hinchen toda la bacía en su contorno y hacen
muy suave sonido. Tiene alrededor, labrados de cantería, unos asientos en un
semicírculo para que de verano se goce de una tan excelente recreación, porque
el agua sale tan desparcida y por tantos caños, que parece siempre llover. |
|
Más distante de enmedio de la que a ésta corresponde, salen cuatro golpes
de agua gruesos, que suben más de cuatro pies en alto; al caer cada uno de
ellos hace un gracioso arco, que da en el borde de la bacía, hace grande ruido
y suave armonía. |
|
La cuarta, que graciosa y agradablemente se ofrece a la vista al fin de la
calle y arboleda campeando, hace muy vistosa perspectiva, como objeto y
blanco en que la vista se recrea; de enmedio de ésta brota con grande ímpetu
una espadaña de agua más ancha que dos palmos, de enmedio de la cual salen
dos caños a los lados, gruesos de medio real, suben cerca de una vara, hacen
una [218] apariencia y vista tan graciosa y de tan gran artificio, que quisiera yo
poderlo particularmente significar. |
|
Hay otra fuente que mira al monasterio de Sant Hierónimo, ochavada, de
cantería bien labrada; tiene de alta cinco pies, y doce de diámetro, asentada
sobre dos gradas de cantería, con sus molduras relevadas por la parte de afuera.
De enmedio de todo esto se levanta una columna dórica con su basa y capitel,
encima tiene una bacía con un cobertor, que hace un globo o bola redonda, con
un bocel; por enmedio de la junta tiene cuatro serafines, en la boca de cada uno
de ellos un caño de bronce hecho un balaustre, por do sale el agua: está
singularmente acabado. Con que esta recreación y salida es la más insigne que
en todos estos reinos se halla, por ser tan espaciosa y desenfadada, con tanto
ornato de fuentes y arboledas, huertas y aires, que en esta parte soplan tan
plácida, suave y saludablemente, que parece dilatarse los ánimos y desechar
gran parte de melancolía, extendiendo los ojos por tan agradable espectáculo,
donde ninguna parte se puede mirar ociosa o baldíamente. De este tan ilustre
aparato y su buen término fue comisario Diego de Vargas, más antiguo regidor
y de la antigua y valerosa familia de los Vargas de Madrid. |
| |
|
Entrada de S. M. en Madrid y orden de su Real rescibimiento. |
| |
|
Llegados 26 de Noviembre del 1569, domingo, continuándose la claridad
y clemencia del cielo para que la venida de S. M. fuese más cómodamente
solemnizada, y se pudiese el gran concurso de gente que de toda España (por
verla) había concurrido extender y dilatar por los campos, fue cosa de
admiración la frecuencia y gran [219] concurso de gente que más de una legua
antes que S. M. llegase a Madrid se había desparcido por una parte y por otra
del camino. Parecía un muro la espesura de gente que por doquiera había. La
gente de infantería que se previno de todos los oficios fueron más de cuatro mil
infantes, muy lucidos y de singular bizarría soldadesca, con más de mil
quinientos arcabuceros. Quince banderas, que hermoseaban todo el campo y
eran muy gratas a la vista. Don Francisco de Vargas Manrique (patrón de la
capilla de San Juan de Letrán, fundada por su tío el muy ilustre y
reverendísimo señor don Gutierre de Vargas Carvajal, obispo de Plasencia), en
esta villa de Madrid muy calificado, y de superbo edificio, fue capitán general,
como tan ejercitado en el arte militar, como paresce en el suceso de Malta, y
en la gente que llevó a la guerra de Granada este año pasado de 1569, ordenaba
y disponía su campo con tanto acierto como si hubiera de dar en efecto una
campal batalla. Anduvieron más de un mes antes que S. M. en Madrid entrase,
por todo el pueblo, con sus pífanos y tambores regocijándolo. Los días de
fiesta se hacía muestra y alarde de cada compañía en particular, donde sus
capitanes hacían bravos gastos de comidas francas y tiendas particulares para
ello. |
|
Poco antes que S. M. llegase a vista del pueblo, el Duque de Feria, capitán
de la guarda de S. M., ordenó toda su gente, así de pie como de a caballo, y
dende sus casas, con gran concierto y música, salió a rescibir a S. M. Al
principio de la vanguardia iba D. Lorenzo Xuarez de Figueroa, marqués de
Villalva, heredero de la casa del Duque de Feria, su padre, con Mons de Sela,
capitán de los archeros, precediendo los archeros, muy lucidamente aderezados
con la librea de S. M., con sus celadas y morriones en las cabezas, adornadas
con sus plumas. Campeaba mucho su ornato, orden y majestad. A éstos siguió
la [220] guarda de a pie española, la cual notablemente representaba la braveza
y autoridad española. Tras ellos iba el Duque con un bastón en la mano. Luego
se seguía la guarda alemana y borgoñona bien lucida. En la retaguarda iba la
guarda de a caballo española, con sus lanzas jinetas en sus manos; parescía
bien el triunfo y magnificencia Real en el copioso número, lucido ornato, orden
y valor de tanta caballería. Todos así juntos salieron buen trecho hasta que
llegó S. M., y acercándose a Madrid, comenzando a entrar por el Prado (que
habemos dicho), estaba de graciosa pintura Pales, diosa de los prados, que los
antiguos poetas fingieron ser diosa de los pastos. Esta ofrecía a S. M. una
guirnalda de flores, y le suplica reciba y mire con clemencia un espectáculo de
tanta recreación, como allí S. M. tan aficionadamente miraba, con esta letra
dándole la guirnalda: |
| |
Recibid la de las flores, |
|
Pues, con ser tan sin segundo, |
|
Gozáis la de todo el mundo. |
| |
Las ninfas que a ésta acompañaban, estaban algo distantes, parecían
humillarse a la hermosura de S. M., con este soneto, en el cual habla la diosa
de los prados: |
| |
Serenísima Reina, con clemencia |
| |
Os suplico miréis mi nuevo Prado, |
|
Con sus hermosas fuentes adornado, |
|
Al cual ilustra más vuestra presencia. |
|
Ya las silvestres ninfas obediencia |
|
Han hoy a vuestra gran belleza dado, |
|
Y con suaves canciones celebrado |
|
Vuestra gran hermosura y excelencia. |
|
Dichosa Mantua, dichosos collados, |
|
Dichosas ninfas, muy dichosas fuentes, [221] |
|
Gozaos con nuevo triunfo aqueste día. |
|
Derramad vuestras aguas y corrientes |
|
Con suave murmullo por los prados, |
|
Pues con razón mostráis gran alegría. |
| |
Al reverso habla la diosa Pales: |
| |
No porque sea rústica pastora, |
| |
Criada al sol y al viento por los prados, |
|
En estos regocijos deseados |
|
Tengo de ser ingrata a tal señora. |
|
El Indo ofrezca el oro que atesora, |
|
Tajo sus ricos dones y dorados, |
|
Presente Aricie olores regalados |
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Y aquel santo licor que mirra llora. |
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Las tres Gracias ya han dado lo más alto |
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Que jamás pudo darse en gentileza, |
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El cielo ya ha influido mil favores; |
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Y porque sola soy yo la que falto, |
|
A tanta majestad y a tanta alteza |
|
Ofrezco aqueste Prado con sus flores. |
| |
Mucho gusto rescibía S. M. de ver el gracioso murmullo de los caños de
agua que de las fuentes hemos dicho iba gozando, las cuales se ofrescían
mirando a una y otra parte; y así, al fin del Prado, con grandísima brevedad y
diligencia, se hizo, en espacio de diez días, un estanque de más de quinientos
pies de largo y ochenta de ancho, con buena profundidad. A un lado del Prado,
a la mano izquierda por la parte superior de la parte de Sant Hierónimo, se hizo
un castillo muy formado con cuatro rebellines a las esquinas. Del medio se
levantaba una torre, que llaman del homenaje, éste muy poblado de artillería;
su planta fue a la orilla del estanque, que parescía el agua batir en la muralla.
Representaba una muy formada fortaleza, y en la artillería y disposición
parecía a Argel. Armáronse ocho galeras en tan poco tiempo, que en [222] días
se echaron al agua, que no es mediano argumento de la diligencia, suntuosos
gastos y copia de artífices que en ello se ocupó; paresció bien la industria de
Juan Baptista, extranjero, así en esto como en la arquitectura de los arcos; cada
galera llevaba sus remeros con ropillas y bonetes azules y zaragüelles, hasta en
pies encadenados, y en cada una un muy diligente cómitre, haciéndolos bogar;
llevaba cada galera veinte soldados de pelea, bravamente aderezados, cuatro
tiros en cada una, con gran número y cantidad de cohetes; llevaban las galeras
en sus mástiles y antenas banderas de tafetán carmesí, y en la capitana las
armas Reales, trompetas y músicas, que parescía armada copiosa y muy a
punto de guerra. Junto a este estanque se hizo un cadabalso, a manera de trono,
de muy gran majestad, que tenía catorce gradas en contorno, para que sin
confusión por una parte se pudiese subir a besar las manos a S. M., y por la
otra bajar. Todas las gradas, y por lo alto que hubo un buen espacio de
cadabalso, se cubrieron de brocado de tres altos. Había también un dosel muy
suntuoso, debajo del cual se puso un sitial, en el cual S. M. se sentó para gustar
de las danzas e invenciones y bailes y folías que allí se le representaron. Hubo
en el cadabalso otras dos sillas a los lados del sitial. |
| |
|
Combate naval, batería del castillo y besamanos. |
| |
|
Llegada S. M., descendió del coche con el príncipe Alberto de Austria, y
subiendo al cadabalso y sentada en su trono, se le hizo la salva y su batería al
castillo con gran alarido de los moros, que en efecto paresció un prelio naval
que antiguamente los emperadores romanos en estas fiestas, regocijos y
triunfos solían representar. Aunque en éste no será atrevimiento decir que fue
más estruendo por [223] la artillería y pólvora con que se representó, batiendo
el castillo las galeras por el agua con mucha música y artillería, la infantería
por la parte de la tierra, y hizo un tan animoso asalto, que en poco tiempo
pusieron sus banderas en la torre más alta del castillo, aunque él se defendió
con su artillería, y el número de turcos y de moros que en él había era grande,
la grita y alaridos, ingenios de pólvora y alcanciazos fueron tan furiosos, que
cayeron muchos soldados de la muralla. |
|
Fue ésta una muy soberbia batalla, que, a testimonio de todos los
extranjeros, afirmaban no haber visto más formado campo, ni que con tanta
destreza hubiese representado este acto militar. |
|
Había en este tiempo una confusión y ruido que no nos entendíamos unos
a otros, así por el sonido y estruendo de los atambores, como por la música de
los menestriles, resonancia de las trompetas, la tabaola de los tamboriles de las
danzas, que fueron más de cincuenta, de maravillosos aderezos y de diferentes
invenciones, y el apretura de la gente, con ser un campo harto espacioso y
desenfadado. |
|
Habiendo S. M. gustado mucho de este espectáculo, el Ayuntamiento y
Senado de esta villa, habiendo ya venido dende su tribunal todos juntos con
muy acertada música de trompetas, atabales y menestriles, precediendo todos
sus ministros de justicia, con libreas de grana de polvo, franjas de carmesí; a
éstos siguiendo los escribanos de Ayuntamiento y procurador general de la
república, que en el pueblo romano llamaron Tribuno del pueblo, con jubones
de raso y calzas de terciopelo blanco, medias de aguja, zapatos de terciopelo,
espadas doradas, vainas y tiras de terciopelo blanco, capas que llaman
rozagantes, de terciopelo turquesado, aforradas en raso amarillo, gorras de
terciopelo negro con plumas del color del vestido. [224] |
|
Seguíanse el Corregidor y los señores de Ayuntamiento y el licenciado
Gaspar Duarte de Acuña, su teniente, y toda la más justicia, con aquellas
vestiduras senatorias hasta los pies que acerca de los romanos fueron tan
celebradas. Eran de terciopelo carmesí aforradas en tela de oro, jubones de raso
blanco con botones de oro, muelles de terciopelo con tafetanes de tela de oro,
y- medias de aguja y zapatos de terciopelo, espadas doradas, gorras de
terciopelo con sus plumas y piezas de oro, collares de oro con mucha pedrería,
gualdrapas de terciopelo, trenes, estribos y guarniciones de los caballos
doradas. |
|
De todo este ornato de guarniciones fue comisario Miguel de Cereceda y
Salmerón, regidor de esta villa. Por este concepto llegaron al sitial donde S. M.
estaba. El Corregidor, después de haber besado a S. M. la mano, hizo este
breve razonamiento que se sigue, y dijo: |
|
«La venida de V. M. sea tan próspera y felice y por tan largos años como el
bien universal de estos reinos lo ha menester y todos a Nuestro Señor
suplicamos. V. M. reciba con la clemencia que acostumbra el servicio que esta
villa tan aficionadamente, como casa y morada de V. M., hace, deseando en
todo acertar, como tan fieles y leales vasallos.» Dicho esto, todos los regidores
por sus antigüedades besaron las manos de S. M. y vinieron al primer arco
triunfal, adonde esperaron a S. M. con el palio, como adelante diremos. |
|
El ilustrísimo y reverendísimo cardenal D. Diego de Espinosa salió con
grande y muy ilustre acompañamiento de todos los señores del Consejo Real
y sus ministros, los alcaldes de corte y mucha frecuencia de caballeros. Por este
orden salieron los demás consejos y tribunales de la corte Real de S. M., con
sus presidentes y ministros, todos los cuales salieron a este campo de Sant D
Hierónimo, aguardando que S. M. llegase. [225] |
|
El orden que en besar las manos a S. M. se tuvo y guardaron los Consejos
fue éste. Después (como hemos dicho) del regimiento, besaron las manos a S.
M. todos los consejos. El primero fue la Contaduría Mayor de Cuentas, donde
iban D. Pedro Nuño y el Conde de Olivares, como contadores mayores de
cuentas. En seguida, la Contaduría Mayor de Hacienda. El tercero, el Consejo
de las Órdenes, cuyo presidente es D. Fadrique Enríquez de Olivera,
mayordomo del Rey. El cuarto, el Real Consejo de Indias. El quinto, el consejo
de Italia, y con él su presidente el doctor D. Gaspar de Quiroga. El sexto, el
Consejo de Aragón, donde iba el vice-canciller de Aragón y el Conde de
Chinchón como su tesorero general de este reino de Aragón. El sétimo y
postrero de todos fue el Consejo Real, donde el cardenal D. Diego de Espinosa,
etc., como presidente y cabeza, fue el primero que llegó a besar las manos a S.
M. La cual, usando de su generosidad de ánimo, se levantó a él y le mandó dar
una silla, preguntando a S. S. I. por su salud (porque en Segovia había estado
indispuesto). S. S. I. respondió e hizo un razonamiento de subido concepto y
singular elocuencia, dando a S. M. el parabién de su felice venida y
significándole la voluntad con que tan aficionadamente todos recibían a S. M.
y habiéndose S. S. I. y R. sentado, comenzaron a besar las manos a S. M. los
señores del Consejo por sus antigüedades, nombrando el cardenal a S. M. cada
uno quién era. |
|
En el cadahalso hubo gran frecuencia de grandes y señores de título
acompañando a S. M. Entre ellos estaba el príncipe su hermano Alberto de
Austria, al lado izquierdo, apartado de S. M., sentado en una silla. Halláronse
allí el Conde de Benavente, el Duque de Medina de Rioseco, el Marqués de
Mondéjar, el Conde de Alba de Liste, el Marqués de Ayamonte, D. Fernando
de Toledo, [226] prior de San Juan; el Conde de Arambergue, y las damas que
con S. M. vinieron. |
|
Después que todos los consejos hicieron este oficio con la autoridad y
decencia que de tan grandes señores y letrados padres de la república a S. M.
se debía, todos precedieron a caballo con los grandes, y toda la nobleza de
España que a S. M. acompañaba. |
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|
Ornato de S. M. a su entrada en Madrid. |
| |
|
La Reina subió en un palafrén blanco mosqueado, ricamente aderezado, con
un sillón de oro con mucha pedrería, muy bien labrado, gualdrapa de terciopelo
negro guarnescida y bordada con franjas de oro. S. M. se mostró este día
hermosísima, y con aquella majestad y señorío que tan natural y tan fundado
y con tantos dotes del ánimo esmaltado tiene, representó muy bien su ser y
monarquía. Llevaba S. M. vestida una saya de tela de plata parda bordada de
oro y plata. Un gualdrés de terciopelo negro aforrado en tela de plata, prensado
y guarnescido con unas franjas de oro; collar y apretador de muchos diamantes,
rubíes y piedras de mucho valor; un sombrero adornado con una cinta de oro,
con unas plumas blancas, coloradas y amarillas, que son los colores del rey N.
S. El príncipe Alberto y el ilustrísimo Cardenal iban cerca de S. M.
acompañándola. El orden con que el demás acompañamiento iba, diremos
adelante. |
|
Procediendo un poco más adelante, S. M. recibió muy grande contento en
ver dos estatuas de mármol aparente. La una representaba a Baco y la otra a
Neptuno. (Sigue aquí la descripción alegórica de estas estatuas, y los versos
y artificios que las engalanaban, y continúa.) |
|
Habiendo S. M. gustado de este tan agradable [227] espectáculo, llegándose
poco a poco a Madrid, no era de menor recreación ver la copia de gente que
desde este lugar hasta el primer arco poblaban los cadahalsos y talleres que se
habían hecho desde esta fábrica de Baco y de Neptuno. |
| |
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Arcos triunfales y descripción de la carrera. |
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A la entrada de Madrid se fabricó un arco triunfal de la mayor máquina y
majestad que hasta hoy a ningún príncipe se ha fabricado ni jamás hecho. Fue
cierto, exquisitamente elegido, etc. (Este sitio era en la Carrera de San
Jerónimo, hacia donde después se fundó el convento del Espíritu Santo.) |
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Este arco, cuya descripción ocupa setenta fojas del libro, representaba las
victorias de los Reyes Católicos y de la Casa de Austria. |
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Orden de la procesión. |
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A la entrada de este arco, con toda la música dicha, el Ayuntamiento y
Senado de Madrid, después de haber S. M. con mucho contentamiento
extendido los ojos por esta tan maravillosa fábrica, la rescibió con un muy
suntuoso y Real palio de tela de oro frisada, brocado de tres altos riquísimos,
en el cual entraron cuarenta y cuatro varas; tuvo dos pares de goteras con su
flocadura rica de graciosas labores, franjones de oro y plata, con los pendientes
de supremo y suntuoso valor; fue esta comisión de D. Pedro de Bozmediano,
regidor. Este estaba puesto en veinticuatro varas doradas, las cuales tenían
veinticuatro regidores, porque aunque es más su número, no se hallaron todos
aquí. |
|
Entrando S. M. debajo del palio, comenzó toda la [228] gente a caminar por
este orden: delante de todos las trompetas y atabales de S. M. y con ellos los
de la villa, los cuales iban alegrando todo el pueblo con su Maravillosa
armonía. |
|
A éstos seguían gran concurso y copia de tras ellos, los señores de título,
españoles y extranjeros. A éstos seguían cuatro maceros con sus mazas de oro
con las armas Reales de todo relieve. Estos representad aquellos lictores que
Rómulo, fundador de Roma, ordenó para que le precediesen, representando Su
Majestad e imperio, y de allí fueron ministros de los cónsules. |
|
A éstos seguían luego los grandes que habemos dicho, y con ellos D.
Francisco Laso de Castilla, como mayordomo mayor de S. M. En su
seguimiento, cuatro reyes de armas con sus cotas. Luego se seguía S. M.
debajo del palio, y poco atrás, junto al palio, iban el príncipe Alberto de
Austria y el ilustrísimo y reverendísimo cardenal don Diego de Espinosa, etc.
A estos dos príncipes seguía el guión, que es una bandera pequeña con una asta
con las armas Reales. Este se lleva de camino para notar que va allí la persona
Real. Luego le seguía doña Leonor de Guzmán, camarera mayor de S. M., a la
cual acompañaba el Duque de Feria. Seguíase luego doña Catalina Laso de
Castilla, mujer de D. Francisco Laso de Castilla. Luego iba la guarda mayor,
y tras ellas las damas ricamente vestidas, con muchas perlas, collares, cintas,
apretadores de oro riquísimos, sentadas en sus palafrenes con sillones de plata,
gualdrapas de terciopelo guarnecidas, acompañadas de príncipes y señores
opulentamente aderezados. La guarda de a pie acompañaba a un lado y otro,
haciendo plaza, apartando los molestos encuentros del gran concurso de la
gente. A la postre de todos iba la guarda de a caballo y archeros por retaguarda.
Este fue el orden con que S. M. partió deste primer arco. [229] |
|
Procediendo poco a poco, no era pequeño espectáculo dilatar los ojos por
el ornato de colgaduras de brocados, rasos, damascos y otras tapicerías de oro
y seda de grandioso valor. Las ventanas eran tan adornadas con grande
frecuencia de señoras y damas, que adornaban e ilustraban la fiesta. |
| |
|
La Puerta del Sol y la calle Mayor. |
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|
Llegando cerca del monasterio de Nuestra Señora de la Victoria, que es de
frailes de la Orden de los mínimos, junto al Hospital Real de esta corte, se le
ofreció un arco exquisitamente fabricado y medianamente elegido, porque, en
efecto, es uno de los más heroicos e inmortales triunfos que a ningún príncipe
ni monarca basta hoy se le ha ofrecido ni solemnizado, como el discreto lector,
considerándolo bien y notando lo que en él se comprende, verá claramente ser
verdad. |
|
Éste se fabricó en un lugar harto espacioso, que llaman la Puerta del Sol:
ésta tuvo este nombre por dos razones: La primera, por estar ella a Oriente, y
en naciendo el sol paresce ilustrar y desparcir sus rayos por aquel espacio. La
segunda, porque en el tiempo que en España hubo aquellos alborotos que
comúnmente llamaban las Comunidades, este pueblo, por tener guardado su
término de los bandoleros y comuneros, hizo un foso en contorno de toda esta
parte del pueblo y fabricó un castillo, en el cual pintaron un sol encima de la
puerta, que era el común tránsito y entrada a Madrid. Y después de la
pacificación y quietud de estos reinos, por lo mucho que el invictísimo
emperador Carlos V, rey de España, N. S., trabajó en allanar los grandes y
pacificar todos los reinos de España, este castillo y puerta se derribó para
ensanchar y [230] desenfadar una tan principal salida como es esta de esta
puerta; por el sol que allí estaba, llamaron todos este término la Puerta del Sol. |
| |
|
Sigue la descripción del arco, que representaba los reinos y poderío de
España en las Indias; ocupa desde la foja 104 a la 123, llena de digresiones de
indigesta erudición, y continúa así: |
| |
|
Habiendo S. M. recibido gran contentamiento en haber visto y entendido un
tan soberbio triunfo de tantos reinos como aquí se le ofreció, porque el Conde
Ladrón, que hacía el oficio de caballerizo, brevemente declaraba a S. M. la
sustancia de lo que se la ofrecía. |
|
Prosiguiendo la reina N. S. con la majestad y triunfo dicho, llegó al tercer
arco, el cual se fabricó en medio de la calle Mayor (hacia la calle de
Coloreros), que así por la comodidad del lugar, porque en él concurre una
encrucijada, como por el sujeto en cuyo servicio se fabrica, porque en él se
pone alguna de las muchas grandes y heroicas virtudes que resplandecen en la
majestad del rey don Felipe II, N. S., fue la más aventajada cosa que en estos
reinos se ha visto. |
|
Su elección y compostura, etc. |
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|
La descripción de este arco, sus alegorías y leyendas, alusivas al apoteosis
que representaba del Monarca, no coge menos que cien hojas del libro. -Dice
luego: |
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|
Procediendo S. M. por el orden que hemos dicho desde este arco hasta la
puerta que llaman de Guadalajara, era grandísimo contentamiento dilatar y
extender los ojos por tanta variedad de riquezas de oro y plata y sedas con que
todo este trecho estaba adornado, pasando en silencio las damas y señoras que
a una parte y a otra por las ventanas [231] con su espectáculo ilustraban y
regocijaban las fiestas. |
|
Antes que entremos con la historia dentro de la muralla, me pareció poner
aquí un encomio y loa, en que se verá claramente su antigüedad, y el que más
quisiere saber, remítole al libro que de la muerte de la serenísima reina doña
Isabel de Valois compusimos, porque allí hicimos un particular capítulo de las
armas de este pueblo y su declaración. |
| |
|
Aquí reproduce el grabado de las armas de Madrid del otro libro, e inserta
además el de la culebra de Puerta Cerrada en los términos que, copiado en
facsímile, va en la página siguiente. [232] |
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|
Esta es una figura del dragón que los griegos pusieron, como fundadores de
esta tan superba muralla, y vese claro haber sido ellos los que la fabricaron,
pues en las puertas principales pusieron sus armas, como es en esta puerta que
llaman la Puerta Cerrada. Y en la puerta de Moros, que mira al Septentrión,
pusieron una cruz de medio relievo, en lo alto de la puerta, con un
encasamiento de piedra, la cual señal tuvo aquella sabia gente por pronóstico
de mucha felicidad, salud, victoria, triunfo y perpetuo adelantamiento, lo cual
se debe conservar y tener en mucho, pues conforme a esto, tiene Madrid mayor
nobleza de antigüedad que Roma y muchos pueblos comarcanos. |
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Denotat hic praesens coluber monumenta priorum |
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Mantua qui patrum te muniere sibi, |
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Et tibi gestamen graecorum pulcra vetistas |
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Moenia fuit nobis, hoc docet tua. [233] |
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Puerta de Guadalajara y su ornato. |
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|
Llegando a esta puerta, que es de la soberbia y antiquísima muralla, se le
ofreció toda renovada desde su planta hasta la punta de las pirámides de los
capiteles. Ésta tiene dos torres colaterales fortísimas, de pedernal, aunque
antiguamente tenía dos caballeros, a los lados inexpugnables; la puerta,
pequeña, la cual hacía tres vueltas, como tan gran fortaleza. Estos se derribaron
para ensanchar la puerta y desenfadar este paso, porque es de gran frecuencia
y concurso. Estas torres o cubos en que al presente están hacen una agradable
y vistosa puerta de veinte pies de hueco con su dupla proporción de alto, y en
la vuelta que el arco de la bóveda hace, todo de sillería berroqueña fortísima,
hace un tránsito de la una torre a la otra, con unas barandas y balaustres de la
misma piedra, todos los cuales se doraron. Sobre este tránsito se levanta otro
arco de bóveda, que hace una hermosa y rica capilla, toda la cual está canteada
de oro, y se hizo un altar con una imagen de Nuestra Señora con J. C. N. S. en
los brazos, de todo relievo o, como el vulgo dice, de bulto, todo
maravillosamente dorado y adornado con muchos brutescos. Esta imagen está
en un encasamento que hace una muy devota capilla, y, acompaña mucho la
imagen con todo buen ornato de sus términos y frontispicios dorados. Sobre
esto, en un encaje que hace otra manera de baranda, está el Ángel de la Guarda,
que los antiguos llamaban tutelar, porque guarda y ampara al pueblo de los
ángeles malos. El cual tiene en la mano derecha una espada desnuda, y al otro
lado un modelo de Madrid de todo relievo. |
|
Sobre todo lo dicho, en contorno de todas las torres [234] viene una baranda
de hierro bien formada. De enmedio, de esta fábrica suben tres torres con tres
pirámides, que el vulgo llama chapiteles. Éstos son de grande altura, muy
resplandecientes, porque todos son de hoja de hierro colado, y cada uno tiene
cuatro chapiteles pequeños; a sus cuatro ángulos de sus remates tiene cada uno
un globo y por lo alto tienen los de enmedio unas cruces con sus velas doradas,
que suben sus globos o acroterías; esto es, en los colaterales, en los cuales hay
diez chapiteles. La torre de enmedio sube algo más con toda buena proporción
de arquitectura. En el remate de ésta de los cuatro ángulos suben cuatro
columnas de mármol muy bien estriadas. Sobre éstas se levanta otro chapitel
de maravillosa fábrica y singular artificio, en medio del cual, en el hueco que
hacen las columnas, pende el reloj, que es una maravillosa campana, que se
oye tres leguas en contorno del pueblo. Éste también tiene su cruz y vela
dorada, con las armas de Madrid sobre los globos y acroterías. |
|
Este es un cimborrio que levanta por alto treinta y seis pies, es sexevado y
va en diminución como pirámide. Tiene a los cuatro ángulos otras cuatro
pirámides pequeñas de a doce pies de alto; en los huecos de las torres se
pusieron cuatro colosos, hechos de todo relievo, representando unos gigantes
de grande altura, con sus guirnaldas de laurel y bastones en las manos: miran
por la delantera y el reverso de estas torres a, la mano índice, que señala las
horas en el reloj, porque es de singular artificio que a dos haces se parece, con
que hace una agradable y muy suntuosa perspectiva, y el pueblo tiene mucho
ornato. |
|
El altar este día a día tuvo muy rico frontal de brocado, con media docena
de candeleros altos de oro, con sus velas de cera blanca, que causaba harta
devoción. |
|
Habiendo S. M. dilatado la vista por esta tan maravillosa fábrica, y las
joyas, tan ricas preseas y brocados, [235] con que los mercaderes habían
adornado todo este tránsito. Pasando más adelante, no estaba menos ataviada
la Platería de riquezas y joyas, aunque al fin, la parte que es de la cárcel, los
toldos que allí hubo fueron los lamentables gritos y profundas voces con que
los presos pedían a S. M. misericordia. Lo cual oyendo S. M., preguntó al
corregidor, D. Antonio de Lugo, que qué gritos eran aquéllos; él respondió que
eran los presos, que pedían merced y libertad a S. M. A los cuales se les hizo
la merced como de S. M. se esperaba. |
|
Saliendo de la Platería, se da luego en la plaza de San Salvador, que es el
concurso de todos los nobles, donde está todo el colegio de los escribanos de
número y donde se bate el cobre de todos los negocios, porque en ella está la
audiencia y foro judicial, con las casas del ilustre Ayuntamiento. |
| |
|
En este lugar se pusieron cuatro colosos, que representaban a Paris, Juno,
Venus y Palas, o sea el Juicio de Paris, sobre cuya declaración se extasía el
autor en veinte y tantas hojas de mitología. |
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Entrada de la segunda muralla, y lo que en ella se hizo. |
| |
|
Llegando S. M. a la puerta de la segunda muralla de este pueblo, que
vulgarmente llaman el Arco de la Almudena, la cual, con una torre-caballero
fortísima de pedernal, se derribó y rompió para ensanchar el paso. Estaba tan
fuerte, que con grandísima dificultad muchos artífices con grandes
instrumentos no podían desencajar la cantería, que entendieron que no era
pequeño argumento de su grande antigüedad. Pero para servir a S. M., ninguna
cosa había que se pusiese delante, teniendo respeto a lo [236] mucho que se
debe hacer en su Real servicio. Quedó un tránsito muy claro, espacioso y
desenfadado, todo blanqueado y canteado, con sus puntas de pirámides y
acroterías, que difinen y rematan por lo alto. |
|
Entrando, se ofreció luego a S. M. en la plaza de la iglesia mayor un coloso,
estatua y figura del gigante Atlas. (Declárase quién fue Atlas, alusión a Felipe
II, y lo que sobre él fingieron los poetas.) |
| |
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Llegada a Santa María y Te Deum. |
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De aquí S. M. llegó con mucho contentamiento (aunque cansada y
maravillada de ver tan gran variedad de cosas) al templo de Santa María, que
es la iglesia mayor y más antigua de Madrid, donde toda la clerecía y cabildo
se había congregado, esperando la felice venida de Su Majestad, todos con
capas de brocado muy ricas, y las catorce cruces de las parroquias salieron de
la iglesia rescebir a S. M. El Vicario, con una cruz muy rica, llegó a un sitial,
donde S. M. se apeó, y tomando la cruz el Ilmo. y Rmo. cardenal Espinosa,
etc., la dio a besar a S. M., la cual, hincadas las rodillas devotamente, adoró y
besó la cruz. Y procediendo la procesión con mucha música, volvieron al
templo. |
|
Su Majestad, con el príncipe Alberto de Austria de la mano, y el Ilmo.
cardenal Espinosa, etc., al otro lado, entró en el templo a hacer oración, el cual
estaba muy adornado, con muchos toldos y paños de sedas y brocados toda su
entrada y pórtico, renovado y canteado con ilustre ornato. Junto al altar mayor
se puso un rico sitial de brocado y dos cojines de lo mismo, donde S. M.,
hincada de rodillas con mucha devoción, se detuvo buen espacio de tiempo,
mientras la capilla Real, con muy [237] concertada música, cantó el Te
laudamus, dando todos muchas gracias a Dios por la merced que a todos estos
reinos ha hecho. |
|
Esta es una muy santa, muy religiosa y muy antigua costumbre de los reyes
de España, que la primera visita es dar gracias a Nuestro Señor, y reconocer
como todo el triunfo y gloria se le ha de dar y referir a Su Divina Majestad;
pues viniendo de su divina mano, será perfecto y no habrá lugar para que la
polilla ambiciosa y soberbia del mundo estrague aquello que, recibido por
Dios, ilustra al cuerpo y al alma. Este afecto de religión guardaron muy bien
los romanos cuando, entrando por Roma, triunfando, todo el acompañamiento,
con el que triunfaba, iban al Capitolio, donde estaba el templo de Júpiter, y allí,
dando gracias a Dios por la victoria y triunfo alcanzado, hacía muchos
sacrificios. |
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|
Llegada a Palacio. |
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Acabado pues, el Te Deum laudamus, y dicha la oración, la cual dijo el
Vicario (como capellán de S. M..), la Reina nuestra señora partió de la iglesia,
con todo su acompañamiento y triunfo. Y procediendo poco a poco, llegó a
vista de Palacio, una de las más principales v suntuosas casas Reales que hay
en el orbe, tan ilustrada con la asistencia de todos los reyes de España, como
su antigua casa, y tan Real aposento, y de nuevo amplificada, y tan feliz por el
asiento y habitación del D. Felipe, rey nuestro señor, el cual con muy suntuosas
y exquisitas fábricas, dignas de tan gran Príncipe, cada día de nuevo la ilustra,
de manera que es (consideradas todas sus cualidades) la más rara casa que
ningún príncipe tiene en el mundo. [238] |
|
Con este tan agradable espectáculo y concurso, toda la infantería que en el
asalto del castillo, como ya dijimos, se halló, la cual toda con sus banderas y
muy buen orden y concierto concurrió a la puerta de Palacio, en el cual lugar
hay un campo y plaza muy espaciosa, hechos sus escuadrones de gente tan
lucida y tan bizarra, que fue una de las cosas de que S. M. más gustó. |
|
Entrando S. M. en Palacio, toda la infantería, con sus alambores y pífanos,
las trompetas y menestriles, con toda la artillería de una y otra parte, y la que
la guardia de a caballo trae y dispara en estas solemnidades, toda a un tiempo,
con grandísimo estruendo, hizo una de las más solemnes y graciosas salvas, y
(a dicho de todos los que con S. M. venían) que más gusto diese, que en todos
estos reinos jamás se ha visto. |
|
Llegada S. M., y entrando dentro de Palacio, la salieron a rescebir hasta el
zaguán la serenísima princesa de Portugal, doña Juan de Austria, y las infantas
doña Isabel Eugenia, doña Catalina, y los Sermos. príncipes Rodolfo y Ernesto
salieron del aposento de las serenísimas infantas y con este orden: |
|
Precedían el Duque de Nájera y el Marqués de Sarriá, y el Marqués del
Adrada, D. Antonio de la Cueva, mayordomo mayor, y D. Gonzalo Chacón y
D. Pedro Lasso de Castilla, señor de San Martín, mayordomo de S. M., todos
con sus bastones en las manos. Luego los serenísimos príncipes; tras ellos, las
infantas, que llevaba la serenísima Princesa delante de sí, y detrás de S. A. iba
doña, Aldonza de Bazán, marquesa de Fromesta, camarera mayor de la Reina;
llevábanla de la mano la Duquesa de Feria y el Marqués de Fromesta, su hijo.
Luego doña Isabel de Quiñones, camarera Mayor de la Princesa, y doña María
Chacón, aya de las infantas; luego doña Teresa de Guevara y otras muchas
señoras de título. [239] Últimamente iban las damas de las SS. Infantas y
Princesa, con grande ornato y compostura. |
|
Llegadas, pues, todas se recibieron con grande amor, y abrazándose muy
enternecidamente, subieron al aposento de la Reina, llevando la Princesa a la
Reina a la mano derecha, delante las infantas, y a la Serma, infanta doña Isabel
llevó el Ilmo. cardenal Espinosa de la mano, las cuales hospedaron a S. M.
donde por muchos años Nuestro Señor sea servido conservar con suprema
felicidad esta tan santa compañía, para que con el fruto de su bendito
matrimonio se amplifique toda la república cristiana, con la paz y
contentamiento que de tan dichoso matrimonio al presente goza. El Ilmo.
cardenal D. Diego de Espinosa, etc., dejando a S. M., volvió a su posada,
acompañado de toda la nobleza de la corte, el corregidor y Ayuntamiento, el
cual tenía prevenidos doscientos soldados lucidamente aderezados, los cuales
llevaban en contorno de su Ilma. señoría sus hachas de cera blanca. |
|
Y dejando a S. S. Ilma. en su posada, anduvieron regocijando al pueblo con
otras muchas diferencias de luminarias e ingenios de fuego, con que hubo un
público regocijo muy solemnizado. |
|
Fue comisario de todo el aparato de las hachas y luminarias Pedro
Rodríguez de Alcántara, regidor. |
|
El concurso de la gente fue muy grande, como hemos dicho; la abundancia
de bastimentos y de todas las cosas necesarias fue tan notable, que valió este
día todo muy barato, más que los otros días ordinarios. Por caer todos tan
cansados de haber visto tantos y tan agradables espectáculos, todos se retiraron
a descansar y reposar. [240] |
| |
|
Festejos al siguiente día. |
| |
|
Otro día el Corregidor mandó pregonar se holgase todo el pueblo y
concurriesen a Palacio todas las compañías de infantería, las cuales, con tanto
número de pífanos y tambores, y sus lucidas banderas, vinieron con harta
secuencia de muy bizarros y dispuestos soldados, anduvieron por todo el
Campo del Rey a vista de S. M., haciendo reseña y muestra lucida y curiosa,
que se gustó de este ensayo y preludio militar, como si fuera un campo muy
formado. Al cual, por ser cosa hermosa y tan agradable, los latinos le llamaron
Bellum, que quiere decir hermoso, bello y agradable. |
|
En esta parte los plateros habían hecho un muy hermoso castillo, con sus
rebellines y muchos ingenios de fuego en su contorno. Venida la noche,
después de haber Sus Majestades cenado, el Corregidor, con todos los
caballeros del Ayuntamiento y algunos ilustres de Madrid, hicieron un juego
de alcanciazos con muy suntuosas libreas. Fueron ocho cuadrillas de a veinte
caballeros, que hacían ochenta. Cada cuadrilla fue de diferentes libreas de
sedas de varios colores. |
|
La del Corregidor fue de marlotas de tafetán carmesí y capellares de tafetán
amarillo, turbantes de terciopelos del mismo color. |
|
Don Francisco de Vargas Manrique, con su cuadrilla, marlotas negras,
capellares blancos. |
|
Don Lope Zapata, con su cuadrilla, marlotas blancas y capellares morados. |
|
Don Diego de Ayala, con su cuadrilla, marlotas blancas y capellares
morados. [241] |
|
Juan de Villafuerte con su cuadrilla, marlotas encarnadas y capellares
morados. |
|
Don Pedro de Rivera con su cuadrilla, marlotas amarillas y capellares
morados. |
|
Pedro de Herrera con su cuadrilla, marlotas amarillas y capellares
colorados. |
|
Bartolomé Vázquez de la Canal con su cuadrilla, marlotas azules y
capellares verdes. |
|
Todos con turbantes de terciopelo y guarniciones a los caballos de lo
mismo, trompetas y atabales y menestriles, con libreas de damasco colorado
y fajas de terciopelo amarillo; todos así juntos, con hachas de cera blanca en
las manos, salieron muy ordenadamente de las casas de Ayuntamiento,
precediendo toda la música, vinieron a vista de palacio, donde, en presencia de
SS. MM., después de haber hecho una muy concertada escaramuza, se dieron
de alcanciazos en sus adargas, que fue una muy agradable y concertada fiesta. |
|
En el interior del castillo se desparcían y tiraban a diversas partes muchos
cohetes, ardían en su contorno unas acroterías e ingenios de fuego, con que a
modo de pirámides remataban los rebellines. Toda la infantería cercando el
castillo le combatió y subieron las banderas a lo alto, donde, con grande
estruendo, se desparcían muchos ingenios de fuego. Hecho este asalto harto
animosamente, se desbarató el juego, y por todo el pueblo con grande regocijo
anduvo la caballería solemnizando la fiesta; fue de gran contento, porque en
todo el discurso que hemos contado ninguna infelicidad ni desgracia ha habido,
antes con mucha paz y tranquilidad (que no ha sido pequeña merced de N. S.
habiendo habido tan gran concurso de gente) se remataron estas fiestas. |
|
La corte de S. M. está muy florida, con gran concurso de grandes, libreas
muy costosas, gran abundancia de [242] todas las cosas, concordia y paz en
todos sus reinos, la cual N. S. por muchos años con larga vida de estos
serenísimos príncipes, reyes y señores nuestros conserve, para que de su
deseado fruto se alcance la feliz prosperidad que todos estos reinos con tanto
amor y afecto desean. Lo cual por su divina clemencia y misericordia conceda. |
| |
|
Qui vivit et regnat trinus |
|
et uno, in saecula |
|
saeculorum. |
|
Amen. [243] |
  NÚMERO 4.º
Fiestas en el Retiro en 1637
(De un manuscrito contemporáneo.)
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En 13 de Enero de 1637, recibiendo el rey nuestro señor D. Felipe IV la
feliz nueva de la elección de rey de romanos del serenísimo Ferdinando III, su
cristianísimo primo hermano, determinó de hacer una pública demostración de
su contento, que fuese benemérita de él y de su grandeza, en esta manera: |
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Plantose una plaza de madera fuera del nuevo y lucidísimo palacio del Buen
Retiro, en un eminente sitio, que tenía 608 pies de largo, 480 de ancho, y en
toda su circunferencia 408 balcones de gran capacidad, al fin en que trabajaron
más de 3.000 hombres, cubriéndose la fábrica de tejados fingidos de madera
teñida en rojo, que miraba por la parte del Mediodía a lo más vistoso de esta
corte, así por la copia de edificios como por la frescura de su prado y
arboledas. Por la del Septentrión terminaba la puerta de Alcalá y monasterio
de religiosos descalzos de San Agustín. Al Oriente, el Real de los de San
Jerónimo, y al Occidente, el de los carmelitas descalzos(85). Estaban [244] los
balcones por la parte exterior con barandilla de plata y oro, y por dentro
perfectamente colgados de variedades de sedas y tapices. En cada pilar que los
dividía, dos hachas blancas; corriendo por toda la circunferencia sobre el friso
y cornisa novecientos faroles de hermosos vidrios y graciosa forma, labrados
para solo este efecto, en los cuales había innumerables luces, porque tenían a
cuatro cada uno, a más de trescientos que, con ventajosa grandeza, se
señalaban de espacio a espacio breve, quedando entre uno y otro tres menores. |
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A la parte septentrional estaba fabricado un balcón de mayor eminencia
para las personas Reales, de barandillas doradas, y lo mismo el techo, con gran
primor, teñido de agradable verde perfilado de oro: rompía la cornisa un
hermoso globo del orbe; a un lado, el cuarto planeta, rematándolo todo una
corona imperial, y debajo de ella esta letra: Illustrat et fovet. Adoraban tan
vistosa estancia muchas vidrieras cristalinas, desde las cuales, reverberando esa
máquina de luces, hacía dudar de la posibilidad de reducirse a número, y así
quedaba la claridad de la plaza en modo que podía preguntarse si había
amanecido con estrellas o anochecido con sol. |
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Partían desde los extremos de la cornisa de este balcón en grande espacio
sobre la de toda la fábrica los escudos y armas de los reinos que felizmente
están unidos a esta monarquía. A la mano derecha aparecían el Real Consejo
de Castilla, el de la Inquisición, el de las Indias, el de órdenes, el de Hacienda
y la Diputación del Reino. A la mano izquierda, el de Aragón, el de Italia, el
de la Cruzada el de Portugal la Villa de Madrid y la Junta de Abastos. |
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Asistían el Nuncio de Su Santidad, el Patriarca de las Indias, el Embajador
de la Majestad Cesárea, los de los reinos y diferentes repúblicas. Cuando el
domingo 15 de [245] Febrero quiso dar S. M. principio a esta pompa con salir
de casa de Carlos Stratta (el palacio de Híjar), caballero del hábito de
Santiago, que vivía entre los Italianos y los Clérigos menores, adonde fue a
vestirse, hallada con el aparato y lucimiento posible a tal ocasión; desde ella
hasta la puerta del Real convento de San Jerónimo procedía una amplísima
calle con dos hileras de luces encendidas en varias y copiosas materias y
agradables correspondencias, con que se manifestaba todo desde un extremo
al otro, así como pudiera de día. |
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Sobre la primera puerta estaba fabricado un balcón, guarnecido de lo propio
que la plaza, en que se puso la Reina, el Príncipe su hijo, y la Princesa de
Cariñán con los suyos, empezando luego a componerse la fiesta en este modo. |
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Iban delante ocho tambores a caballo vestidos de lana blanca y sombreros
de lo mismo; seguíanlos cuatro trompetas también a caballo con vaqueros de
terciopelo carmesí guarnecidos de plata y sombreros de lo propio; distaban
poco las chirimías con los demás instrumentos sonorosos, dispuestos por su
orden, llenando el aire de armonía inmensa, a quien seguían quince cuadrillas
de a doce caballeros, con la de S. M. diez y seis, todas conformes en los
vestidos de terciopelo liso negro, bordados de hilo de plata blanco, tocados,
plumas y jaeces de las mismas colores, puestos todos en vistosos caballos de
dos en dos, en la Carrera de San Jerónimo, con sus hachas de cera blanca en
las manos, y con otras los seguían gran número de lacayos de la misma librea;
siendo los padrinos de esta fiesta el Almirante de Castilla, el Príncipe de
Esquilache, el Duque de Híjar y D. Carlos Coloma. Estando todos puestos
como se ha dicho, salió S. M. de la casa de Carlos Stratta, acompañándole su
cuadrilla, vestidos del mismo color, si bien el del Rey y Conde de [246]
Olivares, bordados de rica y vistosa labor. De las demás fueron cuadrilleros y
entraron en ella los señores y caballeros siguientes: |
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Cuadrilla de S. M. -Marqués de Belmonte (hoy duque de Maqueda),
Marqués de Cañete, Marqués del Espinar, Conde del Puerto, Conde de Aguilar,
Conde de Barajas, Conde de Fuensalida, Conde de la Moncloa, Conde de la
Corzana, Conde de Osidus y D. Francisco Mascareñas. |
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Cuadrilla del Conde-Duque. -El Conde-Duque, el Marqués de Palacios, el
Conde de Visaven, D. Rodrigo de Cárdenas, D. Luis Puerto Carrero, D. Lope
de Hoces, D. Diego de Zárate, D. Diego Ramírez de Haro, conde de Bornos;
D. Luis Carnero, Conde de Loyola del Príncipe, D. Juan de Vargas, D. Rodrigo
Pimentel y D. Juan de Silva. |
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Otra cuadrilla del Conde-Duque. -El Conde-Duque de Villalba, D.
Francisco de Bracamonte, D. Luis Jerónimo de Contreras, D. Antonio Bonal,
D. García de Brizuela, D. Juan de Luján, D. Francisco de Balcázar, D. Juan de
Prado, D. Gaspar de Prado, D. Francisco de Rojas Vivanco, D. Gaspar de
Robles y D. Juan Mejía. |
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Cuadrilla del Condestable de Castilla. -El condestable Marqués del Fresno,
su hermano Marqués de Cuéllar, Marqués de Tabara, Conde de Grajal, Conde
de la Revilla, Vizconde de Molina, D. Antonio Mesía de Tovar, su hermano
D. Alonso Ortiz de Velasco y D. Pedro de Castelví. |
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Cuadrilla del Duque del Infantado. -El Conde de Tendilla por el Duque,
Marqués de San Román, Marqués de la Fuente, Marqués de Aitona, Conde de
Oruña, Conde de Villar, Conde de Brantivilla, D. Esteban Hurtado de
Mendoza, D. Baltasar de Zúñiga, D. Bernardino de Ayala, D. Luis de Mendoza
y D. Gaspar de Mantilla. [247] |
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Cuadrilla del Marqués del Carpio. -Marqués del Carpio, Marqués de Povar,
Conde de Castrillo, Conde de Lodosa, Conde de Cedilla, Conde de la Torre,
D. Sancho de la Cerda, D. Fernando Barradas, D. Cristóbal Guardiola, D.
Francisco de Lerma, D. Martín de Saavedra y don Luis de Peralta. |
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Cuadrilla del Duque de Pastrana. -Duque de Pastrana, Duque de
Ciudad-Real, Marqués de la Alameda, Marqués de Almenara, Marqués de la
Miceda, Marqués de Mirallo, D. Francisco Luzón, D. Luis Trejo, D. Gaspar
Bonifaz, D. Francisco de Angulo y D. Juan de Morales. |
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Cuadrilla del Duque de Híjar. -El Duque de Híjar, Marqués de la
Conquista, Marqués de Castrofuerte, Conde de Taroca, Conde de Figuero,
Conde de Villamonte, D. Francisco Gurrea, D. Alberto Coloma, D. Francisco
Enríquez de Silva, D. Juan Ramírez, D. Pedro Niño de Castro y D. José Stratta. |
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Otra cuadrilla del Duque de Híjar. -El Conde del Real, D. Francisco
Valenzuela, D. Pedro de Vasconcelos, D. Diego de Quiñones, D. Diego de
Guzmán, don Alonso de Paz, D. Rodrigo de Herrera, D. Gaspar de Guzmán,
D. Pedro de Alba, D. Jerónimo de Carvajal, y D. Baltasar de la Cueva. |
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Cuadrilla del Duque de Peñaranda. -Duque de Peñaranda, Marqués de
Fromesta, Conde de Motezuma, don Juan de Cárdenas, D. Fernando de la
Cerda, D. Francisco de la Cerda, D. Jerónimo de Vera, D. Gonzalo Manrique,
D. Pedro de Vega, D. García de Cárdenas, D. Rodrigo de Tapia, D. Pedro
Reinoso y Toledo, señor de Utrilla. |
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Cuadrilla del Conde de Oropesa. -El Conde de Oropesa, Marqués de
Villamayor, Marqués de Povar, Marqués de las Navas, Marqués de Malpica,
Marqués de Salinas, Conde de Montalván, D. Francisco Garnica, D. Manuel
[248] de Arriarán y Gamboa, D. José de Castrejón, D. Alonso Lancol y D.
Agustín. |
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Cuadrilla de D. Luis de Haro, conde de Morente. -Conde de Morente,
Marqués de Comares, D. Luis Ponce de León, D. Francisco Mejía, D.
Fernando Bazán, D. Cosme de Médicis, D. Fernando de Alarcón, D. Francisco
Ibáñez, D. Diego de Salcedo, D. Francisco Vivanco, don Martín Porres y D.
Vicente Zapata. |
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Cuadrilla del Conde de Ricla. -El Conde de Ricla, Marqués de Malagón,
Marqués de Torres, Conde de Concentaina, D. Álvaro de Luna, Martín Alonso
de Ataide, D. Juan de Borja, D. Mateo Ibáñez de Segovia, D. Salvador Correa,
D. Pedro Hurtado de Corcuera, D. Pedro de Valenzuela y D. Gabriel de Silva. |
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Cuadrilla del Conde de Alva de Liste. -Conde de Alva de Liste, Marqués
de la Adrada, Conde de Villa Franqueza, Conde de Peñaflor, D. Manuel
Enríquez, D. García Pareja, D. Luis de Córdoba, D. Pedro Niño, D. Fernando
Rivadeneira Calderón, D. Pedro de la Mota Salmientos, D. Pompeyo de Tassis
y D. Luis Enríquez. |
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Cuadrilla de la coronada villa de Madrid. -El Conde de Montalvo, su
corregidor; Francisco Enríquez, Felipe Sierra, D. Gaspar de Valdés, D.
Jerónimo Casanate, Claudio de Cos, D. Diego Ordóñez, D. Lope de Porras y
Castro, D. Francisco Sardoneta, D. Francisco Méndez Testa, D. Juan del
Castillo y D. Luis Zañes Montenegro. |
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Otra cuadrilla de la Villa. -Marqués de Cusano, don Cristóbal de Medina,
D. Jerónimo Carmenas, Manuel Cortizos de Villasante, Pedro Martínez, D.
Rodrigo de la Castra, D. Bernardo de Salas, D. Mateo Alonso de Ortega D.
Pedro Rodríguez de Villarroel, D. Gonzalo Pacheco, D. Diego Meras y D.
Pedro Romero. |
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Luego se seguían dos carros triunfantes de maravillosa [249] y apreciable
traza, pintura y adornos, hechos por Cosme Loti, industrioso arquitecto
florentino, que tenían 22 pies de ancho, 30 de largo y 46 de alto. En la parte
extrema de cada uno se levantaban dos pirámides, en cuyas puntas iban
tremolando tafetanes carmesíes: alumbrábase cada uno con cien hachas,
cargados de lucidísimas figuras, con varias insignias e instrumentos músicos,
distribuidos con gentil orden. |
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Cada uno iba tirado de veinticuatro bueyes con paños rojos, guarnecidos de
plata y alumbrados con multitud de hachas, puestas en manos de hombres
vestidos de velillos de plata de varios colores a la turquesa, crecía el número
de luces. |
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Cuarenta salvajes llevando en las manos grandes mazas encendidas como
hachas. Con este orden iban andando hasta el balcón donde dijimos estaba la
Reina, entrando en la plaza donde se hallaba, cuando por ella entró S. M.
gobernando su cuadrilla, el Conde de Olivares la suya, y cada uno de los demás
la que lo tocaba, formando varios laberintos de escaramuzas, compasados con
los escudos de jeroglíficos, que para división de las cuadrillas estaban en
diferentes puestos. |
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Fueron entrando los carros, dando vuelta a la plaza, empezando las figuras
a sonar los instrumentos, acompañándolos con su misma música, que llegando
enfrente del balcón de la Reina, representaron un coloquio de la Paz y de la
Guerra. |
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Al pie casi del mismo balcón estaban plantadas las vallas y el estafermo,
adonde S. M. ejecutó la destreza que en esto tenía, superior a todos, de común
aplauso, continuándolo los señores y caballeros. Dejó el Rey la plaza,
subiéndose al balcón de la Reina, después de haber dado tanto que admirar,
estuvo mirando el resto de la fiesta, que fueron representaciones, músicas
innumerables, gente [250] varia natural y extranjera de cuantas naciones
frecuentan su corte; y últimamente, oyendo repetir las voces de tanta multitud
junta, viva la felicidad de Felipe IV, viva, viva; con que los Reyes se retiraron
a las once al palacio del Retiro, dando fin a la fiesta, siendo de tal calidad, que
la pudieron envidiar los más pomposos frutos que celebran las memorias del
mundo en siglos pasados y han de celebrar en los futuros. |
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Los días siguientes, desde el 15 hasta el 25 de Febrero, continuaron las
fiestas, dirigidas, el primer día, por la Condesa de Olivares, con teatro, baile,
loas y merienda; el segundo, por el Conde-Duque, con máscara, folla y
entremeses; el tercero, paseos en barcos, con músicas, coros, iluminación y
cena espléndida en el bosque; otro día toros con rejoncillos en la plaza nueva;
otro un certamen poético, que presidió Luis Vélez Guevara, y de que fue
secretario Alfonso de Batres, y jueces el Príncipe de Esquilache y otros; otro
día, cucañas y carnestolendas por las salas, con huevos de olor; el domingo
de Carnaval, 22 de Febrero, una gran mojiganga y músicas, baile y comedia
por la noche; lunes, carreras de cañas todos disfrazados, y martes, otra gran
mojiganga y la representación de la comedia Don Quijote de la Mancha, de
don Pedro Calderón. |

El antiguo Madrid : paseos históricos-anedócticos por las calles y casas de esta villa. Tomo segundo
por D. Ramón de Mesonero Romanos
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